martes, 10 de enero de 2017

DON ARÍSTIDES FERRER GARCÍA UN INTELECTUAL CABAL Y CAMPECHANO EN EL RECUERDO



!!A todos los Profesores Mercantiles, sus estimados alumnos!

Esperando la lluvia, en este sañudo e incongruente invierno de 1995, aparece otra reseña triste, entristecida porque nos comunican la despedida perentoria de un hombre bienhechor, un maestro de maestros, un contable de contables, un profesor que asentaba cátedra en la aptitud de la notación de manera ceñida en su ilustración....
Evidentemente, Don Arístides era el gran contable tinerfeño, el gran profesor del respetuoso mausoleo colonial de la plaza santacrucera de Los Patos, un hombre que admiré primero como alumno suyo, y más tarde como compañero de profesión, claro que a él le debemos lo que somos, lo que sabemos y donde estamos. Precisamente a la antigua y reverenciada Escuela de Comercio, fui a culminar mis estudios humanísticos y científicos, después de deambular el bachillerato en los salesianos de la Orotava. Allí llegué con el propósito de prepararme para ser un copista en la predicción de las empresas y su economía simplemente mercantilista, para el análisis de la ciencia indiscutiblemente esclarecedora, que un ermitaño de origen Italiano llamado Luca Paciolo inventó por partida doble. Allí conocí por primera vez a Don Arístides Ferrer García, que ante su asombro me preguntó de dónde procedía, respondiéndole, que era de la Villa, pero no de su Villa arafera, sino de la otra Villa Noble Leal situada al otro lado de la cordillera dorsal, a donde los araferos iban a estudiar música, caminando por esas maravillosas veredas de las cumbres prodigiosas. Don Arístides me contesta de inmediato, - que donde estaba la guitarra de San Isidro-, porque de La Orotava apreciaba la romería de Isidro, santo y patrón de los madrileños, y concretamente en la Villa norteña disfrutó su juventud, en muchísimas ocasiones disgustando el buen vino y las papas bonitas arrugadas de la circunscripción.
Allí en el anexo de la plaza de Los Patos, aprendí a contabilizar por partida doble bajo el  atisbo de Don Arístides, que con sus carismáticos enfados, -orígenes de muchísimas anécdotas, que interpretaba solemnemente-. Nos hacía pensar en las cosas buenas, y bien hechas, nos explicabas con punzón jovial, haciéndonos presente en esos maravillosos parajes de donde emerge la economía en el mundo. Sin embargo su pedagogía no era tan especificativa, pero si fructuosa, porque su silueta de instruir era merecedora de nuestro aprendizaje, adiestrándonos en las maravillosas experiencias mercantilistas que en breve íbamos a  deslumbrar.
Adiós Don Arístides, con nosotros se queda tu ilustre señora , -una dama que conocemos con el patronímico de Doña África-, que esto no sea un adiós triste como he dicho en principio, sino que sea nostálgico, así lo afirma nuestro colega Salgado “Soy Aristidof de Arafuria”, no veremos juntos con tus amigos; Tierno Galván y Juan Rodríguez Doreste, dos grandes alcaldes de dos ciudades españolas, pero ante quiero, que esté presente entre nosotros, Santa Cruz  y Arafo merecen rotular una calle con tu nombre. Arafo la que deslinda con las sedes de las dos bandas de músicas, tus bandas, tu música, y Santa Cruz, la de la Escuela de Comercio o tu última morada en nuestro colegio Oficial de Titulares Mercantiles y Empresariales. Ahí está nuestra profesión, la de Vd. y la de los futuros profesores que ahora son titulares en Ciencias de la Empresa, porque con tu mirada, con tu percusora mirada, siempre poníamos las cuentas claras.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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