martes, 30 de agosto de 2016

CINE CLUB OROTAVA. REFLEXIONES Y ANÉCDOTAS PARA LA INTRAHISTORIA (I)



Expongo los cincos capítulos que mi profesor de filosofía de sexto de bachiller en el Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava; JUSTO DÍAZ EXPÓSITO remitió entonces hasta su fallecimiento en tierra valenciana.
Cinco capítulos que narran la intrahistoria del desparecido Cine Club Orotava que él conjuntamente con un grupo de villeros jóvenes estudiantes entusiastas, amantes del séptimo arte pusieron en marcha al mediado de los años sesenta del siglo XX: "... Sean estas primeras letras de agradecimiento a mi buen amigo Bruno Juan Álvarez por hacerme llegar su BLOG. Para quienes por trabajo o por la familia vivimos, desde hace muchos años, lejos de La Orotava, sus páginas nos hacen sentir, día a día, la fibra más sensible de la insularidad. También por ofrecerme sus esencias villeras para que aportara mis reflexiones sobre la creación del Cine Club Orotava, que, como muy bien se ha calificado, llegaría a ser un instrumento de foro para la libertad.
Y mi reconocimiento a Eulogio Domingo Méndez, que, desde el primer momento trabajando codo con codo, hizo posible que mi idea se pusiera en marcha. No cabe duda  que fue él la piedra angular que contribuyó para que el Cine Club tal como lo había concebido con su presentación, proyección de la película y coloquio, contribuyera con sus debates a lograr lo que después sería esa revolución social, cultural y política que supuso un nuevo amanecer para la inquietud juvenil del norte de la isla.
En mis viajes a La Orotava para convivir unos días con familiares y amigos, una noche, en la tertulia, Francis Miranda me habló del homenaje que, editado por el Excmo. Ayuntamiento de La Orotava, se había hecho al Cine Club. Y tuvo la gentileza de regalarme un ejemplar que hoy pasa a ser una obra más en mi despacho, junto  a la colección valiosa de obras de cine. El trabajo de Miguel Hernández González: “Una aproximación a la Historia del Cine Club Orotava”, ha sido el primer ensayo serio que conozco sobre el Cine Club, apoyado en el archivo que celosamente supo guardar, desde el primer momento Eulogio Domingo. El segundo trabajo, tan importante como el primero es el que siguiendo la misma trayectoria Bruno Juan Álvarez, publica en su BLOG como regalo en el nuevo año recién estrenado.
En mi vida como educador y profesor, el cine no me ha abandonado nunca. Mis alumnos de Filosofía o Lengua y Literatura Española, los de Latín y Griego sabían de antemano que en mis clases el material audiovisual era imprescindible,  tanto la proyección de películas como de documentales. En mi currículo.se hacía referencia al Cine Club Orotava de manera indirecta y sólo cuando se hablaba de la dirección de la Semana de Cine Hispano-Argentina que fue organizada en el Puerto de la Cruz en colaboración con la Secciónde Estudiantes del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, en Agosto de 1966.
Además, estando en la Universidad Complutensede Madrid donde adquirí el título de licenciado en Filosofía española con la tesis. Visión unamuniana del amor a la mujer, fue cuando pasé a pertenecer a la Federación Nacional de Cine-Clubs. Y ya en Valencia obtuve el título profesor concordante en Lengua y Literatura Española. He sido profesor del Curso de actualización de Medios audiovisuales enla Universidad Jaume I de Castellón, del Curso sobre Cineforum en la Universidad de Castilla-La Mancha y en los Cursos de Formación del Profesorado en la Universidad Politécnica de Valencia. En la cadena SER (Valencia) han sido varios años de programa de cine infantil y juvenil. Todo esto se materializó en el trabajo que elaboré para Fomento de Centros de Enseñanza: “El Cine en Familia y en el Aula”.
Pero antes en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde hice los cursos de licenciatura y doctorado en Filosofía Pura, el mundo del cine se vivía intensamente en los cine-clubs de los Colegios Mayores San Carlos,   Beato Maestro Ávila o el Salvador,  que presentaban al principio del curso el programa conjunto de sus proyecciones. Ahí pude conocer “La puerta del Infierno” de Kinugasa, “Rashomon” de Kurosawa, “Las puertas de las lilas” de René Clair o “Almas sin conciencia” de Fellini. Y en el Cine Club Universitario, que tanta trascendencia  tuvo para la renovación del  nuevo cine español, y el Cine Forum Estudio 1, al que asistíamos la tarde del domingo en el salón de la Jefatura Provincial del Movimiento donde pude ver la versión francesa de ”Las Hurdes. Tierra sin pan” de Buñuel, ”Orfeo” de Jean Cocteau y todo el cine de  Bardem y Berlanga.
No es de extrañar que, después de esas vivencias, al llegar a La Orotava para comenzar mi trabajo como educador, la obsesión del cine, cómo instrumento para adquirir conocimientos, me llevara a plantear, en pequeños círculos de  amigos, la creación de un cine club. Como afirma Francisco Linares en la presentación del ensayo: “Cine Club Orotava, un instrumento que sirvió de foro para la libertad”, la trayectoria de la actividad cinematográfica de la Villa de La Orotava hace referencia a un movimiento cinéfilo y cultural que quiso ir más allá de lo estrictamente cinematográfico. Y surgió en la década de los sesenta, que se caracterizaba, y dice bien, por ser clasista y elitista, la puesta en marcha de varios proyectos culturales, entre ellos el Cine Club Orotava.. De ahí que cuando en mis clases afirmaba continuamente que la única aristocracia que existe es la del trabajo, esto hizo que algunos me acercaran más a la filosofía de Carlos Marx que a la de Jesús, el artesano de Nazaret.
Estoy convencido, como valora Linares, que cuando llega a La Orotava la revolución de los pobres, el mayo francés, el Cine Club había contribuido a ello
Siempre me he resistido a hablar de la puesta en marcha del Cine Club Orotava, que como he dicho, fue una de mis primeras inquietudes culturales al comenzar las clases como profesor del Colegio San Agustín de Los Realejos.
Cuando se habla del Cine Club Orotava, se menciona de pasada las proyecciones simultáneas que hacíamos en el Colegio de los PP. Agustinos del Puerto de la Cruz. El motivo de tales proyecciones se debe a que, entre las claves de que cuajara la idea, está la manera entusiasta como la acogieron y arroparon desde el primer momento los alumnos de sexto de Bachiller y COU del Colegio, la mayoría del Puerto de la Cruz. Medieron el impulso para hacer realidad el sueño: Ismael Baeza, Chaves, Juan Cruz, Lasso, y, entre otros, el hijo de Maite, la compañera profesora de Historia.
Y por otra parte, los jóvenes de La Orotava a los que me unía alguna amistad, en particular a  Eulogio Domingo, cuya personalidad no ha sido valorada dentro del mundo de la cultura, su alto nivel de preparación intelectual, su preocupación porque los jóvenes orotavenses salieran de su apatía y se interesaran por un mundo de valores a través del cine, fue decisiva para que se hiciera realidad este cine club. Domingo Eulogio es una pieza clave que siempre estuvo a disposición de todos, asesorando los títulos de películas que se debían proyectar, colaborando con todo su material de libros y revistas de cine que nos servían para preparar la presentación y el coloquio de las películas.
Y había que buscar una sala de proyecciones. Al ser el grupo de La Orotava antiguos alumnos del Colegio Salesiano pensamos que el lugar podría ser el salón de actos del Colegio. Y lo mismo pensamos del salón más pequeño, pero muy acogedor, de que disponían los PP. Agustinos.
El salesiano Don Antonio Montes fue quien nos puso en contacto con Don Matías Hernández García representante de las Distribuidoras CEA, Films Fortuna, Radio Films, Hispamex, Bengala…, que desde Santa Cruz  le proporcionaba las películas que se proyectaban a los internos del Colegio. Había una sesión previa mano a mano con el alumno José Acosta, que era el encargado de proyectar en el Colegio, y, a toque de timbre o campanilla, iba suprimiendo las imágenes que Don Antonio  consideraba podrían resquebrajar los cimientos de la fe y las buenas costumbres de los colegiales.
Para la primera sesión me encargué personalmente de ir a Santa Cruz a recoger la película que sería la primera que se proyectase y que bien pudiera haber sido “La silla vacía” de Lewis Gilbert, como afirma José Luis Sánchez Perera. Y fue entonces cuando cometí mi primer error. Entre los títulos que me ofrecieron elegí esta interesante cinta pero… ¡en 16 mm.!, cuando los proyectores de ambos centros eran de 35 mm.
Ya se había repartido octavillas por el pueblo anunciando la sesión y se había invitado  a los más amigos, cuando nos dimos cuenta del desaguisado.
Recordé que un amigo mío, entonces sacerdote en Icod el Alto, Isidoro Socas, utilizaba una máquina de proyección de 16 mm para su labor parroquial. Y allí se fueron en mi nombre a solicitarle el proyector para que esta primera sesión pudiera celebrarse.
Por cierto, en unos de mis viajes a La Orotava, muchos años después, coincidí con Don Isidoro a las puertas de la Parroquia de la Concepción. Lesaludé y, según me dijo, estaba allí porque había sido invitado a celebrar una boda, pero cual no fue mi sorpresa cuando me espetó quien era yo, porque no me conocía. Y aproveché para hablarle de mi vida universitaria en Salamanca, Madrid, Valencia. Mi hermana Laura, que me acompañaba, no salía de su asombro, Fue ella la que me indicó que allí estaba Don Isidoro. Ella recordaba las muchas tardes de verano que venía en bicicleta desde los Realejos a casa donde merendaba y pasábamos la tarde charlando yo de Pereda:, Peñas arriba, Sotileza, y el, de su autor preferido Pérez Galdós.  Pero qué se va hacer, cuando hay “mala” memoria estas cosas suelen suceder.
Estos recuerdos van de la mano de la primera etapa del Cine Club. Ya hablaremos de su reconocimiento oficial. Al principio los responsables de los cine de La Orotava, Don César del Cine Orotava y Don Miguel Herreros del Teatro Atlante, nos consideraron como unos intrusos que perjudicábamos sus intereses y sus derecho a la exhibición de películas. Con el tiempo, como veremos, terminarían colaborando con el Cine Club y dándole, gracias a ellos, su verdadera proyección insular, al salir del asfixiante control del Colegio Salesiano. Antes, mucho antes, bien distinta había sido la postura del dueño del Teatro Topham del Puerto de la Cruz, que nos ofreció su sala para la Semana de Cine Hispano-Argentino que se celebró en el mes de Agosto de 1966. Con estas proyecciones nuestro Cine Club saltaba a la prensa diaria de Santa Cruz de la mano de Elfidio Alonso. CONTINUARÁ…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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