viernes, 26 de agosto de 2016

CINE CLUB OROTAVA, REFLEXIONES Y ANÉCDOTAS PARA LA INTRAHISTORIA, (III)



Expongo los cincos capítulos que mi recordado profesor de filosofía de sexto de bachiller en el Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava; JUSTO DÍAZ EXPÓSITO me remitió entonces hasta su prematuro fallecimiento en tierra valenciana.
Cinco capítulos que narran la intrahistoria del desparecido Cine Club Orotava que él conjuntamente con un grupo de villeros jóvenes estudiantes entusiastas, amantes del séptimo arte pusieron en marcha al mediado de los años sesenta del siglo XX.
Al finalizar la Primera Temporada, recordábamos en nuestra reflexión anterior, como prólogo a la Semana Internacional de Cine celebrada en el Teatro Topham del Puerto de la Cruz, se organizó un ciclo de tres charlas. Uno de los participantes fue Eduardo Espinosa de los Monteros y Moas. Habló sobre “La problemática de Ingmar Bergman”, de quien se proyectó la galardonada cinta: “Fresas Salvajes”.
Era una manera de corresponder a las atenciones que habíamos recibido por su parte. Guardo muy buen recuerdo de la primera entrevista que sostuvimos en la Orotava. Y, desde entonces, admiré siempre su preparación intelectual y su amor al cine como vehículo de transmisión de ideas, como camino para llegar a la verdadera libertad y su preocupación para abrir nuevos horizontes de esperanza e ilusiones.
Fue en los años sesenta cuando el movimiento cultural nacido en la Villa de la Orotava y en la Ciudad de Icod de los Vinos, reunía a toda una generación que buscaba, a través del teatro y del cine, ese camino para adquirir, como escribe Jerónimo Saavedra Acevedo, el virus de la democracia, a través de esos arriesgados comentarios que se prolongaban al acabar la proyección.
En el teatro, la juventud icodense había logrado escribir unas páginas brillantes y audaces, y ahora querían complementarlas empezando las sesiones de cine. Invitado por Eduardo Espinosa de los Monteros y Moas acudí a la Ciudad de Icod de los Vinos para presentar varias películas. El domingo 31 de enero de 1965 y a las 11 de la mañana en el Cine Fajardo se inauguraba el Cine Club Centro Icodense, para mayores de 18 años, con la proyección “El Empleo” de Ermanno Olmi, premio de la XXII Muestra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia, 1961, premio de la Oficina Católica Internacional de Cine, Copa Ciudad de Imola, Espiga de Oro de festival de Valores Humanos de Valladolid 1962, y premio a la mejor dirección en Taormina (Italia)
Las sesiones cinematográficas estaban patrocinadas por el Casino Centro Icodense El domingo 21 de febrero asistí a la presentación de “Fresas Salvajes” de Ingmar Bergman, premiada en los Festivales de Berlín y Venecia. Eduardo Espinosa de los Monteros había demostrado en su intervención en el Puerto de la Cruz, ser un profundo conocedor del mundo de Bergman. La mañana del 7 de marzo se proyectaba la película de Carlos Saura: “Los Golfos”, película seleccionada para representar oficialmente a España en el Festival Internacional de Cannes, 1960, invitada al Festival de Londres 1960, al Festival de Punta del Este 1961, al Festival de Nueva York 1961 y al Festival de Melbourne 1961.Había sido la Sesión VI. A la semana siguiente era la película “Eva quiere dormir” de Tadeusz Chmielewski la que hacia la Sesión VII. La cinta premiada en el Festival de San Francisco, obtuvo la Concha de Oro del Festival Internacional de Cine de San Sebastián 1960. Y fue una película española, a la que le tengo singular estima, “Calle Mayor” de Juan Antonio Bardem la seleccionada para la Sesión VIII. Había obtenido el Premio FRIPRESCI (Jurado de la Crítica Internacional) en el Festival de Venecia 1956.
Mis recuerdos de visitar a mis amigos icodenses terminan con la Sesión X, el domingo 4 de abril. Si hasta ahora la selección de películas apuntaban a una gran calidad técnica y cargadas de valores, esta sesión remataba esta primera andadura con la obra que había obtenido el Premio Especial del Festival de Venecia el añ0 1960, el Premio FIPRESCI del Festival de Méjico y el “David de Oro” en Taormina: “Rocco y sus hermanos” de Luchino Visconti.
Así fue de sencillo como el Cine Club Centro Icodense y el Cine Club Orotava empezaron a caminar juntos y como, a partir de entonces, estarían  a nuestro lado en los momentos más importantes de la programación. La juventud de la Orotava y del Puerto de la Cruz no estaba sola. A sus inquietudes se les unía ahora Icod de los Vinos, y, a partir de entonces, recuerdo que proliferaron las invitaciones a las Semanas Culturales, en la que me llamaban para hablar de cine o presentar y dirigir una sesión de cineforum: Los Realejos, Santa Úrsula, San Juan de la Rambla, Granadilla…
El Cine Club Orotava, en su primera época, por pura necesidad, como recalca Miguel Hernández González en su ensayo “Una aproximación a la historia del Cine Club enLa Orotava”, aparece vinculado al amparo del Colegio San Isidro Labrador regentado por la Congregación Salesiana.De ahí, la figura del Consejero Religioso. Pero no tuvimos suerte con el asesor asignado: el “beligerante” sacerdote Ángel Martín. El adjetivo no es nuestro. Nos lo brinda Miguel Hernández González. A nosotros, lo dijimos en la entrega  anterior (II), nos hubiera gustado utilizar otros muchos.
Recuerdo que se proyectaba la película española dirigida por Fernando Fernán Gómez: “La Venganza de Don Mendo”, cuyo guión él mismo había escrito siguiendo la obra de Pedro Muñoz Seca, y que interpretaba  al lado de Paloma Valdés, Juanjo Menéndez, y Antonio Garisa. Nuestro asesor religioso, por  aquel entonces, se ausentaba con frecuencia a la universitaria ciudad de La Laguna, donde asistía a los cursos de doctorado, creo que en Historia. Al llegar al Colegio, abrió la puerta del salón de actos y se encontró con la alegría y las risas de los que disfrutábamos del divertimento. De repente, cerrando la puerta con un fuerte golpe, escuchamos los bramidos por los pasillos del primer piso del Colegio. Todavía hoy, cuando alguna vez desde Valencia me he acercado a La Orotava, al pasar por las inmediaciones del Colegio San Isidro, me ha parecido escuchar los gritos sin sentido, de aquella mañana, de nuestro asesor, a través de las paredes y ventanas. Tal vez nos imaginó, a los allí asistentes, abocados al abismo…
No cabe duda que nuestra aspiración máxima era ganar espacios de libertad. Para ellos ofrecíamos además de la presentación y proyección de la película, el coloquio. Un coloquio que acabaría generando roces y fricciones y que hizo que se alzaran las primeras voces que pedían una emancipación ante las limitaciones caprichosas que tenían más de manía persecutoria que de sincera y abierta colaboración.
La programación de la Segunda Temporada del Cine Club Orotava se inicia con la sesión XXXVI: “Electra” de Michael Cacoyanis, el 24 de octubre de 1965. Le seguirían: “Gaudí” de José María Argemi, “Crónica familiar” de Valerio Zurlini, León de Oro del Festival de Venecia 1962, “Vencedores o Vencidos” de Stanley Kramer, Gran Premio de la Oficina Católica Internacional de Cine, 1962, Oscar dela Academia de Hollywood al mejor guión y Oscar a Maximilian Schell como mejor actor de 1962. También en diciembre, “Con la muerte en los talones” de Alfred Hitchcock. Con esta sesión desaparece en los programas que repartíamos el subtítulo que acompañaba al nombre de Cine Club Orotava, “integrado en el Colegio Salesiano”. Era la señal evidente de lo enrarecido que estaba el ambiente y que va a culminar cuando se decida programar para su exhibición “La gata sobre el tejado de zinc” de Richard Brooks.
La proyección en  el salón de actos de los Padres Agustinos se hizo con toda  normalidad. Y no me extrañó. Tanto en la Universidad Pontificia de Salamanca en los cursos de doctorado, como, años más tarde, en la Complutense de Madrid, tuve como compañeros eminentes agustinos en el campo de la filosofía y teología que me brindaron su amistad. Y me constaba su manera de proceder.
Toda la problemática surgió en la Orotava. El primero  que puso el grito en el cielo, y no es metáfora, fue nuestro asesor religioso. La película que queríamos proyectar estaba clasificada con un 4: “gravemente peligrosa”. A alguna de las aristocráticas señoras de La Orotava, que no pisaban nuestros cines, sino que se trasladaban a Santa Cruz para ver películas, había expresado su reprobación. Y la penúltima objeción que hacía prohibitiva la proyección de tan inmoral película era que José Acosta, el encargado de la proyección, era menor de edad y por tanto no se podía proyectar el filme de los que eran intérpretes Elizabeth Taylor, Paul Newman y Burl Ives. Se buscó a otra persona para que hiciera la proyección. Y al final, la película fue exhibida. En este violento pulso los directivos y los amantes del buen cine salieron ganando. Pero a partir de ahora la situación se hizo insostenible y, como recuerda Miguel Hernández, se decidió volar solo, abandonando paulatinamente el Colegio.
Eulogio Domingo, con algún otro miembro de la directiva, se encargó de hacer las gestiones, de hablar con D. César Hernández y D. Miguel Herreros para hacer posible la proyección de películas en sus locales. El primero en prestar su colaboración fue el Cine Orotava, a quien no tardó en agregarse el dueño del Teatro Atlante. Nunca estuve presente en las conversaciones que llevaron a  tan buena colaboración, al poner la ayuda a lo cultural muy por encima de los beneficios económicos.
La directiva del Cine Club tomó entonces el acuerdo de solicitar a la Delegación de Información y Turismo el permiso para que las proyecciones se llevaran a efecto  en los locales Cine Orotava y Teatro Atlante, dado que el aforo que hasta entonces se había venido utilizando, se había quedado pequeño.
Y la realidad fue la proyección de la película “Noche de circo” de Ingmar Bergman en el flamante local del Cine Orotava el martes 14 de diciembre en sesión de 7 tarde y 10 noche.
Y otra vez en el salón de actos del Colegio Salesiano. Enero de 1966 y nuevo enfrentamiento. La película española “Los Chicos” de Marco Ferreri había levantado expectación. Como escribe Miguel Hernández, la película mostraba una España bastante alejada de lo que nos vendía la propaganda oficial. Fui el encargado de hacer la presentación y dirigir el coloquio. El diálogo iba subiendo de tono. Entre los asistentes se encontraba en la sala el Alcalde de la  Villa de la Orotava Don Juan Cúllen, que ya no pudo menos que intervenir para puntualizar del desconocimiento que los jóvenes teníamos de la excelencias del Movimientos Nacional del 18 de Julio. Intentando no se me desbordara el “orden” en el coloquio se me ocurrió apostillar: “Allá esa generación, la de nuestros padres, que no supo solucionar sus diferencias, y tuvo que acudir a una guerra civil” Brazos en alto pidiendo la palabra. Y la habilidad del moderador no pudo silenciar el comentario que daría fin al coloquio:¡Ya estamos hartos de tanto 18 de Julio! El alcalde estuvo luego muy interesado en saber quien había pronunciado las  valientes palabras que habían cerrado la sesión de Cine-Club.
A esta impetuosa sesión siguieron títulos tan sugestivos como “Un gangster para un milagro” de Frank Capra, “Noche de verano” de Jorge Grau, “El hombre de Alcatraz” de John Frankenheimer, “El milagro de Ana Sullivan” de Athur Penn…
Se intentó hacer una programación de máxima calidad para la Semana Internacional de Cine con que se clausuraría, esta vez en el Cine Orotava, la Segunda Temporada. La lista la componía “El ingenuo salvaje” de Lindsay Anderson, “Suspense” de Jack Clayton, ”Calle Mayor” de Juan Antonio Bardem, “La isla desnuda” de Kaneto Shindo y dos película muy conflictivas cada una por razones distintas. Una era. “El Evangelio según San Mateo” de Pier Paolo Passolini y la otra “La Corrupción” de Mauro Bolognini. El primer problema se solucionó al ofrecer la presentación de la película a D. Leandro Medina, párroco de la Iglesia de la Concepción. La obra de Bolognini tenía sus
complicaciones. ¿Os acordáis? La ficha que estaba en la puerta de la parroquia anunciaba: “Corrupción, La” Calificación: 4.- Gravemente peligrosa.
Y alguien pensó: La presentación de la película se la vamos a ofrecer a nuestro “beligerante” asesor religioso. Era, sin duda, un golpe inteligente de audacia o mala fe, o de ambas cosas a la vez.
¿Aceptaría el honor de verse en el Cine Orotava haciendo la presentación de la película, a pesar de que, en esos días, los teléfonos no dejaban de sonar reprobando la proyección o consultando si se podía asistir?
CONTINUARÁ.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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