jueves, 2 de febrero de 2017

UN CUADRO, PRIMITIVO ÍCONO DE LA VIRGEN DE CANDELARIA



Mi tía Consuelo Abréu González, mi segunda madre, siempre me decía que a ella desde niña, le indicaban que más allá de la ermita de la Candelaria El Lomo de la Villa de La Orotava estaba el mar.
En muchas ocasiones me di cuenta que era una topónimo totalmente surrealista, puesto que más allá de la Ermita citada está el histórico camino CHASNA que une el Valle de La Orotava con la parte alta del mismo. Y no parece un cuento de utopía, pues cuando subía a las fiestas con mi padre Juan Álvarez Díaz, me impresionaba ver el barco alegórico confeccionado por artesanos orotavenses que estaba colgado a la mitad de la calle.
Evidentemente, “LA CANDELARIA EL LOMO”, es uno de los Barrios más antiguos e importante de La Villa, La calle la Candelaria El Lomo en antaño se llamó “Tira la Manga” o “Vota la Manga”, no lo recuerdo exactamente, al final de la misma existía una Ermita que custodiaba el famoso cuadro de la Virgen de Candelaria. Una ermita de una puerta de entrada de medio arco de piedra de cantería y un pequeño campanario, con techo mudéjar de dos agua. Esta histórica ermita fue sustituida por otra de estilo modernista (restaurada recientemente), siendo párroco del templo parroquial de San Juan Bautista el orotavense natural de dicho lugar y canónico honorario Don Domingo Hernández González.
La imagen de la Virgen, una vera efigie del primitivo ícono de la Virgen de Candelaria, obra del pintor orotavense Jerónimo de Cabrera Betancourt.
El amigo de la infancia de la Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTES MELIÁN “ESPECTADOR” remitió entonces estas notas:  “…AGOSTO 1952: La Basílica de Candelaria en obras casi terminada. Ese año fuimos de excursión—inolvidable—con los salesianos, con don Claudio de director. Fuimos primero al Pico del Inglés, Las Mercedes; y luego a la Basílica de Candelaria. Nos bajamos de la guagua en la carretera general del Sur, y fuimos en ‘peregrinación’ bajando y cantando motetes ¿¿¿ hasta la Basílica. La Basílica aún no estaba terminada y algunos ‘atrevidos’ subimos por la torre mayor por una escalera sin barandas…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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