lunes, 20 de febrero de 2017

PEPITO LECHADO MI AMIGO. EN EL RECUERDO



Fotografía propiedad del amigo de La Cuesta – Puerto de la Cruz, actualmente residiendo en Cataluña; ZOILO LÓPEZ BONILLA.
Vemos a Pepito Lechado en la Cantina De la terraza de San Telmo, con MIN entonces gestor de la mencionada tasca.

Aniversario de su fallecimiento. Estaba paseando como de costumbre por las noches portuenses con mi señora Antonia María González Díaz, cuando me tropiezo con mi ex alumna del Ciclo Superior Administración y Finanzas del IES La Orotava Manuel González Pérez Ana Carballo Martín, me comunica que había fallecido su tío Pepito Lechado, la sorpresa fue mayúscula para mi, puesto que era un gran amigo del Puerto de la Cruz, y hacía poco que había conversado naturalmente con él en una cafetería de la calle San Juan, hablábamos de todo y no le encontré nada. Pero la vida es así, hoy estamos y mañana no.
A Pepito Lechado, le conozco desde mi infancia y juventud, aunque su familia estaba distribuida entre la Villa y el Puerto, lo recuerdo jugando al baloncesto en el inolvidable y desaparecido CB. Ucanca de la ciudad turística, un quinteto que vestía de negro total y que practicaba un baloncesto con mucha fuerza y con mucho interés en aquellos años idos. Para mí Pepito fue uno de los mejores jugadores de baloncesto que ha tenido la ciudad turística, noble, preciso, e inteligente en las entradas, en los cruces y en el tiro a canasta. Tengo una anécdota, acontecida en la cancha de la Plaza de Franchi Alfaro de la Orotava, en una final del torneo de María Auxiliadora, un domingo al medio día, en un enfrentamiento entre el CB. Águila del Valle de La Orotava y CB. Ucanca del Puerto de la Cruz. El árbitro de turno fue el amigo y convecino Tomás Luis Expósito, conocido por “El Cojo”, se armó una batalla en la cancha por la rivalidad existente entre ambos conjuntos, lo que provocó que el jugador portuenses Pedro Domínguez, con su cuerpo de atleta saltó por encima de la hilera de gentes que presenciaban el choque para atacarle al orotavense Pepe Silverio (entonces jugador del UD. Orotava), que estaba en la trasera de la cancha con su primo hermano Graciano Hernández Sánchez. Esto se nos quedó grabado para siempre en nuestra memoria, que cada vez que me tropezaba a Pepito Lechado por las calles del Puerto de la Cruz y en la playita de San Telmo, lo sacábamos en la conversación.
Pepito, espero que en ese lugar de la tranquilidad, de la esperanza, vuelva a la práctica de tu deporte favorito, el baloncesto, te reencuentre con las ñameras de la Plaza El Charco, donde estaba tu cancha de deporte, y el recuerdo de tu intentos de meter canasta desde la trasera de la pila, que hoy hubiese sido de oro, con el famoso tiro de triple. No olvide que aquí dejas a tu compañera de alma, de corazón, Mercedita Martín, que te quería y te acompañaba, tus hijos; Gilberto, Magui y Fernando, Tu nietos; Daniel, Javier, Celia y Gara. Todos estaban contigo, y todos te lloraron hasta tu última morada portuense. Te quiero y lo seguiré haciendo hasta siempre.
José Lechado Martín, nació en el Puerto de la Cruz el día 24 de Marzo de 1945. Casó con la portuense Mercedes Martín Bello, de cuyo matrimonio tuvieron tres hijos: Gilberto, Magui y Fernando. Nietos: Daniel, Javier, Celia y Gara. Hijos políticos: Marilé, Santi y Estela.
Estudió Bachillerato Técnico en el Instituto Laboral de El Puerto de la Cruz. Acabado el Bachillerato obtuvo el Titulo de Delineante Proyectista.
Practicó todos los deportes que tuvo a su alcance: Baloncesto, Voleibol, fútbol, futbol-sala... Donde más sobresalió fue en Baloncesto, concretamente en el equipo CB. Ucanca, siendo un año el máximo encestador de la liga (primera regional tinerfeña).
Fue seleccionado juvenil participando en la Península en el campeonato de selecciones juveniles de Baloncesto. Su paso por el voleibol también lo hizo sobresalir y destacar en campeonatos a nivel provincial y nacional…”
El amigo del Puerto de la Cruz; CELESTINO GONZÁLEZ HERREROS, remitió entonces estas notas que tituló “DESCANSE EN PAZ EL ALMA DEL AMIGO PEPE LECHADO”: “…Aún en estos momentos no tengo sosiego, me turba enormemente la idea de haber perdido para siempre al amigo Pepe Lechado. La triste noticia de su apresurado óbito me produjo un impacto tremendo. No podía creerlo y fue su desconsolada viuda quien me dio la dolorosa noticia, en el garaje comunitario donde guardamos los coches. Vivimos en el mismo edificio hace más de treinta años y todos los días nos tropezábamos frente al ascensor y con sana alegría nos saludábamos al encontrarnos. Era muy simpático y ocurrente y llovían las bromas juntas con su familia, contentas de estar todos bien. Luego cada uno para su casa y siempre buenos amigos.
Si quieren que les diga más verdad, hasta ayer, después de tantos días, he estado huyendo de su familia para no sufrir más al encontrarnos. Y así fue, no pude contenerme y casi me ahogo de angustia. Estábamos todos menos Pepe y mis pupilas intuitivamente lo buscaron, presentía que estaba allí y hasta me pareció oír su reposada voz, siempre bromeando…
A veces los golpes que recibimos de la vida suelen ser muy duros y desgarradores. Qué poca cosa nos sentimos, qué impotentes al no poder evitarlo y tener que resignarnos ante el destino y la misma evidencia, cuando se nos va un amigo o un ser muy querido. Absolutamente nada podemos hacer para evitar  esos fatídicos trances luctuosos. Y triste es, también, no hallar las palabras apropiadas para consolar a sus dolidos familiares y demás amigos. Será que me estoy haciendo demasiado viejo, pero estos momentos me afectan considerablemente.
Cuando salgo del ascensor al salir de casa, siempre pienso si estará abajo esperando para subir con su familia a la que tanto quería; siempre fue un modelo de esposo, padre y abuelo, para los cuales sólo vivía.
Los primeros días, después de su defunción, casi no he podido conciliar el sueño, no le aparto del pensamiento. Una persona tan fuerte y sana, tan seria y responsable, no se puede ignorar fácilmente. Nos gustaba hablar de perras de vino y nos transmitíamos los lugares donde estaba el mejor.
Le gustaba mucho salir con su familia y luego, para desconsolarme, me lo contaba. Sin embargo sabía hasta donde llegaba dada su responsabilidad. Era un amigo de verdad y en realidad tengo muchos motivos para echarle tanto de menos; y me imagino cuánto dolor debe estar sufriendo su familia y los buenos amigos que dejó y que tuvieron la suerte de haberle tratado. Ahora sólo nos resta rogarle a Dios por él, otra cosa no podemos hacer. Las palabras se las lleva el viento, las lágrimas se secan, sólo los recuerdos quedan y no los borra nada ni nadie, irán con nosotros cuando nos llegue la hora también. Rogar a Dios por el eterno descanso de su alma; y para que les de consuelo a sus dolidos familiares. Recordémosle siempre como una persona ejemplar y un amigo de verdad.
¡Descase en paz su alma!  ¡Y tengamos resignación cristiana!...”
Su querida y desconsolada hija Magüi Lechado Martín, remitió entonces estas notas: “…  Gracias Bruno!!! Mi padre, una gran persona, lo echamos tanto de menos. Gracias a todos por tanto cariño. Dios!!! Que orgullo de padre!!! …”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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