lunes, 29 de agosto de 2016

LA SIDRONA V



Fotografía tomada desde el antiguo camino a Los Cuartos (enlace de la calle El Calvario con La Sidrona), hacía el norte de la vía que en su momento se le llamó La Carretera Nueva. Se le conoció por la carretera del Pinito que se construyó en el año 1916, para conectar el norte con el sur a través de Las Cañadas del Teide y  Vilaflor.
A la derecha vemos la que fue y lo sigue siendo de sus herederos la mansión del naturalista y defensor del árbol don Francisco Dorta Jacinto del Castillo “Alfredo Fuentes”.  Estaba ubicada en la trasera de mi casa donde nací en la calle El Calvario, a través del jardín de los “Arencibia”.
En ambos lados de la carretera estaban los arboles de naturaleza, conocidos por “morales o moreras”, a donde acudíamos a buscar hojas para alimentar los gusanos de cedas. En la parte baja de la Mansión que vemos a la derecha de la panorámica, primero fue habitada por la familia Pacheco – Sacramento, y después por Casanova -  Ruiz.
A continuación vemos la mansión de la familia Luque – Hernández, construida al mediado de los cincuenta del siglo XX (se conserva), y le seguía un descampado, donde estuvo la parada de los automóviles Piratas, ubicación de circos y teatro de María Teresa Pozón, así como los cochitos de la feria de las fiestas Mayores de la Villa de La Orotava.
A la izquierda estuvo emplazado un grifo de agua potable para suministro de la población.

Don Francisco Dorta y Jacinto del Castillo “Alfredo Fuentes”, intelectual villero, le escribió el cronista oficial  de la Orotava Don Benjamín Áfonso Padrón en la prensa tinerfeña, en un apunte relativo al agasajo que le tributaron en La Orotava varios amigos y compañeros. Homenaje que organizaron en su honor, por motivo de su jubilación del cargo de Secretario del Juzgado Comarcal, que tan dignamente desempeñó. El ofrecimiento se celebró en los salones de la sociedad Liceo Taoro, de La Orotava. En la mesa presidencial  se sentaron  a la derecha del homenajeado el Alcalde, Don Juan Guardia Doñate y a su izquierda el juez de primera instancia del Partido, Don José Luís Sánchez Parodi, ocupando los demás puestos el juez comarcal y fiscal; Don Alonso de Zarate y Méndez y Don Domingo Codesido Hernández, el registrador de la propiedad; Don José Fernández Mirón, notario; Don Vicente Ley Vidal, y los secretarios del Ayuntamiento y Juzgado de Primera Instancia; Don José Silverio y Silverio y Don Justo Sobrón Fernández. En las otras mesas tomaron asiento los jueces de Paz, abogados, procuradores, médicos y compañeros y amigos del Señor Dorta hasta el numero de unos cuarenta ya que se hallaban limitadas las invitaciones. El abogado Don Leocadio Cueva dio lectura a las adhesiones recibidas asociándose después el Sr. Alcalde Don Juan Guardia Doñate, al homenaje, en nombre del pueblo que representaba expresando que de haberse hecho popular el agasajo hubieran concurrido a él muchos convecinos. El registrador de la propiedad Señor Fernández Mirón ofreció en cálidas palabras el homenaje en nombre de los iniciadores y organizadores del mismo. Hizo un canto a la justicia, considerando el cuerpo de sus Auxiliares cuando estos son honrados e idóneos, como consustancial de aquella. Dedicó frases de encomio para el Señor Dorta en el terreno profesional, aludiendo a sus otras actividades en beneficio del país, entre las que descuella su amor al árbol. El Señor Fernández Mirón fue muy aplaudido en el transcurso de su elocuente disertación. Por último el Señor Dorta y Jacinto del Castillo, leyó unas sentidas cuartillas estimando inmerecido el obsequio que se le dispensaba, pues entendía que para el cumplimiento del deber era suficiente la satisfacción y tranquilidad del espíritu. Dedicó un recuerdo a la memoria de los jueces fallecido, con los que actuó en el principio de su profesión, Don Juan Cúllen y Machado, y Don Domingo Salazar y Cólogan. Tuvo frase de consideración y elogio para sus actuales superiores, diciendo del Señor Sánchez Parodi, que con su reconocida inteligencia había sabido hermanar la rectitud de sus elevadas funciones con la sencillez y amabilidad de la persona y del caballero, estas palabras fueron estrechamente aplaudidas por la concurrencia. Terminó el Señor Dorta expresando su permanente gratitud para los iniciadores y organizadores del inmerecido agasajo que se le tributaba, así como a los asistentes y adheridos al mismo: agradeciendo infinitamente las frases de alabanza y afecto pronunciadas por los señores Guardia Doñate y Fernández Mirón.
Don Francisco Dorta y Jacinto del Castillo (1888-1962), fue secretario de administración de justicia. Publicó su primer artículo en el semanario “Hespérides”(1898), siendo redactor de varios periódicos del Valle de La Orotava(El Valle, El Norte y la Voz del Valle) y fundador y director del “Heraldo de Orotava”. Pionero del turismo, y de la población forestal introdujo en Tenerife el cultivo del “Pino Insigni”, contribuyendo así a la creación de una conciencia colectiva en pro del árbol. Escribe bajo el seudónimo de “Alfredo Fuentes”, y entre sus libros destacan “Mujeres del Valle”, “Flor de los campos” y “El turismo en Tenerife”, escritos en los años veinte. Decía el desaparecido semanario, “El Norte”, que era afán de recoger todas las palpitaciones que implicaban progreso, siendo “Alfredo Fuentes” el animador primero de las corrientes turística insulares; el que primeramente iniciara desde las columnas de “Heraldo de Orotava” la campaña turística de este siglo XX, y que desarrolló en libros, conferencias y prensa con un amplio sentido patriótico y con un conocimiento insuperable. Decía Don Francisco Dorta: que las vías de comunicación contribuyen poderosamente al acrecentamiento del turismo en los países que, cual Tenerife, reúne condiciones naturales incomparables, aparte el beneficio que proporcionan a los pueblos que entrelazan. Bajo este doble aspecto existen en nuestra Isla las carreteras que se denominan Orotava-Vilaflor y Pinito-Guancha. La primera no solamente facilita la ascensión al Teide, el famoso Volcán, y hace que presenciemos a nuestro paso la extraña y emocionante región de las Cañadas, sino que ponen en comunicación en muy pocas horas la Zonas Norte y Sur de la Isla. La segunda atraviesa por territorio de un gran valor agrícola, y comunica con los Realejos y la Guancha pasando por los populosos pagos de la Perdoma y Cruz Santa, y presenta en la cordillera de Tigaiga uno de los panoramas más bellos de Tenerife. En cuanto la carretera de la Esperanza a Izaña, sin negarle su estratégica situación y singulares perspectivas, tiene una valor turístico muy relativo, dado que en una regular extensión de aquella zona soplan continuamente grandes vientos que producen las naturales molestias al viajero. Pues se escogió la montaña de Izaña para el emplazamiento del Observatorio por esa circunstancia, prestando gran valor al carácter  que ostenta este centro el hecho de ser combatida constantemente dicha región por los vientos alisios y contra-Alicio. Además en la época del invierno, sobre todo, abundan los días desapacibles y borrascosos. Por todo ello no debiera anticiparse esta carretera a aquellas otras que reúnen todas las ventajas y contribuyen grandemente al desarrollo turístico y material de la Isla. En cuanto a Hoteles, era una meta importantísima para el sector turístico de la isla, evidentemente lo mejor, sería una serie de hoteles escalonados, desde el Gran Hotel Taoro del Puerto de la Cruz, hasta la misma cumbre del Valle, para que el visitante disfrutara, en un momento dado, de todas las temperaturas, y así contemplase las más variadas vegetaciones y los más diversos espléndidos panoramas. Que idea tan magnífica la de Alfredo Fuentes, esta sería la verdadera lección de las autoridades de este enchiquerado Valle de Taoro. Don Francisco Dorta prevenía que la mejor institución isleña para llevar a cabo esta meta, era el Cabildo Insular de Tenerife, entonces presidido por Don Máximo Acea, pues era la única entidad que a su juicio podía afrontar el proyecto. Porque la obra del Cabildo en materia turística iba poco a poco, dando sus frutos, indicaba Alfredo Fuentes, que había que reconocerlo así, debido al entusiasmo y compenetración en estos asuntos  de su Presidente señor Acea. Otra persona importante en el asunto turístico era el miembro del patronato nacional de turismo Sr. Silvela, por cierto que coincidió el día de la llegada a Tenerife, con las fiestas de las flores de la Villa, a la que concurrió, impresionándole agradablemente. Reconociendo como un medio más de atracción para el turista la indicada festividad. El Sr. Silvela recomendó al presidente del Cabildo Sr. Acea, la necesidad de impresionar una película de las alfombras de flores con todos sus preparativos y materiales que se emplean en la construcción de las mismas, y le citó para llevarlo a la práctica, la importantísima empresa Americana Metro Goldwyn Mayer, cuya empresa, a juicio del señor Silvela, sin mayores gastos aceptaría el ofrecimiento. Con relación a las Condiciones naturales y Sanatorio, Alfredo Fuentes manifestaba, que en el Teide y Las Cañadas, se tenía sin controversia alguna, el principal medio de atracción para el turista y no debiera abandonarse la idea de que se declare “Parque Nacional”(corría el año 1933......), a dichas privilegiadas regiones, con ello se obtendría una mayor protección del Estado. Por otra parte si se tiene en consideración las inmejorables condiciones climatológicas de Las Cañadas, reconocidas y ponderadas por eminencias médicas extranjeras y nacionales, cabe presumir la importancia que estos lugares adquirirán cuando se halle completamente instalado en ellos el Sanatorio, del cual, ya se había construido el primer grupo de las obras del mismo. Esto obedece a su implantación, evidentemente a razones de índole científicos divulgados por el mundo entero, que hará de dicho establecimiento, por innumerables circunstancias, ratificadas por los hechos, el primero de su clase en el globo. El periódico madrileño de la época “El Sol”, se había ocupado de esta cuestión, recordando que una de las primeras actuaciones del diputado tinerfeño, Don Antonio Lara, que el país recibió con beneplácito, fue la de gestionar la prosecución de dichos trabajos. El Sr. Dorta demostraba que era optimista, porque la obra de la Naturaleza por su misma grandiosidad triunfaría sobra la indiferencia y timidez de todos los tinerfeños, con esto nuestra amada isla ocuparía en el mundo, el envidiable rango que le tiene reservado el porvenir.
La labor meritoria de Don Francisco Dorta y Jacinto del Castillo, sin embargo no fue bastante comprendida y no lo fue, precisamente, porque nuestra idiosincrasia de indiferentes, necesitó el estruendo y la ostentación para agrietar los sentidos  a la compresión. El ímprobo esfuerzo de este gran patriota que practicó con éxito inigualado la “acción directa”; que días tras días, años tras años, con una constancia y voluntad ejemplares subía, acompañado de un par de obreros cedidos por el Ayuntamiento, a plantar y replantar árboles y más árboles, a sembrar flores, a limpiar y podar los que requerían este trabajo, por la carretera de la Orotava-Vilaflor, en la que puso todos sus amores; este ímprobo esfuerzo, pasa casi desapercibido por la mayoría de las gentes. Pero su labor fructifica y con ello se da por satisfecho. Los espíritus selectos no necesitan halagos ni exageración para cumplir con su deber de fidelidad. Esta es la realidad, realidad que acompaña la callada y meritoria pero efectiva obra del inmemorial Alfredo Fuentes. Es una verdadera lástima que no contara con los medios económicos suficientes para desarrollar su obra como tal obra merece. Este hombre se debatía entre las atenciones que el arbolado exigía y los escasos medios de que disponía para atenderlo debidamente. Por ello, y por saber que en sus manos sería sumamente provechoso el resultado. Se pedía públicamente subvenciones para el arbolado de la mencionada vía, la más bella, de la isla entera. Querían nombrarlo jardinero honorario, porque así convertiría esa vía en un paseo delicioso cubierto de hermosos árboles y bordeada completamente de flores, con lo cual sería de un maravilloso atractivo para el turismo por el que Alfredo Fuentes (Paco Dorta - año 1933) tanto había promulgado.
En la actualidad muchos de esos adorables árboles que Alfredo Fuentes sembró en la concordia de la libertad, están totalmente amenazado de muerte. La idea de este intelectual caballero fue plausible, idea de sembrar árboles frutales hasta donde las condiciones de terreno y clima le permitía. Hasta Aguamansa plantó los castaños, los guinderos, los ciruelos, las moreras, etc... Y de Aguamansa para arriba divisamos como entre el monte crecen pinos y algún eucalipto, contrastando graciosamente sus ramas verdes plateadas del verde monótono del brezal y las hayas. Así como las plantaciones  de cedros canarienses hechos a sus expensas por la Señora Doña Constanza Carnochan. Especie arbórea casi desaparecida de nuestra isla, merced al solícito cuidado de su difunto esposo, el Dr. Pérez de feliz memoria, aún se conserva y hay probabilidades de propagarla profusamente. Este generoso rasgo de la señora Carnochan merece los más calurosos plácemes y el agradecimiento de todos los hijos de este Valle totalmente reprimido.
El amigo y compañero de docencia JUAN J. MARTÍNEZ SÁNCHEZ. En su libro “LA OROTAVA, SUS CALLES, SU HISTORIA” en las páginas  86 Y 87, nos habla del POPULAR Barrio de la Villa de La Orotava conocido por “LA SIDRONA”.  Esta denominación puede tener su origen en los apellidos de una de las familias que ocuparon parte de esta zona agrícola desde el siglo XVII: Cidrón (o Sidrón). El miembro más destacado de la misma fue Fray Manuel Cidrón (o Fernández Cidrón) que  ingresó en la Orden Franciscana y ocupó el cargo de Visitador Delegado en la  Isla de La Palma, en 1729; diez años después aparece como definidor en las decisiones del Capítulo provincial de los franciscanos; fue, además, lector jubilado y examinador sinodal. Murió en torno al año 1745.
En pleno de la Corporación municipal, de  27 de marzo de 1973, el entonces concejal Don José Méndez y Ponte propuso que se diese el nombre "Obispo Benítez de Lugo" a una de las calles de La Orotava. No hubo acuerdo en la elección y se facultó al Sr. Méndez para presentar en próximo Pleno una propuesta concreta. Así lo hizo, para la travesía de la carretera 821 de La Orotava a Granadilla, entre la Plaza de La Paz y la Avda. José Antonio. Fue aprobada la propuesta, el 21 de agosto de 1973, y desde ese momento la popular Sidrona se llamará oficialmente "Obispo Benítez de Lugo“… La calle Obispa Benítez de Lugo, popularmente conocida por el nombre de "La Sidrona", es una de las vías orotavenses con más diversificadas funciones: sirvió en otro tiempo, y sirve ahora, de comunicación interurbana por ser camino (hoy carretera) que enlazaba el N. y el S. de la Isla de Tenerife a través de las Cañadas del Teide: tiene una destacada función comercial; se ubican en ella buen número de viviendas; ofrece servicios sanitarios, industriales, etc.
Está claramente delimitada al N. por la plaza de La Paz y al S. por la Avenida de José Antonio /Dr. Luque, con la que se cruza. Con ser tan importante esta calle, para La Villa de La Orotava, su historia es bastante reciente. Podríamos decir que se inicia con el trazado y acondicionamiento de la carretera (en la que queda convertida) en los años veinte de este siglo.
A partir de ese momento se va configurando la acera Oeste, la que la une al resto del casco, a la Calle Calvario con la que corre paralela. Son construcciones, de muy variada tipología, consecuencia del relativo desorden urbanístico entre los años 1950 - 90, periodo en el que se construyen casi todas. Esta acera fue, hasta los años sesenta, el límite del casco.
La obligada expansión urbana hizo que en los años veinte aparecieran los primeros núcleos de ruptura del enclave agrícola próximo, situado en el Sur: fue la instalación de un almacén de empaquetado de plátanos y varios molinos de gofio, cuyas naves se conservan y dan cabida a un taller de herrería y almacenes; junto a los mismos se construyeron varias viviendas. En los extremos de la calle se sitúan dos gasolineras en clara competencia por absorber un nuevo servicio que se preveía con prometedor futuro. Estamos a fínales de la década de los cincuenta.
La gran transformación del límite Este de la calle-carretera se produciría tras la aprobación del Plan General del Casco Urbano de 1963 y el Plan Parcial Especial del Casco Urbano de 1976. En base a este último se llevan a cabo, en 1982, las obras del Temait l, edificio de viviendas y locales comerciales, con vía anexa (en la que se sitúa la actual parada de taxis) y pequeña zona ajardinada, en la que se colocó una estatua de Don Bosco en 1989.
Nuevas exigencias urbanísticas en cuanto a volumetría y espacios edificables dieron lugar a un trazado muy irregular de esta acera E. de la calle. A finales de 1983 se inician las obras de Temait II, edificio de muchos locales comerciales y escasas viviendas como correspondía a una clara expansión del sector servicios en la zona. Esta construcción llevó aparejado un pequeño ensanche de la Sidrona y el trazado de una nueva vía hasta la urbanización de El Calvario. En área algo separada de la calle Obispo Benítez de Lugo, pero en conexión funcional y estética con ella, se construyó en 1986 la parada de guaguas y un centro comercial y de servicios que se acogió a la Modificación Puntual del Plan Parcial Especial hecha en 1982.
La calle Obispo Benítez de Lugo, alejada del Centro histórico de La Villa, es la nueva cara de una ciudad que no se estanca en su pasado sino que mira al futuro.
Una mirada que, a veces, está más orientada hacia la especulación y la ganancia fácil que hacia una armonía entre intereses particulares, estética, funcionalidad y atenciones sociales…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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