domingo, 19 de marzo de 2017

CHÍA EN EL RECUERDO



Aniversario de su fallecimiento. El 19 de marzo del 2013, día de los padres, de los: José, Pepe, Pepito, Josefina (mi hermana, mi prima), Pepa, Pepita, Josefa, Carpinteros cte. Estaba dando clases en el IES La Orotava Manuel González Pérez, al instante me suena el móvil en el silencio (por obligación de docencia), era mi hijo Quique, comunicándome que nuestra querida “Chía” nos había dicho adiós definitivamente.
Lucía Pacheco López “Chía”, la conocíamos por este apelativo, un patronímico totalmente familiar, pues desde mi infancia me críe con ella y sus hermanas Angelita y Rosario. En casa de mi madre, enamoró muchísimos años con el que iba ser su esposo Carlos Argüelles.
Fue monitora ayudante sin titulación como maestra auxiliar de la Monitora y Maestra no titular doña Lucía Mesa en su escuelita de la  calle El Calvario de la Villa de La Orotava, donde se educaron una inmensidad de personas de la misma villa que en la vida, se convirtieron en hombres y mujeres de provechos; médicos, abogados, licenciados, maestros, etc. Decir con todo el respeto, “Chia”, por recomendación de su jefa Doña Lucía Mesa, sacó del analfabetismo a muchísimas damas orotavenses de la clase alta y privilegiada, de las conocidas por “Los Coburgos”, en aquellos tiempos eran muchas en esta Villa orotavense, para ello utilizaba particularmente durante muchísimas horas las grandes mansiones señoriales que hoy conforman el casco histórico de la Villa de La Orotava.
“Chía” y su entonces compañero Carlos Argüelles, me sacaban de niño a mí y a mis hermanas, en la foto podemos observar cómo me instruían, el caminar, aún sin cumplir el año de edad.
Su familia vivieron aún viven en la calle Sor Soledad Cobián, recuerdo a sus padres Domingo Pacheco y Lucía López, a sus hermanos; Rosario, Antonia (fallecida), Angelita (fallecida, que trabajó ayudando a mi madre María en su taller de modista en casa), Domingo (fallecido, barnizador de profesión). Vivían en principio en una casa terrera de entrada por un corredor, encima de una atalaya o un risco, eran medianeros de los abuelos de mi esposa Antonia María González de Chaves y Díaz, del Pago de la Cruz Santa (Don Francisco Díaz y Doña Rafaela Díaz). En el tiempo su hermano y su padre ampliaron la vivienda hacía la entonces carretera del Pinito, donde actualmente viven sus familiares.
A “Chía”, me la tropezaba últimamente en mis caminatas nocturnas por el casco histórico de la Villa, siempre acompañada de su hermana Rosario, venían de misas, novenas, procesiones. Era su verdadera afición: La Semana Santa, El Corpus, las alfombras, la Romería de San Isidro, donde su padre Domingo Pacheco que era labrador, llevaba sus animales a la feria de los patrones de La Orotava.
“Chia”, nos dejas en el preámbulo de tu gran semana mayor, de tu semana Santa, de tu procesiones, quizá desde arriba, disfrute de ellas, con tranquilidad, con esperanza, con misericordia. Arriban están merecidamente descansando, tu padres; Domingo y Lucía, tu hermanos (Antonia, Ángela y Domingo), tu esposo Carlos Argüelles, mis padres Juan y María. La verdad que no sé como es, ese territorio tan mágico que siempre lo imaginamos por “arriba”, no lo sé “Chía”, pero lo que sí sé, de verdad, que se trata de un término de alivio, a por el lapso, espero verte en el momento que me toque o nos toque, claro, todos,  “tus amigos” que te seguíamos, que te seguiremos desde aquí, algún día estaremos en el terruño, pero otro día ya no estamos.
Tus hijos que dejas entre nosotros, te querían de todo corazón; Carlito y Lourdes, tu nietos y sobre todo tu hermana Rosario, ya sola en esta orbe, estoy seguro que siempre encontrará las compañías humanas que se le merece.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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