miércoles, 23 de marzo de 2016

GRAN PODER DE DIOS



Gran Poder de Dios, imagen de Jesucristo pensante que se encuentra en la ciudad de Puerto de la Cruz. Su cofradía es la Cofradía de Pescadores Gran Poder de Dios. Se sabe que la imagen llegó al Puerto a finales del siglo XVII, traída de Sevilla por el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Las Breñas (La Palma). Sus fiestas son en el mes de julio (día 13) y también procesiona el miércoles Santo y se encuentra en la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña Francia..
Llegó al Puerto de la Cruz a finales del siglo XVII, traída de Sevilla por el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Las Breñas (La Palma). El Gran Poder de Dios lleva a su lado dos bellos ángeles que le sostienen los cordones del traje. Fueron realizados por el escultor de Santa Cruz de Tenerife Sebastián Fernández Méndez en 1755, corriendo su policromía a cargo del pintor portuense José Tomás Pablo (1778). Este último artista ya había realizado los dibujos y pinturas del trono del señor en 1752. La peana en que va sentada la imagen es de plata labrada al martillo por el orfebre lagunero Alonso de Sosa y ejecutada en 1753.
La efigie del Gran Poder de Dios vino a Canarias en consignación a la isla de La Palma y por descuido de los consignatarios del navío fue desembarcada en Tenerife.
Los Palmeros reclamaron en tiempo oportuno la devolución del Santo Cristo, y las tres veces que quiso hacerse el envió de la Imagen a aquella isla hubo que suspender la operación de su embarque a causa de las inesperadas galernas producidas en el Puerto al tiempo de irla a embarcar.
La reiteración de tan raras alteraciones atmosféricas y marítimas cada vez que de embarcar a la Imagen se trataba, fueron tomadas por los creyentes del pueblo a desagrado del Santo a que le sacaran de esta isla, y así creyéndolo también los dueños de las lanchas, rehusaron, juntos con los marinos, el encargo de embarcarla nuevamente. Entonces se le construyó un magnifico retablo en el que el vecindario empezó a rendirle culto y veneraría.
El origen de llevar esta procesión hasta los límites del barrio marinero donde se encuentra fue una promesa de los portuenses a "El Viejito" por su protección ante una epidemia de cólera que causó estragos en la isla. En "Los Anales" del ex alcalde y cronista local José Agustín Álvarez Rixo se encuentran multitud de ejemplos de cómo los ciudadanos del Puerto de la Cruz acudieron en demanda de auxilio a su venerada imagen del Gran Poder de Dios en momentos de adversidad, tales como plagas, epidemias o de infortunio político para la nación, como el cautiverio del rey Fernando VII. Cuenta Fernando Viale que no es de extrañar por ello que cuando se desató una epidemia de cólera morbo en Santa Cruz de Tenerife en 1893, se decidiera hacer la promesa de llevar en procesión la imagen del Gran Poder de Dios hasta el límite oeste del barrio de San Felipe-Ranilla, que a finales del XIX, constituían prácticamente los del casco urbano.
Según el Cronista titular del Puerto de la Cruz. El día 14 de Abril de 1938, F.P. Montes de Oca García: “…LA IMAGEN DEL GRAN PODER DE DIOS, (SU ORIGEN, MILAGROS Y UN RECUERDO):  ¡Torne la noche en claro día! Sobre “el potro de la paciencia”, joya artística que, en hora gloriosa y con fervor cristiano donarían los mayordomos de la “noble Cofradía de la sangre”, repujado en plata, descansa la efigie del “Señor del Gran Poder” que se venera en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz, humildísima y aherrojada con la famosa cadena y grillos que el vulgo ha dado en llamar “el Coroto de los Méndez”, apoyando su mancillada mejilla en la mano omnipotente, sostenedora del Cielo y tierra, en la sacrosanta mejilla profanada por aquel maldecido Judas,  al imprimir en ella el beso traicionero y engañado pagado por unas cuantas monedas diabólicas.
Cuenta la tradición portuense que, el Capitán de Artillería, don Pedro Martín Francisco  fue quien encargó a Sevilla esta milagrosa escultura, allá por los primeros años del siglo XVIII en  unión de otra que representaba a Jesús Nazareno, perdida en el incendio de la Capilla del Convento Dominico de las monjas claras en 1925 y se dice que, cuando llegó aquella a este pueblo, el deseo del comprador era enviarle a la parroquia donde había tomado las aguas bautismales y dejar éste en poder de las religiosas enclaustradas, pero, ¡oh milagro!, las repetidas veces que se intimó para embarcarle, el mar, que, durante los veranos dormía tranquilo y sin oleaje y permanecían sus aguas diáfanas en la rada de Arautápala, parece desencadenaba sus furias, haciéndose imposible trasladar a la nave portadora el tesoro que hoy tanto veneran los hijos del Puerto de la Cruz.
¡Y… torne la noche en claro día! Por no querer reinar entre los moradores de la villa de Breña Alta en la isla de La Palma”, “el Señor del Gran Poder”, sentó sus reales en esta tierra, para desde aquí proteger y guiar a todos sus buenos hijos — a aquéllos que portan con resignación el lábaro de la redención del género humano—, el signo de su inocente martirio, que fue la Cruz.
Portentosos milagros ha realizado, desde que tuvo lugar su entronamiento entre los habitantes portuenses hasta la actualidad el “Señor del Gran Poder”, “el viejito” como le llaman los marineros y pescadores con entera familiaridad. Entre las crónicas y anales pueblerinos leemos y se señala a aquel de haber librado al lugar de “La Esperanza” perecer de cierta pestilencia sus vecinos. Por ello y como promesa a cumplir, les vemos llegar en alegres “ranchos” a estos “esperanceros”, en cada año por el mes de julio para pedirle les siga tendiendo consuelo y protección a sus  descendientes.
¿Y quién no ha oído contar lo sucedido a aquel descreído patrón de lancha que por no esperar al paso de la sagrada efigie por frente a la “Marina” y hallándose el mar en calma, hizo remar a los suyos apostrofándoles y llamándole al Señor “diablo”, para perecer tragado por una ola monstruosa que se levantara al instante de balbucir tamaña blasfemia salvándose el resto de los tripulantes en una peña y sin ser ni siquiera mojadas sus ropas por las aguas?
Y ya va para viejo. Aun resuena en mis oídos, y la recuerdo, una de aquellas estrofas que de niño aprendí entonada por los colegiales de mi época, al paso de la procesión de la milagrosa imagen por las calles de mi pueblo natal día Miércoles Santo.
Parece que ahora revive y que canta aquí las glorias del Señor…
¡Torne la noche en claro día!  / La luz divina, nieblas rasgó. / ¡Oh buen JESÚS, fué tu agonía / Poder de un Dios que nos salvó! / ¡Católicos creyentes, que así sea / por siempre!. …”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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