domingo, 15 de enero de 2017

DON NICANDRO GONZÁLEZ Y BORGES. FILANTRÓPICO Y PROPULSOR DE LA ENSEÑANZA DE LA AGRICULTURA EN LA VILLA DE LA OROTAVA



Foto del amigo de la infancia de La Villa de La Orotava; Juan Cúllen Salazar, de su libro sobre el colegio de San Isidro periodo de 1909 – 1941.

Había nacido Don Nicandro González y Borges el día 9 de mayo de 1846 en la Villa de La Orotava. Fue hijo de Don Bemardino González y Henández Salgado y Dña. María del Carmen Borges. Fue bautizado en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción el 12 de junio del mismo año, por el presbítero D. Domingo Brito, con licencia del Párroco D. José Borges Acosta. Fue su padrino Don Luciano Sánchez, vecino de La Laguna. Se le impusieron los nombres de Nicandro Consolación Luciano. Sus abuelos paternos fueron Don Julián González y Rodríguez y Doña. Josefa Hernández Salgada. Realizó sus primeros estudios en la escuela instalada en el viejo convento dominico. Miembro de la Venerable Hermandad del Calvario. Fue excelente agri­cultor, cuyos conocimientos puso en práctica en su finca Los Orovales, en la que tuvo una quinta de recreo, que "convirtió en un notable jardín botá­nico donde se ven árboles y plantas de diferentes países y que ha sido visitado por nacionales y extranjeros”. Don Tomás Zerolo lo llama "botánico perseverante". Socio de la sociedad La Esperanza (anterior­mente denominada Falansterio de Taoro y posteriormente Liceo de Taoro) según relación a 30 de junio de 1860, formando parte en 1887 de la última Junta Directiva de la mencionada sociedad, y de la nueva que se creó al cambiar la denominación a Liceo de Taoro al año siguiente.
Promovida por el Circulo Agrícola del Valle de Orotava y con inter­vención directa del Liceo el20 de mayo de 1888 se inauguró la "Exposi­ción Provincial de Horticultura", en los Jardines de los Marqueses de la Quinta Roja, hoy propiedad del Ayuntamiento de La Orotava. La elección del lugar para este evento fue un completo acierto. Al decir de Dulce María Loynaz, que lo visitó en 1952, "un jardín hermoso, un poco frío acaso, pero bien cuidado y regado por hilos de agua que aquí equivalen a hilos de oro... donde la rosa era casi la única flor... Rosas llagadas, rosas centifólias, rosas de Francia, todas las rosas de la tierra... ". En 1882 y dentro de su recinto, se levantó un monumento funerario en memoria de Diego de Ponte y Castillo (VIII Marqués de la Quinta Roja), obra del arquitecto francés Adolph Coquet, fallecido en 1880 y que entró en la leyenda orotavense, al impulso de la poetisa cubana. En la Presidencia de Honor de la Exposición figuraron Benito Pérez Galdós, Ángel Guimerá y Nicolás Estévanez, y de ella fue Director de las obras Don Nicandro el cual creó una rampa de acceso desde la plaza de "San Agustín", convirtiéndola en delicioso paseo al crear en el barranco limítrofe una serie de pequeños lagos, cascadas, etc... El éxito de la Exposición fue rotundo. Don Nicandro fue un hombre preocupado por el ornato de su pueb­lo, y de ello es prueba el "regalo de muchos árboles de los que hoy embe­llecen las plazas y paseos públicos, distinguiéndose las numerosas araucarias que bordean el paseo de Domínguez Alfonso. Hoy estos gigantescos árboles constituyen un punto de referencia en el paisaje urbano e La Orotava. Pero en esta tarea también es de destacar que en 1912 costea con su peculio personal la decoración del tímpano de la fachada del Ayunta­miento de La Orotava con el escudo heráldico de La Orotava, cuya blasón había concedido Alfonso XIII, con las figuras alegóricas de la Justicia, la Agricultura, la Historia y la Enseñanza, decoración que se realiza bajo la dirección del Arquitecto D. Mariano Estanga. Los nombres de D. Ni­candro y D. Mariano se unen en esta obra, premonitoria de otro trabajo en común, de mayor calado, objeto de nuestra historia. Pero aún debemos citar otro ejemplo de su generosidad para con su pueblo. Así contribuyó con su iniciativa, trabajo y peculio a la adquisición del material de incendios que en 1916 poseía el Ayuntamiento de La Orota­va. Participó en el sostenimiento del primer Colegio de San Isidro, y posteriormente en la construcción a su exclusiva costa de su gran obra: el nuevo Colegio del mismo nombre. Falleció en La Orotava, en la casa don­de vivió en la calle León, el día 8 de mayo de 1916, lunes. En el Libro de defunciones de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción, Don Inocencio García Feo, escribió este elogio póstumo: "Esta Villa jamás debe olvidar su nombre. Fue patriota de corazón y en su testamento, además del edificio para niños que actualmente se construye en la plaza de Frachy Alfaro, donó al Hospital de esta Villa cinco mil pesetas. Se le hizo funeral extraor­dinario por los donativos a ésta de mil pesetas y haber nombrado al Párro­co de la misma miembro del Patronato del referido Colegio”. Tenía 68 años de edad. Al día siguiente de su fallecimiento, cuatro concejales del Ayunta­miento de La Orotava (D. Agustín Hernández, Don Tomás Salazar, D. Casiano García Feo y D. Juan Acosta) dirigen un escrito al Ayuntamien­to, en el que después de exponer la obra de Don Nicandro constituyendo una fundación para la enseñanza y donar importante bienes materiales para su funcionamiento, afirman: "Tan espléndido desprendimiento, fruto solamente de! in­tenso patriotismo que alentaba en el corazón del Sr. González y Borges, es digno de la mayores alabanzas y de que e! nombre de su merecido autor se recuerde siempre con inmensa gratitud por los extraordinarios beneficios que obra tan generosa reporta a La Orotava y a esta comarca tinerfeña, que en la cultura general de sus hijos y en su instrucción agrícola, particularmente, debe ba­sar su futuro engrandecimiento". Hacen las citas de otras obras suyas y añaden: "Pero con ser tan apreciables y valiosos éstos rasgos del elevado patriotismo y generosos sentimientos…
En 1914 Don Nicandro González y Borges inició la construcción del actual Colegio San Isidro y sintiéndose morir, para garantizar la finalización del edificio, creó mediante escritura otorgada el día 1 de mayo de 1916 la Fundación San Isidro Labrador, a la cual dotó con una gran parte de los bienes que constituían su patrimonio. Fallecido el fundador, ocho días más tarde, comenzó su actividad la recién constituida Fundación, concluyendo las obras del Colegio e iniciando una labor docente que se ha perpetuado a lo largo de los años, bajo la regencia de los Hnos. de las Escuelas Cristianas y de los Padres Salesianos. Fue Don Nicandro un prohombre orotavense de enorme generosidad y una gran visión educativa.
En síntesis don Nicandro González Borges, nació en la Villa de la Orotava, en 1846, hijo de Don Bernardino González y Hernández Salgado, y de Doña María del Carmen Borges, fue su padre Regidor de la Orotava, en 1834 y 1836, uno de los más característicos villeros del siglo XIX, presidente del "Falansterio de Taoro"; poseedor de una importante fortuna, de quien la memoria popular conserva rico anecdotario. Estudió nuestro biografiado en la escuela regentada por el emérito, el maestro Don Cayetano Puentes, instalada en el ex-convento de Santo Domingo, en la calle del Agua; edificio de ilustre historia, y en el que el siglo anterior habían estudiado, bajo la dirección dominica, entre otros: Don José y Don Agustín Bethencourt Castro y Molina, Don Francisco, Don Estanislao, y Don José de Lugo y Molina, Don Juan Antonio de Urtusaústegui, Don José de Viera y Clavijo, Don Bernardo, Don Tomás y Don Domingo de Iriarte, todos entre los más notables hijos de Canarias. Don Nicandro tuvo siempre dos primordiales inquietudes: el perfeccionamiento y mejora de la agricultura; y la enseñanza, ideal forma de aumentar la riqueza, y suprimir, nivelando las desigualdades. La Orotava es centro de una comarca privilegiada, famosa por su riqueza agrícola, fruto de la dedicación y laboriosidad de sus gentes, a la par de contar con las condiciones naturales ideales. Don Nicandro, excelente labrador hacendado, hizo de su finca "Los Orovales", en el Puerto de la Cruz, propiedad modélica, por la disposición de sus cultivos, en los que utilizó formas innovadoras, que aumentaron notablemente su rendimiento, e hicieron de ella un vergel admirable. Figuró, en 1888, entre los activos organizadores de la "Exposición Provincial de Horticultura" celebrada  en los jardines de la Marquesa de la Quinta Roja, en la plaza de la Alameda de la Orotava, y de la que se habló en todo el Archipiélago; trabajó mucho diseñando paseos y varias glorietas, que luego desmontadas, fueron destinadas a los jardines del hotel Taoro. A fines del siglo XIX, la situación de la enseñanza en la Orotava era crítica, posee sólo cinco escuelas diurnas y tres nocturnas, que dan escolaridad, apenas, al treinta por ciento de la población teórica en edad escolar, panorama triste, pero comparativamente mejor que el del resto de la Provincia. En el terreno de la educación privada, funcionaba desde 1884, en el antiguo convento franciscano, un colegio regentado por las Hijas de la Caridad, que funcionaba de forma modélica; pero para varones, tras el cierre del Colegio de Taoro, de corta vida, duró de 1895 a 1902; no existía ninguna institución, y era este importantísimo problema para las clases rectoras de la Villa. Don Juan Stirling, distinguido irlandés, residente en la Orotava, sabedor de que los Hermanos de la Doctrina Cristiana, muchos establecidos en Irlanda, tras su expulsión de Francia, podían fundar en la Orotava, dirigió, el 26 de Diciembre de 1906, carta a su Alcalde Don Nicolás de Ponte, ofreciéndose corno mediador en el asunto. La voluntad de traerlos fue unánime, y allanadas las dificultades, se instalaron provisionalmente en una casa de la calle de la Hoya, que fue de Don Pedro Pascasio Perdigón, donde el 7 de Enero de 1909, abrieron su colegio los Hermanos de la Doctrina Cristiana, muy ayudados por el nuevo alcalde Don Tomás Salazar y Cólogan. Todo el Valle de la Orotava apreció la enseñanza de los Hermanos de la Salle; y el Dr. Don Tomás Zerolo, haciéndose eco de la voluntad popular, inició gestiones para crear una gran casa escuela, nuevo edificio capaz de albergar a internos y externos, con aulas y dependencias aptas, aireadas y modernas, en las que se imparta la primera y segunda enseñanza, donde se prepara adecuadamente a los jóvenes para entrar en la Universidad, en las Escuelas Técnicas Superiores, Academias Militares, etc. Y, Don Nicandro, Último amigo y deudo del Dr. Zerolo, será su primero y más importante colaborador, y luego de fallecido aquel, quien haga suyo y realice, tan importante y filantrópico proyecto. Legó el solar para su construcción, además de una importantísima suma en efectivo, que se agregó a otras conseguidas por suscripción popular; y por su testamento de 1 de mayo de 1916, ante Don José Romero de Castro, Notario de Orotava, dejó la Finca de la Viña de los  Frailes, contigua al colegio, mas una importante riqueza en aguas,  propiedades y dinero en metálico, para la terminación de las obras, dejando depósitos y rentas que garantizaran su funcionamiento. Para la representación y administración del legado instituyó una Junta Patronal, compuesta de cinco miembros, a la cual concede el fundador completa libertad para determinar la clase y grado de enseñanza en el nuevo colegio. La finalidad es la educación de los jóvenes inspirada en los principios de la Religión Cristiana, y la enseñanza de la agricultura, en el orden práctico. Bajo el patrocinio y advocación de San Isidro Labrador, patrón de los agricultores y de la Villa de la Orotava. En 1912, y también por su generosidad, se construyó el tímpano que adorna la fachada principal del Ayuntamiento, diseñado por el arquitecto Don Mariano Estanga, representando el escudo heráldico de la Orotava, entre la agricultura y la enseñanza. Falleció este prócer a las doce horas del 8 de mayo de 1916.  Y en palabras del doctor Don Inocencio García Feo, Arcipreste y párroco de la iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción: "esta Villa jamás debe olvidar su nombre. Fue patriota de corazón y en su testamento, además del edificio del colegio, para niños que actualmente se construye, en la Plaza de Franchi Alfaro, donó al Hospital de esta Villa, una importante suma. Se le hizo un extraordinario funeral, merecido además por el magnífico donativo a la parroquia y por haber nombrado al, párroco de la misma miembro del patronato del referido colegio".
En consideración a sus muchos trabajos en pro de la cultura y de los pobres. El Ayuntamiento, eco de la voluntad popular, dio su nombre a la calle donde se encuentra el instituto por él fundado.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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