miércoles, 11 de enero de 2017

¿QUÉ SERÁ DE NOSOTRAS? ¿QUÉ FUE DE NOSOTRAS?.



Belín  López Pérez, entusiasmada con mis textos sobre la historia y la anécdota en el tiempo. Referentes a la Villa de La Orotava, las lleva tan adentro que le llega a su alma.
Por ello ha querido recordar su colegio, el colegio de su infancia y juventud. El colegio que le ofreció el provecho como persona y sobre todo como mujer y madre.
El Colegio de La Milagrosa de las Hermanas de La Caridad, enclavado en el antiguo camino de Los Cuartos, que una moja llamada Sor Soledad Cobián, donó al pueblo de La Villa de La Orotava Orotava.
Sor Soledad Cobián de Roffinac nació en Pontevedra el 20 de octubre de 1880, ocupando el vigésimo lugar entre sus hermanos. De ilustre familia, uno de sus hermanos, Eduardo, destacó en la vida política y llegó a ocupar la cartera de Marina y Hacienda de 1903 a 1905.
Sor Soledad Cobián de Roffinac solicitó de sus superiores permiso para iniciar los trámites de edificación de un Colegio de nueva planta en La Villa de La Orotava. Gracias a sus esfuerzos y tesón pudo colocarse la primera piedra del mismo el 15 de junio de  1930.
Los azares de la II República española y de la Guerra Civil, así como el enorme aumento del presupuesto destinado para la construcción del edificio fueron las causas de que Sor Soledad Cobián de Roffinac no pudiera ver terminadas totalmente las obras, pues falleció en esta Villa el 25 de julio de 1939, siendo directora del Centro.
Aparte de su  entusiasmo, Sor Soledad Cobián de Roffinac donó parte de su fortuna personal para la construcción del Colegio.
Hubo quienes consideraron que la ubicación de este edificio, fuera del casco urbano, llegaría a ser un fracaso. Pero Sor Soledad Cobián de Roffinac, con visión de futuro dijo; "Aquí llegará a estar el centro de La Orotava…”
Fue precisamente Sor Francisca Bobet de origen catalán, la que ostentó el cargo de superiora de la comunidad al final de los cincuenta del siglo XX, con su capacidad intelectual y pedagógica, la que adelantó el Colegio orotavense en lo material como en la capacidad de docencia, con la dotación de profesores titulados de muy alto nivel.
Corría el curso escolar 1957 – 1958, un servidor estudiaba primaria (párvulo) en el Colegio La Milagrosa de las hermanas de la Caridad de San Vicente Paul de la Villa de La Orotava. Era entonces un colegio simplemente y exclusivamente femenino, pero se admitía el parvulario y la primaria mixto, separados en el aula  en dos filas a la izquierda para niñas y dos a la derecha para niños. En ese recordado colegio estudié el párvulo con Sor Catalina de origen cubano y la primaria con la oriunda de San Juan de la Rambla Sor Dolores Borges, así hasta la primera comunión que realizamos en el templo de Santo Domingo de Guzmán de la Villa de La Orotava para luego incorporarnos al colegio de frente San Isidro en el aula denominada “La Chica” con el recién llegado sacerdote octogenario don Esteban del Corral Gajate, era director don José Rodríguez González que había sustituido a son Pacifico Medina Sevillano.
La sorpresa me la llevé un día en el recreo en el patio central del colegio de San Isidro, cuando hablando todos los compañeros de la promoción, Juanito de la Guardia Romero nos indicó que lo habían ascendido a la clase denominada “Media”, con el recordado maestro civil don Santiago García, por qué los salesianos decían que estaba más avanzado que el resto de la promoción.
Con el tiempo abandoné la clase “Chica”, no sé el motivo, no me sale de la mente, quizá miedo de niño, no lo sé, en muchas ocasiones salía corriendo detrás de mi pobre padre asustado y con depresiones infantiles, por lo que mi progenitor optó por cambiarme de centro y me colocó en el Colegio de San Fernando en la calle de San Francisco de La Orotava anexo al Camposanto que regentaba el fallecido profesor orotavense de gratos recuerdos; don Fernando Álvarez Arbelo.
Las efemérides con Sor Catalina eran muy embrujadas, se trataba de una monja vetusta encargada de tocar la campana que estaba en la terraza del patio interior del colegio de entrada y salida de clases. La manoseaba de una forma tan apesadumbra que unas veces nos ponía tristes y otras un poco alegres.
Con sor Dolores, hacíamos veladas de niños, excursiones caminando hasta el popular Barrio orotavense de la Florida (caminos de tierras y piedras con la merienda en la cestilla), también visitábamos el Jardín Botánico, en esto sor Dolores se adelantó a la ilustración, al siglo de la luces. Campeonato de fútbol en una cancha de césped en el jardín del colegio, escribíamos la célebre caligrafía de aquellos recordados cuadernos de dos rayas etc. Con esta impresionante mujer tengo una anécdota; estaba compartiendo pupitre con el amigo y convecino Fernando Zárate Salazar, él estaba sentado frente a mí, se me ocurrió empujarlo con las dos piernas, tal fue mi fuerza que lo lancé contra la pizarra de la pared. A primera vista me pilla sor Dolores y me deja arrestado como castigo. Pero mi querido y recordado padre Juan Álvarez Díaz, acostumbraba a buscarme todo los días al colegio, casi siempre me llevaba un regalito para regresar a casa contento. Y siempre me esperaba en el muro del jardín por fuera del colegio. Al ver que no bajaba, se encontró con mi prima hermana Centa Álvarez Acosta que salía del colegio, le preguntó que donde estaba metido, que llevaba tiempo en mi aguardo. Mi prima subió inmediatamente al aula de Sor Dolores, y me ve que estaba arrestado, entra y le dice a Sor Dolores que su tío Juan está esperando abajo por mi primo Bruno. Sor Dolores le contestó vete y dígale a su tío que el niño está arrestado a mi orden. Tanto fue la sorpresa que a los cincos minutos Sor Dolores me dice Brunito váyase que tu papá te espera en el muro de a fuera. Salí como un cohete, pero enseguida pensé que Sor Dolores respetó las providencias de mi progenitor.
Belín  López Pérez, nació en La Laguna, pero desde los doce años que destinaron laboralmente  a su padre al Puerto de la Cruz, vivió en la ciudad turística, concretamente en el famoso barrio portuense El Durazno. También residenció durante un año en La Villa de La Orotava, en la Avenida Emilio Luque Moreno. 
Pertenece a la promoción de las siguientes compañeras orotavenses; Laura González, Flora Hernández, África Yánez, Coral, Lourdes Mesa, Pili Perdomo, Esperanza Quintero, Macarrón, Conchita Estévez, y tantas, y tantas otras.
Actualmente está jubilada del magisterio.  Además es madre de dos niñas fantásticas.
Durante años fue coordinadora del proyecto  “El Teatro Novelero”, con incursiones en el mundo de la poesía, recibiendo dos premios; (el de la revista Oroval y  el de la isla de La Palma). Con dos libros publicados, uno de teatro infantil “Los Libros se han vuelto locos”  y otro una novela costumbrista  “Hilvanes de Hermigua”. 
Relata su vida colegial en el Colegio de La Milagrosa, desde el comienzo siendo una niña hasta el curso 1971/72, ya una adolecente, que comienza el último curso de bachillerato y su último año de estancia en El Colegio,  en una ciudad pequeña y cotidiana.
Curso en el que se dio por finalizada la antigua ley de Educación y se empezó a aplicar la nueva ley, más conocida como de Villar Palasí, quedando encuadrada  entre dos sistemas educativos.
La situación en España presentaba entonces rasgos específicos porque a diferencia de países como Francia, Alemania, Italia o Estados Unidos, que vivían escenarios políticos democráticos, en nuestro país todavía dominaba la dictadura instaurada tras el golpe militar y la guerra civil que derrocó al gobierno de La República.
La dictadura franquista quiso imponer un modelo de sociedad ante los porcentajes de analfabetos del 17,1% de la población en la que la mayoría eran mujeres, este porcentaje se redujo notablemente en un 5,7% en 1968, gracias a campañas masivas de alfabetización. De cada 100 alumnos en el año 1967 accedían a la universidad entre el 3% y el 5%. 
El Libro Blanco de la Educación, 1969, sirvió de base para la elaboración de la Ley General de Educación de 1970.
Belín  López Pérez nos cuenta todas sus esencias vividas relacionadas con entornos: político, social, económico y familiar de las alumnas. Aspectos religiosos. Papel de la mujer. Las monjas. Los profesores, las alumnas. Etc.
Culminando una síntesis por donde pasaron toda su generación de chicas de familias con posibles y de la contagiosa clase media que se extendía por el país a una velocidad trepidante.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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