martes, 21 de febrero de 2017

DON NORBERTO MORALES LA MÁSCARA DE HONOR DE LA VILLA DE LA OROTAVA



Dos magnánimas mascara de todos los tiempos de la Villa de La Orotava y de Tenerife, Norberto Morales y Maximino Álvarez (Sénior y junior), se hacían todos los años impresionantes y auténticos disfraz con telas adquiridas en la firma orotavense Miguel Herreros que era donde trabaja Norberto Morales.
Mascaras que hoy están en la trastienda del carnaval chicharrero, digo en la trastienda pues ya no se ven en las calles estas diversiones símbolo del legítimo carnaval. Precisamente fueron ellos los que movieron al santo obispo de Tenerife oriundo de Güimar Don Domingo Pérez Cáceres para que zarandeara y arrancara la prohibición de los carnavales del franquismo.
Lo más llamativo de esta instantánea tomada en la calle El Calvario de la Villa de La Orotava, de esta verdadera mascara de honor que se llamó don Norberto Morales en su espalda se ven los que fueron auténticos monumentos en mi infancia y primera juventud. A la derecha la casa de Pepe Pérez (lo vemos en la puerta), y su señora Águeda Pérez (en la ventana); casa de  Maruca, Pepe y María Pérez; la casa de mis padres donde nací y me crié para ser lo que soy en la actualidad. Casa de doña Lola la de Vicente Luca que se tuvo que cargar las cruces en la guerra incivil española, litigado por los falangistas y la sonrisa mirada de los que se disfrazaban con sotanas negras. La famosa y señorial mansión de los Arencibia, que tenía un sanjuán plateresco, un patio esplendido con corredor y mucha vegetación, y un jardín en la trasera que cuidaban los soldados de San Agustín con estanque de agua verdosa, donde habitaban ranas cantadoras nocturnas.
Aun solo quedan las tres ultima, la de los herederos de Nicolás Toste, La de Saro Calamita y la de Manolo Fariña, por lo visto están a proteger, puesto que la que vemos a la izquierda que era la mitad de la casa donde estuvo el hotel El SUIZO y vivían los hermanos don Pedro y doña Ciriaca Fuentes fue sustituida por un edificio eclético.
Todo un misterio de casas que jamás se debió perder, ni la calle debieron cambiar, pues en aquellos años cincuenta del siglo XX era el principal foco neurálgico de la Villa.
Al final de la década de los años cincuenta del siglo XX, se restaura en Tenerife (provincia), el carnaval entonces prohibido en toda España por el general Franco, lo hace con el seudónimo de FIESTAS DE INVIERNOS, con un objetivo bien claro auspiciar lo que se llamó el boom turístico. Que una nariz, con goma y gafas, y una sábana, con o sin antifaz, fueron los contundentes objetos que desbarataban cualquier movimiento de los representantes del Gobierno central estratégicamente situados por el señor-gobernador de turno en las calles tinerfeñas. Mencionamos a unos señores que entonces fueron historia en estas fiestas: el obispo, Don Domingo, de grato y santo recuerdo para todos, se empleó a fondo con sus curas, quienes desde sus púlpitos nos estaban llevando a todos a la hoguera, diciéndoles que su pueblo tenía derecho a un rato de esparcimiento. El gobernador Ballestero, caso insólito y jamás repetido en la historia de aquellos señores-gobernadores, ordenó a su policías que cuando viesen una nariz miras en insistentemente al cielo. Y Don Opelio pasaba por alto las letras de las murgas que contenían denuncias a cacicadas y monopolios, entre otras regalías franquistas.
Esta exposición es lo que sabes el pueblo tinerfeño, lo que figura en las hemerotecas, lo que figura en la historia y lo que se ha escrito con mucha tinta, pero lo que no se sabe y nunca se ha sabido, quienes fueron los que dieron la cara a estos señores de alta capa jerárquica del entonces. Verdad que no se sabe, pues yo se lo voy a demostrar y se lo seguiré demostrando a lo largo de esta semana con el carnaval. Dos auténticos señores de la Orotava don Norberto Morales y don Maximino Álvarez Álbelo, ambos con auténticos disfraz, sin miedo pero con pausa se personaron en el palacio episcopal de la ciudad de La Laguna, que hace poco fue pasto de las llamas por un descuido, el cual ha sido totalmente recuperado, ante la figura y conocida por ellos el obispo don Domingo Pérez Cáceres, y así con esos hábitos de la foto salvo don Domingo que, le invitó a merendar de muy larga tarde, ofreciendo y disfrutando de un espectáculo en el palacio lagunero que terminó por sacar el carnaval a las calles en toda las ciudades y pueblo de Tenerife.
La amiga de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava, desde la infancia Carmen Pérez y Pérez (Ninina), remitió entonces estas notas: “…Bruno, creo que el señor joven que pasa por delante de mi casa es Francisco Ledesma (músico), que trabajó muchos años en la tienda de Don Casiano…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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