jueves, 31 de marzo de 2016

ALBERTO QUINTERO EN EL RECUERDO



Fotografía que remitió el amigo desde la infancia de La Villa de La Orotava; José Delgado Álbelo, referente a una visita que realizó a la Octava Isla (Venezuela) en la década de los setenta del siglo XX, fotografiándose con un querido matrimonio natural de La Villa de La Orotava; Alberto Quintero Santos y Andrea Ribero.
Esta panorámica es la única que tengo del recordado e inolvidable Alberto Quintero, que conocí desde mi infancia en el Llano de San Sebastián de la Villa de La Orotava, donde trabajaba de herrero conjuntamente con su padre Toribio Quintero Hernández, y regentaban un surtidor de gasolina.
Entonces era curioso coordinar la venta de la gasolina con un herrería, no recuerdo accidente de mucha cota, pero es verdad, que en un mes de Agosto del final de los años cincuenta del siglo XX, cuando regresábamos de la playa de Martiánez del Puerto de la Cruz, al llegar en la Guagua a la altura de la Avenida de José Antonio (actual Canarias), observamos a un gentío de almas humanas que se desplazaba calle abajo por la del Calvario, anunciando que un surtidor se había prendido fuego. En principio pensé en la estación de mi padre Juan Álvarez Díaz que estaba en el lado opuesto a la de don Toribio Quintero Hernández, pero cuando llegamos a casa vimos que era la del mencionado. El surtido ardía por su parte superior, mientras que los voluntarios intentaban sofocarlo con los pocos medios existentes en aquella época.
A pesar que conocí a Alberto Quintero Santos siendo niño, antes de zarpar para Venezuela, me han contado muchísimas anécdotas de él, puesto que se caracterizaba de un hombre, alegre, jovial, con mucho humor y mucha anécdota. Parece con todo mis respetos que no era hermano de sus hermanos, ni hijo de su padre por la forma de ser y de vivir.
Me cuentan, que un día se acercó por la gasolinera Agapito Regalado Cairós (hombre campechano y callejero), le gastó una broma colgándole un ratón en su espalda. Al lado de la herrería vivió con su familia en un cuartito (como se vivía en aquellos años) el portuense Pedro Cruz que conocíamos por “Pedro El Chatarra”, puesto que se dedicaba a recoger y vender chatarras de entonces, tenía un Burro, un día que lo apaleaba por fuera de la herrería, Alberto le dio agua con sal de fruta, el pobre animal se fue de disentería.  Ese mismo animal en otra ocasión lo llevó al dormitorio de un vecino de la calle Verde (actual Nicandro González Borges), que dormía la siesta en su casa, despertándose apresuradamente. Otro día cuando venían de Santa Cruz en el coche del taxista pirata orotavense “Polegre”, hicieron estación en la Victoria de Acentejo, le regalaron un cochino, que trajeron en el mismo automóvil para La Orotava, pero al Pasar por la caseta del Fielato, vistió al cochino con un sombrero y una americana. Con tanta suerte que al pasar la inspección uno de los verificadores de turno  le digo a su compañero, te fijaste, la cara de cochino que llevaba aquel.  Y así tantas, que disfrutaban todos los amigos que coincidían con sus vivencias.
Como le vemos en la foto, casó con la orotavense Andrea Ribero hija de un buen músico de la Banda Municipal de La Orotava, que vivían en el ex convento dominico de San Benito, que fue premiado por el general Franco por tener una gran familia numerosa. Ambos fallecieron en Venezuela.
Sirvan estas palabras de recuerdo a un hombre que en su juventud, hacía revivir a todos sus amigos, y a muchos orotavenses de todo corazón y que en Venezuela siguió con su humor de siempre.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

1 comentario:

  1. Gracias por tan hermosa reseña de mi adorado abuelo, me trajo a la mente muchos recuerdos hermosos de mi infancia, y es verdad mi abuelo era un personaje!! Saludos desde Venezuela

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