viernes, 29 de abril de 2016

EL MISTERIO DE ALMADI



Foto, alfombras de La Villa de La Orotava correspondiente al año 1905, confeccionada por don Felipe Machado y Benítez de Lugo en la plaza del Teatro (actual Patricio García).

En la desaparecida revista semanal orotavense "CANARIAS", del mes de Junio del año 1958, aparece un inédito título del llorado y ausente periodista tinerfeño ALMADI Álvaro Martín Díaz, ensayista tinerfeño hijo de la Orotava, resaltando la fiesta de las flores de la Villa, la fiesta de la Octava del Corpus. Evidentemente me llama la atención como llora, como canta y como detalla a su villa natal, incluso a sus fiestas exclusivamente artísticas. Por ello reproducimos su composición para la intuición de los villeros de esta época. ALMADI era conocido por sus famosos artículos dedicado a nuestra tierra, a nuestro folklore y a nuestra costumbre, contextos que hacían presencia en el también desaparecido rotativo tinerfeño "LA TARDE", con el título "EL BALCONCITO".  Las Alfombras de Flores en la Orotava, no son preocupación de un día. No son ni siquiera preocupación, ni deber que se hace preciso cumplir en tal día como en la Octava del Corpus. Son otra cosa. Si constituyeran una preocupación mal hubiesen resistido ciento cincuenta años de superación creciente. Las Alfombras, como empresa inteligentemente humana, ya serian historia tal vez leyenda nada más, rumor del pasado. Cosas increíbles que dicen que se hacían en otros tiempos. Repito que son otra cosa y que no se me pida que defina esa otra cosa, que la concrete, que la explique, porqué no sé. Ni quiero saber ni quiero que nadie intente determinarla, porque las alfombras no tienen razones que las justifiquen, ni valoraciones que la sitúen para una contemplación artística objetiva. Y para nada vale, al estudioso o al que quiera imitarlas, que les descubran el secreto a voces de su urdimbre, porque ya se sabe: un mucho de brezo, sobre la calle, que sirven de lienzo: otro mucho de flores distintas: más brezo, molido en verde y otro poco, de brezo también, quemado y molido, molido y quemado....Nada. Cosas elementales, cogidas a puñados de la Tierra, en handillo o a brazadas, y.... Ya está. Son algo tan simple que podríamos, incluso definirlo, pero no acertaríamos. Al definir limitaríamos, tendríamos la fórmula, podríamos venderla para la exportación y estaríamos al que nos la comprara, sin darnos cuenta. Porque las alfombras son como un brote espontáneo, como un borbotón insospechado que se extiende, como un reguero, por las calles de la Villa en el día del Corpus. Cierto que las hacen sus hombres. Cierto que son preparadas, soñadas, realizadas en fin por esos hombres. Cierto que hay un amanecer alborado de gentes que dibujan sobre los lienzos verdes del brezo. Cierto que la mañana y anula tarde son testigos de su afán artístico. Pero hay algo, sobre todo esos elementos, que escapa al estudio. No sé si son sus calles o las casas o el aire o todo a un tiempo. Tampoco lo sabe nadie allí ni a nadie preocupa. Aquello llega, a un tiempo, y nada más. Igual que una cosecha. Viene porque tiene que venir, porque hay un ritmo en la Orotava que no se interrumpe, que no cambia. Porque el brezo está en las cumbres y están las flores y están las manos para deshojarlas, y los ojos para buscarles los colores. Y estuvo, en un tiempo, Don Felipe. Y ahora está Don Pedro. Todo así brotando del tiempo como brota el cielo azul de una primavera o como mana la lluvia. Sucediéndose sin intención, sin preocupación, perfeccionándose a solas, con propios ímpetus. Naciendo un amanecer y muriendo una tarde. ¿Que son las alfombras de La Orotava?. ¿Nos atrevíamos a contestar?....¿De que vid es este vino?. Yo sé que es de una vid y no de otra. Y que no hay otro como este vino. ¿Las Calles, las casas, el aire?. La Orotava tiene un misterio luminoso y único.
Efectivamente ALMADI, las Alfombras y tú Orotava, es lo que tú pinta, lo que tú canta, los que tú resalta. Tu llegaste hasta Pedro, pero el tiempo continuó hasta hoy con Domingo Expósito, ante pasaron Pepe y Ezequiel. Esto no se han ido aún, están expectante de los que hace Domingo, pero hay que impulsarle a ellos, para que terminen su arte en su plaza en su cátedra, como terminaron tus conocidos Felipe y Pedro. Hubo otro que no nombraste. De apellido Perera, lo sé porque lo he descubierto en mis crónicas de la Villa, no sé como no lo resaltaste, esto no importa todo somos humanos y todos nos equivocamos. La Orotava sigue siendo el corazón de ALMADI, el Misterio luminoso y único. Esperamos que se le corresponda y se le recuerde en una de sus calles, que tanto amó, que tanto cantó y adoró hasta su retiro definitivo. Bordamos la producción literaria de ALMADI por ella misma, al margen de las circunstancias históricas en que se produjo y que lógicamente, algo o mucho tuvieron que influenciarle. Podríamos entrar por el terreno aparentemente fácil de analizar aquellos poemas, aquellas prosas, en que ahora, desde la perspectiva del tiempo, podríamos deducir aquello del carácter eminente de la literatura villera y orotavense.
En Noviembre de 1.956 un encuentro con su viejo profesor Don Antonio Sosa Hernández le lleva a una velada homenaje al músico bohemio de la Villa, lo curioso de Almadi es que desconocemos su faceta musical como compositor, parece que aquí le cantó demasiado a su villa, porque hemos leído en el desaparecido “Canarias” correspondiente al año 1.956, un homenaje que la Orotava le tributo al último Bohemio de la Música maestro Don Antonio Sosa Hernández, en el desaparecido y recordado Bar -- Restaurante “La Academia”, Almadi acompañó a piano a la excelente cantante tinerfeña Libertad Álvarez con dos composiciones suyas “Elegía a una flor” y “Canción de Sueño”. Aun ignoro por qué el villero Almadi decide irse a vivir a Santa Cruz, y el cambio lo hizo de adulto, donde ya era un dandy, un tanto egocéntrico, de carácter y humor volubles y fina sensibilidad. Estas últimas características se iban haciendo más evidentes a medida que avanzara su vivencia en Santa Cruz., lo que no debería sorprender, pues típico del cambio. Aunque es difícil asegurar en qué medida este carácter de Almadi está influenciado por el recuerdo de su noble Villa, el hecho de que ese oscilante modo de querer acompañe con frecuencia a su Orotava, y que ello se haga más patente con la evolución de su querido pueblo natal, hacen que esta asociación parezca muy probable. Y, evidentemente, esa combinación, esa mezcla de exultante pasión y profunda amargura por los destrozos del Valle, ese abrupto contraste, aparecen de forma constante en sus escritos, en su literatura y en su música. Los amigos de la Orotava lo describieron con acierto: “¿A qué se parece Almadi?: a sus prosas, a sus versos y a su forma de querer. No todo, sin embargo, fue negativo en la estancia santacrucera. Almadi estaba cada vez más enamorado de su Villa, como refleja lo que cada uno dice del otro en la correspondencia a sus amigos. Es la época en la que Almadi y La Orotava muestran mayor entusiasmo hacia lo bello y lo espiritual, y mejor disposición a tolerar las mutuas peculiaridades por la distancia y por el tiempo.

BRUNO JUAN ALVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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