jueves, 17 de marzo de 2016

MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ SUÁREZ MODERADOR DEL FÓRUM MASARU



Foto y datos biográficos obtenidos del libro del Fórum Masaru, cedidos por el amigo de la Villa de La Orotava; Pedro Rodríguez entonces director gerente de la comunidad.

Nace en Santa Cruz de Tenerife. Es técnico de Empresas y Actividades Turísticas por la Universidad de La Laguna. MBA en Gestión y Administración de Empresas por la Universidad Politécnica de Madrid, máster en Dirección de Marketing y Comunicación por el Instituto para el Desarrollo (IEDE) y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid.
Desde 1991 es el presidente del Centro de Iniciativas y Turismo de Santa Cruz de Tenerife, aunque también fue directivo de los centros de Puerto de la Cruz y Candelaria­ Caletillas. En ese ámbito fue presidente-fundador de la Federación de CITS de Tenerife. Desde 1994 es editor de la revista internacional 'Turismo en Canarias', presidente ejecutivo de Radio Turismo y socio director de la firma consultora Turiscom.
Ha sido director comercial, director y gerente de varias empresas internacionales de reconocido prestigio en el sector turístico. Fue consejero del Área de Turismo del Cabildo Insular de Tenerife y, durante más de una década, consejero del Patronato de Turismo de esa misma corporación, además de consejero del Plan Estratégico de Tenerife. Desde 1991 es miembro del Consejo Canario de Turismo, dependiente del Gobierno de Canarias, y del consejo de administración del Organismo Autónomo del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. En 2002, durante el congreso celebrado en Polonia por la Federación Mundial de Ciudades del Carnaval, fue nombrado presidente de los Carnavales de Canarias. Asimismo, ha sido miembro de los consejos de administración de Casinos de Tenerife y del Organismo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife, consejero-delegado del Festival Internacional de Cine Ecológico de Puerto de la Cruz y miembro de la Fundación del 500 Aniversario de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.
También ha sido director y ponente de jornadas y cursos internacionales y ha realizado numerosos cursos de especialización en diferentes áreas del Turismo y la Empresa. Es un gran conocedor de los mercados turísticos, asistiendo desde la década de los ochenta a las principales ferias y congresos mundiales de este sector. Ha ejercido la docencia como profesor de máster de Turismo y es profesor adjunto de la Universidad de La Habana. Escribe como analista y consultor en varios periódicos nacionales y participa en programas de diferentes emisoras de radio y televisión. Ha sido miembro de la Federación Española de Voleibol, de la Real Federación Española de Tenis y presidente de la Federación Canaria de Tenis.
Se puede afirmar que los viajes de placer tuvieron sus inicios en los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX. Ya que grandes cambios en la socie­dad, en los estilos de vida, en la industria y la tecnología alteraron la morfología de la comunidad. El siglo XIX fue testigo de una gran expansión económica, seguida de una revolución industrial y científica. El turismo fue uno de los principales beneficiarios, para llegar a ser una de las mayores industrias de nuestro planeta.
Una de las notables controversias que genera el estudio del turismo es preci­samente comprender y diferenciar las causas, de los efectos que intervienen en su génesis y en su posterior desarrollo como actividad de ocio moderna. Las dificul­tades para delimitar los contornos de esta materia son infranqueables porque en el turismo están implicadas: razones económicas, técnicas, políticas, sociológicas, medio ambientales, etcétera, que como es lógico tendrán un papel decisivo en su génesis. El balnearismo fue una de las principales actividades que se encuentran en el origen del turismo moderno.
Para diferenciar entre causas y diferencias en el umbral del turismo nos pre­guntamos; si por ejemplo fue la invención de los transportes colectivos lo que motivó los desplazamientos masivos de viajeros o si precisamente fue la necesi­dad de viajar lo que propició e impulsó la mejora de tales medios. Lo que sí es demostrable es que el hombre se viene desplazando a grandes distancias desde las épocas más primitivas. Sin embargo: ¿es esto turismo? Se puede decir con seguridad que no, porque carecen de una característica esencial al turismo; "la libertad”.
Así las invasiones del Imperio Romano por parte de las tribus germánicas, a pesar de tratarse de movimientos poblacionales, no puede considerase viajes turísticos,  porque estaban impulsadas por las necesidades de subsistencia deriva­das de las presiones demográficas.
Tampoco pueden considerarse turísticos, los grandes movimientos comercia­les y religiosos dela Edad Media, puesto que si los anteriores éxodo s eran masivos pero carecían de libertad, estos últimos que sí se hicieron voluntariamente, están lejos de ser masivos o totalizadores.
La falta de alguno de estos dos componentes -masificación o libertad de movimiento, de grandes desplazamientos- es lo que precisamente impide considerar como turismo la mayor parte de los fenómenos que se producen antes del siglo XIX. De hecho, se habla de que en la Grecia Clásica comienzan los primeros momentos turísticos en sí, pero se puede afirmar que esto no es turismo en su recepción contemporánea porque es bien sabido que los griegos despreciaban trabajo por considerarlo tarea de esclavos y de las clases bajas. En el Imperio Romano, cuya cultura bebe de la griega también se da algo semejante a lo que es en actualidad el fenómeno de la segunda residencia, ligado a las actividades de ocio turismo; en toda la región del sur de Italia, pero sobre todo en lo que actualmente ; la región de la Campania (Pompeyo y Hercolano, cerca de Nápoles son algunos e los mejores ejemplos se suceden las grandes villas y las localidades dedicadas ocio de la población romana, con grandes facilidades en lo que respecta a la movilidad de viajeros, gracias a los cuidados caminos del Imperio, pero donde los ;clavos, la columna vertebral del sistema productivo de la época, no disponía de ;tos progresos. Hay que tener muy en cuenta que se trata de un fenómeno de segunda residencia, y quizás no de desplazamiento turístico, y además, de nuevo estamos ante el mismo caso que el de los griegos, el de un acceso muy minoritario le la población al fenómeno.
Se habrá de esperar, pues, un largo periodo entre la Antigüedad y este fenó­meno residencial romano (que se podría incluir en el turismo o no, dependiendo de s diferentes concepciones que el fenómeno) y el siglo XIX, para que aparezca una actividad que ya se puede denominar "prototurística" en la concepción contemporánea, por implicar movimiento masivo o al menos importantes flujos de viajeros), libertad de desplazamiento (libertad y precisamente de movimiento, a distinción e la segunda residencia que implicaría reposo).
Sin embargo, aunque hemos delimitado los orígenes de lo que consideramos  turismo moderno (principios del siglo XIX hasta los años treinta del siglo XX),  el germen de esta forma de turismo se encuentra al menos dos siglos antes, lo que hemos de volver a siglos pasados para ver cómo, cuándo y porqué aparte el turismo moderno a principios del XIX Y no en otro momento.
Por otro lado y desde una perspectiva más "filológica" se debe analizar los orí­genes del término turismo para delimitar los orígenes de la actividad que proviene el vocablo inglés: "tour", que por otro lado es una palabra latina (del francés). Esta cuestión es bastante relevante puesto que generalmente se entiende que el fenó­meno precursor de lo que después será el turismo moderno es precisamente  el llamado "Grand Tour", fenómeno de connotaciones esencialmente británicas, y que consistía generalmente en un recorrido de larga duración de los jóvenes aristócratas por gran parte del continente europeo.
El Grand Tour, no se trató de un fenómeno aislado, de viajes esporádicos, sino que algunos de los más conocidos "tourists" de esta época fueron personajes de reconocido prestigio. Este viaje tenía el objetivo primordial de enseñar, a estos jóvenes los saberes y los logros de los estados europeos modernos, y sobre todo el esplendor de las antiguas civilizaciones griega y romana, aunque uno de los fines principales era el de formar un cuerpo de diplomáticos, políticos, abogados y mili­tares bien capacitados.
El turismo en ese momento se constituía en una ciencia más que una actividad de ocio, una materia más entre las que se debían formar los lords ingleses. No se trataba pues de cultivar la vista ante fantásticos edificios antiguos o ante pintorescos paisajes sino el oído ante el saber que se les mostraba en el extranjero. Francia, en parte los Países Bajos, muy pocas veces Alemania, yeso si, siempre Italia, pertene­cieron a las rutas de los Grand Tours.
En la primera mitad del siglo XIX es cuando comienza lo que se considera "turismo moderno" debido a una serie de factores, nos encontramos en una época en la que el turismo es un método más de enseñanza, sin embargo, ya antes de 1850 se dan una serie de factores que irán conformando de forma lenta pero decisiva lo que será el nuevo tipo de turismo. En primer lugar los turistas de finales del siglo XVIII, los que se han venido a llamar turistas neo clásicos, y sobre todo los de prin­cipios del siglo XIX, los llamados turistas románticos, van a cambiar la concepción de sus viajes y se van a preocupar cada vez más por la observación de los lugares que visitan, es decir, un paso de la percepción mediante el oído a la contemplación mediante la vista. A partir de este momento y hasta la actualidad el objetivo esencial de los turistas será el de conocer mediante una observación visual los principales monumentos, paisajes, lugares históricos, etcétera, de una determinada región o país.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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