martes, 31 de enero de 2017

CALLE DEL LEÓN, VILLA DE LA OROTAVA (I)



La calle “León” de la Villa de La Orotava, en el tiempo la conocíamos por “Los Tostones” (valor equivalente a cinco reales y medio de vellón, utilizado en moneda portuguesa). Puesto que él vivió en la casa conocida por “Azul”, localizada en la mediana de la misma.
Siendo alcalde de la Villa el amigo de la infancia de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava; Francisco Sánchez García, se le dio nombre al último tramo de la calle al estadista venezolano Rómulo Betancourt, como recuerdo a su padre don Luis Betancourt que había nacido en una de las calles del popular distrito del Farrobo (Villa Arriba).
La Calle León, es una de las arterias más antigua del Casco histórico de la Villa de La Orotava, por donde se unen ambas villas, pues en ella existe una importante confitería de origen alemán subiendo la calle por la izquierda, fundada por un exiliado de la primera guerra europea EGON WEBEN (1916 – 2016), destacan los tamboritos unos dulces que tienen una forma y un sabor especial y son único del lugar, muchos son los visitantes de toda la isla, de las islas y de todo los rincones de España y Europa.
Por Los Tostones baja conmovedor el Jueves Santo por la noche, el señor de la Columna del sevillano Pedro Roldan Onieva, y por ella sube en silencio bajo lo acorde de la marcha procesional “Tosca” de Puccini interpretada por la Banda de Música de la Agrupación Musical Orotava, el señor difunto del imaginero sevillano  Vega discípulo de Moltabán.
Mi amigo de la infancia de la Villa de La Orotava, aparejador jubilado, Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna; EVARISTO FUENTES MELIÁN “ESPECTADOR”, remitió entonces estas notas: “…En mis bajadas y subidas de tantos y tantos años, andando por la calle del León de La Orotava, la familia Salazar formaba parte de mi geografía humana además de algunos otros recordados vecinos. La familia Salazar, compuesta por nueve hermanos, vivía en un hermoso caserón bien conservado, bajando a la derecha; era una familia muy distinguida, me acuerdo de cada uno de sus componentes individuales, féminas y varones; son destellos visuales de mi retina que no se olvidan con el tiempo.  También presencié en ese mi cotidiano itinerario, la llegada a La Villa, en 1951,  del juez, más tarde magistrado y escritor de gala, don José Luis Sánchez Parodi, que habitó en una casa terrera, bajando a la izquierda, donde también vivió mi tío Perico, el practicante, casi frente a la casa, actualmente abandonada, del  veterinario don Rafael Pinillos. Y por encima, Agustín el Gigante, versátil maestro del timple, que lo exhibía tocándolo detrás de su cogote, con un rasgueado muy singular.
También veía a mi amigo Juan Carlos Jiménez, jugando a conducir con un volante que era una cajita metálica, posiblemente de betún, haciendo el motor con el ruido de su boca, en medio de la calle del León cuando era una hondonada mal empedrada, con el centro cóncavo de su sección transversal. Hoy está jubilado, pero Juan Carlos ya  adulto nos conducía  pilotando el avión ‘Fokker’ a las islas menores.
Casi haciendo esquina con la calle del Cantillo (de canto), donde manejaban sierras mis amigos Ángel y Lorenzo, en la calle del León había un barbero ya mayor y algo obeso, silencioso y formal.
Volviendo al principio, elipsis fílmica de mi memoria, hace unos días leí en una esquela en el periódico el fallecimiento de la última hermana que quedaba en este mundo de la familia Salazar de la calle del León.  ¡No somos nadie! Ya lo decía Jorge Manrique: “…Cómo se pasa la vida  y cómo se viene la muerte, tan callando…”…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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