jueves, 30 de marzo de 2017

CALLE “LOS ROSALES” (II)



Fotografía correspondiente a los años veinte del siglo XX, donde observamos restos de las huertas bajo el antiguo llano de San Roque (plaza de la Constitución, o de La Alameda o del Kiosco de la Música), ubicado hoy el grotesco Puente del llamado regresión, en donde los agustinos del convento de Nuestra Señora de Gracia, sembraban rosales, por lo que la calle colindante o callejón se le llamo “Los Rosales”.

Según nos cuentan en las páginas 102, 103 y 104 del libro “LA OROTAVA, SUS CALLES Y SU HISTORIA” el amigo y compañero de docencia JUAN J. MARTÍNEZ SÁNCHEZ.
Con la Colaboración del también amigo de La Villa de La Orotava, Profesor Titular de Historia de América de La Universidad de La Laguna MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ: “…Dentro del trazado urbano de La Orotava, la calle de los Rosales constituyó en el pasado uno de los ejes fundamentales de las comunicaciones internas dentro de la Villa de Abajo. Partiendo del camino anejo al barranco de Araujo, este camino se comunicaba con otros que terminaban en el llano de San Sebastián, hoy plaza Franchi Alfaro. Esa zona recibe ese nombre por la ermita que desde el siglo XVI estaba bajo el patronazgo de ese santo, y en la que, a finales del Siglo XVIII, se creó el hospital con su pórtico almenado que en la actualidad se conserva. Reliquia de aquella vieja vía es la calle de San Sebastián, denominación que hoy se le da al trayecto que finaliza en el teatro Atlante y que antaño comunicaría Rosales con San Sebastián y que en la actualidad es su comienzo. Debemos de tener en cuenta que entre la plaza de la Constitución y la Villa Abajo había un gran desnivel, erigiéndose aquélla y el Convento de San Agustín en sus aledaños a manera de una colina. Por ello Rosales ejercía el papel de vía de comunicación imprescindible en la Villa Abajo, mientras que, a partir de ella, hacia arriba comenzaba el área rural. En la configuración urbana histórica de La Villa el camino de los Rosales se nos mostraba, por tanto, frontera entre lo rural y lo urbano. La propia calle era una expresión de ello. La acera más próxima a la calle Verde estaba en su mayor parte edificada, mientras que lo contrario acaecía en la otra, que estaba fundamentalmente ocupada por fincas rústicas. La parte urbanizada conserva todavía añejas casonas, como la situada en su comienzo, construida en el Siglo XVII, que alberga en su interior un excelente patio canario. Varias casas terreras y una finca, con su pórtico que muestra la fecha de su construcción, 1828, dan sabor a su entorno. En la década de los treinta comienza a urbanizarse el sector más alto. El desnivel entre la calle del Calvario y la de Rosarles es salvado con edificaciones que presentan su sótano o garaje a la calle de Rosales. Se conservan todavía algunas de esas casas de arquitectura ecléctica. La construcción del puente de la Carrera del Escultor Estévez transformó su función tradicional al dejarla encajonada como una calle residual dentro de la nueva configuración urbana. El eje urbano se vertebraría ya en torno a la calle del Calvario, cuya continuidad estaría en el puente. Sería en la década de los treinta cuando la calle del Calvario alcanzaría su mayor desarrollo.
El nombre de la calle El origen del nombre de la calle de los Rosales data de una finca, propiedad de la comunidad agustina de La Villa, y que estaba dedicada al cultivo de rosales para la patrono de su convento, Nuestra Señora de Gracia, tanto para la lápida de mármol que preside su portada claustral, como para el altar mayor de su iglesia. La fecha aproximada de tal denominación popular sería a principios del siglo XVIII. Debemos de tener en cuenta que el convento de Nuestra Señora de Gracia, perteneciente a la orden agustina, de la que deriva su actual denominación, fue erigido en 1671, finalizando las obras de su iglesia a principios del siglo XVIII. San Agustín fue el último de los conventos creados en La Orotava. Erigido en forma de fortaleza, aprovechando su estudiada ubicación geográfica que le permitía ser visto de numerosas partes del valle, tiene la iglesia mayor de la villa y una de las más grandes del archipiélago. Tras complejas negociaciones, y después de continuos cambios de sede, su creación se enmarca dentro del proceso de consolidación de la aristocracia orotavense como Cuerpo de Nobleza, pues no tiene un sólo patrono, como era habitual en los demás conventos, sino que su patronato está compuesto por un elevado número de miembros de las clases dominantes de la localidad, que comparten de forma alternativa su patronazgo. Respondía, por tanto, al momento culminante del esplendor de este sector social, en una época de apogeo económico, por el elevado precio de los vinos del Valle en el mercado mundial, particularmente en Inglaterra. Precisamente este promontorio, visto desde el antiguo camino de Rosales, mucho más esplendoroso con anterioridad a la construcción del puente, mostraba la majestuosidad de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, a quien estaban destinados los rosales que dieron perenne nombre a la calle.
Cuando en septiembre de 1864 el Gobierno de la Provincia de Canarias procede a enviar azulejos a La Orotava, para colocar los números de las casas, en la calle Rosales hay diez edificios. En el año 1887 sólo hay dos casas en la acera sur de la calle y diecinueve (igual que en nuestros días) en la acera norte. La calle Rosales es una de las que mayor transformación ha sufrido: la zona pasó de ser un atractivo paisaje natural (como nos muestra el grabado de Willians del siglo XVIII), a un caos urbanístico en la actualidad. La acera norte aún conserva varias casa antiguas que dan a la calle cierto sabor histórico: la n° 19 que aún sigue soportando la ruinosa modestia, la casa-huerta n° 15, la restaurada y convertida en pub (en el n° 13) y sobre todo los números 5 y 7 que se conservan en buenas condiciones. En la acera sur, cuyos edificios dan a la calle Calvario, en su otra fachada, se ha roto completamente con el pasado y no han quedado ni restos del mismo. Dada la variada tipología arquitectónica, las funciones que esta calle ofrece son también muy diversas: viviendas, talleres de carpintería, de tapicería, de pintura de coches, bar-restaurante, pub, imprenta. La estrechez de la calle y el no tener salida, para la circulación rodada, unido a las características antes citadas, hacen de esta vía una de las más problemáticas de La Villa para transeúntes y vecinos. Sólo el pequeño jardín, en el extremo suroeste, junto al paredón del puente, nos hace recordar lo que fue este lugar y nos orienta sobre lo que podría ser en nuestros días esta zona tan céntrica como marginada...."

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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