viernes, 24 de febrero de 2017

MATAR LA CULEBRA: UNA TRADICIÓN CANARIA DE ORIGEN AFRO-CUBANO (I)



Fotografía propiedad del amigo de la Cuesta – Puerto de la Cruz, actualmente residenciado en Cataluña; ZOILO LÓPEZ BONILLA.

Uno de los géneros más curiosos e interesantes del folklore musical de las Islas Canarias (lleva música, danza y representación escénica), lo constituye el que popularmente se conoce como "MATAR LA CULEBRA" O "EL MATACULEBRA".
Forma parte del denominado folklore de emigración, y se trata de una de las aportaciones que, a finales del siglo pasado y principios del actual, hicieron los emigrantes que regresaron de Cuba.
A comienzos de la década de los cincuenta ya se había dejado de interpretar en la capital de Cuba. En diversas poblaciones del Archipiélago, progresivamente, se fue abandonando la costumbre de matar la culebra, con excepción del Puerto de la Cruz en la isla de Tenerife, donde llegó a representarse por última vez en el año 1985. Se desfilaba por las calles de la población y se mataba la culebra en los enclaves tradicionales y concurridos.
La señalada pervivencia ha posibilitado recoger, de una forma bastante fidedigna, todo lo concerniente al señalado ritual (música, movimientos, letra, dramatización......).
Francisco Pimentel, en un artículo publicado en La Tarde (26-II-1982), este excelente y penetrante periodista escribió lo siguiente sobre el género folclórico que nos ocupa: "Y una cosa que no hemos visto en estos Carnavales, aquella cofradía como de negros ñáñigos, o que sé yo, que daban un aire antillano, de puro Caribe, a las Carnestolendas. Aquel que mataba la culebra entre exorcismos y abracadabrantes frases. Aquí, en Santa Cruz, en mis primeras evocaciones carnavalescas, hecho ya un sueño de infancia, está aquel mata la culebra, Benito y el estribillo calabazó, so, so / la culebra ya se murió. Los negros, en unos rituales gestos de sacrificio, con sus machetes y sus ritos de extraña danza. Esto debe ser algo con reminiscencias del Candombe, toda una magia afrocubana que hacía su aparición aquí, en las jornadas alegres del Carnaval". Como puede observarse, el periodista tinerfeño coincide con la descripción de Marcos Pérez, no sólo en el nombre de Benito (el negro que, posiblemente, introdujo la comparsa en el Carnaval santacrucero), sino también en el carácter ñáñigo y afronegroide del rito, que lleva en el canto el mismo estribillo que cita Fernando Ortiz como parte inevitable y obligada con su alusión al calabazo. Recordemos que este instrumento o sonajero, obtenido de la calabaza trompeta, recibe en el sur Tenerife el curioso nombre de marangaño. No es otro que el citado por Viana en su poema, cuando nos dice que nuestros aborígenes se acompañaban con tales sonajas: calabazas secas llenas de piedrecitas, que hacían sonar en sus bailes. En La Laguna, durante la década de los años 80 del pasado siglo, reapareció el rito de mata la culebra, aunque de forma efímera. Según testimonios de los más viejos había sido número obligado en el Carnaval de antaño lagunero, tal vez por influencia de Benito y su tropa. En 1980, por iniciativa del concejal Tomás Morales, se volvió a organizar la matanza de la culebra, haciéndola coincidir con el entierro de la sardina. Para ello se confeccionó una culebra de once metros de largo por dos de diámetro, hecha con maderas y alambres y recubierta de tela, que pasearon por las principales calles de la ciudad, mientras que la comitiva que la acompañaba iba cantando la antigua letra del calabazón, son, son, igual que en Santa Cruz. Ofrecemos la letra completa de la canción, tal y como la declamaron los componentes de la comparsa en aquella ocasión: "Aquí vamos los negritos / tori chicos, / a echar candela, / que venimos preparados / para matar la culebra. / Calabazón, son, son, / que la culebra la mato yo. / ¡Mátala, negro! / Que no la mato, mi amo, / mire usted esa boca / que parece una cueva. / ¡Mátala, negro! / Que no la mato, mi amo, / ¡ay, qué miedo me da, / mire esos dientes / que parecen alfileres! / ¡Maldito negro! / Calabazón, son, son... Mariquilla está mala, ña, ña, ña, / y se fue a la botica, ña, ña, ña, / por ungüento volante, ña, ña, ña, / que le pica, le pica, ña, ña, ña. / Calabazón, son, son... Con los mismos versos se sigue interpretando en Tenerife en los últimos años, gracias al interés que ha mostrado el grupo folclórico de la Escuela de Magisterio de la Universidad de La Laguna por qué tan interesante y valiosa muestra de la transculturación cubano-canaria no desaparezca entre nosotros. La última vez los vimos el pasado año con su comparsa en el plaza del Charco del Puerto de la Cruz. Hagamos aquí un justo y merecido reconocimiento.
El amigo desde la infancia de la Villa de La Orotava; CASIANO GARCÍA TORRENTS, remitió entonces estas notas: “…Lo de "matar la culebra”, fue algo común en el carnaval. Del Puerto de la Cruz hasta los años sesenta del siglo veinte. En aras de un falso progreso, la destrucción arquitectónica de la ciudad colonial para construir hoteles y apartamentos a mansalva, llevó aparejada la sustitución de tradiciones como esta, por otras de corte europeo como el hermanamiento con el carnaval de Düsseldorf.   …”
La amiga desde la infancia en la calle El Calvario de La Villa de La Orotava; Carmen Pérez y Pérez (Ninina) remitió entonces estas notas: “…En la Orotava recuerdo ver cuando yo era pequeña por el barrio de Los Cuartos hacer ese ceremonial.... ¡¡¡ MATA LA CULEBRA ¡¡¡ Yo. Los Mataculebras llevaban la cara pintada de negro y unos sombreros de paja deshilachados... a mi (era una niña) me daban miedo y mi madre decía que eso era una costumbre Cubana...... las veces que lo9s vi por el barrio de Los Cuartos cerca del colegio de La Milagrosa... lo recuerdo como si fuera hoy.…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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