sábado, 4 de marzo de 2017

DON ENRIQUE SÁENZ TAPIA, UN GINECÓLOGO DE ORIGEN RIOJANO AFINCADO EN LA OROTAVA, EN EL RECUERDO (1923 – 2016)




A don Enrique hace muchísimos años que le conocí en mi Orotava natal, fue un gran hombre, excelente persona, un gran ginecólogo, y padre de casi media Orotava, en la que atendió como un gran profesional en los nacimientos desde la década de los años cincuenta.
Vino influenciado por su amigo, el ilustre villero en la medicina, el cardiólogo don Buenaventura Machado Melián (fallecido), para que trabájese en la villa, y sustituir a otro compañero suyo doctor “Lillo”, que tenía su consulta - clínica  en la casa de estilo neoclásico de don Mariano Estanga, que se conserva en la esquina de las calle Doctor Emilio Luque Moreno y Sor Soledad Cobián, en la actualidad propiedad del matrimonio, amigo desde la infancias de la Villa de La Orotava; Melchor Escobar García y Toña Cruz Suárez.
A pesar que también influyó la estancia concretamente en la Palmas de Gran Canarias de un tío militar paterno suyo. Llego a la Orotava, en un tiempo en que la vivienda era escasa, por lo que tuvo que hospedarse en la recordada y desaparecida Hostal – Pensión Victoria en la calle de San Agustín que entonces regentaban los villeros ilustres,  el pintor, dibujante, alfombrista, gestor don Pedro Hernández Méndez y su señora la recordad telegrafista Lola Murillo. Permaneciendo en esa habitación con su señora esposa Manuela Ramos Haessig (conocida por Manón  Ramos) villera de adopción, canaria de nacimiento, artista de la ilustre Escuela Central y Real de Bellas Artes de San Fernando de Madrid e hija del ilustre y recordado escultor de Arucas; Manolo Ramos, que había contraído enlace matrimonial en Madrid,  hasta que consiguen una mansión en alquiler en la calle Verde hoy Nicandro González Borges.
Retirado de su profesión, forma parte como contertulios con unos amigos que se reunían todos los sábados en un conocido restaurante de la Orotava en la zona de Los Pinos, tertulia formada; por el doctor Don Buenaventura Machado Melián (fallecido), el magistrado don José Luís Sánchez Parodi (fallecido), don Juan Acosta Rivero (fallecido), y don Juan Machado Melián (fallecido) que actuaba como chofer del grupo.
De los contertulios mencionado, el magistrado don José Luís Sánchez Parodi, en su libro publicado por el Ayuntamiento de la Orotava, “ANTES DE QUE SE ACABE EL TIEMPO DE ESCRIBIR”. Por donde ha ido destinado, siempre tuvo gran amistad con médicos, con algunos de los cuales, en el tiempo y en la distancia, ha conservado fraternal amistad, que se iniciara desde que se conocieron. A don José Luís Sánchez Parodi gaditano de nacimiento y tinerfeño de adopción, los recuerdos le traen a la memoria conversaciones y anécdotas. Conoció a don Enrique Sáenz Tapia, en el verano de 1943, en el campamento de milicias universitarias, en Chapas de Mar­bella, un lugar entonces sin el menor indicio de lo que con el tiempo sería en la órbita del turismo. Una tierra espesa, dura, en la que pre­dominaba el calor y los alacranes, que poseía el "ESCAPE" de una playa, a la que, cuando el servicio lo permitía, se bañaban, dando la impresión, de que veraneaban, al margen de la dura tarea del Ejército. En el campamento estaban  agrupados los distritos universi­tarios de Granada, Sevilla, Aragón y Murcia, y a veces se reunían las agrupaciones en el patio de armas, formando un solo conjunto, que mandaba provisionalmente, como práctica, un alumno, sargento. Era un joven moreno, con enorme vozarrón, le acompañaba un aire evidente de mando, que hacen presumir un carácter fuerte, exigente, disciplinado, y con indudable amor propio para ejercer las funciones que le habían encomendado. Pasaron los años, más de diez, y un día llegó a la ilustre Villa de La Orotava donde don José Luís ejercía de juez.  Don Enrique era joven, moreno, tenía un leve bigote, voz dura y altos tonos, enér­gico, culto y que a leguas daba la impresión de una gran formación facultativa, inteligente, ingenioso y con cierta gracia seria para contar las mil y una cosas que le habían ocurrido en su aún corta, pero plena y curiosa trayectoria vital. Las horas, los días, los años que pasaron juntos sirvieron para estrechar una bella amistad, que aún perdura, y para dar fe del éxito que tuvo en la Villa, a la que dedicó con sacrificado ahínco toda la ciencia y conocimiento que llevaba consigo y sus magníficas condiciones de cirujano, lo que don José Luís comprobó en una urgente ope­ración de apendicitis a una de sus hijas, que resolvió con éxito: “…Hace años, que la sala de operaciones era, cómo no, la que se lle­vaba en aquel tiempo y la anestesia no comprendía los magníficos y modernos sistemas de la actualidad, sino una forma consistente en dormir al paciente mediante el uso de una mascarilla, empleando para ello éter caliente, que en las proporciones debidas suministraba un practicante, pues entonces no había médicos especialistas. Transcurría la intervención sin dificultades, a aquel grueso pa­ciente al que le estaban practicando una apendicitis, en las condiciones ya relatadas. De pronto, don Enrique observó una anomalía, que consistía en que las tripas del enfermo, se movían y estaban próxi­mas a salirse, lo que indicaba que aquella zona no estaba plenamente inmovilizada, como era obligado. Sin excitarse, con plena tranquilidad, le advirtió al practicante: " Que se le están saliendo las tripas". Y el practicante, celoso de sus funciones, le contestó seguro: "No se apure usted, que éste tiene mucho rato para que se despierte". Y en silencio la sala de cirugía, se oyó una voz lúgubre, temblorosa, que parecía venir del otro mundo, y que procedía de la mascarilla que tenía puesta el que se estaba operando, quien con plena claridad y di­rigida al practicante, musitaba su queja de la mejor manera que pudo. Pues como evidentemente oyera las palabras que le decía el cirujano al practicante, expresó un "me cago en tu padre... ". Y ante la sorpresa del auxiliar -y las palabras que el enfermo le estaba dedicando-, se rectificó sobre la marcha y todo quedó solucionado felizmente…”
Don Enrique Sáenz Tapia nace en Logroño el día 9 de Julio de 1923. Y falleció en la villa de La Orotava el 4 de Marzo del 2016, a los 93 años de edad, tras una larga y triste enfermedad.
Estudió el Bachillerato en el Instituto de segunda Enseñanza de Logroño. Reválida de Bachiller, en el año 1940 en la Universidad de Zaragoza.
Esta crónica publicada en la Prensa de la Rioja el 16 de diciembre del año 2002, escrita por don Jerónimo Jiménez, cronista oficial de Logroño, referente a un acontecimiento que se produjo en la ciudad: “…El día 8 de diciembre de 1927 se realiza­ron los actos programados pa­ra solemnizar la inauguración oficial del nuevo edificio del co­legio de los Hermanos Maris­tas, llamado Colegio San José. Hubo presencia de autoridades: obispo de la diócesis, alcalde de la ciudad, gobernadores ci­vil Y militar, profesores... y gran cantidad de público. Gustaron las intervenciones de niños de corta edad, como el discurso sa­lutatorio del niño de cuatro años, Enrique Sáenz Tapia. Los Hermanos Maristas reci­bieron felicitaciones y para­bienes para su nueva instala­ción, que suponía una mejora en la enseñanza de los niños de la ciudad. La orden de los Hermanos Ma­ristas se estableció en Logroño en el año 1898, en un sencillo edificio de la calle de La Villa­nueva, hoy Rodríguez Pater­na…”
En el curso 1940 - 1941 don Enrique comienza los estudios de Medicina en la Facultad de Zaragoza, en la que realiza los tres primeros cursos, equivalentes a cuatro de otras facultades, ya que en dicha Facultad se hacían los dos primeros en un solo curso.  
El año 1943 traslada la matrícula a la Facultad de Madrid en la que estudia los tres últimos cursos, obteniendo la Licenciatura el año 1946. Cumple el Servicio militar que simultanea con las asignaturas optativas del Doctorado.       
El año 1947 comienza a trabajar, como médico asistente, en la Residencia Maternal del Instituto Nacional de Previsión, bajo la dirección del Dr. Pablo Sela Sampil. En dicho establecimiento sanitario se asistían los partos del Seguro de Maternidad y los del régimen de Subsidios Familiares, que mas tarde se integrarían en el Seguro de Enfermedad. En 1948 es nombrado médico residente, siendo el precedente de lo que más tarde sería el MIR. En este puesto de trabajo permanece hasta el año 1953. Durante este tiempo compagina este cargo con el de ayudante de ginecología del seguro Con el Doctor Sela y de su clientela particular.    En 1948 aprueba con el número 31 las oposiciones al cuerpo de tocólogos Municipales para Poblaciones de más de 12.000 habitantes.
El año 1953 después de 6 años de especialización y haber adquirido la experiencia necesaria en Obstetricia y realizado numerosas operaciones de tocurgia y ginecológicas se traslada a la Orotava, en Tenerife, con la plaza de tocólogo del seguro y de la de tocólogo Municipal que por concurso obtendría después en propiedad. El año 1954 es nombrado Ginecólogo del subsector de la Orotava, que simultaneó con la de Tocología.  Realiza examen de capacitación, con lo que obtiene el año 1961 la plaza de Ginecólogo en Propiedad, cargo en el que permanece hasta el momento de su jubilación en el año 1993.
En el año 1960 participa en la fundación de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Canarias, que promovió el Doctor Peña Regidor con un grupo de Ginecólogos de Tenerife perteneciendo desde entonces a la Asociación Ginecológica Española. Forma parte de comité local en Mayo de 1973 de la 14 reunión nacional para el estudio de la esterilidad y la fertilidad, que tuvo lugar en la Universidad de la Laguna. El año 1978 es designado para pronunciar el discurso inaugural del Curso 1978 - 1979 de la Asociación ginecológica española, con el título" Diabetes y gestación”.
Con el mismo título pronuncia el discurso de apertura de la Sociedad Ginecológica de Canarias del curso de 1979 en Santa Cruz de Tenerife.
El año 1988 se jubila como Funcionario público, al cumplir los 65 años, del puesto de Tocólogo titular, y cinco años más tarde, a los 70 del cargo de Ginecólogo de Seguridad social. Ejerce tres años más en la consulta privada y cesa en su actividad profesional coincidiendo con la celebración de las Bodas de Oro de su promoción médica.
El año 1995, siendo presidente de la Junta Electoral para la elección de la Junta directiva de la S.O.G.C. en el III Congreso regional, recibe el título de Socio fundador de dicha Sociedad.
Son pues cincuenta años de ejercicio profesional dedicado íntegramente a la Especialidad Tocoginecológica, asistiendo en este largo periodo de tiempo al intenso cambio que la medicina, en general, y la Especialidad, en particular, han experimentado.
En su caso el cambio es más profundo al pasar de la especialización en una Clínica en Madrid, al ejercicio profesional en un medio semirrural, donde en sus comienzos por la falta de medios de transporte para los pacientes y la dificultad de comunicaciones, tuvo que recurrir a lo que pudieran considerarse como actuaciones poco ortodoxas, que eran las únicas posibles, para resolver situaciones graves con escasos medios.
Los partos tenían lugar, en su mayoría, en el domicilio de las parturientas y eran casi siempre asistidas, en principio, por parteras amañadas sin título que solamente requerían la presencia del médico cuando la situación se complicaba. Como titular en la postrimería de la década de los años cincuentas cuenta con la presencia por primera vez de una partera titular, la recordada Antoñita Violan, también ilustre villera de procedencia catalana.
La Ginecología se operaba en las clínicas que había en el Valle (casas habilitadas) con escasos medios.
El año 1966, en colaboración con un compañero Médico Titular, el ilustre y recordado villero Doctor don Emilio Luque Moreno, fundan la Clínica "San Miguel", que fue el primer centro hospitalario, que para dicho fin, se edificó en el norte de Tenerife.
Con todo ello creo que contribuyó a una mejoría en la asistencia tocológica en esta zona, acostumbrando a las parturientas a acudir a las Clínicas para ser asistidas, hasta llegar a la  situación actual en que mejoradas las condiciones de vida y gracias a la construcción de mas establecimientos hospitalarios y la presencia y el esfuerzo de mas compañeros de la especialidad, se ha llegado en el valle de la Orotava y zona Norte de la isla de Tenerife a una correcta asistencia obstétrica.
En estos cincuenta años ha cambiado de una manera radical el panorama de la especialidad, pasando de una Obstetricia y Ginecología más clínica, a la actual sofisticación de los medios de diagnóstico y tratamiento que las han hecho fragmentarse en múltiples compartimentos o subespecialidades difícilmente abarcables por una sola persona.
En fin, cada uno es hijo de las circunstancias que le han tocado vivir quizás inconcebibles para alguien que hoy se iniciara en el ejercicio de la especialidad que consideraría imposible admitir la permanencia de 24 horas de servicio durante 335 días al año y algunos años 365 por no haber compañero que le substituyera en vacaciones. Resumiendo, es posible que el ejercicio profesional sea hoy más cómodo aunque, por lo menos en mi concepto, sea también menos gratificante.
Con su nostalgia logroñesa, de la campiña riojana, de los celebres vinos españoles, su sosiego de villero, donde lleva afincado cincuenta y cinco años de una difícil, delicada y laboriosa profesión, entre melancólico y atento, don Enrique Sáenz Tapia, va teniendo cada día conciencia más clara de sus posibilidades, de su vida y su responsabilidad, siempre con el acompañamiento de su ilustre dama fecundada en el arte de la paleta y el pincel, en el óleo, en el dibujo Manón Ramos. Esto es, de su autoridad,  porque don Enrique en su vida orotavense tuvo el suficiente prestigio auténtico, autoridad personal y una bondad cuyos límites costaba encontrar. Don Enrique Sáenz Tapia era respetuoso y respetable en toda la Orotava. Más que un liberal en sus ideas, don Enrique fue un liberal en sí mismo, en su vida, en su conducta de hombre libre y obligado a la inteligencia, a la comprensión, a la justicia, a la solidaridad y al trabajo. Y por encima de todo, su ansia de libertad: «Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.»
Según el recordado juez y magistrado don José Luís Sánchez Parodi:  He aquí su pequeña historia de un médico riojano, ’de duran crin’ -como dijo Lorca de aquel ’Camborio, de dura crin’- que identificó su vida con la villa, como médico, y como cabeza de una familia netamente orotavense, espero, esperamos que se recupere del todo, para volver con su alegría de siempre por las calles de la Orotava, pues últimamente por problemas de salud lo ha pasado muy mal. Animo don Enrique, todos estamos con Vd.”.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU.
PROFESOR MERCANTIL

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