miércoles, 11 de enero de 2017

RÉQUIEM POR LOS HERMANOS DE LA SALLE EN LA OROTAVA



Foto tomada al principio de la década de los años cuarenta del siglo XX en el patio central del Colegio de San Isidro de La Villa de La Orotava, muchas caras son conocidas, entre ellos; Hermógenes Díaz y Díaz, Miguel Herreros y González de Chaves, José Arencibia Parra, Manuel Reyes y Reyes, Domingo Hernández González, Arturo Domínguez, Jesús Corvo  etc.….

En el año 1941, surge y circula por La Villa de La Orotava la noticia de que los hermanos se marchan. Parte del vecindario se moviliza y en poco más de dos días se recogen más de setecientas firmas, rubricando un escrito a la Corporación para que intervenga y no se lleve a efecto la desaparición.
El Hermano Guillermo Félix escribe una carta al Alcalde de la Villa en la que dice: “…Nuestra Comunidad de La Orotava y toda la Congregación quedan agradecidas por el afecto y consideración de que han sido objeto en ese pueblo. No se borrará de la memoria de los hermanos el sacrificio de los orotavenses para impedir el cese de nuestra Congregación al frente del Colegio; pero no siendo sólo cuestiones económicas las que nos fuerzan a dejar una obra emprendida con tanto cariño durante treinta y dos años, sino diversas causas de diversas índole, los superiores se ven obligados a mantener su resolución de alejarse de La Orotava. Más si pasado el tiempo desaparecieran esas dificultades a tan dolorosa resolución, gustosísimo volveríamos a este hermoso Valle...”
En abril de 1956, los antiguos alumnos dedicaron un merecido homenaje al Hermano Teodosio, antiguo profesor del colegio de San Isidro de La Orotava. Primeramente los ex-alumnos, con el homenajeado e invitados, asistieron a una misa en la iglesia de Santo Domingo de La Orotava. Seguidamente en el salón de actos del Ayuntamiento le fue entregado un artístico pergamino, obra del artista Don Emilio Luis Pérez Delgado, con la firma de todos sus alumnos pronunciando una palabras en este acto, el entonces Alcalde de la Villa Don José Estévez Méndez, a las que contestó el Hermano Teodosio: Mis queridos y apreciados antiguos alumnos. Bien sabéis vosotros que los Hermanos de las Escuelas Cristiana no ambicionamos honores, gloria ni nombradía; nada de incienso sino más bien trabajo y sencillez; bien patente está ante vosotros, mis queridos antiguos alumnos y amigos todos de esta ilustre Villa de La Orotava, nuestra manera de proceder. En nombre, pues de la Congregación de Hermanos de las Escuelas Cristianas os doy infinita gracias. Con muchos de vosotros trabajé, os encaminé por el sendero de la ciencia, de la virtud, del deber y de la honradez. Todo ello os induce ahora a recordar a los Hermanos de aquellos tiempos y al encontrarme casi solo, sólo de mi os habéis acordado en este acto simpatía, de recordación y de gratitud hacia mi Congregación. ¡Pocos años estuve entre vosotros: sólo seis y algunos meses; pero de ellos, cuantos recuerdos, detalles y mociones acuden a mi memoria...¡ Un recuerdo también para aquellos Hermanos que como el Hermano Apolinar dejó imborrables huellas de su talento y de su virtud, al que hace pocos años tributasteis el insigne honor de dar su nombre a una de vuestras calles, honor que no olvidará nunca mi amada Congregación. Un recuerdo para los Hermanos Directores que en esos mismos años de mi estancia en esta recordada Villa dirigieron el colegio de San Isidro, los Hermanos Dionisio y Andrés. Sin duda que también os será muy grato oír los nombres del Santo Hermano Cirilo, artista, filosofo y músico del colegio en los años de 1909-1933, así como de aquel jovial Hermano Pablo que ejercía el cargo de ecónomo y acabó en Santa Cruz el año 1.921; y en fin de los Hermanos Eugenio, Salustiano y otros muchos que continuaron su labor educadora en Argelia, Túnez y Marruecos. Después de estas recordaciones ¿qué diré de vosotros organizadores y promotores de este hermosísimo acto? Las palabras sobran al ver los hechos. Nuestra sola presencia os hace distinguir entre los cientos de orotavenses que pasaron por el colegio de San Isidro; por otra parte sabemos que si a muchos les ha sido imposible el acompáñanos en estos momentos, está muy satisfecho de este homenaje que vosotros nos tributáis. A todos, pues, presentes y ausentes, una frase de cariño y agradecimiento. Que este acto sea un lazo más de unión entre alumnos y profesores. Los Hermanos, y especialmente los aquí presentes, no olvidaremos nunca este espontáneo homenaje y el afecto que en él nos demostráis. Esto no animará para seguir trabajando con entusiasmo en la nobilísima misión de elevar a la juventud tinerfeña de todas las categorías sociales a un plano superior en esos órdenes que anhelamos de ciencia, honradez y virtud.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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