domingo, 15 de enero de 2017

EL TEMPORAL QUE ASOTÓ EL VALLE EN EL AÑO 1953



Las películas "Lo que el Viento se Llevó"  y  “Que Verde era mi Valle”, se entrenaron en el Cine Atlante coincidiendo con un temporal que arrasó el Valle. Aunque parece broma el Ministro de Agricultura que visitó el Valle de La Orotava a consecuencia del temporal, como contraposición a los daños, ofreció erigir una manufactura de madera para provecho de los tallos de la platanera.
Precisamente el día 15 de enero de 1953, un fuerte vendaval, que en algunas demarcaciones apareció unido a una copiosa lluvia, asoló a Tenerife desde las primeras horas de la madrugada. En el interior de la isla, los daños alcanzaron una magnitud insospechada. El viento arrancó de cuajo numerosos árboles de la carretera general del Norte, quedando interceptada dicha vía en diferentes lugares, derribando asimismo un elevado número de postes telefónicos, lo que originó grandes trastornos en las comunicaciones. Los daños alcanzaron a todos los cultivos, en especial a las plataneras y tomateros, encontrándose los mayores perjuicios en el Valle de La Orotava, donde sopló un viento huracanado sin lluvia que iba de la cumbre al mar. Todo comenzó a partir de las dos de la madrugada, arreciando posteriormente y alcanzando su mayor agravamiento de siete a nueve de la mañana, hora en que el ciclón llegó a sembrar el pánico entre los habitantes del Valle. La violencia del viento derribó fincas enteras de plataneras, arrasando los cultivos. Los importantes daños registrados alcanzaron a todos los propietarios de fincas del Valle, cifrándose los mismos en cerca de mil millones de pesetas. El aspecto que presentaba en la mañana del día siguiente el Valle era desolador, pudiendo verse millares y millares de plantas de platanera en el suelo. También fueron derribados numerosos muros y paredes de huertas, no recordándose, según algunas personas un ciclón de tal magnitud. También en otras localidades del Norte de Tenerife, el temporal remitió, cuantiosos daños en los cultivos, igualmente se supo noticias de Adeje y otros puntos del Suroeste de la isla en parecido sentido. Se solicitó datos del Observatorio Meteorológico de la Capital Chicharrera: El mal tiempo era debido a un centro de bajas presiones en las proximidades de las islas. Que se conoce corrientemente como “tiempo de borrasca”. El centro de bajas presiones estaba situado dos días antes de la hecatombe en el archipiélago de las Azores, el día anterior  en Canarias y el principal día entre Canarias y la costa de África.
En La Orotava muchas casas sufrieron grandes desperfectos en su techumbre, ventanas y puertas. En el barrio de la Perdoma murieron dos personas; una anciana y su nieta de unos nueve años de edad, por derrumbamiento de un muro contiguo a su casa, el cual cayó sobre la techumbre y destruyó la habitación en que dormían. En el lugar del suceso se personó inmediatamente el Juez de Instrucción Don Luis Sánchez Parodi, para instruir las diligencias del caso. También estuvo el Alcalde Don Juan Guardia Doñate. La casa parroquial del citado barrio, construida a base de cemento armado, quedó también arrasada. Al día siguiente por la mañana tuvo lugar el triste acto de conducir a la última morada los cadáveres de Doña Elena Pérez González, y de la niña Corina Hernández Quintero. El entierro constituyó una sentida manifestación de duelo, a la que se asociaron las autoridades. La chimenea de mampostería de una casa del casco de la población fue arrancada de cuajo, cayendo sobre el tejado de un dormitorio de una casa vecina destrozándolo, la cama que se hallaba en dicha habitación quedó hecha pedazos, no ocasionando el hecho otra desgracia porque las personas que en la alcoba descansaban, unos segundos antes, atemorizados por la violencia del temporal, se habían instalados y salido de la habitación. Muchas casas modestas quedaron sin tejas y llenas de agua, que caía aparatosamente impulsada por el viento. La iglesia de La Concepción, sufrió desperfectos de consideración, tales como la rotura de algunas de sus magnificas vidrieras. Otras iglesias  que sufrieron desperfectos fueron las de San Juan, La Perdoma, y San Agustín. La instalación eléctrica sufrió graves averías en el tendido de alta tensión, por lo que tardó tiempo en suministrar energía. Fue enorme la cantidad de árboles arrancados y destrozados, pero lo que produjo estupor fue la contemplación de las plataneras que aparecieron arrancadas de manera tremenda. También causó general sentimiento, lo acontecido en La Vera. El chofer del servicio público Bernardo González Yánez, sin otros medios de fortuna que un automóvil de su propiedad, sufrió las trágicas  consecuencias del temporal. Tenía por costumbre dejar su auto frente al antiguo “empaquetado” de la casa Yeoward. La pared frontal de dicho almacén cedió a la fuerza del huracán, y cayó sobre el automóvil, destrozándolo completamente. El nombrado conductor, padre de familia, se quedó, por tanto, en la miseria, al perder su único medio de vida. En el barrio de “Los Pinos”, se derrumbó una casa habitada por un matrimonio y once hijos, que se salvaron milagrosamente. En “La Piedad” , otra casa quedó totalmente destrozada. Las citadas viviendas son de gente humilde.
Visitaron la zona siniestradas; el Excmo. Señor Capitán General, Duque de La Torre; Excmo. Señor Gobernador Civil, Don Carlos Arias Navarro; Presidente del Cabildo Insular, Don Antonio Lecuona; Subjefe Provincial del Movimiento, Don Joaquín Amigó Lara; Inspector Provincial de Falange, Don Julio Guigou; Delegado de Información y Turismo Don Carlos González. Todos ellos se mostraron profundamente apenados y prometieron su ayuda, informando al Gobierno de la Nación, de la amplitud de la catástrofe. El ingeniero jefe de la Sección Agronómica Don Jorge Menéndez visitó el Valle de La Orotava, recorriendo la zona afectada por el temporal, coincidiendo en dicha visita con el Excmo. Señor Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, Don Carlos Arias Navarro. El señor Menéndez, manifestó que los efectos del ciclón se presentaron con carácter muy desigual  a lo largo de todo el Valle. La zona más perjudicada, según el ingeniero jefe de la sección agronómica fue la oriental en las inmediaciones del Jardín Botánico. Aparte del Valle de La Orotava sufrieron también daños los cultivos de diferente índole a lo largo de todo el Norte de la isla y en algunas comarcas del sur, si bien estos no alcanzaron las proporciones que tuvieron en aquel. Las pérdidas fueron muy difíciles de calcular, las cuales pasaron de 200 millones.
Los Excmos señores ministros de la Gobernación y de Agricultura vinieron a apreciar directamente, como embajadores del Caudillo y de su Gobierno, la magnitud del desastre económico que padeció la isla, agravado con las noticias que llegaron de las otras, pertenecientes a este ámbito provincial, que asimismo sufrieron los rigores de la naturaleza. La presencia aquí de los ilustres y altos representantes del Gobierno llenó de confortación a los tinerfeños. No solo por cuanto respeta a tales problemas, sino por lo que reveló la generosa compresión estatal para nuestra tierra.  Numeroso público en el que estaba representadas todas las clases sociales del país y en el que destacaba un nutrido grupo de agricultores del Valle de La Orotava y de las otras zonas de la isla afectada por el temporal, acudió al aeropuerto de Los Rodeos, a recibir a los ministros. Desde mucho antes de la hora anunciada para la llegada del cuatrimotor de la compañía Iberia, a bordo del cual realizaron el viaje los ministros, formó frente al edificio de la estación del aeropuerto una batería antiaérea con bandera y banda, al mando del capitán Señor Mandillo. A las dos menos cuarto tomó tierra el cuatrimotor de Iberia descendiendo del mismo en primer término los ministros de la Gobernación Don Blas Pérez González, y de Agricultura Don Rafael Cavestany, a quienes acompañaban sus respectivas esposas. También llegaron en el mismo aparato el director general de Coordinación y Créditos Agrícolas señor Pardo Canalls; Don Blas Pérez Martín hijo del ministro de la Gobernación, y el director de la Algodonera de Canarias, señor Montojo. Asimismo llegó de Madrid en unión de tan ilustres viajeros el Obispo de Tenerife, doctor Pérez Cáceres. Para recibir a los representantes del Gobierno, además de las primeras autoridades civiles y militares, se hallaban en el aeródromo representaciones oficiales de toda índole y los alcaldes de los pueblos de la isla en unión de representaciones de sus municipios. Con el capitán general de Canarias y Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire del Archipiélago, teniente general Martínez Campos, se encontraban el Jefe de la base Naval de Canarias Don Carlos Villa Suanzes, General Gobernador Militar de la Plaza, Don Lorenzo Machado; General subinspector, Don Ramón Saleta; General Jefe de Artillería, Don Luis Cerdó Pujol; Comandante Militar de Marina, Don Ginés Sanz, y jefe del Sector Aéreo, teniente coronel Pérez Pardo. La representación civil se hallaba integrada por el Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, Don Carlos Aria Navarro; Presidente de la Audiencia Don Ricardo Alcalde; Fiscal, Señor Díaz llanos; Rector de la Universidad de La Laguna Don Alberto Navarro González; presidente del Cabildo Insular, Don Antonio Lecuona; Delegado de Hacienda Don José Molowny; alcalde de la capital, Don Heliodoro Rodríguez González; alcalde de La Laguna, Don Lupicino Arbelo Padrón, con el Ayuntamiento en pleno; Delegado de Información y Turismo, Don Carlos González García Gutiérrez; e ingenieros jefes de los distintos departamentos ministeriales.
Los ministros acompañado de las primeras autoridades tinerfeña marcharon al Valle de La Orotava, para conocer los efectos del temporal, dirigiéndose por la carretera general del Norte al lugar conocido por “El Ramal del Pinito”, desde donde se domina el conjunto del Valle, y a continuación entró la comitiva por el Camino del Rincón para ver diferentes fincas enclavadas en aquella zona y seguidamente entraron por la carretera del Botánico al empaquetado de La Bananera. Después de visitar la finca de Yeoward subieron hasta el Camino de los Orovales deteniéndose en la finca de este nombre y siguiendo luego por el Camino del Durazno(finca de la viuda de Salazar), para llegar hasta la ermita de San Nicolás, finca de San Jerónimo camino de San Miguel y de la Luz. Desde este lugar se dirigieron a la Villa de La Orotava, pasando por la ermita de Franchy. Después de esta visita al Valle se celebró una reunión en el Ayuntamiento de La Orotava, donde fue leído un memorial del alcalde de dicha Villa, señor Guardia Doñate, de salutación y gratitud a los ilustres visitantes, entregándose personalmente al padre de la niña Corina Hernández Quintero, muerta en el Barrio de La Perdoma si ser derribada su vivienda por el vendaval, un donativo de 5.000.- pesetas. A continuación hicieron uso de palabras, desde el balcón de las Casas Consistoriales, y ante una gran multitud que llenaba totalmente la plaza y calles adyacentes, los señores Cavestany y Pérez González, señalando que habían recorrido parte de la zona afectada por el temporal y que mediante el informe que a su regreso a Madrid presentaran al Gobierno, se tomaran las providencias del caso para aliviar la situación de los agricultores, al mismo tiempo que se mostraron afectados ante la desolación de los cultivos por ellos personalmente presenciado.
Al día siguiente, los ministros hicieron un recorrido por toda la zona  sur de la isla. Salieron a las ocho y media de la mañana del Hotel Mencey, pasando por la Rambla hasta el muelle norte. Vía del litoral, Plaza de España, Avenida de José Antonio y Vía de Enlace, desde donde marcharon por la carretera del Rosario hacía el Sur. A las diez de la mañana pasaron por Güimar, deteniéndose en el mirador de la Ladera. A Granadilla llegaron a las doce, donde bajaron al Medano. Después de almorzar en San Miguel, siguieron hasta Guía de Isora, efectuando el regreso a la capital por Icod y la carretera general del Norte.
Hoy el Valle sufre una catástrofe mucho más problemática que la de 1953. En aquel año fueron los avatares de la naturaleza lo que destruyó casas, arboles y cultivos. Pero ahora desgraciadamente es la humanidad, la que ha querido asolar el Valle, tirando arboles, arrasando cultivos, convirtiendo la quimera innata en una basura fingida. Esto no lo remedia nadie, ni visitas de ministros, ni fábricas de maderas.

BRUNO JUAN ALVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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