viernes, 25 de marzo de 2016

EL ARTE DEL VIERNES SANTO EN LA OROTAVA



Aquí afrontamos la procesión de la tarde del Viernes Santo "El Santo Entierro", que recorre las calles de la Villa Arriba, por el simbolismo del acto y la belleza artística de las imágenes es uno de los pasos más concurridos de fieles a lo largo de la Semana Santa villera, incluso la más larga, comienza en la parroquia de San Juan Bautista, después de plasmar su recorrido por Farrobo, baja por San Francisco hasta la plaza del Ayuntamiento, y regresa por los Tostones para provenir la ceremonia del entierro de Cristo en el altar mayor de la citada parroquia, bajo los acordes de la marcha musical  "El Adiós a la Vida" de Puccini interpretada por la Banda de Música de La Agrupación Musical Orotava.
La procesión la adiestran las imágenes del Señor Difunto, la Dolorosa de Estévez, el San Juan de Luján, la Magdalena  asimismo de Estévez, y los Santos Varones, conocidos por el apelativo de: José de Atimatea y Nicodemus. El Cristo es crucificado y es yacente, tratase de un Crucificado que forma el grupo del Calvario con la Dolorosa y San Juan Evangelista, conjunto que se encuentra actualmente en la parroquia de San Juan en el primer altar de la izquierda, según se entra en el templo, en los pies de la cruz latina. Don Miguel Tarquis, nos subraya que el paso del Señor difunto está formado por una bella urna de plata repujada, sin dosel, en donde yace el cuerpo del redentor. La escultura es un Cristo con los brazos articulados, con el que se celebraba en la iglesia del ex-convento de San Lorenzo el descendimiento de la Cruz. Parece obra sevillana del siglo XVIII y dicen que es original del imaginero Vega, discípulo de Montañés. Los Santos Varones, obras de regular mérito son de finales del siglo XVIII. La Magdalena y La Dolorosa de Fernando Estévez, son de vestir, la virgen está inspirada en la de Luján de la Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción.
El cortejo emita al entierro de Cristo, sepelio del cuerpo de Jesús, después de haber expirado el Hijo de Dios en la Cruz, en el que hacen referencia, aunque con ligeras variantes, los cuatros Evangelistas, diciendo que un hombre bueno y justo, llamado José, natural de Atimatea, senador, y que a pesar de ser hombre público no había tomado parte en las maquinaciones de los fariseos para dar muerte a Cristo, fue a Pilatos a pedirle el cuerpo de Jesús. Y con la aquiescencia del presidente lo bajó de la Cruz, lo envolvió en una sabana y lo puso en un sepulcro excavado en una pequeña cueva, en el cual no había sido depositado cadáver alguno.
Volviendo al estudio de la imagen de la Orotava, observamos que, es un Crucificado que posee articulaciones en el empalme de los brazos con los hombros, debido que esta imagen se emplea para la solemnidad del Descendimiento de la Cruz, que se acontece cada cinco años, rito que se celebraba en el convento Franciscano llamado por Viera "El Escorial de Canarias", que tras el incendio del 20 de Abril de 1801, las imágenes de esta procesión pasaron a la parroquia de San Juan Bautista.
Para Don Alfonso Trujillo Rodríguez el Cristo Yacente presume que sea de finales del XVII, porque la procesión del Santo Entierro se organizó en el convento de San Francisco en los últimos años del siglo. La grandiosa talla villera muy apreciada que pasea por la Villa la tarde del taciturno Viernes Santo, en una urna de plata, que según el catedrático Don Jesús Hernández Perera, perteneció al convento franciscano de San Lorenzo, en cuya cabecera van repujadas las armas del donante. Tratase de una urna delicada, formada por un basamento de distinta altura, dividido por estípite, y cuyas dimensiones son las siguientes; largo, 171 cm.(inferior); largo superior, 189 cm.; alto en la cabecera, 55 cm.; alto en los pies, 37 cm,; ancho   - en la parte superior de los pies -,   79 cm.; ancho   - en la parte superior de la cabecera -,  83 cm......
El Cristo tiene una expresión de hombre muerto por sufrimiento, mide 158 cm. de estatura. Es, pues, de unas dimensiones muy cercanas a las normales en el ser humano. Llama la atención, la fina y maravillosa ejecución de la cabeza. Reposa suavemente sobre el hombro derecho. El cabello desciende ensortijándose. La barba nazarena ofrece rabínicos rizos. La sangre de la corona de espinas desciende en surcos  superficiales desde la frente, a través de los arcos superficiales tumefactos. Los párpados dan a los ojos la exacta expresión de la muerte, dejando apenas una rendija al cerrarse y caer. Tienen en torno las ojeras de los difuntos. La nariz es de bello trazado, y los labios apenas si se entreabren con la posición de haber exhalado el último suspiro. Tronco y extremidades son un exacto estudio anatómico. Se marcan en el tórax el último par de costillas, y los músculos pectorales llevan las señales del magullamiento. En el costado derecho brota abundante la sangre de los labios de la herida producida por la lanzada relajada. Las carnes de los muslos están abiertas, abultadas en gruesos apelotonamientos.
Quizá más sensacional fue la imitación de su creador, porque este Cristo Yacente que se resguarda en la iglesia de San Juan es producto del arte religioso de incalculable valor histórico y artístico de la Villa de La Orotava.
La historia sobre la sepultura de Cristo, según el evangelista San Juan, el único que indica, como compañero de esta humanitaria tarea, a Nicodemus, añadiendo que esto trajo consigo una confección como de 100 libras de mirra y áloe para embalsamar el cadáver, y ambos piadosos varones ataron el Santo cuerpo con lienzos empapados de dicha substancias aromáticas. Según era costumbre entre los hebreos. Para Calmet, la tumba en donde fue enterrado Cristo estaba en el monte Calvario, al norte y al poniente de Jerusalén: tenía la forma de una pequeña celda, excavada en la roca viva, casi cuadrada en su parte interior, de un altura de 8 pies y una pulgada desde el suelo hasta la bóveda, y de un largo de 6 pies y una pulgada y de un ancho de 15 pies y 10 pulgadas. La puerta del mismo, que miraba al Oriente, no tenía más que 4 pies de altura por 2 pies y 4 pulgada de anchos, y se cerraba por medio de una piedra de la misma roca del sepulcro, que fue la que sellaron los príncipes de los sacerdotes y en la que se sentó el ángel después que Jesús salió triunfante del sepulcro.
El Amigo de la Villa de La Orotava profesor titular de historia de América de la Universidad de La Laguna MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ , remite sobre la urna del Santo Entierro de la Orotava, obra del insigne orfebre lagunero PEDRO MERINO DE CAIRÓS: “…Hasta la fecha se desconocía por completo la autoría de la obra de la hermosa urna del Cristo Difunto que, procedente del convento de San Francisco de La Orotava, como todo su paso procesional, había sido cedida después de la desamortización a la parroquia de San Juan Bautista de La Orotava. También eran bien escasos los datos existentes sobre su autor, limitados a la ejecución de un extraordinario tabernáculo de plata en el convento de Santo Domingo de La Laguna.
En nuestras investigaciones en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife entre los deteriorados legajos de protocolos orotavenses de principios del siglo XVIII nos encontramos con el contrato firmado el 5 de mayo de 1722 por Pedro Merino de Cairós por el que se comprometía con la Marquesa de Villafuerte a la fabricación de una urna de plata para la función del entierro de Cristo que se celebra en la iglesia del convento de San Francisco los viernes santos.  La donante en cuestión era Doña Francisca de Molina y del Hoyo, II Marquesa de Villafuerte e hija del primero de ese título, en cuya capilla particular se daba culto al Calvario hoy conservado en la parroquia de San Juan, enterrándose bajo sus pies en su sepulcro los miembros de su linaje. Mayorazga de su casa, al ser la hija mayor de una unión con sólo descendencia femenina, contrajo dos nupcias aunque no tuvo sucesión, por lo que heredó el título su hermana Isabel Juana. Había nacido en La Orotava el 13 de octubre de 1653, falleciendo en su localidad natal el 27 de mayo de 1728, siendo enterrada en el altar del Calvario del convento de San Lorenzo, donde yacían sus padres y abuelos.
Con anterioridad había firmado otro convenio el año anterior que dio lugar a una urna de plata que salió por primera vez en el viernes santo de 1722. Pero como quiera que la Marquesa la quería mucho más suntuosa y de filigrana, como se había comprometido su autor, procedió a la firma de un nuevo convenio en 1722 que redundó finalmente en la obra que ha llegado hasta nosotros. Para su comienzo la Marquesa le proporcionó 8 libras y media de plata. La obra debía de ser clavada en su marco de madera por el mes de septiembre y en ella colocadas todas las piezas de plata incluidos sus pilares. En el contrato se señala que si no era del gusto de la donante se rescindiría el contrato y podría sustituirlo por otro. Lo total fabricado en dicha urna pesaba 14 libras y media de plata por lo que recibiría 1.792 reales de plata. Para responder de su culminación él y su mujer María Machado Brito y Vera  se hipotecaron con una casa alta con su sitio en La Laguna y con una suerte de viña en Geneto. Por la finalización de la obra, descontado lo empleado en plata por el orfebre, ganó la suma de 783 reales.
Sin duda alguna la urna de plata del Santo Entierro orotavense es una de las obras maestras de la orfebrería canaria, mostrando las extraordinarias dotes artísticas de su autor. Es una delicada labor de platería constituida por una basamento dividido por estípites en cuya cabecera van repujadas las armas de la donante. Los Molina, Llarena, y Lugo entre otros, con dos dragones enfrentados de sinople lenguados de gules, corona de Marqués y en su fondo las armas de Lugo con la M que corresponde al nombra de Milia, supuesta infanta inglesa que ya hace figurar en su blasón el III Adelantado.
Sobre la trascendencia de la obra y de su autor debemos reseñar, como recoge el profesor Jesús Hernández Perera en su monumental Orfebrería de Canarias que del hermoso templete de planta trapeizodal convertido en manifestador del sagrario del convento dominico lagunero, creado en 1715 por Pedro Merino derivan sin grandes modificaciones todos los tabernáculos tinerfeños de plata repujada. La urna, realizada poco después, en plena madurez, demuestra la trascendencia y proyección de su arte en la orfebrería canaria.
Pedro Merino falleció en La Laguna el 12 de septiembre de 1734, siendo enterrado con el hábito de San Francisco en la capilla mayor de la iglesia de los Remedios, actual Catedral, en el sepulcro de sus padres. Era hermano del Cristo de los Remedios por lo que se hizo oficio el 15 de septiembre. Casado con Josefa María Machado había tenido tres hijos que llegaron a la edad adulta Machado. Dada su situación social modesta sólo pudo dar como dote a su hija María Antonia diferente cajas y algo de dinero. Su mujer había recibido en herencia una suerte de tierra y viña llegada por su tía María Estévez. Sus trabajos fueron frecuentemente encomendados, como era de suponer, por miembros de la oligarquía tinerfeña. Tuvo cuentas con el capitán Luis de Quesada y Molina, con Luis Benítez y con el Marqués de Villafuerte. La casa en que vivía en La Laguna la había heredado de sus padres. Durante su matrimonio había adquirido una viña con casa terrera aneja en Geneto y 9 fanegadas de tierra en la costa, 2 montuosas y 7 labradas. Deja mejorada a su hija con la viña de Geneto, una docena de taburetes, 4 cuadros grandes con guarniciones y un “bufete que dicen una mesa grande con sus pies tallados”, un catre de barbuzano y un arca grande de cedro. Dejó como albaceas a su tío Diego Estévez, a su mujer, a su cuñado Domingo Machado y al clérigo de menores Juan Guerra de Quintana.  Era una muestra de la modestia en que vivían estos artesanos, a pesar de que Merino alcanzó gran reputación como maestro de filigrana y sus obras fueron consideradas como piezas de obra maestra de la orfebrería isleña.
Con la urna del Santo Entierro, el lagunero Pedro Merino de Cairós en la madurez de su arte dejó a La Orotava una de sus obras maestras que sigue procesionándose como antaño por las empinadas calles de la villa todos los Viernes Santos…” 
 El amigo de la infancia de la Villa de La Orotava;  Antonio Expósito Mesa, remitió estas notas que tituló “SEMANA SANTA EN LA OROTAVA, MANIFESTACIÓN DE LA FE”: “…  La Orotava un año más celebrará la Semana Santa como uno de los signos que le caracteriza de testimonio y coherencia de un pueblo arraigado en la fe de Cristo, desde los actos litúrgicos en parroquias e iglesias, que darán paso a los actos procesionales donde con recogimiento, orden y respeto van invadiendo las calles de la Villa, con el paso lento de las hermandades, el perfume del incienso y cantidad importante de personas que acompañan o siguen desde las aceras los pasos procesionales; antes en parroquias e iglesias la liturgia del día nos pone en situación para rememorar la Pasión Muerte y Resurrección de Cristo, especialmente el jueves con la celebración de la última Cena y lavatorio de los pies, el viernes con la Adoración de la Cruz y en la media noche del sábado la Vigilia Pascual de la Resurrección.
“El jueves, Jesús en la última Cena con sus discípulos, antes de tomar entre sus manos el pan, acoge con amor a todos los que están sentados en su mesa, sin excluir a ninguno: ni al traidor, ni al que lo va a negar, ni a los que huirán. Los ha elegido como nuevo pueblo de Dios. La Iglesia llamada a ser una”.
No decimos nada nuevo del valor artístico de la mayoría de las imágenes que se procesionan, ni tan poco  del transcurrir de las mismas por las distintas calles villera, cada una tiene su estilo y sentimiento, especialmente sin menosprecio de las demás, la del Mandato de la Misericordia y Vera Cruz (Señor Crucificado) desde la Concepción, que dará paso a la del Santísimo Cristo de la Columna de la parroquia de San Juan, con parada en la plaza del ayuntamiento en un acto siempre sensible y acogedor; el viernes a primera hora será desde Santo Domingo donde parte la del Encuentro con parada en la plaza  Patricio García  con calle Colegio, junto a Correos, donde será el acto culmen de la misma, al medio día desde la parroquia de San Isidro procesión del Calvario hasta la Concepción y vuelta a su lugar de destino, por la tarde liturgia de la Adoración de la Cruz,  en la tarde noche desde San Juan, procesión del Santo Entierro que dará paso tanto en la Concepción como en San Juan a la procesión del Silencio con la Virgen Dolorosa. “Jesús en la Cruz acoge el sufrimiento de todos los que  viven clavados a situaciones dolorosas, como tantos padres y madres de familia, y tantos jóvenes, que por falta de trabajo, viven en la precariedad, en la pobreza, sin los recursos necesarios para sacar adelante a sus familias y llevar una vida digna”; la noche del sábado con la Vigilia Pascual se celebrará la Resurrección del Señor con júbilo, alegría, cantamos “aleluya, aleluya, el Señor Resucito”, en la mañana del domingo será la procesión solemne del Resucitado, con la custodia en la Concepción y la  imagen del Cristo por la tarde desde Santo Domingo. Y así celebraremos la Semana Santa, intentando encontrarnos una vez más con el Cristo Resucitado. “Dichosos los que creen sin haber visto” (Juan 20,29)
Consuela a alguien triste. No sabes la diferencia que puedes hacer con una palabra de consuelo. Tanto así que tu mismo serás consolado por eso. Dios te dio la vida, y Jesús dio la suya. Feliz Pascua…”
El amigo de la infancia de la Villa de la Orotava aparejador jubilado, Licenciado en Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna; Evaristo Fuentes Melián, “ESPECTADOR”, remitió estas notas que tituló “SEMANA SANTA IRREVERENTE”:  “…La Semana Santa sirve, también y por desgracia, para cometer el pecado de irreverencia. Para más INRI, acabo de ver anoche en TV la película La mujer Papa (una coproducción de Alemania, Reino Unido, Italia, España, dirigida por el alemán Sonke Wortmann, en 2009). Trata de la historia (¿novela, realidad?) de la Papisa Juana, acaecida en el siglo IX, que pone en solfa los tejemanejes intramuros de la Iglesia, la Curia Romana y la Santa Sede. Por aquellos tiempos, era frecuente acudir al amparo del mensaje divino, para  justificación algunas veces de intereses espurios de los mandamases de Roma, hasta llegar al olvido de las necesidades más perentorias del pueblo llano cristiano, que moría de hambre en las callejuelas y aledaños de la Ciudad Eterna.
Después de este preámbulo, paso a relatar, igual que hice  años atrás, algunas travesuras de chicos, como aquella de 1955—año en el que mi pandilla andaba entre los 15 y 19 años de edad—cuando nos tentó por un buen rato esa risa tonta y absurda, imposible de controlar, en plena procesión del Silencio del  Viernes Santo por la noche en La Orotava. Asistía tal cantidad de mujeres de luto y vela que, cuando estaba saliendo la Virgen en Soledad de la Parroquia Mayor, las dos filas de mujeres ya estaban entrando, después de un recorrido de casi un kilómetro por las calles de La Villa.
A mediados de la década de los cincuenta, siglo XX, recuerdo de un integrante de mi grupo de amigos, de iniciales FBV, dos anécdotas, no precisamente santificadoras. Una de ellas, fue cuando uno de los tambores de gran fondo de la banda lo tocaba un fulano mal encarado. Llegado un momento, mi mentado amigo se puso a su lado imitando sus movimientos,  con gestos miméticos, un poco riéndose de él. Entonces, el mal encarado, en uno de sus golpes de tamborilero pertinaz, primero percatado y luego cabreado por la bromita, cogió el palitroque tamboril de cabeza gruesa, y, en un tris tras, casi  le pega un tremendo golpetazo en la cabeza de mi estimado amigo.
Otro ‘gorrpe’ de pícaro, fue el mismo año en la iglesia de San Juan, llena a rebosar en la ceremonia del Descendimiento, que cada lustro, en año múltiplo de cinco, se celebraba (actualmente desconozco si continúa esa periodicidad) la tarde del Viernes Santo. Entramos en  dicha iglesia y, al avanzar hacia el centro de la forma geométrica de cruz latina que tiene el viejo templo, una joven fémina, debido a la total aglomeración de  fieles,  coincidió sin remedio y por lazos del demonio muy cerca de mi amiguete, el cual, al sentir el contacto corporal con la bella muchacha,  se hizo el tonto y siguió andando un buen trecho, mirando para los altares…
 In illo tempore hubo en muchos de nuestros pueblos, un típico vejete solterón, muy famoso por ser un ‘rabino’ auténtico; en cada esquina y  donde más aglomeración femenina había, allí estaba aquel viejo verde, impasible el ademán, en la zona de atrás… Pero eso lo contaré con más detalle el año que viene. Si Dios quiere….”      
CONCIERTO DE MARCHAS PROCESIONALES DEL AÑO 2012, EN EL TEMPLO DE SAN AGUSTIN DE LA VILLA DE LA OROTAVA POR LA BANDA DE MÚSICA DE LA AGRUPACIÓN MUSICAL DE LA OROTAVA. DIRIGIDA POR EL OROTAVENSE JULIO CASTAÑEDA.
OBRA DEL ITALIANO PUCCINI “TOSCA”.
DISFRUTALA Y MARCA AQUÍ:
                                             
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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