domingo, 24 de abril de 2016

ALMADI, ÁLVARO MARTÍN DÍAZ (I)



He leído en la revista "SELECCIONES CANARIAS" un artículo del recordado periodista orotavense Almadi (Álvaro Martín Díaz), en el que expone un panorama critico del estudio musical en la actualidad, los cambios producidos en la música indudablemente involucrada con el Mundo comercial y mercantilista de hoy. ÁLVARO MARTÍN DÍAZ "ALMADI" nació en La Orotava en 1919. Escritor autodidacta, fue el pregonero de tantas cosas sencillas y humildes, tanto desde su "Balcón sobre la Isla" en la Tarde, como luego en su "BALCONCITO", de El Día, que constituyeron miradores abiertos y entrañables de la isla. Era también familiar y sonora voz desde las páginas radiofónicas de Radio Club y R.N.E. Sentía predilección por Anaga (TAGANANA en especial), por La Orotava su patria chica, y por Venezuela, lo que plasmó en un libro. Y por la música, lo que un día llevó a "juntar" papeles verdes para levantar el monumento de Teobaldo Power. Ultimo romántico de la isla.
DECÍA ALMADI: “…que siglos enteros de invención no hacen otra cosa que abrir más campos y más dilatados a la creación futura. La Lección imborrable de los genios de ayer es un estímulo, un acicate para el compositor de hoy. Y hoy - aunque no lo creamos hasta que se mueran- también hay genios de la música. Grandes creadores y grandes maestros. Pero paralelamente a esta afirmación de la inextinguible llama creadora ha de consignarse lo que en arte es axiomático: no se puede ignorar el ayer. Toda tendencia a eludir la responsabilidad de un estudio profundo de los que precedieron, es absurda. Y creo porque alguna experiencia concreta me asiste- que siempre estará dictada por un interés comercial. Supongo que extrañará esa palabra -"comercial"- en un artículo sobre la música. Sin embargo, en el mundo de hoy no están lejos el arte del comercio, ni la crónica de arte del anuncio propagandístico. El Mundo evoluciona, y vender un piano, por ejemplo, que es una función estrictamente comercial, puede ser una operación que requiera, digamos, propagar por ahí que la música es un adorno social muy propio para señorita casaderas. En cierta ciudad americana funciona una academia de música cuyo lema es insultante: "No hay cultura sin cultura musical". Ni tanto, ni tan poco. Lo que pasa es que se cuenta con unas gentes cuya única ambición es seguir la corriente a lo nuevo, sea como sea. Y lo nuevo, en el caso de esa ciudad, no es una cruzada de apostolado para enseñar música al que no sabe, sino el establecimiento de esa academia (con sus métodos "racionales" que repudian la enseñanza clásica y propagan absurdos sistemas como el de "tocar por fantasía"), o la apertura de un almacén de instrumentos musicales. Hemos leídos artículos (en revistas de propaganda comercial-musical, naturalmente) en los que se dice: "Debe vigilarse la clase de profesor que Vd. ha de escoger para su hijo". Y seguidamente (no copio, sólo recojo la intención): "Si un profesor somete a su hijo a un trabajo de ejercicios de escalas, etc.!Es un mal profesor Escoja Vd. uno (termina el comerciante) que desde el primer momento estimule en su niño la fantasía; que el niño toque lo que le guste. He presenciado "acontecimientos" musicales en los que los discípulos de la profesora X daban un "concierto" en esta o aquella residencia. Los niños no sabían solfeo porque "la profesora dice que no hace falta". Y ejecutaban, por ejemplo, un vals de Brahms (el vals en la bemol) trasladado a la tonalidad de do mayor y reducido al simple enunciado de la melodía con la mano derecha y aun acompañamiento chabacano con la izquierda. No quiere decir que esto sea el común denominador de los sistemas de enseñanza. Es, felizmente, un foco infeccioso que no tiene trascendencia oficial. Pero llevando a las revistas, el asunto nos obliga a una más seria meditación. Porque en cuanto respeta a las ambiciones artísticas de los hombres, la letra impresa puede hacer mucho bien. Pero es preciso saber distinguir y no tomar como verdad irrebatible todo aquello que en revistas o periódicos sorprendemos. La verdad es sólo una: el camino emprendido. Y ha de partirse de un punto al empezar la marcha: un severo aprendizaje. De ese modo podrá conocerse todo lo que se hizo y cómo se hizo. Entonces el hombre estará apto para crear…”
Así vio la música el inolvidable ALMADI, esto se lo imaginó hace 50 años y no difiere de lo actual, él era un amante de la música, en su infancia y adolescencia estudió solfeo con el maestro Calamita en la academia de la centenaria Banda orotavense.
La música la compartió con el periodismo, realizando una labor extraordinaria, exaltando a las Islas Canarias en su BALCONCITO. Sus visitas a La Orotava, las realizaba para participar con la "Capilla de Santa Cecilia" que dirigía el maestro Sosa, en la Semana Santa y en las Fiestas Patronales del Corpus y San Isidro.  De su faceta radiofónica sobresalen sus programas sobre las islas y su etapa como director de Radio Club Tenerife, cargo que también ocupó en Radio San Pedro, emisora germen de la COPE en la isla, y junto a renombrados periodistas tinerfeños, como Ernesto Salcedo, Luís Álvarez Cruz y Arturo Rodríguez Martín fue uno de los fundadores de Radio Nacional de España en Canarias. Publicó diversos libros, como “El Secreto de la Isla”, “La Isla que va y viene” y “Crónicas de la Isla de San Borondón”. Asimismo, participó activamente en el Carnaval Tinerfeño como director de Los Fregolinos y Los Románticos. La Corporación Municipal por unanimidad acordó dedicarle una calle como reconocimiento a un hijo ilustre, que será la circunvalación del nuevo Instituto Rafael AROZARENA en Lercaro.
Su hijo el periodista ENRIQUE MARTÍN BRAUN, le dedica un artículo en el matutino El Día a su inolvidable padre titulado “LOS MENCEYES Y ALMADI”; “…Cuando el tema de la unión de las dos más importantes ciudades de la isla de Tenerife aún no estimulaba ninguna de las tertulias de moda, un escritor y periodista, a principios de la década de los cincuenta del siglo pasado, nacido en La Orotava (hace poco se le concedió en La Villa el nombre de una calle), pero afincado desde los catorce años en El Chicharro (también aquí una vía lleva su nombre), comenzó a escribir una serie de artículos que abordaban un sueño futurista. Álvaro Martín Díaz, "Almadi", recorría la Isla y, luego, contaba sus caminatas en las columnas de “La Tarde” y aquí mismas, en EL DÍA. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que "Almadi" fue uno de los más importantes narradores costumbristas de la historia del periodismo canario. Su colección sobre "Anaga" (donde igualmente dedicaron su nombre a un mirador) es de un lirismo difícilmente igualado por otros escritores de su tiempo. Su imaginación le llevó, después de pasear infinidad de veces por la carretera vieja de Santa Cruz a La Laguna, a representar ante sus ojos una gran avenida, con muchas calzadas, amplias aceras, luces a uno y otro lado que atenuaran aquellas oscuridades... "Almadi" vio, en realidad, una sola calle de una misma ciudad. Aquella gran calle imaginada y convertida en avenida tendría, incluso, un nombre también soñado en aquel paseo de una tarde cualquiera de principios de los cincuenta: la Avenida de Los Menceyes. Igualmente, su imaginación lo llevó muy lejos, justo hasta nuestros días, y llegó al convencimiento de que un tranvía (atiendan desde cuándo viene la idea), sería un medio eficaz para la unión (nunca la fusión) de las ciudades.
Los sueños de los poetas y escritores no suelen acabar en los despachos técnicos en forma de proyectos. Pero aquellos sí. Se redactó uno que figuraba en la Oficina Técnica Municipal de La Laguna. Pero el sueño del escritor lo transformó el esplendoroso régimen franquista en un sueño político. Aquello de "Los Menceyes" tenía connotaciones independentistas y el proyecto quedó bien guardado en una de las carpetas vergonzosas de la época. Tuvo que llegar el mes de julio de 1990, para que el pleno del Ayuntamiento de La Laguna sacara a la luz la polvorienta carpeta y aprobara el sueño de "Almadi". El pleno, presidido por el admirado músico, folklorista, investigador, abogado, periodista, político y amigo, Elfidio Alonso, declaró de urgencia la expropiación de los terrenos y edificaciones afectados por el proyecto de la avenida de Los Menceyes. La primera fase iba desde la Cruz de Piedra hasta el Instituto de Astrofísica de Canarias. Han pasado quince años y se ha llegado a la total terminación de la avenida, a falta de algunos remates y una rotonda a la altura de la curva de Gracia que hará más fluido el tráfico. La alcaldesa actual, en la inauguración de hace unas semanas, no comunicó ni invitó al grupo socialista lagunero. Y fue una desmemoriada (es una expresión menos dura), al no citar la imaginación de un escritor, poeta y periodista, Álvaro Martín Díaz, "Almadi"; la trascendental decisión política de su antecesor, Elfidio Alonso, y el consentimiento y aguante de todos los vecinos. Una formidable mezcla para que, cada vez más cerca, La Laguna y Santa Cruz puedan darse la mano a través de la avenida de los Menceyes. Los olvidos de la alcaldesa encajan muy bien con su carácter, demostrado en la suspensión de un pleno transmitido por una emisora de radio. Una actitud prepotente mandó callar a todos y demostró sus conocimientos de la democracia. Pero no se preocupe la señora alcaldesa, pues no sólo a ella es aplicable lo de "es de bien nacidos...". Hay otras personas por ahí que cobran la jubilación gracias a las gestiones realizadas por "Almadi". Y también andan en el mundo de los olvidos. "Almadi", además de soñar, nunca olvidó a sus amigos. Sus amigos laguneros, en otro pleno presidido por Elfidio Alonso, decidieron dedicarle una calle. La diferencia de alcaldía es notoria…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU.
PROFESOR MERCANTIL

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