jueves, 16 de febrero de 2017

EL TEMPLO BARROCO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE LA VILLA DE LA OROTAVA



Datos del cuadernillo escolar ilustrado “LA IGLESIA DE LA CONCEPCIÓN” del amigo y compañero de docencia Catedrático de Geografía e Historia; JUAN J. MARTÍNEZ SÁNCHEZ.
Con la colaboración entonces de los Alumnos de 3º curso de BUP del IES Villalba y Hervás de la Villa de La Orotava; Almudena Hernández, Benjamín Hernández, Jaime Medina, María de los Reyes Pérez, María  Jesús Alonso, Gregorio Calzadilla, Concepción Hernández, Carmen  Rosa González, Coromoto León, María de la Paz Pérez, Isabel Polegre, María Dolores  Sosa, y Ana María Reyes.

Templo parroquial declarado monumento histórico - artístico en el año 1948, templo totalmente emparentado con la fundación del núcleo de poblacional de La Orotava, a través de una pequeña fábrica datada en 1503, a la que le siguió una segunda iniciada en el año 1546,  la cual estuvo en servicio hasta los años 1704 y 1705 en los que los terremotos de Güimar la deterioraron hasta el punto de ser declarada en ruina en el año 1758.  El templo actual es la tercera fábrica, construida en los años de 1768 al 1788, este templo es,  sin lugar a dudas,  una de las más bellas expresiones del barroco en Canarias.  La Piedra fue trabajada en principio por el cantero Patricio García, y posterior por Miguel García Chávez, dejando en la fachada del templo uno de sus más bellos exponentes. En su interior destaca el templete principal o tabernáculo, bella obra neoclásica, construida en mármol y jaspe, traída desde Génova en el año 1822 del taller Guiseppe Gaggini.
 En la imaginería destacan: El San Pedro de Fernando Estévez, obra barroca. El Cristo de la Misericordia tallado en el año 1586, la virgen de la Candelaria, también obra de don Fernando Estévez y la Inmaculada Concepción, obra del genovés Angelus Olivari exportada en el año 1824.
En la pintura; el entierro de Cristo de finales del siglo XVI de Cristóbal Ramírez, Imagen de la Inmaculada con San Ignacio del siglo XVIII de Gaspar de Quevedo, Los “Desposorio de la Virgen con San José” del villero Cristóbal Hernández Quintana. Por último “La Inmaculada y las ánimas del Purgatorio” del año 1780 del maestro Gran Canario Juan Miranda.
La iglesia de la Concepción de La Orotava, “concha de agua sonante en la caracola”, joya artística del Barroco español, que pasa desapercibida para muchos habitantes de la Villa.
Se conoce con el nombre de arte barroco al movimiento artísti­co que se desarrolla en el mundo occidental en los siglos XVII y XVIII. Es un arte que se rebela en contra de las normas impuestas. - Se lleva a sus últimas consecuencias el movimiento. Se emplea una profusa decoración con mucha fantasía. Son muy utilizados los frontones partidos. Aparecen las columnas en espiral o salomónicas.  En la fachada emplean entrantes y salientes para aprovechar los efectos que producen las luces y sombras. Las figuras barrocas nos sugieren emoción; al observarlas, tenemos representados el éxtasis, la muerte, la grandeza y la riqueza Humana empleándose mucha la policromía.
A Canarias llega el estilo barroco con un poco de retraso como todos los movimientos artísticos; sus características se amoldan a los recursos de que disponen las islas. Encontramos un gran predominio de la mampostería. Se emplea el entablamento doble, es decir de dos capiteles, para elevar la altura de las bóvedas. Los templos son poco iluminados. En la escultura se emplea madera policromada que tiene dos características principales: el realismo y la religiosidad. Los retablos tallados y dorados son magníficos ejemplos de la escultura. La pintura en general es de tema religioso, caracterizándose por un marcado tenebrismo (contraste de luces y sombras). - La orfebrería canaria recibe una fuerte influencia americana. - La mayoría de las piezas de orfebrería están relacionadas con el culto y fabricadas de oro y plata.
En el año 1503, se inicia el proceso de construcción de la iglesia de la Concepción, por iniciativa del obispo Don Diego de Muros, cuyos planos son de pequeñas dimensiones. En el año 1516 se termina la construcción de la iglesia. Proclamado Carlos I, como rey de España, se celebra este acontecimiento en el tem­plo. En el año 1546 se encarga la ampliación de la iglesia a Don Juan Benítez Pereyra de Lugo. La ampliación consiste en la construcción de una nave y dos capillas laterales. En el año 1605 la entrada principal cambia de orientación (antes se en­traba por el Oeste y ahora por el Norte). Mediante éste cambio, re­sulta más fácil la entrada y salida de los fieles. En el año 1632 se trabaja en la capilla principal, llamada de «Vera Cruz». En el año 1673 Construcción de un nuevo presbiterio (sacristía), cuyo artesanado es obra de Pedro Hernández y Simón González. En el año 1676 Se realizan nuevas obras en el presbiterio y se construye el retablo mayor, inspirado en el de Candelaria. En el año 1.700 Se le adosa al presbiterio, una nueva capilla. De los años 1704 a  1705 el edificio sufre daños, debido a una serie de movimientos sísmicos producidos por el volcán de Güimar. Desde el año 1728 a 1739 Se realizan las reparaciones necesarias para remediar los daños antes citados. En el año 1.758 Agotados los medios para seguir reparándolo, y al conti­nuar su deterioro, el edificio se declara en ruinas.
En el año 1768, concretamente el 11 de Diciembre se comienza la construcción del edifi­cio actual, siendo colocada la primera piedra, por el obispo Don Francisco Delgado Venegas. En el año 1775 Patricio García, es nombrado «Maestro Mayor» de las obras. En el año 1776 La obra ha llegado hasta los capiteles, y se solicitan nuevos planos - proyecto para su terminación. En el año 1777 por real ordenanza de Carlos III, se le encargan los nue­vos planos a Ventura Rodríguez (destacado arquitecto Español), pero no fueron utilizados, sino en la cúpula y en el sistema de cu­bierta. En el año 1778 asume las obras Miguel García Chávez. En el año 1784 los planos de Ventura Rodríguez llegan a la Orotava. En el año 1788  por fin, el 7 de Diciembre, después de veinte años de construcción, finalizan las obras. En el año 1948 esta magnífica obra del arte Barroco en Canarias, es de­clarada monumento histórico - artístico.
La mayoría de los edificios antiguos se hacían directamente, so­bre el terreno, sin necesidad de proyectos de arquitectura y pIa­nos. Y cuando se hacían los planos eran muy sencillos. La mayo­ría de ellos no se han conservado.
Nosotros hemos tenido la suerte de que un antiguo plano de la Iglesia de la Concepción se conserve. Es el que reproducimos a continuación. Ha llegado hasta nosotros gracias al investigador Anchieta y Alarcón (natural de la Orotava, que vivió durante el si­glo XVIII). Como podemos observar, en el templo antiguo, el altar mayor estaba situado en la cabecera Este de la nave principal, había una pequeña entrada por el Oeste de dicha nave (donde ahora está el altar mayor) y la entrada principal estaba orientada hacia el norte.
Se cree que el estar dirigidos los altares mayores hacia Levante es debido al deseo de que el oficiante mirase hacia los Santos lu­gares mientras celebraba la misa.
Pero en el caso concreto de la Orotava se hace necesario cam­biar el lugar de entrada, pues hacia Levante es mucho más espa­ciosa, como está ahora.
La observación del croquis de Anchieta nos demuestra la senci­llez de estos trabajos en relación con los que se hacen después. Porque al principio los planos son orientativos, muy rudimenta­rios, para ver la forma o las partes que ha de tener el templo. Con el paso del tiempo fueron adquiriendo complicación y eran más perfectos, a causa de que se hacían con las debidas proporciones y daban una visión más precisa de lo que iba a ser la construc­ción.
Los últimos planos de la Iglesia los realizó el prestigioso arqui­tecto español Ventura Rodríguez (autor de importantes obras en Madrid); pero llegaron a la Orotava cuando la Iglesia ya estaba casi terminada.
La fachada principal corresponde a un Barroco muy tardío; tie­ne forma convexa (abombándose hacia adelante), la cual nos muestra la clara división de esta fachada en tres paramentos: el central y los dos laterales, que dan la sensación de que empujan a las dos torres hacia atrás. Las torres se dividen en tres cuerpos y parten de una base cuadrada, que al alcanzar una determinada altura, forma un octógono rematado en una cúpula «bulbosa».
Los materiales utilizados en la fachada son mampostería rematando sus aristas con rocas traídas desde el Lomo Román de Santa Ursula.
El paramento central es el más recargado, destacando en él una gran portada de arco «carpanel» enmarcada en dos grandes pilastras «cajeadas» (con hundimiento hacia el interior); dichas columnas poseen capiteles muy trabajados, sobre los cuales se encuentra un espacio llamado «entablamento», destacando en los «frisos» correspondientes dos semiesferas representando a Cuba y a las Islas Canarias. Sobre este espacio se vuelven a levantar otras dos columnas, más pequeñas que a través de adornos de volutas dan la impresión de mayor altura y elegancia. También podemos observar en este paramento central un balcón de in­fluencia italiana, debajo del cual destaca una rica «ménsula» (es­pecie de concha floreada), decorada a base de líneas curvas. Un ventanal superior y una pequeña hornacina en la que se encuen­tra una imagen de la Inmaculada.
La decoración de esta fachada remata en una cornisa que reco­rre toda la parte superior, bajo la cual sobresalen cuatro «gárgo­las» (figuras monstruosas), que además de cumplir una función decorativa, de dudoso gusto por su fealdad, sirven de desagües de la cubierta. También, desde el exterior, se observa la gran cú­pula que finaliza en una «linterna».
La fachada norte actual corresponde a la fachada principal del antiguo edificio. En ella se pueden observar elementos renacen­tistas. Destaca una gran puerta enmarcada por dos pilastras, en las cuales sobresalen unas pequeñas conchas, donde se cree que iban colocadas algunas esculturas pequeñas. Los materiales utilizados son piedra tosca en las gradas y piedra pulida en la par­te superior de la fachada. Un aspecto muy destacable son los contrafuertes, cuya función es soportar el peso de la bóveda. Re­cientemente se han descubierto una serie de pinturas en los bor­des de las ventanas. Aquí también se encuentra situada una placa en conmemoración de la inauguración de la Iglesia.
Mira, Señor, con benignos ojos a este pueblo que, para alaban­za y gloria de tu nombre, y de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, alzó desde los cimientos este tem­plo en unos tiempos de angustia, bajo los auspicios del Ilustrísimo Señor Francisco Javier Delgado y Venegas, Obispo de Canarias. Fue puesta su primera piedra, por el lado Este, el 11 de Diciembre de 1769, gobernando la Iglesia la santidad de nuestro papa Cle­mente XIII, y empuñando el cetro de España Carlos III.
El interior de la Iglesia de la Concepción se halla dividido en tres amplias naves con seis capillas laterales, tres a cada lado, colo­cadas entre los contrafuertes, y un alta y profunda capilla mayor. Forman un conjunto de base de cruz latina con crucero no salien­te.
Las tres naves quedan determinadas por columnas de base jó­nica y capiteles corintios, con el detalle curioso de que la orna­mentación de cada una de ellas es diferente. Sobre el capitel de las columnas se levanta un nuevo cuerpo (especie de entabla­mento) en forma de tronco de pirámide invertida, de variada deco­ración con el objeto de dar mayor altura y elegancia al edificio sin restarle belleza. Las columnas están separadas por arcos de me­dio punto peraltados y se caracterizan por su esbeltez debido a poseer un fuste totalmente liso y de forma circular dotado de un li­gero estrechamiento en la parte superior. Las columnas situadas en los laterales se encuentran adosadas a las paredes, mientras que las principales, (cerca del altar) están compuestas por un haz de cuatro fustes y en sus bases destacan las representaciones es­culpidas de temas canarios y bíblicos.
Las naves se cubren con bóvedas de medio cañón apoyadas en arcos fajones, realizados con ladrillos ligeros que le dan mayor consistencia.
Como característica principal del interior de la iglesia destaca el cimborio, que ha sido levantado sobre el crucero, apoyado en pechinas que están decoradas con temas exclusivamente divinos como son las representaciones de los cuatro evangelistas, dando lugar a una gran cúpula con 16 gajos o nervaduras que a su vez determinan las 16 caras de dos metros de alto, con ocho ventana­les formados por vidrieras policromadas con motivos eclesiásti­cos y divinos. Esta cúpula culmina en una linterna o cupulín for­mado a su vez por ocho caras conteniendo cada una de ellas un ventanal-cristalera. En el año 1913, debido al deterioro de la cú­pula tuvieron que ser efectuadas las oportunas reformas dando lu­gar a la desaparición de las pinturas al fresco que se hallaban en su interior, quedando intactas las de las pechinas y el cimborio
En cuanto al piso, decir que está formado por grandes losas de piedra pulida enmarcadas en bastidores de madera, a excepción del piso del anti presbiterio (sacristía) para el que se utilizó mármol blanco. Como dato anecdótico, mencionar que la piedra fue ex­traída del Lomo Román (Santa Úrsula).
También cabe destacar que la reja del presbiterio fue forjada en Londres en el año 1822. Que son las que podemos apreciar hoy en día. La iluminación natural del edificio queda determinada por nu­merosas vidrieras policromadas que se encuentran en la parte su­perior de las naves laterales.
Esta bella obra la podemos observar en la nave central, en el al­tar mayor del edificio; presenta características neoclásicas. Es traída desde Génova; data de 1822 y es obra del taller de Guisep­pe Gagglni. Los materiales utilizados para su realización son el mármol y el jaspe.
Según los planos trazados por Ventura Rodríguez en 1784, a ambos lados de las columnas principales debían aparecer San Joaquín y Santa Ana, padres de María; pero como podemos observar se colocó en su lugar a dos ángeles, uno con expresión de adoración y el otro de contemplación.
La escultura central recibe el nombre de manifestador. Es de madera de cedro plateada y dorada, fue hecha en 1827 y su reali­zación la debemos al escultor orotavense Fernando Estévez. El al­tar está dedicado a la Eucaristía. En la parte superior del templete se levanta la estatua de la Fe.  
El Retablo Principal, de la Inmaculada, se encuentra situado en la Nave lateral izquierda. Esta basado en el antiguo de Candelaria ya desaparecido. Antiguamente estaba situado en el Altar Mayor, hasta que fue sustituido por el Tabernáculo actual.       
La copia fue hecha por el maestro Francisco de Acosta Grana­dilla, que dejó trazada la base sobre la cual debía ser estructura­do.
Se encuentra distribuido en tres «calles» (sentido vertical), dos «cuerpos» (sentido horizontal) y un «ático» (remate del retablo). Las calles laterales están separadas de la principal por medio de columnas sogeadas (salomónicas), mientras los cuerpos se en­cuentran separados por medio de frisos adornados.
La realización de la obra corresponde a dos autores principa­les, Lázaro González de Ocampo y Gabriel de la Mata, y un terce­ro, que es el orotavense Fernando Estévez. Lázaro González es el autor de los dos tableros de la parte inferior, «DESPOSORIOS» y «LA ANUNCIACION». Gabriel de la Mata realizó bastantes reta­blos, «LA VISITACION», «LA PRESENTACION», «LA ASUNCION» y «LA CORONACION». Los angelitos que rematan el retablo en la parte superior son obra de Fernando Estévez, al cual correspon­den los de la parte inferior que parecen cargar con todo el peso del retablo sin ejercer ningún tipo de fuerza (cariátides).
Con un poco de atención, se puede observar la diferenciación entre los dos autores principales. El primero trabaja menos las fi­guras: son achaparradas, apenas existe movimiento, tienen un ca­rácter tosco y con falta de perspectiva. El segundo utiliza más movimiento, con lo cual las figuras adquieren más estética, lo que hace que éstas tengan más humanidad. Debemos mencionar que los angelitos de la parte inferior dan la sensación de que están menos logrados, pero parecen estar trabajados al igual que los retablos que le siguen.
En el segundo cuerpo hay una hornacina en donde se encuen­tra la imagen de la Inmaculada, realizada en mármol, traída de Ita­lia y es obra del escultor Angelo Olivari. Fue dorado y policromado, con gran acierto, en 1717. Se encuentra situado en la Nave lateral Derecha. Fue un intento de copia del anterior, pero que por diversos motivos (económicos y artísticos) quedó sin policromar. En vez de escenas talladas, lo único que presenta son relieves vegetales y animales y una serie de pinturas. También hay tres hornacínas, donde la figura central es la imagen del Señor Preso. Está situado en la nave izquierda, adosado a una de las colum­nas compuestas que sirven de base a la cúpula, y dirigido hacia la nave central. Pertenece a la misma  época y autor que el ta­bernáculo, usándose también los mismos materiales. Se encuentra sostenido por un ángel de gran belleza de marca­das características neoclásicas.
En la parte superior encontramos el tornavoz (pieza con la cual se consigue mejorar la acústica) realizado en madera e incorpo­rado al conjunto en 1915, es obra de Diego Álvarez; podemos ob­servar de que manera tan perfecta es imitado el mármol. Los relieves del Espíritu Santo y el Cáliz pertenecen al escultor Adrián Bello.   En el templo podemos encontrar esculturas muy variadas, entre ellas el «San Pedro» de Fernando Estévez, que a pesar de perte­necer al siglo XIX tiene una actitud muy solemne característica de las obras barrocas.
En el retablo de «El Calvario» se encuentra la escultura más an­tigua del templo, tallada en 1586. En este Cristo podemos obser­var rasgos góticos. Junto a él encontramos una imagen de la Do­lorosa (para vestir) y un San Juan (de talla completa) pertenecien­tes al estilo barroco y esculpidas por Luján Pérez.
El retablo de «La Candelaria» está compuesto por tres imáge­nes; la mayor que representa a dicha virgen es obra de Fernando Estévez y las dos pequeñas representan a San Joaquín y a San José.
El Cristo que encontramos en el retablo del «Sagrado Corazón de Jesús» se nos muestra con una muy lograda expresión de se­renidad; es de origen extranjero. A su lado encontramos a San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola, esculturas pertenecien­tes a un convento de jesuitas, las cuales fueron llevadas al templo a raíz de la desamortización.
El templo posee hermosas Imágenes religiosas, aunque en este periodo su auge había terminado. «El entierro de Cristo» es una obra en la que se reflejan las nor­mas manleristas, las alargadas figuras giran en torno de Cristo. Formó parte de un tríptico y es de finales del siglo XVI; pertenece a Cristóbal Ramírez. La imagen de la «Inmaculada con San Ignacio» pertenece al si­glo XVIII y sus figuras salieron de la mano de Gaspar de Quevedo. Podemos admirarla junto al Batlsterlo.
Los «Desposorios de la Virgen con San José» fueron realizados por el orotavense Cristóbal Hernández Quintana; es un cuadro en el que destaca la expresión tan fina de la cara de María y la forma de utilizar los colores.
En el templo también encontramos obras del maestro Gran Ca­nario Juan Miranda, entre ellos «La Inmaculada y las ánimas del Purgatorio» (1780) en la que el autor busca dotar a la obra con .bellos efectos luminosos. «La negación de San Pedro» se nos presenta con un estilo tenebrlsta; ambas pinturas podemos admi­rarlas en la nave de la epístola; otras obras del mismo autor pode­mos admirarlas en la Sacristía. Como dato curioso podemos decir que existe frente a la puerta del Batisterio, otra que no es tal sino una buena imitación para ob­tener cierto equilibrio estético entre las naves laterales del templo.
La sala del tesoro parroquial posee un techo laboriosamente trabajado. En esta sala podemos encontrar una de las mejores co­lecciones de piezas de orfebrería de las islas; una de ellas es la «Custodia», labrada en plata, que data de 1520 y pertenece al es­tilo gótico. También podemos destacar una «Cruz Procesional»  realizada por Francisco de Matos (1614). La Cruz, la Bandeja y la Lámpara (todas ellas de plata) fueron traídas desde Cuba en el siglo XVIII.
Tras una breve observación sobre la Iglesia de la Concepción hemos logrado lo que nos habíamos propuesto en un principio: conocer un poco más algo que tenemos tan cerca y que tan poco conocemos y, por tanto, tan poco valoramos. Intentemos tomar conciencia de nuestros propios valores, para lo cual, primero te­nemos que planteamos el conocerlos bien a fondo.
Esta bella pieza arquitectónica es una recopilación de toda una serie de estilos de los siglos XVII y XVIII. Es un gran tesoro que in­dudablemente ha sido fruto de la prosperidad económica agríco­la. De que ha disfrutado, tradicionalmente, esta zona, con el em­peño consecuente y constante de sus hombres, de construir y do­tar con esplendidez las iglesias y conventos que en la villa flore­cieron. Esta joya monumental ha sido y será uno de los centros donde ha quedado patente la inteligencia humana. Esto ha sido posible. Debido a mucha gente, sobre todo a los emigrantes a América Latina, que con sus donativos ayudaron a construirla (quizás porque deseaban dejar constancia de su añoranza, de su amor hacia su tierra, con algo por lo que sentirse orgullosos de su Valle, de nuestro Valle). Es una destacada obra barroca, en la Vi­lla de La Orotava ayuda en cierto modo a resaltar su visión artísti­ca.
Objetivo de nuestro estudio es también su significación tanto actual como primitiva. Desde su nacimiento no ha sido simple­mente una obra artística de gran belleza, sino que ha encerrado en sus piedras, en sus columnas..., como si de un pequeño secre­to se tratase, su significación, su valor humano, su verdadera identidad de nacimiento. Quizá naciera a causa de un afán de ho­nor del pueblo orotavense de ocupar un primer plano en las islas; el deseo de nuestro pueblo hacia un embellecimiento de nuestro Valle. Este bello símbolo orotavense significó un elogio no sólo para el pueblo sino también para las órdenes religiosas, por la realización de cultos en una iglesia de tanta importancia.
En la actualidad, juega un papel importante no sólo en la locali­dad sino a nivel de los pueblos vecinos, ya que se trasladan aquí para la celebración de ceremonias religiosas tan importantes como «la Semana Santa», «el Corpus Christi».", en las cuales la Iglesia se viste de gala.
A través del sentimiento religioso que nos une a la iglesia, mani­festamos nuestra cultura, cosa importante desde muchos puntos de vista, ya que siempre hemos sido un pueblo religioso y debe­mos mantener ciertas costumbres que nos identifican con nues­tros antepasados.
Como muchos sabemos, su construcción duró mucho tiempo, pero podemos damos cuenta claramente de que valió la pena esa tardanza y el sacrificio de aquellos que hicieron posible la obra y a los que debemos agradecer éste tan bello monumento que nos enorgullece a todos.
Ver el video conmemorativo, marcar aquí:

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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