jueves, 26 de enero de 2017

MI TÍA CONSUELO (TATA), MI SEGUNDA MADRE



Fotografía correspondiente a tía Consuelo Abréu González mi segunda madre apagando las velas de su setenta aniversario, a la derecha mi querida Madre María del Carmen Abréu González observando con un poco de alegría el acontecimiento festivo familiar. En esa ocasión un servidor se encontraba en la Ciudad de Minas de Rio Tinto en la Provincia de Huelva, destinado como docente en el Instituto de Formación Profesional tras aprobar las oposiciones en Madrid.

Consolación Abréu González nació en la Calle de Los Tostones (León) en La Villa de La Orotava el 20 de enero del año 1915, es la quinta de siete hermanos; María Remedio, María del Carmen, Inocenta, Antonia, Bruno y Enrique. Hijos de mis abuelos maternos Bruno Abréu Rodríguez y Cecilia González Cejas.
De los hermanos solo conocimos a tres a mi madre María del Carmen, a los tíos maternos Consuelo y Enrique, todos los demás se quedaron en el camino antes de venir al mundo mis hermanas y un servidor.
Remedio y Bruno murieron recién nacidos, Inocenta agonizó de 4 años en un lamentable accidente que se produjo en la ventana de su casa en la calle de San Juan de La Villa de La Orotava cuando recibió una piedra lanzada por unos muchachos callejeros, en su propio  rostro y Antonia falleció en el año 1929 joven con 19 años.
Mi tía Consuelo para mí era una segunda madre, cuando nací se vino a vivir definitivamente a casa de mis padres, y se trajo a mis abuelos. Era soltera y siempre me tenía a mí como su hijo predilecto, había tenido un novio que se llamaba Domingo Dorta pero no llegó nunca a un acuerdo de placidez con él.
Aprendió sus primeras letras en las escuelas públicas femeninas de San Juan, ubicada entonces en la calle Castaño (actual Domingo González de Chaves y García). Con tres años de edad se fue a vivir con mis abuelos a Icod de Los Vinos en el Barrio de la Centinela regresando de nuevo a la Villa con cinco años.
Siempre vivió en la Villa Arriba, donde era devota de la Virgen del Carmen que se venera en la Parroquia de San Juan Bautista, se conocía todas las casas de las calles de La Villa Arriba de La Orotava, tanto es así que al final de su vida perdió totalmente la visión debido a su diabetes, y siempre que le hacía una visita con mis hijos, me pasaba largos ratos conversando con ella de todas las familias de la Villa Arriba. La Tertulia que mantenía con ella  era tal impetrante en su memoria que me lo contaba a igual que verlo por un video.
En la juventud salía siempre con las hermanas Elvira, Isabel y Dominga Hernández Méndez y con sus prima Conchita Estévez Méndez.
Viviendo ya en vuestra casa de la calle El Calvario 34, coincidiendo que mi prima Anita  Barbuzano González que entonces vivía en la Calle de la Marina de Santa Cruz de Tenerife, permanecía en nuestra casa de La Orotava para estudiar contabilidad y mecanografía en el colegio de la Milagrosa de las Hermanas de la Caridad, por recomendación de mi padre Juan Álvarez Díaz solía salir con ella al cine, de paseo, al teatro e incluso a las Zarzuelas que se exhibían en el desaparecido Teatro Cine Atlante por compañías que hacían escalas en Tenerife vía continente Americano.
De pequeño nos llevaba a la playa de Martiánez del Puerto de la Cruz, ella se hacía cargo de la merienda y de vigilarnos, de no entrar al mar con peligro.
Era muy culta, muy emotiva, con capacidad y corazón inviable, hacía de todo, nos cuidaba, ayudaba a mi querida madre María Abréu González en sus labores domésticos y en su taller de modista de hombre.
Entre la piedra de lavar en el patio y los tenderos de la azotea, gozaba en el trajinar de subir y bajar al diario, cuando aun no existían las lavadoras eléctricas. 
Muchas horas en la cocina recibiendo instrucciones de mi madre, hacía unos potajes que nos quitaba el hambre a todos nosotros e incluso a mis primos hermanos (sobrinos suyos), Enrique y María Esperanza (actualmente viven en Madrid a donde se fueron en el verano del año 1964), que cuando salíamos del colegio íbamos a comer juntos a mi casa.
Desde Madrid, mi primo Enrique Abréu Rodríguez que se fue con su madre y su hermana a raíz del fallecimiento acaecido el 15 de junio del año 1964, de su padre Enrique Abréu González a vivir en la capital de España Madrid con la familia de su madre mi tía Esperanza Rodríguez Fernández, remitió entonces unas notas dedicadas a su querida tía Consuelo (Tata), pues fue él el sobrino de los dos varones que ella tuvo, como el mayor, un servidor es menor: “…Mis experiencias vividas con nuestra querida tía Consuelo. ¡Yo la conocí poco!, debido a qué la mayor parte de nuestra estancia en la isla la pasamos en el sur. Cuando surgió la oportunidad de volver de regreso al norte entonces, fue cuando pude darme cuenta de la calidad que atesoraba como persona y de lo humana que era. Mujer correcta y fiel a sus principios, buena observadora de lo que ocurría a su alrededor y sobre todo he de destacar de ella que, estaba siempre en su sitio. Persona muy trabajadora, cordial, y de sentimientos profundos, no se amilanaba ante el padecimiento de los demás, y al final, cuando ya fue mayor se quedó ciega, sus amigos y vecinos venían a su casa a visitarla para infórmala de cómo transcurrían las jornadas en la hermosa Villa de La Orotava…”.
A la tía Consuelo le gustaba leer la prensa diaria, oír la radio. Las Ondas de radio Juventud de Canaria (actualmente La COPE) de Santa Cruz de Tenerife primero y después La Voz del Valle de la Orotava eran sus cadenas predilectas que a diario escuchaba desde el aparato de Radio marca Grundig que mi padre tenía en casa en el comedor, entonces no había Televisión en Canarias. La Tía Consuelo Tata para todos era muy buena, muy lista, inteligente y muy social con sus semejantes.
En el año 1966, mi madre vende por problemas económicos tras la muerte de mi padre, la casa en la que todos disfrutábamos  en plena convivencia familiar, y nos vamos a vivir a otra que fabricamos en la misma calle El Calvario con el número 46. El cambio es morrocotudo, ahora lava y tiende la ropa en la azotea, y el resto entre la cocina y la televisión. Con el tiempo y por culpa de su enfermedad La diabetes, va perdiendo la visión hasta que la disipa por completo, y se queda en solitario sin luz. Gracias a las compañías de nosotros de mis sobrinos y mis hijos que todos los años se reúnen para hacerle un homenaje a ella y a mi madre María.
Uno de esos años confeccionaron una revista en exclusive, y le rindieron distinciones con estos detalles: “… ¡Ay Tata¡ al lado de tu hermana, nos criaste a todos, nos mimaste, nos guiaste, nos limpiaste y nos diste de comer. Con tu saber escuchar y hablar mucho con pocas palabras. ¡Ay!, Si todos tuviéramos un poco de tu mirada…. ¡¡¡Te recordamos Tata!! !!La recordamos¡¡¡. Pero la “Bata de Tata” dio su punto…”
MI tía Consuelo Tata, vestía a diario con una Bata  y unas especies de zapatillas que le acomodaran sus pies casi siempre con usuras a igual que mi querida madre por la diabetes. A pesar que le dio de comer a dos generaciones diferentes, con la segunda lo hizo fenomenal, puesto que se le amplió en número y en calidad de juventud, por esto ellos la describen con esas bonitas parodias sentimentales, que publicaron en una revista familiar en la comida de navidad del año 2011.
En el mes de enero del año 1960  se despidió de su madre mi entrañable abuela Cecilia González Cejas, en septiembre del año 1961 fallece su padre mi padrino y querido abuelo músico y zapatero Bruno Abréu Rodríguez. El 15 de junio del año 1964, sufrió el golpe más cruel de su vida a despedir  para siempre a su querido hermano, mi querido tío Enrique Abréu Rodríguez,  tenía 46 años de edad. Muere de peritonitis vulgarmente llamado cólico miserere. Tenía dolores en el lado derecho de su cuerpo, en la parte del ombligo hacía abajo. No se sabe por qué motivos le pusieron calor, le reventaron: el apéndices con el calor y se le produjo la peritonitis, causándole la muerte. ¿Negligencia de los médicos?, ¿negligencia del farmacéutico que le recetó, que se pusiera calor? El 27 de octubre despide tristemente a su cuñado, mi padre Juan Álvarez Díaz de 57 años de edad. Y sigue luchando y trabajando en sus faenas cotidianas del hogar, solo le queda un Ángel de la Vida su Hermana María del Carmen, mi madre. Las dos se mantienen con la ayuda de nosotros hijos y sobrinos, que se vieron obligadas a peregrinar por su viejo Barrio orotavense de La Villa Arriba debido a la venta de la mansión de la calle El Calvario número 34, hasta que le culminaran su nueva morada en la calle El Calvario número 46, allí las dos, las dos madres luchan por sus nietos que  aumentan en número, hasta el  día uno de Agosto del año 1984, que fallece su hermana María mi madre victima de su enfermedad del diabetes, tenía 76 años.
A partir de entonces vive sola en la oscuridad, ciega, pero con unos oídos, y una memoria pulcra en mi piso que le dejé para su disfrute, hasta el mes de abril del año 1993 con 77 años después de sufrir dos infartos del miocardio añadido a su enfermedad de la diabetes, nos dice adiós definitivamente, para irse al lugar más libre y mas iluminado a reencontrase con sus seres queridos.
De mi tía Consuelo (Tata, no sé si salió de mí) mi segunda madre, quiero dejar verídico, que siempre estuvo a mi lado luchando por mis desde cualquier lugar. De pequeño siempre me acompañaba cuando me ponía enfermo de tantas enfermedades infantiles, me acompañó en los estudios, en los juego, en las anécdotas, en los consejos y en la historia. Con el permiso de todas mis hermanas y primos, yo era su sobrino privilegiado, caso que continuó haciendo con mis hijos Juan Félix y Quique. Le di todo lo que ella quería, y pienso que está disfrutando de todo lo que a ella le gustaba, el cine, el teatro, la zarzuela, la música, la tertulia, la cocina y sobre todo la solidaridad, la armonía familiar, el cariño, la esperanza y la libertad.

BRUNO JUAN  ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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