lunes, 22 de agosto de 2016

DE TACORONTE…. A PARIS, UN CANTO A OSCAR DOMÍNGUEZ DE NICOLÁS PÉREZ GARCÍA.



Mi amigo de la ciudad de Tacoronte; Nicolás Pérez García, escribe, investiga y trabaja por amor a su pueblo natal Tacoronte, tierra de grandes cosecheros de vinos, y de personalidades relevante en el Mundo de las ciencias, en la medicina, en la música y en el Arte. Claro que a Nicolás no le ha podido faltar este trabajo dedicado al centenario del nacimiento de un artista totalmente desconocido fruto del surrealismo parisino, que vivió una gran parte de su vida en esa esplendida ciudad tacorontera, aunque nación en la vecina de La Laguna.
Reorganizando archivos de mi ordenador que se me extraviaron por un fallo fortuito sin querer, me encuentro un interesante artículo que me envió en su momento el amigo y convecino de Tacoronte Nicolás Pérez García. Se trata de un documento histórico sobre DE TACORONTE…. A PARIS, UN CANTO A OSCAR DOMÍNGUEZ.
Nicolás con inexcusable sentimiento patrio, quiere rendir un homenaje sincero a la figura de Óscar Domínguez, pintor surrealista de la Escuela de París, ilustre vecino de su ciudad tacorontera, donde transcurrió una importante etapa de su vida y donde fraguó su ilusión y naturaleza incipiente de hombre hasta que emprendió la aventura artística parisina. El móvil que le motivó al trabajo de este modesto libro, fue simplemente un viejo deseo de ofrecer a su ciudad natal, la semblanza real y humana de Oscar. Tal como Nicolás expresa en su propia producción, en Óscar Domínguez sobresale la realidad indiscutible de un genio que en la forja de su imaginación construyó un legado cultural digno de pasearse por toda Europa y otras partes del mundo, en el que además está presente la intrahistoria de su tierra y la esencia de la canariedad: “…Articulando que la familia de Oscar Domínguez se vino a vivir a Tacoronte en el año que comienza la primera guerra mundial en 1914. Son tiempos difíciles, hay mucha necesidad de todo y poco trabajo. Los embarques de plátanos están paralizados y es precisamente esta fruta la que mitiga en buena parte la precaria subsistencia de la población local. El monte es el recurso atávico y providencial para los menos pudientes, al que acce­de gran parte de la vecindad en busca de leña para proveerse de lo más cotidiano o para venderla y con su producto comprar gofio y alguna que otra cosa para el sostenimiento familiar.
Juegos infantiles, aventuras y vivencias noveles discurrieron por estos aledaños, además de las incursiones y acampadas por los riscos de Guayonge y los roquedales de la costa, pirateando en solaz diverti­mento entre charcos y callados. Fueron años primerizos, inocentes y despreocupados en los parajes que más tarde debieron excitar la ima­ginación de Oscar en muchos temas de su fantástica paleta cromática. Hasta adiestrase en el ambiente bohemio de París, en especial Montmartre, se convierte en su modus vivendi y sus correrías munda­nas decrecen, sin que por ello se prive de la diversión y la juerga. En su cabeza comienza a fraguarse una batalla de ideas que va plasmando con frenesí en sus cuadros. En medio de la precariedad sobrevenida no piensa que su esfuerzo sea estéril, pues de ser así pudo haber escogido otra opción o regresar a su tierra. Pero no, su mundo estaba allí, en París, y su vocación en el arte, lo que considera un desafío que afron­tar, al que responde con el ímpetu de un ingenio lastrado ya por el espíritu surrealista, avalado muy pronto por su pertenencia al grupo regido por Bretón. Las penurias económicas se hacen patentes y su creación artística se torna abundante, emergiendo toda una teoría de símbolos donde no faltan los trasuntos de su tierra isleña. Hasta llegar a la final tragedia de su vida en ese París melancólico negro, en una noche de fin de año. Pero Oscar sobrevive con su surrealismo espaciado por el Mundo entero…”
El amigo Nicolás desde Tacoronte ha sabido plasmar inteligentemente en esta magnífica producción los principales avatares de una vida de un pintor que es historia en el surrealismo universal.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU.
PROFESOR MERCANTIL.

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