sábado, 30 de abril de 2016

LA ERMITA EL CALVARIO DE LA VILLA DE LA OROTAVA EN MINIATURA



En las navidades del año 2013, aparecieron por sorpresa dos modelos arquitectónicos, elaborados a escala, en miniatura que se expusieron en un escaparate de una casa comercial de la Villa.
Las dos fueron construida por el amigo; General Berenguer Pisone (vivió en la Orotava en el desaparecido convento de San Nicolás, con su familia, puesto que su padre don José Berenguer Sánchez, ocupaba entonces la dirección oficial de la Banda de Música Municipal), que reside en Rota provincia de Cádiz, casado con una orotavense; María Candelaria Villar Sacramento.
Las fotos que expongo, me las remitió mi amigo de la infancia y juventud en la calle El Calvario; Carmelo Santos Villar, el cual conserva la miniatura, como regalo de General Berenguer. 
Ambas me llaman la atención, por el fino trabajo y delicado del amigo General, que a pesar de su profesión de relojero y platero jubilado, y músico (fue director de la Banda de Música de Rota), construyó ambas ermitas en miniatura en escala a la que vemos a la entrada de la ciudad orotavense, con una calidad impresionante, tanto en su interior como el exterior. Una se la donó a la Hermandad de Labradores de San Isidro de la Villa y la otra a mi amigo de la infancia y juventud; Carmelo Santos de Villar.
General Berenguer y Pisone. Nació en Rota en la calle Pérez de Bedoya N°. 6 el 14 de noviembre de 1933. A la edad de doce años (1945) su familia tuvo que desplazarse a La Orotava, una Villa de la isla de Tenerife, ya que su padre fue destinado allí como director de la Banda Municipal de Música. Después de innumerables peticiones que le hizo a su padre, ingresó en la Academia de Solfeo de la citada Banda, debutando en la misma dos años después (tenía entonces 14.años), tocando el clarinete  - requinto. Transcurridos unos meses, pasó al clarinete - soprano, pues sus dedos habían crecido y ya podía tapar correctamente sus orificios o pabellones digitales. Debido a los conocimientos adquiridos, colaboró con su padre en las clases de solfeo, copiando papeles (entonces no existían fotocopiadoras ni ordenadores) e, incluso, ayudaba en sus funciones al archivero.
A petición de su padre estudia violín cursando cinco de los ocho cursos de que constaba la carrera completa, ya que en La Orotava no había un profesorado titulado en violín que le pudiera enseñar los cursos superiores de este instrumento. También llegó a tocar el saxofón alto. Permaneciendo en la banda municipal de La Orotava hasta que la administración, por cuestiones económicas, decretó su disolución en el año 1955, pasando su padre a la situación de excedente forzoso.
Desde que llegó la familia Berenguer a La Orotava, sus pensamientos estuvieron siempre en ése rinconcito tan maravilloso del sur de Andalucía, en Rota. Nunca pensaron quedarse en las "islas afortunadas", a pesar de sus maravillas y de su incomparable clima.
Regresando a Rota en el año 1955. Poco después ingresó en la Caja de Reclutamiento de Tenerife, por lo que se ve obligado a regresar nuevamente a la isla para cumplir con el servicio militar, concretamente en el Regimiento San Carlos Nº 49 de la capital. En aquel tiempo España tenía problemas en el Sahara y en Aiún, y el reemplazo de 1957 que tenía que ir a dichos territorios se queda en la isla para hacer el periodo de instrucción en el campamento de Hoya Fría. Al haber solicitado su ingreso en la Banda de Música del Regimiento y gracias a sus estudios musicales, los mandos superiores le pidieron que organizase una banda de cornetas y tambores (con el reemplazo que se quedaría en la capital y que estaba realizando el campamento en La Orotava), consiguiéndolo con éxito, por lo que fue felicitado por sus superiores. Aquí recibe el grado de cabo corneta, causando ciertas bromas entre los generales y oficiales de Capitanía. “¿Cómo un "general" podía ser cabo? ¡Y además corneta!..."Esto le sirvió para tener ciertos privilegios, ya que fue nombrado como encargado de la sección de cartografía, que le permitió disponer de tiempo para dedicárselo a dibujos artísticos, consiguiendo el primer premio en el certamen que se organizó en el regimiento. En esta época también participó con los últimos componentes de la banda que había dirigido años antes su padre, en las fiestas de la Orotava.
Cumplido el servicio militar, regreso a Rota, donde continuo desarrollando sus conocimientos musicales y organizo tres bandas de cornetas y tambores; - Colegio Salesianos, Frente de Juventudes y Municipal.
En la primavera de 1960, siendo alcalde Don Antonio García de Quirós, fue requerido para organizar la Academia Municipal de Música, con la idea de formar, posteriormente una banda de música. La academia estaba situada en la planta baja de las actuales oficinas técnicas municipales. Su primera labor fue reparar los instrumentos que quedaban de la primitiva banda. Estuvieron abandonados sabe Dios dónde, pues estaban en, muy malas condiciones y las reparaciones fueron muy laboriosas. Gracias a los dos primeros alumnos de la academia, don Manuel Gutiérrez y don José Antonio Castellano lograron ponerlos en funcionamiento, ellos los limpiaban y General Berenguer los reparaba.
Por esas fechas sus padres habían regresado a Tenerife para visitar a sus tres hermanos que residían allí. A su regreso, le pedió a su padre don José Berenguer Sánchez que le ayudara en las clases, cosa que consiguió después de unos ruegos. Su ayuda fue fundamental, pues el elevado número de alumnos hacía el trabajo poco menos que imposible para una sola persona, además, los conocimientos de su padre eran superiores a los suyos. Debido a esto y como hijo, le "entregó a su padre la batuta", llevando él la dirección, aunque General Berenguer era el titular de la academia.   
Todo transcurrió maravillosamente y la labor de su padre fue inmejorable. Viendo el delegado (don Rafael Palomeque) la buena marcha de la academia, le pidió que realizaran una actuación para demostrar los resultados del trabajo. La primera actuación fue tocar en la procesión del Corpus Christis del año 1961. La actuación y el pasacalle anterior fueron maravillosos. Para este debut, su padre don José Berenguer Sánchez compuso expresamente dos marchas procesionales  J.H.S.  Y  Clavel Mariano, siendo felicitados por la Corporación Municipal.
Padre e hijo sabían que al hacer la primera actuación les exigirían más. Dieron conciertos en la época estival y participaron en todas las fiestas locales. El trabajo de su padre no consistía ya en dar clases, sino que debido a las exigencias del Ayuntamiento, se vio obligado a ir formando un archivo, ya que de la anterior banda (que había sido dirigida por él hasta 1943) no había quedado absolutamente nada.
En el año 1962 se rodó en Rota una película, co - producida por RTVE y por la Televisión Francesa, titulada Castillos en la arena, en cuya filmación participó la banda durante cuatro días, recibiendo felicitaciones del Ministerio de Cultura y del Director de RTVE. En ese año y siguientes también participaron en la coronación de la Reina del Carnaval de Cádiz, siendo las nietas del anterior Jefe del Estado. Todo esto hizo que la Banda tomara gran popularidad en toda la provincia gaditana, y las actuaciones se fueron incrementando.
En el año 1963, don General Berenguer Pisone por estar su esposa María Candelaria Villar Sacramento enferma, tuvo que volver a La Orotava (de donde ella era natural, familia “Villar”) y se vio obligado a dejar la dirección de Academia y Banda a su padre. Al día siguiente de llegar a la Villa tinerfeña, un directivo de la banda de La Orotava le ofreció la dirección de la academia de música de la Banda de la Agrupación Musical Orotava, lógicamente lo aceptó, y, además formó parte de esta otra magnífica banda entonces dirigía don José Tesifón Jiménez, por segunda vez, como clarinete principal, copista, reparador de los instrumentos y subdirector. También colaboró con otras bandas de la isla como instrumentista. Una vez recuperada de salud su señora, regresan a Rota en el año 1964 y se hace cargo nuevamente de la dirección de academia y banda de música, aunque por un corto espacio de tiempo, debidos a unos incumplimientos por parte del Ayuntamiento hicieron que abandonara definitivamente la dirección. Al ser su padre mayor, le pidió al delegado de la banda don Miguel Navarro, que buscase un sustituto, siendo éste don Enrique Galán.
Por la prensa de Santa Cruz de Tenerife se enteró en un artículo publicado en el periódico EL DIA, en el cual hablaba de sus colaboraciones con la Banda de la Agrupación Musical de La Orotava, que la junta directiva de dicha banda tenía el recto de nombrarle director de la misma.  Pero la  petición del gaditano Sr. Galán le hace volver a la banda de Rota como clarinete principal y desinteresadamente ayudaba a impartir clases de instrumento y solfeo. Posteriormente fue nombrado subdirector por los componentes de la banda, cosa que no agradó mucho al director. Debido a la polémica que éste creó a su alrededor abandonó inmediatamente la banda. 
En el año 1983 el Ayuntamiento le pide que se haga cargo de la Academia Municipal de Solfeo, impartiendo clases hasta el 14 de Noviembre de 1998, día de su jubilación. Durante esta última época impartió clases a cientos de alumnos de todas las edades (desde cuatro años hasta jubilados) a los que presentaba a los exámenes extraordinarios de los diferentes Conservatorios de la Provincia año tras año. Las brillantísimas calificaciones obtenidas hicieron que la Academia Municipal de Solfeo tuviera gran repercusión en la prensa de la provincia gaditana. También le ofrecieron impartir clases en Arcos de la Frontera. Muchos de estos alumnos se han convertido en docentes o se encuentran desarrollando su labor en entidades culturales.
Fueron 45 años dedicados a la enseñanza de la música. Después de tantos años, han pasado por su atril miles de alumnos, a los cuales les ha tratado correctamente y con todo su cariño musicalmente hablando.
La Orotava como otras poblaciones de Canarias, disponía, desde el siglo XVII, de un calvario erigido por los franciscanos. En 1639, fray Francisco Luis, fundador de la orden tercera de Penitencia, es el que promovió su creación. Solicitó del Cabildo de la Isla unos terrenos en la Dehesa para fabricarlo. Se levantó a la vera del camino real a la entrada de la población.
En el año 1695, según el amigo de la Villa de La Orotava, profesor titular de historia de América de la universidad de la Laguna; MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ: "... el presbítero Luis Rixo Grinaldi Benítez de Lugo erigió, en el interior del recinto del calvario una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Piedad. La devoción gira en torno a un cuadro de la piedad, - del pintor orotavense y clérigo Gaspar de Quevedo. Aquí también se daba culto a San Isidro Labrador. Durante la mayordomía de Domingo Calzadilla; a principio del siglo XIX, se reformó la ermita y, por encargo suyo, el escultor orotavense Fernando Estévez de Salas esculpió las imágenes de la piedad, Santa María de la Cabeza y un nuevo San Isidro. Los labradores orotavenses, a imitación de los laguneros, convirtieron en 1590 a San Benito en su patrono, dedicándole para ello una ermita que sería más tarde convento dominico de esa advocación. A comienzos del XVII la cofradía de labradores de la Villa Arriba levantó otra a San Juan Bautista, convertida en 1681 en parroquia. La tardía canonización en 1622 de San Isidro hizo que se expandiera su culto. En Los Realejos ya se le ofició como tal desde 1676 y su fiesta es de obligado precepto en las Sinodales de Dávila de 1734. En la villa  tuvo lugar en el marco de un calvario erigido a su entrada, con recinto de forma rectangular, rodeado por una tapia. En él en 1695 el presbítero Luis Rixo Grimaldi Benítez de Lugo construyó una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Piedad. Como refiere en su testamento de 26 de mayo de 1709 la había dotado con dos misas y la había fabricado a su costa “en el calvario de dicha villa”. Una de ellas sería para “Nuestra Señora de dicho título el Viernes de Dolores y la otra para “el glorioso San Isidro labrador que está colocado en dicha ermita en su día”.  Para ornamentos y reparos le cedió un tributo de 50 reales. Hay constancia de que el gremio de labradores ya le celebraba fiesta desde 1700. En el 15 de febrero de ese año Juan de Lugo Navarrete, Manuel González de Abreu, Domingo Yáñez y José Hernández se la hicieron con “víspera, misa, sermón y procesión”.  La devoción a San Isidro fue cada día más patente, hasta el punto de que era su denominación más popular a principios del siglo XIX. Sus fiestas del Domingo de Pentecostés, con su procesión hasta San Agustín, despertaban cada día más el entusiasmo y el fervor de los villeros.  Hasta 1892 en que se cambia a su actual emplazamiento, se celebraba el Domingo de Pentecostés y no el 15 de mayo, su fiesta oficial. La razón es su conexión, como el Corpus, con las festividades de invocación a la fertilidad, y por tanto en consonancia con el calendario lunar y femenino. Pentecostés rememora una fiesta hebrea análoga con un pronunciamiento marcadamente agrícola relacionada con el fin de la cosecha que daba comienzo en Pascua, que en la simbología cristiana ha pasado a coincidir con la bajada del Espíritu Santo a los Apóstoles. No es, por tanto, casual que las fiestas locales del San Isidro villero y el San Benito lagunero coincidan, porque ambas expresan el agradecimiento de sus labradores por la buena nueva de la cosecha. Como contraste a la octava del Corpus, San Isidro es la fiesta con más ricos testimonios documentales del siglo XIX, lo que prueba su carácter hegemónico. La víspera por la noche recorrían las calles en un elegante y vistoso carro lleno de flores cinco niñas de la elite simbolizando genios o ninfas. Iban adornadas con ricos y vistosos ropajes. Recitan versos preparados para el momento. La carrera finalizaba en el llano de San Sebastián con fuegos artificiales “de los colores más lucidos y agradablemente diversificados”. Los campesinos con sus varas gritan los aijides y cantan al son del tambor o la guitarra. Dos gigantes de tres metros desfilan en el medio de las calles. Son construidos de cestería y movidos por hombres. Van acompañados de los papahuevos, enanos vestidos a la antigua. El recorrido entre San Agustín y el Calvario estaba embellecido por dos soberbios arcos, multitud de flotantes banderolas de diversos colores, figuras de animales, rama alta, palmas y festones de que pendían infinidad de farolillos de papel. El suelo se alfombra también con motivos florales. En el Domingo de Pentecostés por la mañana se verificaba la procesión. El clero parroquial partía desde San Agustín al Calvario en busca de los santos patronos que eran conducidos por miembros de la cofradía de labradores cargando sus célebres varas y cantándole aijides. Ascendían hasta el templo, donde se le tributaba un sermón y bajaban de nuevo. Por la tarde doce niños de las familias principales, seis de cada sexo, se vestían con el traje campesino. Se ponía en juego una rifa de unas yuntas de bueyes. La descarga de voladores y el vuelo de unos globos era la señal de la entrega del premio. A continuación un corderillo se presentaba al público adorado con cintas y flores de colores. Era rifado por los doce niños que regresaban con dulces a sus casas. Las indumentarias campesinas, que eran todavía trajes reales, aunque la elite había comenzado su idealización, precisamente porque no los usaba,  se mezclaban con las lujosas de las damas aristocráticas. En los bailes desde la tarde concurría numeroso pueblo acompañado de castañuelas, guitarras y panderetas. Finalizaba con dos vistosos globos que permanecen casi fijos por espacio de media hora, brillando como estrellas. Los turrones, los muchos ventorrillos, los juegos de toda clase en el Llano y la Alameda, “las funciones hípicas (vulgo caballitos) y las representaciones teatrales son al decir de la Asociación en 1869 motivos todos ellos que atraen numerosa concurrencia comarcana que “puede disfrutar de ella según su carácter, sus tendencias y su bolsillo” . Una eclosión festiva que mantuvo tales características hasta la creación de la romería tal y como hoy la conocemos en 1936. Nuevas ermitas y fiestas se expanden por esos años como en el pago lagunero de ese nombre o en Granadilla, cuya ermita se fundó en 1675 en cumplimiento del testamento de María del Castillo, viuda del capitán Marcos González del Castillo. En las últimas décadas, imitando el modelo orotavense de 1936, han proliferado por toda la faz insular imágenes y romerías de esta advocación en una sociedad paradójicamente cada vez más urbanizada y que utiliza desde el mundo de la ciudad los románticos ideales agrarios como nostalgia de un tiempo ancestral idílico y como supuestas señas de identidad..."
En 1914, por exigencias urbanísticas, se derribó está vieja ermita y el calvario que se hallaba situado en lo que hoy es la confluencia del paseo de Domínguez Alfonso y la plaza de la paz. La actual se edificó en estilo neogótico con planos del arquitecto Mariano Estanga, en terrenos cedidos por Doña Águeda Hernández Melo y fue bendecida el 28 de enero de 1917.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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