miércoles, 24 de junio de 2015

SAN JUAN DE LA RAMBLA EN EL TIEMPO



Fotografía tipo tarjeta postal del principio del siglo XX, sobre bella panorámica de San Juan de la Rambla, de FEDAC.

Emplazado entre barrancos, escarpes rocosos y el mar en el norte de la isla de Tenerife. En el pasado estuvo habitado por los guaches; hoy conserva numerosos rincones que desbordan tipismo y donde abundan los balcones canarios. San Juan de la Rambla está delimitado por los municipios de Los Realejos y La Guancha, al este y al oeste respectivamente y constituido por seis barrios: Las Aguas, El Rosario, San Juan, San José, La Vera y Las Rosas.
Iglesia de San Juan Bautista construida alrededor del siglo XVIII, preserva un cáliz recubierto de oro, uno de los pocos que existen en la isla.
Las Aguas: pintoresco barrio que se adentra en el mar, sobre un manto de lava, con sus vecinos, “LOS SAGÜEROS". Debe su nombre a los numerosos nacientes de agua que en las inmediaciones existen, son fuentes famosas la Del Agujero, Tío Chacón, el Saucito, el Agua Chica, el Fraile. Existe una comunidad de regantes que desde tiempos ancestrales tiene hecho el reparto en relación a la superficie de su terreno del agua en las llamadas "DULAS" que cada propietario debe saber en qué momento puede regar con su agua. En esta comunidad existen listados anteriores al año 1923, por los cuales en la actualidad se rige el reparto del agua. La ermita de la Cruz de Las Aguas, alberga una cruz de madera de tea, elaborada por el Carpintero Salvador Rodríguez Regalado y que se encuentra incrustada dentro de otra de mayor tamaño. Desde la trasera de la ermita se puede admirar una bonita vista del acantilado y su mar. En Las Aguas se cultiva un tubérculo llamado ARO y que después de una larga transformación se convierte en un remedio estomacal.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

miércoles, 17 de junio de 2015

DON TOMÁS DE IRIARTE



Nació el 18 de septiembre de 1750 en el Puerto de La Cruz (entonces Orotava). Sus padres fueron Don Bernardo de Iriarte y Doña Bárbara de las Nieves Hernández de Oropesa. Iriarte provenía de una familia muy culta, varios de cuyos miembros se distinguieron como escritores y humanistas, conocidos aristócratas españoles cuyo apellido surgió por dinastías austriacas y vascas.  Se trasladó a Madrid a los catorce años junto a su tío Juan de Iriarte.
Estudió bajo su dirección las lenguas griega y francesa y siendo ya conocedor del latín y estudioso de la literatura castellana sucedió a su tío en su puesto de oficial traductor de la primera Secretaría de Estado, tras la muerte de éste, en el año 1771. A partir de ese año hasta el 1774 fueron, para Iriarte, los más fatigosos de su vida, pues además de las tareas de su empleo, el arreglo de la biblioteca y papeles de su tío, la traducción o composición de los numerosos dramas que escribió, la traducción de aquellos apéndices y otras obritas (la mayor parte poéticas) que escribía por gusto propio, como fue un poemita latino y castellano que imprimió con ocasión del nacimiento del infante don Carlos III, en 1777, cuidó de las tres ediciones de la Gramática de su tío, que reconoció muy atentamente y de la recopilación y publicación de los dos tomos de obras sueltas de aquel literato, traduciendo muchos de los epigramas que allí se insertan, alguno de los poemas latinos, y otros varios ensayos.
Su carrera literaria se inició como traductor de teatro francés. Tradujo además, el Arte poética, de Horacio.
Tomás de Iriarte fue el primer dramaturgo que consiguió dar con una fórmula que uniese las exigencias de los tratadistas del Neoclasicismo literario con los gustos del público. En 1770 había publicado su comedia Hacer que hacemos, comedia de carácter que retrata a un «fachenda», el perfecto atareado que nunca hace nada en realidad. La librería, escrita en 1780, no se estrenó hasta 1798: se trata de una  comedia en un acto, con algo de sainete costumbrista pero con la peculiaridad de estar escrita en prosa, forma que no volverá a repetir su autor en las obras siguientes, que siguen el sistema de versificación típico de las comedias mentiroso: romance octosílabo con una rima en cada acto. En 1788 Iriarte estrenó El señorito mimado. Iriarte repitió la fórmula y el éxito con La señorita malcriada, escrita y publicada en 1788 y estrenada en 1791. Con Guzmán el Bueno (1791) introduce la forma del  mitólogo o escena dramática unipersonal con acompañamiento de orquesta, subgénero teatral creado por Jean Jacques Rousseau.
Como traductor no le acompañó la fortuna, pues fue muy discutida su versión (1777) del Arte poética de Horacio, de la que escribió Manuel José Quintana: "El texto está reproducido, la poesía no". Como satírico, compuso el opúsculo en prosa Los literatos en Cuaresma (1773).
Pero es más conocido por sus Fábulas literarias (1782), consideradas de mayor calidad poética que las de Félix María Samaniego y donde abunda un elemento muy raro en este tipo de composiciones, la originalidad, también en los aspectos formales, ya que ensaya gran número de estrofas y versos que se adaptan curiosamente a los temas tratados en ellas, haciendo alarde de un gran dominio de la versificación. Muchas incluyen alusiones a literatos de la época y en el prólogo reivindica ser el primer español en introducir el género, pasando por alto las contribuciones de su enemigo Samaniego.
Iriarte fue sobre todo el prototipo del cortesano dieciochesco, elegante, culto, cosmopolita y buen conversador; hizo en Madrid una intensa vida literaria y social. Fue uno de los más asiduos a la tertulia de la Fonda de San Sebastián, amigo de  Nicolás Fernández de Moratín, y sobre todo, de José de Cadalso. Con este último mantuvo una larga correspondencia.
La literatura no era el único arte que Iriarte dominaba, también llegó a inclinarse hacia el ámbito musical, especializándose en tocar el violín y la viola. Como consecuencia de esta afición escribió su poema didáctico La música (1779) en cinco cantos de Silva, traducido a varios idiomas y elogiado por el mismísimo Pietro Metastasio.
Su idea de la poesía era propia de la Ilustración: "Los pueblos que carecen de poetas carecen de heroísmo; la poesía conmemora perdurablemente los grandes hechos y las grandes virtudes".  Murió de gota, en Madrid, el 17 de septiembre de 1791.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL