martes, 17 de enero de 2017

LA ESCUELA DE COMERCIO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE EN EL RECUERDO




Fotografía y datos del libro “Los 100 años del Colegio Profesional de Titulares Mercantiles y Empresariales (COTIME 1908 – 2008, Remembranza de La Escuela de Comercio)”, cuyo autor es mi compañero y amigo Profesor Mercantil; Antonio Salgado Pérez.

 

En el viaje por Alemania, verano del 2010, observé que la titulación de Profesor Mercantil es la más importante para la investigación científica de la contabilidad y de las finanzas, de hecho varios profesores mercantiles de la universidad central de Berlín fueron Premio Nobel. Sin embargo en la actualidad según el plan Bolonia, la nueva graduación de estudios empresariales y mercantiles “CONTABILIDAD Y FINANZAS”, está mucho más cerca de la histórica titulación de estudios mercantiles de antaño.
La acotación sobre el desplazamiento de la inmemorial y prestigiosa Escuela Superior de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, - Escuela Universitaria de Estudio Empresariales -, al flamante contorno del Campus de Guajara, la hemos recibido nostálgicamente, porque deja una magna leyenda educativa santacrucera, pero al mismo tiempo alegóricamente, porque va a ocupar un lugar predilecto de nuestra Universidad Lagunera. Desde el primer director fundador Don Mateo Alonso del Castillo en el año 1907, - según Leoncio Rodríguez, en sus famosos “Perfiles”, decía que era de vieja cepa castellana, descendía de los familiares del conquistador y ejecutor de la isla, capitán Gonzalo del Castillo, figura de singular relieve romántico, al igual que la supuesta samaritana indígena en el celebrado poema de Antonio de Viana: "...El capitán Gonzalo del Castillo / con veinte de a caballo, de a pie, treinta, / estaba en la espaciosa vega y bosque / de la laguna, que del puerto dista / tres millas, bien ajeno del peligro / que pudiera venirle a divisarle / aquella noche la soberbia gente / que guardaba a la bella infanta Dacil, / y la demás que trujo al mismo puesto / para lo propio el capitán Sigoñe / del reino de Taoro, que eran todos / doscientos valerosos naturales /..."
Don Mateo era doctor catedrático, licenciado en Derecho y Ciencias Exactas por las Universidades de Madrid y Barcelona, Profesor Mercantil en la Ciudad Condal, auxiliar de ciencias en los Institutos de Canarias y Alicante. Catedrático durante siete años en el Seminario de Tenerife y más tarde de la Universidad de Sevilla, que ejerció por espacio de más de treces años como catedrático numerario y vicerrector en algunas épocas-.
A Don Mateo le sucedieron; Don Hogdson Balestrino, Don José María Segovia, Don Luís Wildpret Álvarez, Don Norberto Cejas Zaldivar, hasta el actual Don Ricardo Trujillo. Hay quien dice que los estudios mercantiles y empresariales han sido considerado, como de una carrera útil, la más en solidaridad con la riqueza y modo de ser del país canario, evidentemente en ella se formaron los prestigiosos técnicos mercantilista de Tenerife, que durante décadas fueron responsables de guiar el timón de la soberbia y flemática empresa canaria, especialmente tinerfeña. Este caserón neoclásico inherente a la Plaza “Los Patos”, donado a Tenerife por el marqués de Villasegura, puesto que había legado en testamento la friolera de 150.000 pesetas para construir y amueblar ese maravilloso edificio, en donde estudiábamos las ciencias mercantiles. Consta de sótano y dos plantas. Se levantó en la calle del 25 de Julio, el Marqués de Villasegura quería que se estableciera en ella un centro cultural, de carácter popular o local. Una escalera da paso al pórtico de entrada, pórtico flanqueado de gruesos pilares, que hacen el oficio de contrafuertes. Cuerpo central y dos laterales. Todos los vanos son de arco y de grandes proporciones. Construcción bien cimentada y muy sólida. Paredes de argamasa. Figuran en la parte alta de los cuerpos laterales, como decoración, medallones con los bustos de Viera y Clavijo y de general Betancourt y Molina. Dirigió esta construcción el aparejador y maestro de obras Juan Ruiz.
Según apunta su ex-profesor de lengua francesa Don Antonio Vives Coll “La Escuela Superior de Comercio de Tenerife” en 1.914, la Junta del Patronato de ésta hacía grandes esfuerzos para cumplir el cometido asignado. El presidente y director de la Escuela, el mencionado Hodgson Balestrino, dio cuenta de dos comunicaciones dirigidas al Excmo. Ayuntamiento capitalino sobre urgentes e indispensables reformas en el local de la Escuela, por lo que la Junta reconoció dichas necesidades y acordó designar al dinámico vocal de la misma, Martín Dehesa, para que realizara cerca del Ayuntamiento cuantas gestiones considerara necesarias para la consecución del indicado fin. A continuación, tratase por la Junta de las gestiones realizadas para la instalación definitiva de esta Escuela, cuyo acuerdo ya estaba tomado por la misma y, al efecto, designóse al vocal Don Pedro Ramírez Trinidad, a fin de que estudiara la forma y procedimiento de iniciar un expediente sobre este asunto. En la sesión correspondiente al 8 de abril de 1.914, el presidente agradece las gestiones llevadas a cabo por Martín Dehesa cerca del Ayuntamiento. A continuación Ramírez Trinidad toma la palabra y da lectura a su informe sobre la forma de iniciar un expediente para la instalación definitiva de la Escuela, informe que fue aprobado por unanimidad. Así pues, una Escuela que  se va a un lugar de privilegio, tras sí, deja unos recuerdos de profesores magníficos y extraordinarios: Don Andrés Pérez Faraudo, Doña Juana García Gonzalo, Don José María Segovia, Don Arístides Ferrer García, Don Luís Wildpret Álvarez y su acompañante Señora Mary, Don Antonio Vives Coll, Don Norberto Cejas Zaldivar y su hijo Tony Cejas, Don Lucio Rodríguez López, Don José Herreras Hernández, Don Pedro García Prieto, Don José Rodríguez Ferrer, Don Quiterio Baucells Santos, Don Bienvenido Martín Camacho, los hermanos Don Ricardo y Don Jorge Hogdson Lecuona. Un recuerdo especial para “Paco el del Carrito” en Los Patos, sus bocadillos amortiguaban los estómagos hambrientos de las medias mañanas. Carmita, Doña Carmen, siempre llamando a las puertas de las clases. Y porque no, a Leo, la secretaria ejemplar, chillona por eminencia, siempre sacaba su mano por aquella ventanilla, para poner orden sobre el mármol de las matriculaciones. Allí, en aquella señorial mansión, gestada por el arquitecto Manuel de Cámara y Cruz. Nosotros, Profesores Mercantiles apuntalamos, la figura de Mercurio, con sombrero de anchas alas y Sandalia de Pegaso que nos brindaba airoso un caduceo adornado de serpientes, hoy emblema del comercio pero antes usado por los griegos como símbolo de paz, vocablo que hoy parece sarcástico.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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