domingo, 12 de marzo de 2017

DON JOSÉ BORGES ACOSTA.



Beneficiado Rector de la parroquia de la Concepción de La Orotava durante gran parte del siglo XIX, y recordado por impedir la sepultura eclesiástica al VIII marqués de La Quinta Roja don Diego Sebastián de Ponte y del Castillo, nació en la villa orotavense el 19 de marzo de 1811, siendo el hijo primogénito de Juan Borges Brito y de Micaela Acosta de Ávila. Tres días después de su nacimiento fue bautizado en la parroquia de la Concepción por Gregorio Hernández Neda quien, con licencia del Beneficiado de dicha parroquia Domingo Atanasico Calzadilla, le puso por nombre José Luís del Sacramento.
En diciembre de 1822 el joven José Borges fue confirmado por Vicente Román y Linares, obispo de Danzara y auxiliar de Tenerife en la ermita de San Clemente situada en la hacienda del marqués de Villanueva del Prado en el término municipal de Santa Úrsula, lugar a donde se desplazaron sus padres junto a él y otros muchos ciudadanos de la comarca para que, los más jóvenes recibieran dicho sacramento de manos de tan destacada personalidad. No en vano, el obispo Vicente Román fue la persona designada para proceder a la erección del nuevo obispado nivariénse que había sido creado gracia a la Bula de 4 de febrero de 1818 de Pío VII y a la real orden Auxiliatura de Fernando VII confirmándola tanto por la iglesia como por el estado.
José, al igual que sus hermanos, pasó su infancia entre el Llano de San Sebastián y la calle de los Rosales, al igual que ellos realizó sus estudios primarios en la Orotava, su pueblo natal, pero a los 14 años y dada su vocación religiosa, se atrevió a escribirle al obispo nivaríense una carta explicándole que: “con motivo de seguir con sus estudios y dado que se ha enterado que pronto V. S.I. va a celebrar Ordenes, y dado que él quiere abrasar el estado eclesiástico y ser asignado para ello al servicio de la Concepción de La Orotava a  donde pertenecen las capellanías que tiene conocido derecho aunque no las posee, es por lo que suplica sea admitido a dichas ordenes y se le conceda la asignación a dicha iglesia”.
El obispado le responde en diciembre de 1825 que su petición es aceptada y que es admitido a órdenes menores. Por esos años, anteriores al Concilio Vaticano II para poder llegar a recibir las Sagradas Ordenes había primero que obtener las cuatros ordenes menores, y una vez se era acólito había que obtener el subdiaconado, el diaconado y por último el presbiterado o sacerdocio. Pero para poder ser admitido a dichas ordenes menores, previamente se le comunicó la solicitud al párroco de la Concepción para que abriera un expediente por si alguien conociera algún impedimento que le imposibilitará el ser admitido a dichas ordenes menores. En dicho expediente debían de aparecer al menos la testificación de cuatro testigos de los más ancianos del lugar que avalaran o rechazaran tal admisión, petición que todos apoyaron. Nueve años después dicho expediente se repitió pero ahora para ser admitido al diaconado y presbiterado, grados que alcanzó José Borges en marzo de 1834, tras ser examinado y con éxito por el Beneficiado de la Parroquia de la Asunción de la Gomera Tomás Fernández Hurtado de Mendoza. Ya como sacerdote ordenado en la parroquia de la Concepción de La Orotava, consiguió la autorización para poner en práctica los deberes que dicha orden impone de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y predicar el Evangelio a los fieles. En mayo de ese mismo año, tras enviar los párrocos orotavenses Domingo Curras Abreu y Buenaventura Padilla y Cabezas una certificación al obispado comunicándoles: Que tras examinar al presbítero José Borges Acosta lo hallamos capaz y suficientemente instruido para el santo ministerio de la predicación.
Desde ese momento y hasta su muerte, acaecida en la primavera de 1890, José Borges Acosta pasó a ser párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava, primero como Beneficiado Servidor y luego como Beneficiado Rector. José Borges Acosta, doctor en Teología por oposición en la universidad literaria de San Fernando y examinador sinodal del obispado nivaríense pasó a controlar así una de las parroquias más importantes de toda la isla de Tenerife.  Pero a pesar de que estuvo como párroco más de 50 años, ha pasado a la historia por su negativa a darle sepultura eclesiástica en el Cementerio Católico de la Villa al cadáver del VIII marqués de la Quinta Roja Diego Sebastián de Ponte y del Castillo, negativa que no solo fue un escándalo en toda Canarias sino que provocó que el camposanto orotavense fuera declarado nuevamente profanado o en entredicho por el obispado tinerfeño, castigo que tardó más de 24 años en levantarse con el perjuicio que eso ocasionó a los fieles orotavenses que tenían que ver como sus familiares y amigos eran enterrados no en tierra bendita, sino en una tierra profanada y sin la compañía de ningún miembro eclesiástico.
Y además esta negativa de José Borges Acosta fue también la causa de que la madre del difunto marqués, Sebastiana del Castillo y Manrique de Lara, VII marquesa de la Quinta Roja y nieta de los Condes de la Vega Grande, levantara en la huerta trasera de su casa orotavense de la calle de San Agustín un mausoleo, y destinara todo el resto a jardín para dedicarlo a la memoria de su malogrado hijo. Así pretendía que no solo se conociera la injusticia que se había cometido con él, sino que además sirviera como símbolo contra la intolerancia y contra el fanatismo religiosa. Hoy en todo este recinto ha sido declarado por el Gobierno de Canarias Bien de Interés Cultural como jardín histórico a conservar.
Pero como curiosidad, y a pesar de que la causa fundamental de la negativa de José Borges Acosta para darle un entierro cristiano al difunto Diego Ponte del Castillo fue que este había sido masón, no nos es posible olvidar que años atrás, el propio párroco de la Concepción mantuvo un litigio con el con el padre del difunto marqués, el VII en la línea sucesoria, Francisco de Ponte y Llerena, sobre unos terrenos colindantes al Barranco de Araujo y que el propio clérigo reclamaba como suyos, pero que tuvo que ver como los perdía, previo pago eso sí, ante la familia Ponte. Aunque según él ha venido en transigir este asunto… por no ser su carácter el de sostener pleitos que siempre son gravosos y molestos. Pero este no fue el único litigio que mantuvo José Borges Acosta, ya que durante muchos años y cumpliendo órdenes del obispado estuvo intentando, sin éxito, conseguir las llaves del cementerio, del alcalde de La Orotava, porque para la iglesia, los camposantos son lugares religiosos que están bajo la exclusiva jurisdicción de la autoridad Eclesiástica, no cabiéndole a la civil más atribuciones sobre ella que las que sean conducentes a vigilar la salubridad pública. Sin embargo José Borges estuvo reclamando las llaves durante años, unas veces avalado por la orden del Obispo de Canarias como la de 5/4/1872, otra por la del Vicario General en oficio de 27/12/1878, pero siempre obtuvo de la alcaldía la misma contestación: lamentándolo mucho la única llave existente de la puerta del cementerio debe conservarla el alcalde en uso de su legitimo derecho como así dispone la R.O. de 13/11/1872.
José Borges Acosta falleció la madrugada del 26 de mayo de 1890 en su querida villa de La Orotava, siendo enterrado al día siguiente en el todavía profanado Cementerio Católico orotavense.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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