martes, 24 de enero de 2017

JUAN DEL CASTILLO Y LEÓN



Le conozco desde la infancia, vivíamos y vivimos en la misma calle y en la misma acera, su casa me era familiar, su abuelo don Antonio muy amigo de mi padre Juan, su madre doña Peregrina amiga de mi madre María y su padre un gran odontólogo de la calle, lagunero que fue centro media de aquel inolvidable CF. Real Hespéride y del Atlético Aviación (actual Atlético Madrid).
Es mayor en edad que un servidor, pero ambos llevamos casi la misma línea colegial, primero en el colegio de las Hermanas de la Caridad con Sor Catalina y Sor Dolores y después en el colegio de San Isidro de los padres Salesianos, por cierto en este último mes de febrero del año 2008 su promoción cumplió las bodas de oro de la graduación con los salesianos, recuerdo a muchos que fueron sus compañeros, como; Germán González de la Cruz Santa, Pedro Afonso (que gran jugador de baloncesto), Salvador Dorta, Juan Cúllen Salazar(biógrafo del Ingeniero Agustín de Betancourt y Castro), Segismundo Rodríguez, Pedro Cruz (residente en Granada), Antonio Luque Hernández (Investigador – escritor), Gil Bencomo(Médico pedíatra), Alonso Ascanio(Ingeniero Naval) ya fallecido, el actual conde del Valle de Salazar, Tomás Salazar Ascanio y otros muchos que de verdad pido perdón pero que no los recuerdo con exactitud.
Merecido ha sido su nombramiento de villero de honor, reconocimiento, con el que se quiso valorar la relevante labor de Juan del Castillo y León en pro de la cultura, una iniciativa que fue adoptada de forma unánime por, todos los grupos de la Corporación municipal orotavense en la sesión plenaria que tuvo lugar el 20 de diciembre del año 2006, con el que me congratulo y lo comparto, porque Juan se lo merece.
En su vida ha sido un jurista de oficio a la orden de la administración del estado y un escritor de nacimiento a la orden de su querida Orotava, desde su corredor, de la casona que heredó de su abuelo materno, que en otros tiempos, vivieron los padre del ilustrado Viera y Clavijo, sede de Liceo Taoro cuya secretaría y biblioteca regentaba el ilustrado jurista, político y masón villero Villalba y Hervás, y sede de oficiales del ejército de infantería durante la guerra civil española, mansión que conjuntamente con la otra anexa gemela han sido declarada BIC por las unidad de patrimonio de Tenerife.
Me prologó mi primer libro “Orígenes de la Banda de Música de la Villa de la Orotava”, pendiente por publicarse la segunda toma de la vida musical villera con la producción de “50 años de la Banda de Música de la Agrupación Musical Orotava (1955 – 2005)”. En el primer prologo expresa; “Que era un honor y un placer prologar este primer libro de Bruno Juan Álvarez Abreu (1950), vecino, compañero y amigo de siempre. Nació pocas casas más arribas de la mía, en la orotavense calle el Calvario, mi calle….” De todo esto a Juan le estoy totalmente agradecido, todos los fines de semanas coincidimos en la busca del pan y de la prensa, también lo hacemos en la presentación de libros y conferencias.
Su obra cumbre es “Aromas de La Orotava”, en él aparecen mis hijos auténticos profesionales en la música clásica, actualmente profesores en el Conservatorio Superior de Música de Canarias, mi madre en la dulcería de doña Nicolasa en la Villa Arriba. El ex magistrado don José Luís Sánchez Parodi, escribe unas líneas en cuartillas, que; quien quiera saber cómo son las fiestas de la Orotava, cómo se tejen y se desarrollan, quienes participaron a través de los tiempos, qué rincones escondidos sobresalen, tendrá que acudir a este pregón, donde amorosamente, con arrebatada emoción, como un largo susurro, desvela el aire conmovido de la Villa. Quien desee conocer sus calles empinadas, el largo trecho de los romeros en su anual convocatoria, deberá acudir, con recato, a desmenuzar también estos pétalos, que son las páginas poéticas, engarzadas por el sincero acento de Juan Antonio del Castillo. Nadie como él ha cantado las esencias de la Orotava y, por supuesto, el más hermoso pregón que se haya jamás pronunciado sobre las fiestas del Corpus y San Isidro, que es imposible de mejorar.
El mismo Sánchez Parodi, casi siempre presente en los prólogos ilustrado de Juan del Castillo y León, en libro dedicado al malogrado editor Julio Castro, se expresa, que le parece, que los habitantes de la Orotava no conocen, el amor inquebrantable que Juan Antonio siente por ella, e ignoran al Juan Antonio íntimo, solitario, recoleto.
Al Juan Antonio por dentro, espiritualizado tras los muros de su casona de la plaza el Llano, donde se en hechiza en los nocturnos de la Villa. Porque por encima de libros publicados, de conferencias y pregones dados, lo mejor de su obra lo ha dedicado a la Villa, sin alharacas, sin aspavientos con la seriedad del investigador y la pasión del poeta, que guarda y esconde pudorosamente.
Juan Antonio del Castillo en su Semana Santa de La Orotava, indica que, se ha dicho, injustamente, que la Orotava estaba partida en dos, que hasta el aire se respiraba de dos distintas maneras. Pero obedeciendo más a la verdad, la Villa es como un poema que ha ido recogiendo ecos de doble origen, un néctar patriarcal que se ha nutrido de dos veneros: la Villa de Arriba y la Villa de Abajo, La Concepción y San Juan. O en otra vertiente de esta dualidad orotavense: Las Alfombras y la Romería, los artistas y los artesanos, María Teresa y Valladares. Deteniéndonos en la Semana Santa, sus dos grandes protagonistas son: La Concepción y San Juan. El mundillo de la Villa de Abajo son los señores que traían su linaje de los conquistadores y luego se convirtieron en nuestra aristocracia; y sus élites intelectuales porque entonces, lamentablemente, la cultura y la riqueza corrían parejas; y los comerciantes abiertos a los horizontes de una América tan cercana para nosotros los canarios. Con sus abogados, sus maestros, sus médicos, atentos siempre a los navíos de la ilustración. Y sus frailes, fieles a la santa madre Escolástica. Y sus señoritas almidonadas, endomingadas a diario. En fin, como escribió el padre Espinosa, en el primer libro de la historia de Canarias, en su círculo, hay una legua de tierra la mejor y de más provecho que hay en las islas y aun en España. En definitiva, la Semana Santa en nuestras ciudades y pueblos es una de las páginas más antiguas y artísticas de la identidad de esta tierra. Juan del Castillo le indica a vuestros paisanos, y también a los forasteros que nos visitan, que combinen el ocio con la asistencia a estas celebraciones. A Juan del Castillo, cuando vuelven estas fechas, le inundan los recuerdos de la Semana Santa de su niñez. Su padre sosteniéndole en brazos para que, en las cuatro esquinas villeras, pudiera ver al Señor de la Columna del sevillano Pedro Roldán. Y por la noche, sus sueños, hechos seda, se llenaban de velas encendidas y de santos que se le antojaban de juguete.
Otro orotavense ilustre y gran amigo el ex eurodiputado e ingeniero de montes Isidoro Sánchez García, agradece a Juan del Castillo, verdadero aristócrata del trabajo, el obsequio que ha supuesto la edición Aromas de La Orotava, la lectura de su obra, recopilando, engarzando y enhebrando algunos capítulos de la historia de la Villa, y que al abrirlos ofrecen en verdad sus aromas característicos que junto al, paisaje del valle conforman un fenisitema singular. La Orotava. Además, su innovación narrativa ya que para su descripción, en un ejercicio de imaginación juvenil, se ha valido de unos colaboradores peculiares y ha seguido un periplo singular, desde abajo hasta arriba, desde naciente al poniente, desde Tigaiga hasta Tamaide, desde el mar hasta la cumbre, desde el Puerto hasta el Teide, con los republicanos y los monárquicos, con curas y militares, con empresarios y trabajadores, con las alfombras y la romería, con el campesino y el aristócrata, con proletarios y coburgos, con la casa familiar y el teatro, con el poeta y el músico, con el político y con el rey. Es decir recorriendo una senda íntima, particular, muy natural, integrada con el paisaje, plena de prosa lírica, desde la que podemos contemplar, cuando al mirador del siglo XXI, panoramas tan diversos como “Las dos tapas de un relicario”, “Entre la historia y el arte”, “La Villa en sus afueras y sus adentros, “Libros entre milenios” y “Orotavenses con huellas”. Juan del Castillo en su Aromas de La Orotava, habla de don Tomás Machado y el centenario de las alfombras, de la exposición de muebles de artesanías, de la Virgen del Carmen de San Juan, Los Salesianos de la Orotava, de la Receta de la Villa, el balcón de doña Lola, Consuelito, De los Hermanos Salazar y Cólogan etc.….
En mi biblioteca particular conservo, escritos suyos de su juventud, publicado en el desaparecido semanario Canarias.
Es chicharrero de nacimiento por simple anécdota de casualidad y orotavense por la niñez y juventud según el inolvidable historiador Rumeu de Armas. Ha vivido, de siempre, en su casa de la calle del Calvario, 52, de La Orotava, estudiando las primeras letras y el bachillerato en los Colegios de La Milagrosa y San Isidro, de dicha Villa.
Se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, donde cursa los dos primeros años de carrera, trasladándose seguidamente a Madrid, en cuya Universidad Complutense completa la licenciatura, estando en posesión del Botón de Oro de sus Colegios Mayores Nebrija y Menéndez Pelayo. Ingresa, con uno de los primeros números de su promoción, en el entonces Cuerpo Técnico de la Administración Civil del Estado (T.A.C.), siendo destinado de Secretario provincial de Información y Turismo, en Cádiz. Durante más de 25 años, y todos en Santa Cruz de Tenerife, ha servido al Estado en los siguientes puestos: Secretario Provincial de Industria, Delegado o Director Provincial de los ministerios de Cultura, Transportes, Turismo y Comunicaciones y Obras Públicas y Medio Ambiente, de la MUFACE, y Secretario General del Gobierno Civil. Durante su etapa de "Cultura", se iniciaron, en La Orotava, las obras de restauración del antiguo Convento de Santo Domingo, hoy Museo de Artesanía Iberoamericano. Desde 1997 y durante cinco años prestó servicios en la Intervención General del Gobierno de Canarias. Jubilado voluntario en 2003, es, actualmente, miembro del consejo de administración del Organismo Autónomo de Cultura, del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Fue Profesor Ayudante de la Facultad de Ciencias Políticas, de la Universidad Complutense de Madrid, y durante diez cursos Profesor Encargado de Derecho Administrativo, de la Universidad de La Laguna. Durante un breve período inicial, militó en la Unión de Centro Democrático (UCD), siendo, por los liberales, miembro de sus Comités Provincial y Regional. Ha sido vocal del Aula de Cultura y del Patronato de Turismo del Cabildo de Tenerife, y del consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. Miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, del Instituto de Estudios Canarios e Hidalgo de Nivaria. Desde 1973, a propuesta de José María Pemán, es Caballero Hospitalario de San Juan Bautista, de Cádiz. Ha formado parte del jurado de los Premios Canarias (Medios de Comunicación). Es "Alfombrista de Honor" De la Villa de La Orotava.
Considerado por Guimerá Peraza como Pregonero Mayor del Reino de Canarias, ha pronunciado, en las Islas, los más importantes pregones, con prosa lírica y veta historicista, al decir de Rodríguez Doreste; muchos de los cuales han pasado a la estampa, a través de los siguientes libros: El Viejo Santa Cruz, Esencias de La Orotava, Pregones de Canarias, El Puerto de la Cruz entre la nostalgia y la ilusión y la Senda del Pregonero. Ha escrito, también, una biografía sobre el republicano orotavense Villalba Hervás y una obra, de quinientas páginas, titulada Desde el corredor. Tiene en preparación el libro El alegre y marinero Puerto de la Cruz. Autor de numerosas conferencias, presentaciones de libros y de exposiciones de pintura, es colaborador dominical de la prensa de Tenerife.
Juan del Castillo trabaja en su corredor de la Villa sobre la biografía de su tío político el doctor don Pedro de la Barreda Espinosa que nació en Valverde isla del Hierro el 5 de diciembre de 1907. Su padre, don Marino, fue el último alcalde de toda la isla, pues en 1912 se segregó Frontera y que tuvo a dos grandes maestros en las ciencias médicas: Juan Negrín López, ultimo presidente del gobierno republicano de España (Las Palmas, 1892-París, 1956) y Carlos Jiménez Díaz (Madrid, 1898-1967). Trabajo que le vienen espoleando dos personajes ilustres de la política herreña amigos suyo don Tomás Padrón, presidente del Cabildo del Hierro, y don Eligio Hernández, vicepresidente de la Fundación Juan Negrín. 
Don Pedro de la Barreda Espinosa tuvo en su residencia madrileña a su sobrino político para que estudiase medicina, el fallecido ilustre orotavenses don Buenaventura Machado Melían eminente cardiólogo, político y futbolero de pro.
Juan del Castillo emite de su tío político; que su residencia habitual siempre estuvo en Madrid, pero muy vinculado a Canarias. Todos los veranos venían a Tenerife. Concretamente, a la Casa Azul orotavense, al final de la calle pina y alargada. La memoria remota a la infancia recuerda como una curiosa mezcla de familiar cariñoso y dios bajado del Olympo.
Compartía, en calculadas dosis, las vacaciones veraniegas entre pasar consulta, bañarse en Martiánez y jugar al croquet en el Risco de Oro. También impartía conferencias en Las Palmas, en el Instituto Canario de Medicina Regional; y en Tenerife, en el Instituto de Fisiología y Patología que, en 1962, le nombró miembro honorario. Mientras vivió su abuela, en medio del estío, su tío Pedro viajaba al Hierro, en aquellos correillos bailones y desvencijados. Regresaba cargado de regalos y sobre todo, de quesadillas para los familiares. Así conoció esta sabrosa golosina del recetario canario e insuperable tarjeta de visita de los herreños. Don Pedro de la Barreda Espinosa fue nombrado hijo Predilecto del Hierro, en el año 1952.
En la ceremonia celebrada en el salón de Pleno del Ayuntamiento Orotavense, que registró un lleno hasta las banderas, el día 13 de marzo de 2008. El secretario general de la corporación, Juan Carlos de Tomás Marti, dio lectura al texto del acuerdo por el que se le concede el título de Villero de Honor a Juan del Castillo León, con especial mención a las circunstancias que lo acreditan para tal reconocimiento institucional del pueblo de La Orotava. Don Isaac Valencia Domínguez alcalde de La Orotava, se expresó sobre la figura de Juan del Castillo, que el título de Villero de Honor posee una connotación algo más especial que la que pueda tener el de Hijo Adoptivo o Hijo Predilecto. A su juicio, busca enaltecer la labor de un vecino que se ha distinguido por sus cualidades, interés e iniciativas en favor del municipio. Pero además de Juan destacaría su amistad, su sencillez y su afectividad con quienes le rodean.  "Un hombre que se ha preocupado por La Orotava como pocos".
Juan del Castillo correspondió; "Este honor colma todas sus vanidades".
"Para Juan es más importante que si Su Majestad el Rey le hubiese concedido el Toisón de Oro". "Señor Alcalde, momentos como éste compensan sobradamente los sinsabores de toda una vida; porque habéis querido, con los idus de marzo, en este año de anticipado Corpus, deshojar también estos otros pétalos de la deferencia, el agradecimiento y la generosidad". Además de estar orgulloso de pertenecer a la primera y más brillante generación del colegio San Isidro o de los Salesianos, que pasará a la historia local, y sentirse engreído de ser querido y respetado por su humildad y conocimientos, parafraseando al recordado alcalde José Estévez Méndez, que fue premonitorio de lo que ahora felizmente aconteció.
Don Miguel de Unamuno recitaba: ¿Qué es tu vida alma mía? / ¿Cuál tu pago?, / ¡lluvia en el lago! / ¿Qué es tu vida alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre ¡
Juan del Castillo y León convecino de mi alma y de mi calle tiene a parte de su profesión en las leyes de la administración pública, facilidades en expresiones literarias y narrativas de vivencias, cultivó este genio del espíritu, acaso con menos afinación en la lira, más en la narrativa en la literatura con poder en su hábito inteligente y amoroso. Se cuentan sus obras paisajísticas, algunas puestas en escena por personas reales y relevantes de la época, epístolas importantes, crítica literaria, pero lo más valioso de esta otra faceta es su labor prosística y oratoriana.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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