miércoles, 31 de agosto de 2016

ACCIDENTES Y SECUELAS



Artículo que remitió entonces el amigo desde la infancia de La Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTES MELIÁN, aparejador jubilado, Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de la Laguna, “Espectador”.
Un artículo escrito sobre el accidente en una avioneta del también amigo desde la infancia en la calle El Calvario de La Orotava Juan José Arencibia (fallecido), que titula “ACCIDENTES Y SECUELAS”, publicado “valle de lágrimas”, La OPinión de Tenerife ocho de Febrero del 2009: “…A raíz del reciente (2009) accidente de una avioneta en el monte de La Orotava, me acordé de que en 1960 un amigo mío, Juan José, con una avioneta del Aéreo Club, cayó a tierra de modo similar, entre nubes, en unos andurriales entre Bajamar y Las Mercedes.
El primer avión caza de guerra, de propulsión a chorro, que atravesó los cielos de Santa Cruz sobre la plaza Weyler fue a principios del verano de 1955. Y el primer helicóptero que violó varias veces los tranquilos cielos del Valle de La Orotava lo hizo también en 1955, en el mes de octubre. Una de las veces se posó en la arena de la playa de Martiánez, invitó a subir a una señorita bañista, ésta aceptó, le dio un voltio por los azulados cielos de los alrededores y la trajo de nuevo a la playa. Yo fui testigo. Hoy aquella señorita es abuela.
Empecé a coger miedo a volar cuando iba por motivos de trabajo (1973-1976) al aeropuerto de El Hierro, antes de la ampliación de la pista. Fui un par de veces con un compañero, Andrés, y nos daba tanto erote (miedo, en idioma "canario antiguo") que, cuando el avión foker maniobraba en curva para desviarse de la montaña ubicada delante mismo de la cabecera oeste de la pista herreña, nos inclinábamos instintivamente para un lado, como si fuera una clase de práctica de lo que nos había enseñado el profe de Mecánica respecto de las fuerzas centrífuga y centrípeta. Pero el miedo se convirtió en pánico funcional cagalitroso (ustedes me entienden) el día en que una azafata nos dijo que, según el argot de los pilotos, en El Hierro había que botarse, ¡dejar caer el avión! Al poco tiempo tuve que ir a Madrid y fui en barco hasta Algeciras y, como tenía prisa, desde allí cogí un taxi hasta la capital.
Recuerdo otros accidentes con secuelas: Un avión DC-6B (cuatro hélices), que traía al CD Málaga, se quedó corto y aterrizó a la altura de donde hoy está el Padre Anchieta. Fue el sábado 29 de septiembre de 1956, antes de la obra de prolongación de la pista. Pasajeros y tripulantes sobrevivieron todos. El partido de segunda Tenerife-Málaga se atrasó dos días, pero los del Málaga -averigüe usted el motivo- dieron más leña que un palo a una estera. Hubo otro accidente en mayo de 1965: un Super Constellation (cuatro hélices como el DC-4, pero algo más rápido) aterrizó con niebla contra una máquina que estaba trabajando en las obras de ampliación de la pista. Hubo muertos y supervivientes. Una de las fallecidas, María Corina, regresaba de Madrid, de comprar cosas del ajuar de su boda. También se accidentó un DC-3 (dos hélices), que amerizó junto a la costa de El Sauzal, en septiembre de 1966. Uno de los pasajeros, Fernando, trabajó después conmigo. Caminaba lentamente y se le notaba algo de tartamudez. ¿Fueron secuelas del accidente?...”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

No hay comentarios:

Publicar un comentario