domingo, 12 de marzo de 2017

FRAILE ANDRÉS DE ABRÉU.



Fotografía referente a un óleo del artista, imaginero y escultor del siglo XIX, el orotavense Fernando Estévez de Sala, correspondiente al antiguo Llano de San Roque, actual Plaza de la Alameda, de la Constitución o del Kiosco de la Música.

Fraile Andrés de Abréu orotavense nacido en la casita lindante con la portada del ex convento de nuestra señora de Gracias de los agustinos, nuestro primer poeta del barroco, no busca la belleza en sí misma. Ni su norma es, estrictamente, el arte por el arte. Sus metáforas, de lento proceso cerebral, no son tampoco quieta pedrería de museo, sin savia y sin pulso. A lo largo de su poema, y sustentando su lírico artificio, discurre la humana peripecia de un santo de excepción, en un contexto histórico apasionante. Ebrio de metáforas y turbado de santidades, el poeta se estremece ante un estilo de arte que le alucina y un estilo de vida que irresistiblemente le atrae.
Nacido en La Orotava el 30 de noviembre de 1647, Fraile Andrés de Abréu ingresa desde joven en el convento fran­ciscano de San Lorenzo de su villa natal. Desempeña cargos importantes como el de Lector de Prima de Teología en el convento de San Miguel de las Victorias en La Laguna, Provincial dos veces de la orden franciscana, Examinador Sinodal de la diócesis de Canarias y Comisario del Santo Oficio. Muere en su convento de San Lorenzo en 1725, a los 78 años de edad. Viera y Clavijo nos refiere que fue en este convento de La Orotava donde Fraile Andrés de Abréu compuso, con el marqués de Celada don Diego Benítez de Lugo y el jurisconsulto don Martín BucayIle, «aquel triun­virato famoso de séquito y autoridad, de que todavía hoy hay memoria». Y el marqués de Celada testimonia que Fraile Andrés es «el religioso más sobresaliente que tenemos hoy para la cátedra y púlpito... y el fraile más bien querido que hay en su Religión».
De su obra poética sólo se conserva un largo poema, dedicado a la vida de San Francisco, con este título: Vida del Serafín en carne y vera efigies de Cristo San Francisco de Asís. Se publicó en Madrid, en 1692, pero debió terminarse varios años antes, porque las distintas licencias y aprobaciones para su publicación datan de 1688. La segun­da edición, ricamente orlada en todas sus páginas, se hizo en Toledo, a mitad del siglo XVIII. Su aprobación y licencia son de 1744, 19 años después de su muerte. La edición de Madrid va precedida de una amplia dedicatoria al Capitán General de las Islas Canarias y de las respectivas licencias de la orden franciscana, del obispado de Canarias y del Rey. Y a cada licencia se antepone un informe que le sirve de base. El primero fue encargado a tres padres franciscanos, lectores de Teología; el de la diócesis a un agustino, exami­nador sinodal, y el del Consejo Real a un carmelita, predi­cador de su Majestad. Los tres informes son sumamente laudatorios y contienen algunas apreciaciones de estilo. El prólogo, con repetidos alardes de humildad, es del autor del poema.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL.

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