jueves, 24 de marzo de 2016

JUEVES SANTO EN GARACHICO



Foto obtenida con mi cámara digital en el interior de la parroquia de Santa Ana de Garachico, Semana Santa del 2009.
Datos que me ofreció desinteresadamente el amigo y convecino de Garachico CARLOS ACOSTA GARCÍA, de su libro sobre la semana Santa en la Villa y Puerto, producción que está totalmente agotada.
El cual fui a devolvérselo personalmente acompañado de mi señora Antonia María González de Chaves y Díaz a su domicilio en  Garachico, el viernes Santos del año 2009, lo que le estoy totalmente agradecido.

Quienes se dejan ganar su ánimo por el colorido, la espectacula­ridad y el número de imágenes que componen una procesión suelen afirmar que el Viernes Santo es el día de la mayor brillantez, dentro de los cultos externos de la Semana Santa de Garachico. Nosotros nos inclinamos por la austeridad, el silencio y el orden de la procesión nocturna del Jueves Santo. Antes ha habido cultos solemnes en Santa Ana. Y precisamente han sido esos cultos los que han ido preparando un ambiente de recogimiento, que propician la solemnidad de la procesión nocturna, que sale de la iglesia parroquial a las 9, con acompañamiento de las Cofradías del Santísimo y del Rosario.
Recorre la procesión un amplio trayecto, hasta la calle o plaza de Constanza de Ponte y, a su regreso, hace su entrada en la iglesia del convento concepcionista, donde se entonan, por parte de las monjas, unas piezas de música religiosa.
Hay unanimidad a la hora de señalar el autor de esta obra proce­sional. Se trata del escultor gomero Francisco Alonso de la Raya, dis­cípulo de Martín de Andújar. Es posible que en la tarea de crear al Cristo y a los apóstoles le sirviera de apoyatura su condiscípulo el garachiquense Blas García Ravelo. Ambos trabajaron juntos en el ta­ller del maestro y se acepta que, aunque la dirección y el principal trabajo fueran de Francisco Alonso, su compañero García Ravelo necesariamente hubo de prestarle una inestimable ayuda.
Hay que aclarar, sin embargo, que este paso de la Cena ha sufri­do transformaciones, que tuvieron lugar en la tercera década del presente siglo. Se hizo desaparecer el sitial bajo el que figuraba la imagen de Cristo, para el que se construyó una silla en talleres oro­tavenses y se sustituyó la propia imagen del Señor por otra de dimen­siones algo mayores, con el fin de darle un protagonismo físico sobre los apóstoles. Tal imagen de Cristo sufrió desperfectos, por lo que hubo de encargársele una al orotavense Ezequiel de León y que es la que figura actualmente presidiendo el paso, junto a los apóstoles, que son los mismos de siempre.
Estos apóstoles sufrieron también algún repinte en los años 30 y ya se sabe que esta tarea, necesaria muchas veces, lejos de mejorar las cosas, suele acarrear problemas de estilo. Sin embargo, estas imá­genes del trono de Garachico presentan buen aspecto, sin que, a cierta distancia, puedan observarse defectos serios, al menos para el gran público, aunque los especialistas en Arte suelen ser más exigentes, como es lógico, en esta labor de conservación.
El paso, en su totalidad, mantiene el encanto y lozanía de otras épocas, lo que demuestra que la restauración no obró efectos negativos. El doctor Martínez de la Peña, aunque lamenta los cambios sufridos por los pasos de la Cena de Icod y Garachico, opina que ésta sigue manteniendo sus virtudes de antaño: «...resulta encantadora en cuanto a la cándida inge­nuidad con que, de forma simétrica, rodean los após­toles la mesa; figuras muy derechas, tan iguales, con tan cumplida postura, hasta las manos, todas descan­sando sobre la mesa, con las palmas hacia arriba en actitud de recibir el sagrado alimento».
Las palabras que anteceden, debidas a una personalidad como la del doctor Martínez de la Peña, retratan con fidelidad absoluta lo que es este paso procesional, que gana la atención del espectador preci­samente por estos detalles que quedaron apuntados, al margen de que hubiera podido sufrir esos cambios que dejamos apuntados y que son inevitables. Las imágenes se estropean con el paso del tiempo y no siempre resulta fácil encontrar restauradores de prestigio, espe­cialmente en épocas un tanto lejanas a nosotros.
Para Pedro Tarquis este paso es semejante al que Antonio de Olbarán hizo para la iglesia de los Remedios de La Laguna: “Pero nos parece superior en categoría artística éste de Garachico”. Opina el crítico que lucen aquí mejor las figuras, observándose, además, sus­tanciales diferencias entre cada uno de los apóstoles, según sus edades, mientras que en la obra de Olbarán -siempre según el crítico-  hay más monotonía: «El autor de la Santa Cena de Garachico... presenta cabezas talladas con más realismo. Son personas vis­tas en el natural. Trata de caracterizar cada uno de los discípulos, inquietud que falta en Antonio de Olba­rán... quien aparece rutinario».
Afirma finalmente Tarquis que la imagen menos logradas la de Cristo y que el autor no consiguió sus propósitos de ofrecernos al Divino Maestro en un tono elevado sobre la humildad evidente de los Apóstoles.
Como si la opinión del crítico hubiera podido tener influencias en otras personas directamente relacionadas con la organización de los cultos de Garachico, el Cristo de la Cena -ya lo hemos dicho- fue sustituido, pero quien desee conocerlo y establecer comparaciones con el de Ezequiel de León, puede hacerlo porque cada día figura expuesto al público, muy cerca de la pila bautismal de mármol y alabastro que regaló a su pueblo don Pedro de Ponte y Llarena, primer conde del Palmar, Gobernador de Gante y Capitán General de Canarias.
El paso de la Cena de Garachico tiene una historia de muchos siglos. Una historia que intentaremos resumir aquí, simplemente para que se tenga noticia de su antigüedad y de las distintas versiones que po­drían darse de una misma circunstancia.
Junto a la del Cristo de la Misericordia es la de la Santa Cena la procesión más antigua del municipio. Para señalar sus posibles oríge­nes convendría recordar la fecha en que fue fundada la Hermandad de la Misericordia: 1556, año en que accede al trono de España Su Majestad el Rey Felipe II. Exactamente el día 8 de septiembre del citado año se reúnen unos vecinos de Garachico, bajo la dirección de Gabriel Hernández para verificar la fundación. Se aprueban luego las Constituciones y nos llama la atención uno de sus capítulos, en el que se señala a los miembros de la nueva hermandad la necesidad de preocuparse «acerca de la procesión del Jueves Santo por la noche».
La frase, dicha así, no aclara grandes cosas porque nadie sabe a qué procesión se refería la norma que hemos copiado textualmente. Sin embargo, 70 años después, el día 3 de enero de 1626, se crea en Garachico otra hermandad religiosa, que aún subsiste, y en cuyas cons­tituciones vuelve a hablarse de la procesión del jueves santo; pero aquí sí que se especifican los detalles, puesto que se afirma que se trata de un paso de la Santa Cena. Nos estamos refiriendo a la Hermandad del Santísimo Sacramento, aprobada por el obispo de Canarias, don Juan de Guzmán y confirmada por César Mondo, Nuncio Apostólico de S. S. en España, el 22 de junio de 1630.
Entre los acuerdos que toman los Hermanos, destacamos éste: “… Que los Jueves Santos, a la oración, después de dichas las Tinieblas, se haga la procesión del paso de la Cena, que se empezó a hacer, con licencia del Sr. Obispo, en el año 1629….”
Se deduce de cuanto antecede que hubo un paso de la Cena. Pero no puede ser el actual por razones cronológicas. Habría que constatar unas fechas que aparecen como contradictorias. El paso de la Cena que actualmente sale en Garachico la noche del Jueves Santo es obra, como se ha dicho, del escultor gomero Francisco Alonso de la Raya, afirmación que hacemos después de conocer el trabajo realizado por el Doctor Martínez de la Peña, a quien hemos citado anteriormente. Francisco Alonso talló sus imágenes en ausencia de su maestro, Martín de Andújar, aquel extraordinario imaginero andaluz que estableció su taller en Garachico antes de partir para América donde habría de desarrollar una amplia labor, no sólo en el campo de la escultura, sino también en el de la arquitectura.
Pero Francisco Alonso nació en 1619. O sea, que sólo tenía 10 años cuando la procesión de referencia recorría por vez primera las calles de Garachico. Por otra parte, el escultor había abandonado su isla de nacimiento, para establecerse en la localidad tinerfeña, en 1637. Son dos motivos más que suficientes, más que justificados, para afirmar que Francisco Alonso no pudo poner sus manos en el paso de la Cena que se menciona en los viejos manuscritos de Rodríguez Labrador y de la Torre Cáceres.
Ha de afirmarse, por lo tanto, que hubo antes del actual, otro paso semejante, del que no quedan vestigios. Y que la procesión del Jueves Santo de 1556 necesariamente sería una procesión de penitencia sin que hubiera un paso que desfilara por las calles garachiquenses, de­saparecidas también cuando, en 1706, el volcán borró sus huellas.
Sobre esa procesión de penitencia de que hablamos sabemos qué tenía una relación con los beneficiados de Santa Ana y San Pedro de Daute. Para hacer tal afirmación nos basta con la lectura de las dis­tintas normas que dejó establecidas el obispo don Antonio Corrionero en su visita pastoral de 1617. Una de las cláusulas dice textualmente: “…Que el beneficio de la parroquia, con los beneficiados, o uno al menos, y los clérigos salgan a recibir al Callao del Puerto a la Cofradía de la Disciplina de San Pedro de Daute, que viene el Jueves Santo por la tarde a la parroquia de Sta. Ana, y les acompañará a la vuelta hasta el mismo paraje…”
Se habla de una cofradía de la disciplina de San Pedro de Daute. No sabemos si había otra similar en Santa Ana o si sería la misma. Y no aparece, en las Constituciones, la más ligera alusión a un paso de la Cena, que, según dejamos apuntado más arriba, comenzó a salir en 1629, doce años después de estas normas dictadas por el obispo Co­rrionero.
Dando un gran salto hacia adelante en la narración, diremos que la conservación del paso en la actualidad es excelente, por lo que no se aprecia la necesidad de dar nuevos retoques en la encarnación de las figuras. En el trono sí que se han hecho algunas veces y de ello se encarga la Hermandad del Santísimo, que tiene a su cargo todo lo relacionado con este paso y su procesión por las calles, no sólo el Jueves Santo, sino en la Procesión Magna del Viernes.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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