martes, 30 de agosto de 2016

BUENAVENTURA PADILLA Y CABEZA, VENERABLE BENEFICIADO RECTOR DE LA PARROQUIA MATRIZ DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE LA VILLA DE LA OROTAVA



Foto del final del siglo XIX, de los archivos FEDAC, del interior del Templo de Nuestra Señora de la Concepción de La Villa de La Orotava. Templo parroquial declarado monumento histórico - artístico en el año 1948, templo totalmente emparentado con la fundación del núcleo de poblacional de La Orotava, a través de una pequeña fábrica datada en 1503, a la que le siguió una segunda iniciada en el año 1546,  la cual estuvo en servicio hasta los años 1704 y 1705 en los que los terremotos de Güimar la deterioraron hasta el punto de ser declarada en ruina en el año 1758.  El templo actual es la tercera fábrica, construida en los años de 1768 al 1788, este templo es,  sin lugar a dudas,  una de las más bellas expresiones del barroco en Canarias.  La Piedra fue trabajada en principio por el cantero Patricio García, y posterior por Miguel García Chávez, dejando en la fachada del templo uno de sus más bellos exponentes. En su interior destaca el templete principal o tabernáculo, bella obra neoclásica, construida en mármol y jaspe, traída desde Génova en el año 1822 del taller Guiseppe Gaggini. La iglesia de la Concepción de La Orotava, “concha de agua sonante en la caracola”, joya artística del Barroco español, que pasa desapercibida para muchos habitantes de la Villa. Observamos que en el pulpito de mármol aún no está colocado en la parte superior el tornavoz (pieza con la cual se consigue mejorar la acústica),  realizado en madera e incorpo­rado al conjunto en 1915, es obra de Diego Álvarez; podemos ob­servar de que manera tan perfecta es imitado el mármol.

El amigo compañero de pupitre en el Colegio de San Isidro interno procedente de Buenavista del Norte; Ángel Benítez Pérez, remitió entonces copia de la portada del desaparecido periódico tinerfeño “ECO DEL COMERCIO”, Periódico Comercial, científico y literario. Número 714, del miércoles 2 de Marzo de 1859. En el apartado de necrología del 23 de Febrero del mismo año, podemos leer, el sepelio de este laureado sacerdote que estuvo en la parroquia de Buenavista del Norte y en la de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava en el periodo liberal del siglo XIX, que trabajó para el pueblo llano y pobre y se le conocía por Don Buenaventura Padilla y Cabeza: “… Ayer a la una y media de la tarde un fúnebre cortejo atravesaba silencioso las calles de esta Villa. En hombros de cuatro hermanos de la Venerable Cofradía del Santísimo Sacramento se elevaba un féretro, y en él eran conducidos a la ultima Mansión los restos mortales del anciano Señor Don Buenaventura Padilla y Cabeza   Venerable Beneficiado Rector de la Parroquia Matriz de La Orotava.
Pocos hombres habrán descendido al sepulcro después  de una carrera de 89 años  con una reputación tan pura e intachable como el Señor Padilla. Pocos habrán dejado tras si tan profunda y generales simpatías: porque también pocos cumplieron tan escrupulosamente como él con los deberes inherentes al importante puesto en que la Providencia, lo colocara. Do quiere que se hallase un desgraciado, allí se veía al sabio y virtuoso Pastor  derramando el bálsamo consolador de la Religión sobre la victima de la injusticia o del infortunio. Los Pobres, al perder al Señor Padilla, han perdido al más tierno de los padres; el llanto amargo que surcara las mejillas de algunos al contemplar ayer aquella descarnada mano, que tanta y tenia veces enjugó las lagrimas del indigente, nos prueba  con sobrada  elocuencia  que el vacío que deja en este pueblo es irreparable.
Si contemplamos ahora al Señor Padilla en el trato social  ¿Quién más acreedor  que él  á la general estimación? Si le consideramos  como amigo ¿Quién más consecuente en la amistad? Si como ciudadano  ¿Quién más obediente á la ley? ¿Quien más amante de su patria y de la libertad? ¿Quien más enemigo de toda arbitrariedad y de todo despotismo? En fin basta decir en su elogio que ni una sola persona de las que tuvieron la dicha de conocerle ha podido dejar de verter una lagrima sobre su tumba. ¡Séale la tierra leve! …”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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