lunes, 9 de enero de 2017

DON ALFONSO TRUJILLO RODRÍGUEZ EN EL RECUERDO



Me viene a mi memoria un añejo y reputado profesor del bachillerato en colegio de San Isidro de los Salesianos de  La Villa La Orotava, Don Alfonso Trujillo Rodríguez una excelentísima persona intelectiva, grandiosa y bondadosa, que aprecié‚ en mi vida estudiantil y que nos dejó aun siendo joven. Mi reminiscencia en la desaparecida cafetería "Parque" de la calle El Calvario, que Don Alfonso solía visitar para tomarse sus cafecitos, que me explicarse en precisión la teoría de la valencia en los átomos, que después de muchas horas de disertación no llegué apresar.
Don Alfonso con su jovialidad avezada y su  característico estoicismo me subrayó el cálculo de las mismas que inminente llegué a intuir.
Don Alfonso Trujillo Rodríguez nace en La Orotava el 8 de Diciembre de 1932, pasa por el seminario los años 1945-1955. Es maestro nacional en 1959. Por los años 60 da clases en el colegio de San Isidro de La Orotava regentado por los salesianos de latín y griego. Licenciado en Filosofía y Letras (Románica) en 1.965, el año siguiente entra con Hernández Perera, en el departamento de Historia del Arte, del que llegaría a ser profesor adjunto. Autor de diversas publicaciones, entre las que destacan "El retablo Barroco en Canarias" y "San Francisco de La Orotava". Fallece prematuramente a los 46 años, el 8 de octubre de 1979 cuando preparaba otras publicaciones como "Los púlpitos de Canarias". El Ayuntamiento de La Orotava ha creado un premio con su nombre. La adversidad de los investigadores orotavense, que en la actualidad no disponen del premio de investigación que lleva por nombre el de laureado pedagogo universitario Alfonso Trujillo Rodríguez, parece ser, que presentemente el Ayuntamiento villero ya no requiere emplazamiento de tal evento científico. 
En la desaparecida revista de La Orotava  "Canarias" del 5 de Julio de 1955, Don Alfonso describía que, en cierta ocasión dijo muy acertadamente un catedrático de la Universidad Central: Se sabe qué es filosofía sólo cuando se es filósofo. Trasladando, dentro del pentagrama del espíritu, el tono de ese enunciado al de la Estéticas, nos es dado afirmar: Se sabes qué es paisaje solamente cuando se sabe vivirlo. Mensaje que Don Alfonso le dedica al paisaje y que tituló "La Vivencia del paisaje". Supone en el sujeto a quien es inherente, una como segunda vida o naturaleza. O Mejor, la sublimación de su esencia vital. Las ideas rigen al hombre. Y ello, en su constitución de ser racional, y también en su montaje de radiorreceptor estética que capta, mediante las antenas de sus cinco sentidos, todo lo que vibra, canta, bulle y crece armónicamente a su alrededor. Ponernos a delimitar el paisaje es cosa muy difícil si antes no se lo ha vivido. (Se sabe qué es paisaje solamente cuando se sabe vivirlo). Yo comenzaría por decir que la creación entera es el paisaje, el universo es el paisaje. Todo el conjunto armónico de las cosas inanimadas, entre cuyas líneas se mueven las que poseen vida. Newton llegó a afirmar que el espacio era el sensorio de Dios. Apartémonos de todas las peloteras que sobre esa afirmación -metafórica o directa- sostuvieron Leibnitz y Clarke. Pero hagamos de ella un pequeño trasplante al terreno del Mundo. El Mundo es el sensorio de Dios. No como quiera un sentido especial por el que Dios sienta, esté presente al Mundo. No. Porque eso implicaría composición en Dios, y consiguientemente, imperfección. Diremos algo muy diverso. El Mundo es el sensorio de Dios. Pero no está en Dios ese sensorio de los colores es NUESTRO sentido de la vista, y no algún cierto sentido que radique en los colores. Porque por el Mundo, por su paisaje, SENTIMOS a Dios. Impresionantes imposiciones de Don Alfonso sobre el paisaje y que diría sobre la destrucciones montuosas que se arremete contra el sobrenatural Valle de La Orotava. El Valle de La Orotava es la más exacta parcelación del paisaje. "A que ninguna otra parcela del paisaje universal contiene esta geometría semicircularmente armoniosa de monte y cumbre, de campo y bosque, de roca y mar. En ninguna otra parcela hallo este contraste colorista de luz y sombra. Porque ninguna otra parcela tiene esta locación sobre la soledad y el silencio". Su erudita obra "San Francisco de La Orotava", nos habla de las desaparecidas reliquias  denominada por Viera y Clavijo -el Escorial de Canarias-: El convento franciscano de San Lorenzo Mártir, de La Orotava, hoy ya no existe. De ahí la justificación de la primera palabra del título con que encabeza el trabajo, "Reliquia". Tomamos esta palabra en sus dos acepciones más significativas. Ante todo, en su más exacta entraña etimológica, del verbo latino relinquere, -dejar tras sí, quedar-. O el sustantivo verbal correspondiente, reliquiae, "restos, residuos, despojos, cenizas. Un Monasterio que desapareció martirizado por las llamas que se denominó "El Escorial de Canarias", que según Don Alfonso no fue su expresión sino de Viera y Clavijo: Pues tal es el sobrenombre con que el eximio historiador de Los Realejos denominaba al extinguido convento que nos ocupa. Es, pues, un préstamo que nos hace la autorizada pluma del más ilustre historiador de Canarias, el cual, en el tomo III de su obra dice lo siguiente:"el noviciado, la aura popular del instituto, todo contribuye a hacerle el San Lorenzo de Los Conventos de Canarias y el Escorial de sus padres más dignos". Don Alfonso sobre lo especificado por Viera nos dice; que se entiende, pues, que si se le llamó -El Escorial de Canarias-, no fue por la magnificencia o grandiosidad de su arquitectura o por la riqueza de sus tesoros. Tal sobrenombre obedece más bien a razones de tipo intelectual, como claramente se deduce. Parece ser que el incendio ocurrió el 20 de Abril de 1.801, en el que perecieron todas las alhajas y muebles de los religiosos entre los cuales fueron de mayor consideración todos sus libros y papeles. Don Alfonso hubiera querido que esta gema de la arquitectura, de la imaginería, de la pintura y de la orfebrería, se hallase intacta y entera "in situ", cual pudo contemplarla el eximio historiador del Realejo Arriba o, al menos, que las llamas de aquel mencionado 20 de abril de 1.801 no hubiesen hecho pasto en su archivo, no ya para que su trabajo hubiese resultado más fácil, sino para poder documentar debidamente cuanto de interés monumental pudo albergar. "El Retablo Barroco en Canarias", la obra instructora de mi querido coterráneo profesor Don Alfonso Trujillo Rodríguez. Colección publicada por la Mancomunidad de Cabildos, Plan Cultural y Museo Canario, tiene por introducción, una arquitectura en madera; "...Bien es verdad que, originariamente, el concepto de arquitectura en madera corresponde a primitivas construcciones lignarias, antecesoras -y hasta determinantes- de la arquitectura en piedra, como fue el caso, por ejemplo, de la arquitectura griega. Sin embargo, al refererirla al Archipiélago canario, lógicamente no la estamos tomando en tal sentido, ni siquiera en todas las manifestaciones arquitectónicas que pudieran estructurarse con tal "materia" constructiva. Porque no deja de ser cierto lo que siempre se ha afirmado de nuestras edificaciones, en el sentido de que han sido obra más de carpintero que de arquitectos: paredes de piedra y barro con nervaduras de tea, balcones, techumbres, artesonados, patios con galerías. Así, toda nuestra arquitectura tradicional puede considerarse, genéricamente, supeditada a la madera.
Mi vivencia personales con Don Alfonso fuero exclusivamente como he dicho al esbozo de este escrito, -durante mi estudio del bachillerato en los salesianos orotavenses-. En la neoclásica edificación construida por el eximio villero Don Nicandro González Borges frente a la plaza de Franchi Alfaro, conviví gratos y alegres momentos de docencia y de diversión con el ilustre Don Alfonso. En la vida universitaria le ausenté, -emprendimos caminos universitarios distintos-, pero siempre me lo tropezaba en el orotavense Liceo Taoro. También solía encontrarme a Don Alfonso, en reuniones literarias, artísticas, musicales  y cinematográficas, que presenciaba con frecuencias. Y finalizo este deslumbrante esbozo a mi antiguo profesor, deseamos, que sea, un  acatamiento de un descendiente distinguido  de la Villa de La Orotava, que nos dejó en plena sensatez, cuando comenzaba a asolear hondamente por rescatar títulos valiosísimos  e históricos para dicha  Villa Norteña.
El amigo del Puerto de la Cruz, ex alcalde de la Ciudad SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces estas notas que tituló “ALFONSO TRUJILLO RODRÍGUEZ, UN DOCENTE MEMORABLE”: “…Se cumplen hoy (08/10/2014) treinta y cinco años del fallecimiento de Alfonso Trujillo Rodríguez, maestro y profesor universitario de La Orotava, investigador y autor de varias publicaciones.
Precisamente, el hallazgo de una de ellas, en la enésima reordenación de la biblioteca, dedicada personalmente, inspira este recuerdo a quien durante los últimos años de bachillerato, en el colegio Gran Poder de Dios, nos había enseñado latín, griego, literatura e historia del arte. “Para que tengas constancia de que hubo un ‘Puerto de Orotava’”, escribió Trujillo en el interior de aquella monografía, editada con motivo del tributo a Elías Serra Rafols que le dedicó la Universidad de La Laguna con el título Algunos aspectos económicos del valle de La Orotava en el siglo XVIII (Secretariado de publicaciones).
Don Alfonso -siempre le llamamos así, permitan que en esta semblanza también lo hagamos- descargaba su fina ironía en la rivalidad que entonces, finales de los años sesenta del pasado siglo, caracterizaba, principalmente en el deporte, la relación entre La Orotava y Puerto de la Cruz. A sus clases íbamos para aprender, naturalmente, las materias que impartía; pero también otras ramas del saber, más domésticas o más cercanas, para las que siempre tuvo alguna ocurrencia graciosa, a veces más de un sarcasmo.
Era su personalidad, su forma de ser. Le gustaba bromear, a partir de cantares o de frases hechas. Sus alumnos aprendimos pronto que cuando lucía gafas negras se acentuaba en su rostro un rictus de tristeza. “La procesión va por dentro”, dijo una vez, pero no nos atrevimos a preguntar el significado de aquella expresión.
Hay recuerdos de aquella etapa que se concatenan. Con un modesto Wolkswagen, color beis, matrícula TF-40018, se desplazaba a todas partes, desde La Orotava, para cumplir con sus cometidos profesionales. Él fue quien, a muy temprana hora, una lluviosa mañana de noviembre de 1968, nos avisaba de las graves repercusiones de un aluvión que no cesó en toda la noche. Estábamos unos pocos alumnos en el porche del colegio, junto a la plaza de la Iglesia. Desde el coche, preguntó “¿qué hacen aquí? Vamos a suspender la clase de hoy, hay que estar pendientes de lo que sucede en la barriada, allí residen muchos compañeros de ustedes que igual necesitan ayuda. ¡Venga!, métanse en el coche, a ver hasta dónde podemos llegar”.
En la clase siguiente, aún con el impacto de haber visto un hombre descabezado en las cercanías del puente del Salto del barranco, cada quien contó su peripecia.
En otra ocasión, un domingo por la tarde, coincidimos en el exterior del campo El Peñón (paseo Luis Lavaggi), a la terminación de un Puerto Cruz-Orotava. Ya uno escribía crónicas deportivas. “Voy a medir tu imparcialidad”, dijo don Alfonso, pendiente de leer nuestra reseña y de seguir nuestra vocación periodística. Y se fue a conducir su Wolkswagen. Aquella fue una breve e inolvidable lección.
Un día, mientras explicaba el romanticismo en la literatura española, le requirieron desde secretaría. Interrumpió su relato y se ausentó, hecho que aprovechamos los alumnos para curiosear en los cuadernos que había dejado sobre la mesa. Ahí descubrimos cómo calificaba en unas hojas cuadriculadas: de cero a cinco, ponía vocales, algunas acentuadas y otras con una coma al pie. No supimos el significado de aquella peculiar forma de poner notas.
“Ex libris. ATrujillorum”, era su sello inconfundible en las obras que prestaba o ponía a disposición en plena clase para ejercicios prácticos o comentario de textos. Se le veía dichoso cuando enseñaba historia del arte, cuando desmenuzaba las características de un cuadro, de una escultura o de un estilo determinado.  Le debemos, desde luego, el amor que quiso inculcar en cada explicación para que nos aficionásemos al arte. Nos hubiera gustado, por supuesto, someter a su consideración y corrección cualquiera de los textos que hemos escrito para las presentaciones de exposiciones.
Nacido en La Orotava (diciembre, 1932), fue profesor adjunto de quien fuera rector lagunero, Jesús Hernández Perera. Tenía 46 años cuando dejó de existir, un 8 de octubre de 1979. El Ayuntamiento villero instituyó un premio con su nombre. Siempre hemos lamentado su fallecimiento y siempre albergamos la idea de que había pendientes unas líneas que glosaran su trayectoria de buena persona y excelente profesor en aquellos años de bachillerato superior de letras. Deuda saldada…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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