lunes, 27 de febrero de 2017

LOYNAZ Y LA GRACIA DE VOLVER



El amigo desde la infancia de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava; Isidoro Sánchez García, remitió entonces estas notas que tituló “LOYNAZ Y LA GRACIA DE VOLVER”: “… La cubana universal que fue Dulce María Loynaz en el siglo XX (1902-1997) se acercó de nuevo al Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), del Puerto de la Cruz, el 23 F para contarnos una vez más, a través de un documental, la importancia de la poesía. Ya había estado en 1953 con Carmen Conde cuando se inauguró el Instituto portuense. Ahora vino de la mano de un joven director cineasta cubano, Luis Leonel León, del grupo que lideraba su amigo y paisano, Marcelo Fajardo, que ya nos había recreado en 2004 con el audiovisual LA GRACIA DE VOLVER sobre su admirada Dama de las Américas. Dulce María había escrito: “… en el proceloso mar de la poesía, yo vengo a ser como un navegante solitario”. Lo pudo comprobar, en el jueves carnavalero de febrero, un abigarrado grupo de personas de diferentes nacionalidades que llenaron sorprendentemente la sala.
Luis Leonel fundamentó el documental con el discurso que impartiera en los años 80 su admirada paisana, en la Academia Cubana de la Lengua de La Habana. Utilizó la poseía que escondía Dulce María en su corazón literario, combinando el amor y  el agua,  la luz y las rosas, para contarnos el legado que había dejado en su novela de viaje, UN VERANO EN TENERIFE, la Premio Cervantes de 1992. Una variada representación de la sociedad tinerfeña fue apareciendo en la pantalla contando los recuerdos vividos con Dulce María. Llamó la atención la vitalidad poética de las mujeres entrevistadas: Yaya Reimers, Elisa González de Suñer, Hortensia Viñes, Guillermina y Ana Luisa. Las que la conocieron se emocionaban con sus relatos poéticos y los hombres también la recordamos con cierta tristeza, en particular Luis Espinosa, José Javier y Celestino, tanto en los años de 1947 como el 51, el 53 y el 58. El Puerto de la Cruz, La Orotava, La Laguna, Icod y las cañadas del Teide  se iban deslizando en el relato viajero de Dulce María. Anecdótica su presencia en el Ateneo de la Laguna, ya que se convirtió en la primera mujer en subir al escenario. La música del documental y los poemas loynazianos nos llevaron al Caribe y pudimos constatar  “El puente tremendo que hay a lo largo del océano Atlántico entre Canarias y Cuba. Ese jardín azul de flores de cristal que escribiera poéticamente en su Mar Cercado”. El público entabló un animado diálogo acerca de las obras de Dulce María y echó de menos la reedición del libro UN VERANO EN TENERIFE. Menos mal que la poeta del agua lo trajo en 1958, cuando consiguió la GRACIA DE VOLVER que le pidiera a la portuense Virgen de la Peña de Francia en 1953, al regresar a su Cuba natal….”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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