miércoles, 31 de agosto de 2016

DOMINGO MARTÍN MACHADO, ARTESANO DE INSTRUMENTOS DE CUERDA Y PERCUSIÓN



Agradecer a su hijo Domingo Martín González y familia, folclorista y auxiliar de farmacia de La Villa de La Orotava, que me facilitó amablemente el currículo biográfico de su querido padre Domingo Martín Machado.
Nacido en La Villa de La Orotava el cuatro de agosto de 1929 y dedicado en un su juventud al trabajo de agricultura, galerías y encofrado de canales. Es en este último trabajo, aproximadamente a sus 18 años, cuando conoce a Don Domingo “El Majorero” afincado en el Barrio El   Rincón en el municipio de la Orotava, que en sus ratos libres se dedicaba a fabricar timples y guitarras, y le transmite el interés por la artesanía tradicional del timple, y se dispone con los medios que en ese momento disponía a intentar elaborar su primer timple.
En el año 1954 emigra a Venezuela. Durante su permanencia en este país se dedica a la construcción dejando de lado la artesanía,  la cual retoma sobre el año 1975 ya retornado de nuevo a la isla.
Empieza a desarrollar su trabajo de artesano en sus ratos libres y poco a poco va perfeccionándose en esta tarea y comienza a asistir a ferias de artesanía desde el inicio de la famosa feria de artesanía de la Guancha, siguiendo por todas las ferias municipales y participando desde la primera feria de Pinolere.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



ACCIDENTES Y SECUELAS



Artículo que remitió entonces el amigo desde la infancia de La Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTES MELIÁN, aparejador jubilado, Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de la Laguna, “Espectador”.
Un artículo escrito sobre el accidente en una avioneta del también amigo desde la infancia en la calle El Calvario de La Orotava Juan José Arencibia (fallecido), que titula “ACCIDENTES Y SECUELAS”, publicado “valle de lágrimas”, La OPinión de Tenerife ocho de Febrero del 2009: “…A raíz del reciente (2009) accidente de una avioneta en el monte de La Orotava, me acordé de que en 1960 un amigo mío, Juan José, con una avioneta del Aéreo Club, cayó a tierra de modo similar, entre nubes, en unos andurriales entre Bajamar y Las Mercedes.
El primer avión caza de guerra, de propulsión a chorro, que atravesó los cielos de Santa Cruz sobre la plaza Weyler fue a principios del verano de 1955. Y el primer helicóptero que violó varias veces los tranquilos cielos del Valle de La Orotava lo hizo también en 1955, en el mes de octubre. Una de las veces se posó en la arena de la playa de Martiánez, invitó a subir a una señorita bañista, ésta aceptó, le dio un voltio por los azulados cielos de los alrededores y la trajo de nuevo a la playa. Yo fui testigo. Hoy aquella señorita es abuela.
Empecé a coger miedo a volar cuando iba por motivos de trabajo (1973-1976) al aeropuerto de El Hierro, antes de la ampliación de la pista. Fui un par de veces con un compañero, Andrés, y nos daba tanto erote (miedo, en idioma "canario antiguo") que, cuando el avión foker maniobraba en curva para desviarse de la montaña ubicada delante mismo de la cabecera oeste de la pista herreña, nos inclinábamos instintivamente para un lado, como si fuera una clase de práctica de lo que nos había enseñado el profe de Mecánica respecto de las fuerzas centrífuga y centrípeta. Pero el miedo se convirtió en pánico funcional cagalitroso (ustedes me entienden) el día en que una azafata nos dijo que, según el argot de los pilotos, en El Hierro había que botarse, ¡dejar caer el avión! Al poco tiempo tuve que ir a Madrid y fui en barco hasta Algeciras y, como tenía prisa, desde allí cogí un taxi hasta la capital.
Recuerdo otros accidentes con secuelas: Un avión DC-6B (cuatro hélices), que traía al CD Málaga, se quedó corto y aterrizó a la altura de donde hoy está el Padre Anchieta. Fue el sábado 29 de septiembre de 1956, antes de la obra de prolongación de la pista. Pasajeros y tripulantes sobrevivieron todos. El partido de segunda Tenerife-Málaga se atrasó dos días, pero los del Málaga -averigüe usted el motivo- dieron más leña que un palo a una estera. Hubo otro accidente en mayo de 1965: un Super Constellation (cuatro hélices como el DC-4, pero algo más rápido) aterrizó con niebla contra una máquina que estaba trabajando en las obras de ampliación de la pista. Hubo muertos y supervivientes. Una de las fallecidas, María Corina, regresaba de Madrid, de comprar cosas del ajuar de su boda. También se accidentó un DC-3 (dos hélices), que amerizó junto a la costa de El Sauzal, en septiembre de 1966. Uno de los pasajeros, Fernando, trabajó después conmigo. Caminaba lentamente y se le notaba algo de tartamudez. ¿Fueron secuelas del accidente?...”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

DIEZ PANADERÍAS TRADICIONALES



Las diez panaderías tradicionales con las que cuenta La Villa de La Orotava, alguna de ellas con una antigüedad superior a los cien años, han recibido el VIII Premio Artesanía y Patrimonio Villa de La Orotava, según ha estimado por unanimidad la comisión de Educación y Cultura.
Dos de los establecimientos han sido testigos de tres siglos, ya que fueron fundados a finales del XIX. Fueron coetáneos de la pérdida de las últimas colonias, de los sucesivos regímenes políticos de España, de la Guerra Civil y de las dos guerras mundiales, entre otros hechos trascendentes. Se trata de Panadería Valladares, fundada en 1898 por Constanza Valladares cuando comenzó a fabricar pan y tortas de manteca en Pino Alto, un paraje desde el que se aprecia la totalidad del Valle. Y Panadería Los Núñez, que data también de finales del siglo XIX. Además de pan y tortas de manteca, elaboraban tortas de millo en el mismo emplazamiento en el que hoy en día sigue estando la panadería, en la Villa Arriba.
A las dos anteriores se suman Panadería Santiago Bautista, fundada hace aproximadamente un siglo en la zona de La Piedad; Panadería Barroso, que abrió sus puertas en 1926 en Los Altos de la Orotava y fue la única en la zona durante mucho tiempo; Panadería León, que comenzó a hacer pan en 1946, una labor que se ha ido transmitiendo de generación en generación; Panadería Jovita, en la calle La Magnolia y data de 1947; Panadería Hernández Machado, fundada en 1946, y regentada en la actualidad por los seis hijos varones del fundador; Panadería Páez Mesa, famosa por los rosquetes rellenos de dulce de guayabo, fue creada en 1948; Panadería El Valle, de 1960 y cuya fundadora, Margarita González, creció entre sacos de harina y horneadas de pan; y Panadería Marrero, que tiene su origen en el año 1966, en el barrio Bebedero.
La amiga desde la juventud de la Villa de La Orotava, residente en Santa Cruz de Tenerife, María Luz Rodríguez González remitió entonces estas notas: “…También fue muy antigua la panadería de Ramón Hernández, una pequeña panadería en la calle Doctor González, subiendo hacia La Piedad en la Villa Arriba, a Ramón le ayudaban su madre y su tía, a la muerte de estas Ramón se busco un ayudante.  …”
La amiga desde la juventud de la Villa de La Orotava, María Juana de La Rosa Hernández remitió entonces estas notas: “…Si la panadería de Pilar, Ramón hijo de doña Carmen y con ellos trabajaba Vidal, cuando venia el día de San Juan me hacia un pan en forma de muñeco y mi abuela lo ponía en la silla que adornaba con frutas y verduras, cuantos recuerdos. Yo creo que era la zona de la Orotava donde había más panaderías, que yo recuerde, la de Núñez, Pilar, Tomasa la de Miguel (el gofio) Conchilla, Pejapan, Doña Juana (Pancho el cojo), Jovita, Margarita, Catalina (la rosquetera) , Pancho que repartía el pan con un burrito, seguro que se me queda alguna mas, pero era salir al patio de casa y el olor a pan caliente era impresionante…”
Desde la octava isla (Venezuela - Caraca), el amigo; Pepe Polegre Arbelo, remitió entonces estas notas: “…al comenzar la calle la Estopa había una que hacia pan y roquetes la Señora se llamaba Braulia yo iba mucho ahí pues mi madre llevaba los que a hornear ahí…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

PINOLERE "HISTORIA Y TRADICIÓN", EL LIBRO DE TIERRA ARRIBA (30 AÑOS, 1985 – 2015)



Foto publicada en el Diario de Avisos del día 30 de agosto del 2012, vemos los tres amigos de la Villa de La Orotava que se han convertidos en los astronautas de Pinolere (las tres María); Rafael Gómez León (director técnico), Leoncio Luis Hernández (presidente) y Jesús García Rodríguez (gerente). Le felicito queridos amigos.

Encontrándome en el año 1995 en el Ayuntamiento de La Orotava, para consultas previa, tropiezo en los pasillos de dicha casa Consistorial con el joven Toribio Delgado Luís, ex-alumno mío en el Instituto de Formación Profesional de La Orotava, actual IES LA OROTAVA MANUEL GONZÁLEZ PÉREZ, - sus progenitores regentaban la Venta Cuatro Cantillo de Pinolere-.
Después de una amena conversación sobre aquellos tiempos de estudiante en el indigente centro de la Barriada de San Antonio, me indica; Bruno no olvide que al final de Agosto inauguramos la décima feria de Artesanía, arriba en mi barrio de Pinolere. Toribio, es ya, un profesional de la gestión, su flamante titulación de “Técnico Especialista”, le acredita para regentar unas empresas, fundadas bajo sus propias tecnología, incluso ha instituido varios puestos de trabajos, que ha ofrecido a ex-alumnos de su añejo instituto orotavense. Por cierto, este año en la feria de septiembre,  - insiste Toribio -, vamos a presentar un libro de la historia del barrio, de sus tradiciones y de su situación geodésica. Un proyecto muy bien elaborado en el que trabajan varios técnicos de distintas especialidades humanísticas. Y arriba me personé el primer domingo de septiembre (1995), -un domingo de cielo gris jaspeado por la neblina y la típica llovizna de tierra arriba-. Allí en Pinolere la impresión es versal al encontrarme con una gran feria de artesanía, una feria elaborada bajo el esfuerzo de esas personas sucesoras de aquellos auténticos campesinos de antañazo, que ribeteado por la miseria, la incomunicación, y la penuria hicieron en los altos del Valle de Taoro una ilustración autóctona digna de admiraciones. Un territorio alimentado de numerosas galerías portadora de agua virtuosa y generosa, muchas de ellas caducadas en la actualidad por las numerosas perforaciones, un contornos cálido siempre como el vinillo del néctar procedente de la cumbre del anexo Arafo, Arafa o Arafuria como decía el profesor Don Arístides Ferrer García; “Soy Arístidof de Arafuria”.
Pinolere, en el majestuoso Valle de La Orotava, mantiene su apego al monte sin embadurnarse de matices modernas, como sin aún la tribu autóctona necesitase el asilo feudal de la cumbre para no ser sorprendida por los castellanos. En el resto del Valle hacía abajo esta hosquedad indómita se va perdiendo. Pinolere tiene casas blancas, y conservan los fidedignos Pajales, el señorial Pajar, ornamentado de mimosos castaños, de pinos canarios sonrientes, de indígena laurisilva, parece un barrio demasiado retraído, que conserva sus tradicionales haces de leñas del alto carrascal, tumbados en la puerta, que decoran triunfalmente las fachadas de estas casas montañesas. A pesar de su corto número de vecinos, Pinolere ocupa un gran espacio en el alto del Valle, antiguamente cada vivienda tenía su calle natural, saturada de guijarro, más que libre, anárquicos. Unos eran grandes y alegres porque no sufrieron el roce del dolor; otros, los del centro, fingían cierta aspiración igualitaria, gemela a la de los hombres; algunas tenían sus carnes mutiladas, acribilladas, heridas; eran verdaderas piltrafas berroqueñas que sólo aspiraban a derretirse en la nada. Hoy el barrio está totalmente asfaltado, enlazado con la carretera general de las Cañadas a través de una portentosa pasarela y enlazado por el sur con el viejo camino de La Florida alta. La economía esencial que practicaron sus antiguos habitantes estaba basada en el pastoreo, la recolección, y la agricultura. Antiguamente, se podía apreciar, en las mañanas claras el humo de sus chimeneas, cual blanca oriflama, se enredaba en un romance patriarcal con las copas de los pinos auténticos canarios y los castaños florecidos. Pero cuando el aire venía de arriba, de las crestas nevadas de aquellos inviernos, el humo, en vez de subir a lo alto, se metía por las ventanas, ahumando las viejas paredes y envolviendo al barrio en un fulgor de batalla. Así pues, se vivía en el alto del Valle, concretamente en  Pinolere, un barrio rodeado de barranqueras roncalesas, salpicadas de castaños, un lugar alto, de tierra arriba, en donde se vivía de silueta pastoril de sus habitantes pres-hispánicos. Aquí la raza tenía la fortaleza de todo el canarísmo. Pinolere “Historia y tradición”, es un libro escrito con nobleza tierra arriba. En el que observamos los aristocráticos perfiles de un hombre dinámico conocido por Esteban Perdigón Pacheco, aunque no se encuentra nombramiento oficial, era el Alcalde Pedáneo del barrio, hacia de interlocutor y valedor de las preocupaciones demandadas de los vecinos, antes los mandatarios de turno del Ayuntamiento. “Don Esteban dejó como herencia la fama de hombre luchador y jovial. Fue a Cuba y al regreso montó una bodega y luego una venta. A través de su propia mediación se acomete una de las obras más importantes para el Barrio; la construcción del camino de acceso al mismo. Se casa con Doña Juana Zamora Hernández y dejó un amplia descendencia....”(1) Me apasiona la lectura de este maravilloso libro, escrito junto a la cordillera dorsal tinerfeña, donde terminan las tierras, nacen los barrancos y comenzaba el histórico camino real que enlazaba el sur con el norte de Tenerife, casi sin darme cuenta, ha venido a mis ojos una dulce, entrañable palabra que despierta en nosotros un mundo de recuerdos y de sueños ingenuos y lozanos Pinolere, ¿Que significa esta palabra, sonora como un clarín, clara como una llamarada?. En el libro se reverencia la electrificación del Barrio en el año 1.978, parece que al principio se alumbraban con tea. “A los pinos le daban fuego le hacían una cueva, con una asuela sacaban las astillas. Más tarde se alumbraban con capuchinas de petróleo. Luego llegaron las lámparas de carburo, los quinqués de alcohol y por ultimo luz eléctrica. En los años treinta se colocaron los chorros públicos para el suministro de agua (Cuatro Cantillo, Pinolere y Finca de Don Ángel Yánez), el agua para el uso del barrio se cogía en la galería “El Moral”, algunos recuerdan en historia de sus abuelos que hablaban de nacientes naturales al lado de la “Cueva de los Guanches”, en la fuente del “Dornajito” o por encima del Lomo de la Canaria. Se recuerda también un ir y venir de las mujeres con la cesta de ropa en la cabeza hasta los lavaderos de Aguamansa (actual vivero), a la vera del agua (fuente de los tres pinos), a la Hondura.”(2)
Quizá sea el mundo del trabajo aquel en que se ve con más claridad la necesidad del esfuerzo de todos, del sacrificio de todos; quizá sea en el fondo, el más generoso de todos. Cada día nos maravillamos de lo que consiguen los hombres y mujeres de Pinolere. Ya no se limitan a surcar el aire; se atreve más allá del aire y atraviesa sorprendentes por su ingenio los espacios labriegos. El movimiento vecinal de los años setenta originó toda una serie de inquietudes en el barrio, centradas en mejorar las infraestructura (carretera, luz, agua,...), y se promovió una actividad sociocultural. “Aquí aparece la importante labor desarrollada durante años por la Asociación de Vecinos “Horizonte 2.000”, fundada en el año 1977. A través de ella se condujo y se gestionaron muchas de las viejas aspiraciones y preocupaciones de los vecinos estando a la cabeza en la organización de eventos culturales, de gran renombre, entre los que destaca aquella primera publicación de la revista “El Pajar”, de carácter cultural, informativo y de imputación...”(3) También se habla de su cartografía. “Pinolere esta situado entre los 700 y 800 metrosde altitud, hoy se denomina con este nombre a una zona comprendida por el Oeste con el Barranco de “Quiquirá” o “Chinchichirá”, nombre que recibía en el pasado; teniendo como limite El Fiesco. Por el Este con los Barrancos de “El Infierno o de La Arena” y “La Hondura” que marcan el límite con la ladera de Santa Ursula que cierra el Valle por la parte Oriental. Por el Norte con la Florida Alta y Cuatro Cantillos. Y por el Sur con los Caminos y Caminos de la Pasada de Montenegro.....”(4) Lo más sorprendente, es el cambio de nombre en el Barrio, tradicionalmente le llamaban Pinoleri, y en fecha próxima a sus fiestas, aparecieron sus carteles pregoneros con el Nombre de Pinolere..... ¿Como aparece Pinolere.....?. Parece ser que el primer topónimo del que se tiene conocimiento escrito es el de Pino de Lere. “Posteriormente, se encuentra la siguiente evolución del termino: Pino lere, Pinolere, Pino Leres, Pinoleres, Pino Leri, Pino Leris, Pinoleri, Pinoleris...  Es probable que el nombre del Barrio es producto de la unión de dos términos distintos: pino y eres. El primero hace referencia al árbol de las zonas altas y de montaña. El otro vocablo, el eres, parece estar relacionado con Hoyo o Poceta en las rocas impermeables del cauce de los barrancos, donde en la época de lluvias se acumula arena fina y agua....” (5) Las paredes de los barrancos sirven puerta de entrada para la construcción de las galerías que hoy surcan el subsuelo de Pinolere y es el Barranco de El Infierno quien sirve de cauce para la nueva explotación concentrando la mayoría de las galerías de la zona. “Muchas han sido las galerías que se han perforado y que por excesivo agujeramiento y una irracional sobreexplotación de los recursos acuíferos se han “secado”. Importantes galerías han sido: “Salto de Pinolere”, “Salto de los Helechos”, “Hondura de Don Nicandro”, “Fuente Benítez”, “La Tumba”, “El Moral”, “Barbuzano”, “El Drago”, “Florida Baja”, “Pedro Gíl”, “Frontones”, “Concha Marina u Hondura”,.....”(4). Tendremos que buscar, pues, el exacto significado de Pinolere, entre esa variedad y abundancia de vegetaciones, montañas, llanuras y montes de que nos habla el libro, buen consejero para nosotros los canarios. Pero, ¿Cómo haremos nuestra lectura? ¿Dónde la iniciaremos?..... Recuerdo que, siendo yo muy pequeño, mi padre Juan me llevaba de hermosos paseos por las volcánicas montañas que rodean el Valle de La Orotava. Mimadre María se desesperaba a veces porque cada domingo estábamos fuera. Desde entonces aprendí que el mejor modo de conocer las gentes y los paisajes es pasear entre ellos. Después he recorrido muchas veredas con mis amigos, mochila a la espalda, una canción en los labios y, cuando cae la tarde, unos leves reposos entre risas sobre la enteriza tierra de los campos de arriba. Y, en carne viva, entrándoseme por los sentidos todos (el sabor de las fuentes, el olor del monte bajo de barbuzanos y tomillo, el color de los campos en sazón, el tacto fresco de los prados, la voz cambiante de cada valle, aprendí lo poco o mucho que de los altos sé y las pocas virtudes que dan esperanzada alegría a mi vida. Cuando, en la desaparecida Escuela Superior de Comercio de Tenerife, -hoy Escuela Universitaria de Estudios Empresariales -, ya, tuve que penetrar en el brillante mundo de nuestra Historia isleña y nuestra humanidad, tenía ya un secreto poder de entendimiento: una imagen diáfana, transparente, de los que Tenerife era. Averiguar o decidir el punto de partida nos parecerá quizá más sencillo. Porque las primeras noticias serias que de Pinolere tenemos son unos asombrosos poblados guanches, que vivían en cuevas de la cordillera dorsal y, siempre, debemos empezar en el origen de las cosas. Además porque hemos visto a Pinolere como si viniésemos cabalgando nubes. Si fueras nubes, lector, o fueras gota de agua y te cernieras sobre el Pico del Océano Atlántico -que estoy viendo- y la brisa dispusiera de ti y de tu destino, según su capricho, podía ocurrir una de tres cosas: o que fueras Chasna, o que fuera Abona, o que fuera Pinolere. Cuestión de suerte. Tal como dice mi amigo Manuel J. Lorenzo Perera; “Que en Pinolere el núcleo más antiguo de la población lo constituyen las cuevas del Barranco del Infierno, tramo perteneciente al que, desde un punto de vista más general y cartógrafo, se conoce como Barranco de la Arena, uno de los más importantes del Valle de La Orotava, que parte desde las cercanías de la Montaña de la Negrita (2.241 metros s.n.m.) hasta la playa de San Juan. El denominado conjunto arqueológico de Pinolere está constituido por dos cuevas superpuestas: habitación y sepulcral. Fueron expoliadas -verano de 1.966 y 1.967 - por un grupo de visitantes de nacionalidad británica. Años después, 1.974, se procedía llevar a cabo el correspondiente estudio de parte de los materiales extraídos, así como la excavación de los yacimientos. Las cuevas se sitúan a unos 250 metros, en línea recta, del caserío de Pinolere, a uno 700 metros de altitud s.n.m. Están emplazadas en la pared derecha del Barranco del Infierno, a unos 20 metros de altitud con relación a su lecho. El conjunto se halla enclavado en la zona media - norte de la isla de Tenerife(600 1.500 metros s.n.m.), muy apta para ser habitada: en invierno las temperaturas raramente descienden por debajo de los 10º y en verano llegan a sobrepasar lo 24º C. Toda la zona estuvo ocupada por el bosque de laurisilava, algunos de cuyos ejemplares se alzan en las paredes y fondo del Barranco, y en los espacios que separan las huertas en las que tradicionalmente se ha practicado el policultivo de secano....”(6) Pues un libro de leyenda, un libro de tierra arriba, un libro de un territorio habitado por pajales. Las casas de teja eran pocas. Para parrandear cualquier sitio era bueno, las condiciones de vida eran duras. La dureza del campo hacía emigrar en busca de mejores condiciones de vida, primero a Cuba y después a Venezuela, todo esto unido a la alta natalidad, hace de Pinolere un Barrio aborigen de quimera y cantar: “…NOTAS:
(1) UN PERSONAJE CON HISTORIA: ESTEBAN PERDIGÓN PACHECO. DE JOSÉ DELGADO ALBELO Y RAFAEL C. GÓMEZ LEÓN.
(2) PINOLERE: CRECIMIENTO, PROGRESO Y PROYECCIÓN, DE JOSÉ DELGADO ALBELO Y RAFAEL C. GÓMEZ LEÓN.
(3) INTRODUCCIÓN DEL LIBRO HISTORIA Y TRADICIÓN DE  RAFAEL GÓMEZ LEÓN Y RAÚL GONZÁLEZ SUÁREZ.
(4) PINOLERE. UN TERRITORIO AISLADO DE RAÚL GONZÁLEZ SUÁREZ.
(5)APROXIMACIÓN AL ORIGEN DEL NOMBRE DE PINOLERE. DE JAVIER MONTES DE OCA DE LAS CASAS.
(6)LOS ORÍGENES HISTÓRICOS DE PINOLERE. DE MANUEL LORENZO PÉRERA.
(7)OTROS COLABORADORES DEL LIBRO “PINOLERE HISTORIA Y TRADICIÓN”: PABLO REYES MÉNDEZ, MANUEL RODRÍGUEZ MESA, JOSÉ ANTONIO LIMA CRUZ, FRANCISCO LEDESMA DE TAORO, JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ...
El amigo de la Villa de La Orotava, desde mi infancia en la Calle El Calvario; Isidoro Sánchez García, remitió estas notas dedicadas a las cocinas solares que fueron expuestas en la feria de PINOLERE 2012: “…La feria de Pinolere acaba de cumplir en 2012, el Año Internacional de la Energía Sostenible, la friolera de 27 años. Además de los tradicionales artesanos que enriquecen el sector cultural de Canarias llamó la atención, en esta calurosa y veraniega feria, la presencia de dos cocinas solares. Era la justificación de la apuesta de la Asociación Cultural Pinolere por las energías limpias. Para mayor abundamiento hubo días que asombraron a propios y extraños. Más a lo extranjeros que los del país.  Me refiero a las horas de sol que ayudaron a lucir de manera significativa el abigarrado colorido verde de este barrio de las medianías del valle de La Orotava, que se esconde entre castaños y nogales, entre pinos y laurisilva, junto al Paisaje Protegido de La Resbala.
Era la continuación de una muestra que se ofreció hace algunas semanas cuando Pinolere realizó la exhibición gastronómica “Cochino Negro-Taparte”. Exterior XXI, representada por Manuel Méndez, coordinador técnico de la cooperación internacional de esta reputada asociación madrileña, hizo posible que Pinolere contara con dos ejemplares de estas cocinas solares y singulares. De paso sirvió para estimular a dos jóvenes empresas canarias relacionadas con el sector energético renovable, que rápidamente se interesaron por su comercialización (GERCA y COLFIS).
Como rápida fue también la reacción del equipo gestor de Pinolere a la hora de plantear otra exposición de las cocinas en esta Feria que acaba de finalizar.  En esta ocasión con casos prácticos de gastronomía solar a cargo de dos destacados chef. El viernes 31 de agosto se iniciaron las jornadas, ya que el escocés Richard Etherington, que trabaja en la cocina del orotavense “Hotel Victoria”, preparó un excelente plato de pollo y hierbas aromáticas con arroz blanco, rociado con vino blanco de la Cruz Santa, de la bodega JUAN DIOS, y del que se hizo eco el enólogo Valerio García.  Tuvo su continuidad el sábado 1 de septiembre, con una degustación de papas bonitas con carne de cabra deshilachada y en salmorejo, que corrió a cargo del equipo que lidera Pau Bermejo, que asesora, entre otros, al restaurante del parque temático “Pueblo Chico”. En esta ocasión el vino era tinto Solana, de la bodega SOAGRANORTE, de F. J. García Núñez, y el enólogo responsable de las explicaciones fue Roberto Santana. Ambos caldos eran del valle de La Orotava y por tanto volcánicos y atlánticos.
Por las cocinas solares se interesaron muchos visitantes de la feria y entre ellos el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, quien compartió con Manuel Méndez el interés de establecer una marco de cooperación con Marruecos para llevar a cabo una apuesta por este tipo de cocinas que tanto está significando para algunos pueblos del país alauita en materia de ahorro energético…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL