lunes, 29 de agosto de 2016

EL TEMPLO MASONICO CHICHARRERO



Maqueta realizada gráficamente con fotografías en los estudios del amigo desde la infancia de la Villa de La Orotava arquitecto jubilado; Luis García Mesa.

Construido según proyecto redactado por el arquitecto tinerfeño Manuel de Cámara y Cruz en el año 1900.
El edificio está retranqueado con respecto a los circundantes; contiene un fuerte simbolismo, principalmente de inspiración egipcia.
La fachada se articula en tres cuerpos; el central se compone de dos enormes columnas, con fuste liso y capiteles con hojas de palmera (palmiformes), que sostienen un voluminoso frontón triangular. En éste se encuentra un ojo con rayos radiantes, en representación del Ser Supremo, Gran arquitecto del universo según la simbología masónica. Flanqueando cada columna, se encuentran dos esfinges (cuatro en total) echadas sobre el vientre y cubiertas con el claft. Fueron realizadas por el escultor Guzmán Compañ Zamorano (1878-1944). La puerta principal está labrada en madera con motivos geométricos; sobre ella, el dintel se decora con hojas de palmera y un sol con alas de águila, símbolo de Horus. El edificio se levanta sobre un estereóbato.
Tras la puerta principal se accede a un vestíbulo. Al otro lado del mismo se encuentra una puerta, en correspondencia con la anterior, que da paso al salón de tenidas. De este espacio se conserva el pavimento de mosaico, las columnas en relieve y el espacio elevado que preside la sala. No obstante, los frescos del techo han sido repintados en blanco, y la estructura de madera cubierta por un falso techo de aluminio.
La construcción del edificio se prolongó durante más de veinte años, aunque fue inaugurado a principios del siglo XX al estar acabado interiormente, en particular la sala de tenidas, así como la cámara de reflexión excavada en el subsuelo.
No obstante, no es cierto que para la construcción de la cámara de reflexión y el túnel de acceso a la misma se utilizase un tubo volcánico preexistente. Existen al respecto determinadas leyendas populares, en el sentido de que a través de dicho túnel fuera posible la huída desde el interior de la logia masónica. Sin embargo, la cámara de reflexión constituye un espacio cerrado, de forma cuadrangular situado a los pies de la edificación, al que se accede a través de un túnel excavado en la roca basática del subsuelo. De otra parte, el referido espacio iniciático está delimitado por sus lados oriental y occidental por las paredes maestras del templo masónico, y por el mediodía y el septentrión por el terreno basáltico natural.
La historia comienza el 8 de agosto de 1895 tuvo lugar la fundación del taller masónico más importante del siglo XX en Canarias, la Logia Añaza, que se consolidaría con rapidez, logrando reorganizar a la masonería canaria del primer tercio del citado siglo.
La Logia se colocó bajo los auspicios de una obediencia española de segundo orden, el Grande Oriente Ibérico, al que se mantuvo unida hasta 1902. El Grande Oriente Ibérico había surgido en 1892 a partir de un grupo de logias provenientes, mayoritariamente, del Grande Oriente Nacional de España del Vizconde de Ros que, por varios motivos, decidieron no agruparse en torno al Grande Oriente Español de Morayta.
En 1903, ante las dudas sobre la verdadera importancia del Grande Oriente Ibérico, decidieron cambiar de auspicios, pasando a pertenecer al renovado Grande Oriente Español con el número 270. La logia Añaza 270 perduró bajo esta obediencia hasta 1922. Entre 1923 y 1931, durante la Dictadura de Primo de Rivera, la logia Añaza pasó a formar parte, con el número 1, de la recién creada Gran Logia de Canarias. En 1931, tras una divergencia de pareceres, se divide en dos: la logia Añaza nº 270, adherida de nuevo al Gran Oriente Español, y la logia Añaza nº 1, con un número menor de miembros que fueron expulsados del templo pese a sus reclamaciones. Añaza 270 se mantuvo en el templo de la calle San Lucas y en el Gran Oriente Español hasta la sublevación militar de 1936, en que fue disuelta y sus bienes confiscados por los sublevados.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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