jueves, 25 de agosto de 2016

MANOLO CEDRÉS Y EL JUVENIL PLUS ULTRA DE LA VILLA DE LA OROTAVA

Fotografía tomada en Los Altos de La Orotava, en el homenaje que le rindieron los antiguos jugadores y directivos del Juvenil Plus Ultra de la Orotava a la expedición de jugadores de Lanzarote año 2009.
Manolo Cedrés, en el medio acompañado por la derecha del recordado y fallecido Nazario Hernández García (Chile), por la izquierda el historiador orotavense Manuel Rodríguez Mesa entonces directivo del Plus Ultra y el fallecido y querido Francisco Sánchez García.

Nació en Arrecife, en un pueblito costeros de casas achatadas pegada sal mar y por tanto, bañadas constantemente por el salitre y la maresía.
Allí, en el barrio de la Puntilla, que dio origen a la ciudad teníamos de todo: una iglesia, el ayuntamiento, el juzgado, el matadero, el también temible cuartelillo, la escuela, la recova y, cómo no, un campito de fútbol en el que corríamos detrás de una pelota generalmente deformada por los puntús.
Teníamos de todo, quiero decir: de todo lo que podíamos tener, y nos creíamos que el mundo no era mucho mayor que nuestro barrio.
Éramos, sobre todo, felices, divertidos, amantes de las bromas y de las diabluras, pese a la cercanía del templo de San Ginés. Como todos los niños del mundo gozábamos de ese minuto de oro que es la infancia.
He dicho estas palabras para que ustedes se hagan una idea de cómo pueden alterarse los sentidos de una persona cuando es sometida a poderosas y nuevas impresiones.
Don Modesto Torrens, seguro que pudo sentir el bombeo de mi corazón cuando vi por vez primera, desde la carretera, el Valle de la Orotava; jamás en mi vida había visto semejante despliegue de belleza. Un mundo verde que aturdía mi condición transahariana y que amentolaba m respiración acostumbrada como estaba, a sirocos y calimas.
Era el de la Orotava un paisaje que obligaba a callarse o hablar bajito, una panorámica que se mete en el corazón  y ya no te abandona nunca.
Pero pronto descubrir que era lo más bello y lo más gratificante que me tenía reservado el viaje y la temporada futbolística del 59 – 60. Pues mes encontré con el cariño y las atenciones de los jugadores de la UD. Orotava, que se colocaron en el primer lugar de la lista de las nuevas sensaciones.
La generosidad con la que fui recibido y tratado vino a ocupar un lugar, junto al paisaje, en el corazón. Y ya fue muy difícil distinguir lo uno de 10 otro, resultando al final que las gentes de la Orotava era, tal vez, el mejor y más atractivo de los paisajes.
Porque, también hay que decirlo, nosotros los orientales no nos entregamos fácilmente a la amistad y a repartir el cariño, estamos, desgraciadamente, siempre sospechando y poniéndolo todo en cuarentena. Así que las muestras de cariño que me dieron ustedes y muchas otras gentes durante mi estancia aquí supusieron para mí un importante aliciente. Y, sin duda, me sirvieron para descubrir lo fácil y beneficioso que resulta la amistad y el respeto.
Les doy las gracias por eso y como prueba a lo que digo, basta remitirme a este hecho que hoy nos congrega, nacido de la generosidad de provocar este encuentro, como también lo fue en agosto del año pasado en Arrecife.
Llegué aquí el ya lejano año de 1959 a jugar a la pelota y me encontré a más de 11 compañeros, no es la magia del fútbol, es la magia del cariño y el hecho de sabemos parte de una inmensa familia que va de un lado a otro siguiendo el sueño de echar, entre todos, para adelante un balón, esperando que la fortuna haga que éste se meta, sin obstáculo, entre los tres palos.
Las buenas impresiones que me causó mi llegada a este lugar siguen viviendo en mí y forma parte de mis recuerdos. Tal vez el más maravilloso de ellos.
Espero, compañeros, que sigamos manteniendo esta hermosa relación que nos hermana.
PALABRAS DE RECIBIMIENTO de MANUEL CEDRÉS, PARA LA VISITA DE ANTIGUOS JUGADORES DEL PLUS ULTRA CON MOTIVO DEL 50 ANIVERSARIO (1959 – 2009) DEL ENCUENTRO CON UNA SELECCIÓN DE JUGADORES DE LANZAROTE: “…Señoras, señores, buenas noches, me cabe el honor de oficiar de anfitrión en esta ceremonia de recibimiento y de inevitables recuerdos en torno a los afectos y a aquello que fue y sigue siendo tan importante para muchos de nosotros: el fútbol.
El fútbol que, pese a los cambios que ha tenido nuestra sociedad en los cincuenta años que separan este acto de aquella histórica llegada del Plus Ultra a nuestra Isla, durante las fiestas de San Ginés de 1959, sigue siendo el mismo juego, un juego que exige mucho de aquellos que lo practican, pero que podríamos resumir con pocas palabras: un juego de entrega y de honor. Eso lo saben bien los jugadores, los buenos, y lo saben también las buenas gentes. Porque el fútbol se convierte en batalla cuando los jugadores no son buenos y sus seguidores tampoco. Así podría resumir que el fútbol es un deporte saludable y ejemplar para los pueblos.
A cincuenta años de la deportiva visita del equipo del que luego, algunos miembros, se integrarían en el Orotava, cuyos colores tuve el placer y el honor de defender, aun quedan en esta isla personas que recuerdan con una memoria prodigiosa la alineación de los dos equipos y los pormenores de los partidos y lo reviven con una pasión que sólo es digna de lo que antes definí como los buenos aficionados.
Recuerdo personalmente los momentos de este encuentro porque fui uno de los jugadores y es por eso que ahora les estoy hablando y, en nombre de todos, dándoles la bienvenida, sin olvidar a aquellos que no están aquí, unos por no tener disponibilidad para viajar y otros porque sus vidas tristemente se apagaron, aunque siguen presentes en nuestro corazón y en nuestra memoria con la misma intensidad que cuando estaban vivos.
En definitiva, mi mensaje ha de ser breve porque los sentimientos no necesitan de muchas palabras ni de mucho tiempo. Hace 50 años, éramos jóvenes y teníamos tanta fuerza acumulada en nuestro cuerpo como razones para emplearlas en algo tan interesante y hermoso como es jugar.
Nos hicimos hombres jugando, casi sin darnos cuenta, en la acera de nuestra casa, en el descampado cercano, en la plaza… jugando y chillando ¡pásala, pásala! ¡Qué hermosa palabra es esa de pásala!, porque no sólo indica un deseo de participar sino que afirma que el juego es un asunto colectivo, de equipo. 
Ahora estamos aquí, en un acto de encuentro, conmemorando estos 50 años, que cada uno cargamos en nuestro cuerpo, y esto ha de ser una fiesta, la fiesta de dos equipos que son uno y que compartiremos las cosas de nuestra vida, lo que ha sido de nosotros, de nuestras familias, esas pequeñas  y grandes cosas, al mismo ritmo del pásala, pásala. Juntos con la fuerza suficiente para romper, al menos, el negativo y muchas veces acertado refrán sueco que dice: Los jóvenes van en grupos, los adultos por parejas y los viejos van solos.
Espero que la alegría sea el objetivo principal de este encuentro y que la mente de cada uno sea ligera, para que las jugadas del recuerdo sean rápidas, sobre todo ahora que ya no tenemos los cuerpos para mucho trote y que si nos sacaran a un campo exclamaríamos asombrados: ¡Esto era tan grande!
A todos y a sus acompañantes, sean, de corazón, ¡bienvenidos!...”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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