miércoles, 8 de febrero de 2017

MASONERÍA E INTOLERANCIA EN CANARIAS, EL CASO DEL MARQUESADO DE LA QUINTA ROJA



Fotografía en color referente al Mausoleo del Marqués de la Quinta Roja don Diego Ponte del Castillo.
Realizada en grafica 3D con las nuevas tecnologías por el amigo desde la infancia de la Villa de La Orotava; LUÍS GARCÍA MESA.
Este mausoleo símbolo de la intolerancia del siglo XIX fue diseñado por el arquitecto masón Francés; Adolfo Cosquet.
Encargo de la marquesa de la Quinta Roja Madre doña Sebastiana del Catillo y Manrique de Lara para enterrar a su hijo.

Es el libro de mis amigos villeros; José M. Rodríguez Maza y Nicolás González Lemus. Magnífico prólogo del Catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna Manuel de Paz Sánchez, desarrollado sobre los acontecimientos pro­ducidos en el Valle de La Orotava, durante las décadas de 1870 y 1880, especialmente entre mediados de la primera y principios de la siguiente, un interesante desarrollo, de la masonería, gracias a la poderosa influencia que, desde Santa Cruz de Tenerife, ejerció la logia Teide Nº 53 y sus organismos capitulares y filosóficos. El libro está centralizado en la figura del orotavense, don Diego Ponte del Castillo cuya biografía describen los autores, perteneció a la masonería canaria y orotavense durante su primera época, la "prodigiosa", hasta que su enfermedad le obligó a dejar la Veneratura de Taoro, Nº 90 al terminar el año 1877. La muerte del marqués en su" finca de Garachico, el 4 de abril de 1880 según su expediente eclesiástico, dio lugar a la polémica que Nicolás González Lemus y José M. Rodríguez Maza describen también en este libro. Una polémica que, casi sin quererlo, inclina la pluma del histo­riador, 'como suele suceder, hacia la causa débil, y que dibuja un panorama general caracterizado por los enfrentamientos entre la masonería y la iglesia católica en unos momentos muy difíciles para ésta, a causa de la perdida de su poder temporal, dibujando los autores, el pensamiento natural que la marquesa madre, doña Sebastiana del Castillo, profundamente conmovida por la temprana muerte de su amado hijo actuara como actuó y que, con la oposición de los responsables del, cementerio católico, ordenase al maestro villero don Nicolás Álvarez Olivera colocar en la tumba de su hijo el texto reproducido por Nicolás González Lemus y José M. Rodríguez Maza, que expresa un dolor sin límites.
El libro de mis dos investigadores convecinos de la Villa descubre temas importantes, como por ejemplo la conexión epistolar entre el médico de la familia, el palmero don Víctor Pérez González y el arquitecto francés Adolphe Coquet, artística y técnica también aparece documentada con nueva y valiosa informa­ción, así el inédito proyecto de construir junto al mausoleo una escuela para los hijos de los masones necesitados, proyecto que nunca se ejecutó. Y el magní­fico diseño del jardín que se dirige obligatoriamente hacia el eje central desde donde aparece como un espa­cio ordenado y simétrico, coronado en lo alto por el mausoleo. Una escalera central alargada y ancha, pero pavimentada con peldaños bien proporcionados y fla­queados de jarrones, conduce directamente a la cueva colocada debajo del mausoleo. La misma atraviesa los parterres, espacios horizontales y cami­nos, dada la orografía del terreno. El pavimento de guijarros del estrecho camino en el extremo oriental está dise­ñado con mucho arte, en ocasiones de color con formas y tamaños uniformes y en círculos concéntricos de textura fina, a pesar de que caminar sobre ellos es incómodo. Todo el conjunto del jardín está conectado por un entramado de caminos y paseos que conducen a la escalera central que lleva al mausoleo. Por sus características, dispuesto. A lo largo de un eje que corre entre la casa y el panteón (escalera central), con gruta de agua al fondo, dos grandiosas esca­linatas y parterres a los lados. Jardín probablemente de estilo italiano.
La casita suiza, como la llamaba la prensa local, constituía un acento sereno del jardín, un sublimen rincón donde se ponía de manifiesto el amor por lo anglosajón. La triste y desaparecida actualmente casita suiza estaba construida a base de madera con todos los elementos del estilo neogótico; planta cuadrada, cubiertas con gran inclinación dé teja inglesa y riostra proyectada a fachada de alto voladizo de madera, también pronunciado; sostenido un listón den­tado. Detalles todos del más puro estilo neogótico anglosajón. Además, mandaría construir una casita más pequeña, también de fantasía neogótica, en un extremo del estanque para refugio de los patos, los cuales convivían con los bellos cisnes blancos que mandó traer de Marsella.
El libro aporta otros datos valiosos en la persona viuda del Marqués, doña María de las Nieves Manrique de Lara, una mujer devota que trató de encontrar en la iglesia bajo el patrocinio del diocesano canariense alivio a su dolor, lo contrario del sucedido en Tenerife, también aporta datos referentes al último testamento de la marquesa, en el que nombra  heredero universal a Víctor Pérez Ventoso. Así pues, felicidades a mi convecinos villeros orotavenses e invito a los lectores a disfrutar de esta magnífica ilustración con referencia documental muy valiosa e interesante, muchas totalmente inéditas para los estudiosos. Sobre todo el interés acerca de la intransigencia y la intolerancia a partir de un caso cuyo conjunto monumental ha merecido, acertadamente, la declaración de bien de inte­rés cultural.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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