jueves, 23 de marzo de 2017

LA PREHISTORIA DEL ALUMBRADO Y SUS ALBORES EN CANARIAS (VII)



El amigo y compañero de profesión; ANTONIO SALGADO PÉREZ, remitió entonces (marzo del 2017), este interesante artículos histórico, referente a  la inauguración de la electricidad  urbana en La Villa de La Orotava, que tituló; “LA PREHISTORIA DEL ALUMBRADO Y SUS ALBORES EN CANARIAS (VII)”.
Publicado en el matutino EL DÍA, “LA PRENSA”, el sábado 18 de Marzo del 2017: “…El 1 de diciembre de 1894 llega la luz eléctrica a La Orotava. Por aquel entonces la Villa contaba con nueve mil habitantes. Los abundantes caudales dee agua fueron el “alma mater” de su proceso eléctrico.
DECAE LA COCHINILLA PERO SURGEN LOS PLÁTANOS Y LAS PAPAS.
Hemos reiterado en anteriores capítulos que Tenerife, capital de Canarias desde 1822, había obtenido importantes cotas como, por ejemplo, que fuera declarado su muelle como Puerto de Interés General, en 1880; y haber instalado el cable telegráfico tres años más tarde, pero, con carácter público, aún no había implantado el alumbrado eléctrico. Logro del que pudo alardear la Isla Bonita, léase La Palma, que iluminó sus calles, plazas y casas particulares el 31 de diciembre de 1893, con una solemne función religiosa, fiestas bailables, bandas de música, banquetes, etc. Apenas un año más tarde, la electricidad pública llega a Tenerife, pero no a Santa Cruz, sino a La Orotava…
EL TEXTO DE UNA CARTA PIONERA
Intuimos que todo pudo iniciarse con la misiva que a continuación transcribiremos. La redactó Ricardo Ruíz Aguilar (1839-1922), un personaje excepcional como militar, político, escritor y empresario. Dicha misiva,  con fecha 12 de agosto de 1892, iba dirigida al alcalde del Ayuntamiento de La Orotava, Antonio María Casañas, que estuvo al frente del citado Consistorio entre 1894 y 1897 y, textualmente, y con el encabezamiento de “Sociedad de Alumbrado Eléctrico”, decía lo siguiente:
“Proponiéndome establecer el “alumbrado eléctrico” en este Valle, previa las formalidades que la ley determina, he de merecer a V.S. se sirva manifestarme si la Corporación que dignamente preside está pronta y se encuentra en libertad de aceptar esa mejora en el servicio público que, como todas las de índole análoga, habrá de sacarse a pública licitación. En dicho caso, y con el fin de que  pueda  V.S. conocer las condiciones generales que la empresa creada por mi iniciativa entiende ser necesarias para tomar parte en la subasta, adjuntas tengo el honor de remitírselas sin perjuicio de ampliarlas o aclararlas según sus observaciones; debiendo añadirle  que si esa Ilustrísima Corporación desea explicaciones verbales que contribuyan a formar acabado juicio sobre esta mejora desconocida hasta hoy en la Provincia, estoy pronto a acudir a su llamamiento o avistarme con la Comisión que tenga a bien nombrar para ese objetivo. Al propio tiempo debo hacer presente a V.S. que compuesta la empresa a que aludo, de personas avecindadas en este Valle llamado a constituir un solo pueblo, las proposiciones que en su nombre hago están inspiradas en un espíritu patriótico y equitativo, pudiendo por lo tanto anticiparle que el precio fijado en ellas es el más bajo que puede figurar en el pliego de condiciones y que únicamente partiendo de él nos sería posible tomar parte en la subasta. Dios que a V.S. mt. at.”
UNA POBLACIÓN DE RICOS HACENDADOS
En estas mismas columnas, y en un artículo de acreditado rigor histórico, el profesor Tomás Méndez Pérez, nos recordaba que “La Villa, como tantas poblaciones de la Isla, y a finales del siglo XIX, tenía establecido el alumbrado público por medio de faroles de aceite o belmontina; dicho servicio era gestionado por el propio Ayuntamiento a través de la Policía local. Pero este anacrónico y mortecino alumbrado , añadía, no era suficiente para la importancia de esta población de ricos hacendados”.
Y surgió la figura del ya citado Ricardo Ruíz Aguilar, militar granadino, que se había establecido inicialmente en La Laguna, apoyado por la familia Osuna y, más tarde, guió sus pasos  a La Orotava, donde se casó  con la orotavense María Candelaria Benítez de Lugo, hija del marqués  de la Florida. En la Villa, Ruíz Aguilar llevó a cabo su proyecto tecnológico de alumbrar la ciudad con luz generada con las aguas del Heredamiento o Dula, que nacían en los montes de La Orotava, en la cuenca hidrográfica de Aguamansa.
“SOCIEDAD ELÉCTRICA DE OROTAVA (SEO)”
Atendiendo el ofrecimiento ya expuesto, el Ayuntamiento nombró una comisión formada por los concejales Luis Monteverde y Miguel Rodríguez, quienes emitieron un informe favorable, que fue aprobado por unanimidad del Consistorio, al igual que el pliego de  condiciones establecido por la inicialmente denominada “Sociedad de Alumbrado Eléctrico” y, posteriormente, “Sociedad Eléctrica de Orotava (SEO),  que contenía, entre otras condiciones, las siguientes:
Se concedía el privilegio en exclusiva de alumbrado público, por medio de luz eléctrica, durante veinte años, a la citada empresa. Y se le prohibía,  por tanto, cualquier tipo de alumbrado en la vía pública por parte de los particulares. El número inicial de bombillas era de 150 lámparas de 16 bujías, más 6 arcos voltaicos de 1.500 bujías de intensidad. El Ayuntamiento de La Orotava se comprometía abonar al concesionario 3.900 pesetas anuales. En caso de que aumentase el número de lámparas o arcos, el Consistorio pagaría mensualmente la cantidad de 2,50 pesetas por cada lámpara y 50 pesetas por cada arco. Los gastos del tendido eléctrico y material corrían por cuenta del contratista; y el Ayuntamiento era el encargado de designar el plano de situación de los puntos de alumbrado en las calles y plazas. También se consignaban en estas condiciones que en caso de surgir días de fiestas con carácter extraordinario, no previstos, el contratista se comprometía a alumbrar gratis hasta la una de la noche el exterior de los edificios públicos, el interior de éstos, así como el del teatro municipal. El alumbrado tenía que lucir todas las noches, incluso las de luna, desde el oscurecer hasta la una. Y tenía que permanecer hasta el amanecer los tres días de Carnaval y el de Piñata; en los que durase la fiesta mayor del pueblo; el 24 de diciembre y cuatro días más, cuando el Ayuntamiento lo estimase necesario.
ALUMBRAR CON EL CLÁSICO PETRÓLEO DE ANTAÑO
Huelga decir que la “Sociedad Eléctrica de Orotava” quedaba obligada a introducir en el alumbrado todas las mejoras ”que los adelantos técnicos se fuesen imponiendo”. Y en caso de que por cualquier circunstancia se interrumpiese tal  servicio, “la Sociedad quedaba obligada a alumbrar la población con el clásico petróleo de antaño”.
El responsable técnico era el ingeniero suizo Gaspar Kitt, de la empresa Jackson Brothers, de Madrid, quien instaló una central hidroeléctrica con turbina tipo Pelton y alternador incluido, como había realizado el año anterior en el “Electrón”, de Santa Cruz de La Palma, de la que ya nos hemos ocupado en anteriores espacios. La aludida central de la Villa sirvió para generar electricidad y alumbrar las plazas y edificios municipales de La Orotava, así como alumbrar el flamante hotel Taoro del Puerto de la Cruz, ya que Ruíz Aguilar, y algunos de sus compañeros de la SEO (Sociedad Eléctrica Orotava) ,también lo eran de la citada plaza hotelera.
UN ACCIONISTA RELEVANTE: TOMÁS ZEROLO HERRERA
Ante el notario Vicente Martínez de la Peña, la Sociedad quedó constituida de la siguiente manera: presidente, Ricardo Ruíz Aguilar; vicepresidente, Juan Cullen Calzadilla; secretario gerente, Nicolás Ascanio y Negrín. Formaban parte del Consejo de Administración, Juan Ascanio Arauz, Lorenzo Machado Benítez de Lugo, Fernando Fuentes González, Pedro Buenafuente y Segura, Luis Llarena y Monteverde. Entre sus accionistas  más relevantes figuraba Tomás Zerolo Herrera (Arrecife, 1850; La Orotava ,1910), “legítima gloria de la medicina canaria”. Como apunta Ana María Díaz Pérez en su documentado libro “La saga médica Zerolo”, este “polifacético y sabio cirujano, constituye un ejemplo a seguir por todos los ciudadanos, en especial para los más jóvenes”. La Villa de la Orotava, en gratitud a sus servicios,  puso su nombre, en 1912, a la antigua calle “El Agua”, donde había vivido.
ACUSADOS DE INMOVILISTAS Y RETRÓGRADOS
El mencionado profesor Méndez Pérez apostillaba que “ lo más representativo de las fuerzas vivas de la Villa, a la que muchas veces se les ha acusado de inmovilistas y retrógrados, dieron ejemplo a la Provincia, ya que se adelantó a la capital, que estaba entregada a los intereses extranjeros de la Compañía del Gas, controlada por la firma inglesa Burrell, Wolfson and Co., cuyo representante en Tenerife era Enrique Wolfson, quien se opuso a los distintos intentos por parte de otros promotores de establecer en Santa Cruz de Tenerife el alumbrado eléctrico. Entre ellos se encontraba el propio Ricardo Ruíz Aguilar, que en junio de 1893 había lanzado la idea de constituir una sociedad por acciones para implantar el alumbrado eléctrico en la capital de Archipiélago”.
UN SUEÑO TAN DESEABLE COMO LEJANO
Pues sí, para los ediles de la capital de Canarias-que gozaba de tal privilegio desde 1822- la electricidad era “una especie de sueño dorado , que les parecía tan deseable como lejano”. A pesar de todo, y antes de finalizar el año 1893, el problema se les plantearía en términos diferentes y altamente estimulantes. Y es que, como ya hemos  apuntado en anteriores capítulos, la  Nochevieja del citado año había empezado a funcionar en Santa Cruz de La Palma el alumbrado público por electricidad, “ y lo que  poseía el vecino, de ningún modo podía ni debía redundar en menoscabo y sonrojo de la capital de Canarias”.
“LA OROTAVA ENERGÉTICA”, DE LOS HERMANOS SÁNCHEZ GARCÍA
En un profundo, meticuloso y ameno estudio, los hermanos Sánchez García, Eduardo e Isidoro, publicaron recientemente el libro “La Orotava energética”, donde éstos dirigían sus elaboradas investigaciones hacia las centrales hidroeléctricas de Hacienda Perdida (1894)- en la que vamos a focalizar nuestra atención por ser la pionera en Tenerife y, la segunda ,en Canarias- y en La Abejera (1935). Y en las páginas del citado tomo se rezuma esa prehistoria del alumbrado que siempre nos ha entusiasmado. Y con sutil añoranza los aludidos autores nos recuerdan  que “se dejaba atrás, de forma paulatina, la leña y el carbón; la tea y la cera; y poco más tarde, el aceite y el petróleo, también el carburo. No obstante, las velas, los quinqués y las lámparas Petromax siempre fueron familiares y resultaron difíciles de olvidar”.
La génesis de aquella nueva energía en Tenerife procedía , como ya hemos dicho, de las aguas de Aguamansa, Parque Natural del municipio de La Orotava, que debe su nombre al antiguo arroyo de Madre del Agua-una cuenca hidrográfica inagotable-, que tuvo mucha importancia y “riega los alrededores de la Villa de La Orotava y Llano de la  Paz”, según consta en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz (1845-1850).
Según explicaciones técnicas del ingeniero suizo Gaspar Kitt, “a una cota de 580 metros sobre el nivel  del mar se abrió un hoyo de diez metros de profundidad donde se construyó la sala de máquinas. El agua entraba a la sala mediante una tubería de carga , metálica, de treinta centímetros de diámetro que trabajaba con seis atmósferas de presión. Una vez movía la turbina tipo Pelton y generaba electricidad con el alternador, el agua se incorporaba al canal principal que continuaba su trayectoria hasta La Orotava”. “Y cerca de Aguamansa” , terminaba explicando el técnico, “hay una casa sólida donde el arroyo principal entre con tanta fuerza y abundancia que sobra gran cantidad de agua”
LA COCHINILLA, LOS PLÁTANOS Y LAS PAPAS
Los referidos caudales fueron el “alma  mater” del proceso eléctrico de La Orotava durante ochenta años, desde 1894 hasta 1974. “Aquellas benditas aguas, una vez que cumplían la misión de producir fuerza motriz en las turbinas, se incorporaban de nuevo al canal principal para seguir su curso, moviendo las ruedas de los  molinos de los cereales que se escalonaban en la trama urbana de la ciudad, abasteciendo lavaderos y chorros, regando las fincas de los afines a la dula”.
Por aquellas épocas ya había decaído en el Valle el cultivo de la cochinilla tras el descubrimiento de las anilinas químicas; y ello se tradujo en una nueva sangría migratoria del pueblo orotavense hacia Cuba y Venezuela. Aún así, y como contempla el avezado historiador Manuel Hernández González, “la relativa expansión desde finales del XIX con la sustitución por un nuevo modelo exportador centrado en los plátanos y en las papas, supuso una tasa de crecimiento paulatino que le llevará a los nueve mil habitantes”
Con el citado dato demográfico se había intentado electrificar la zona contando, entre otros personajes, con el ya mencionado ingeniero suizo Gaspar Kitt y con el geógrafo alemán Hans Meyer que,  a principios del año  1894, inspeccionaron los trabajos hidroeléctricos en la aludida “Hacienda Perdida”, la finca de Aguamansa y la Casa del Agua, junto al barranco de la Madre del Agua, “donde se amansaban las aguas procedentes de nacientes, fuentes y manantiales escondidos en sus entrañas, que luego regaban los alrededores del Valle de La Orotava” .
¡QUÉ MONTAÑAS, QUÉ AGUAS Y QUÉ CIELO!
Por su bucolismo y poder descriptivo, acudamos ahora a la prosa de Rafael M. Fernández Neda que, en su día, describió aquellos bellos parajes de la siguiente manera:” estos bosques, donde el verde ostenta sus innumerables matices, se extienden en fajas ondulantes, marcando perfectamente las zonas forestales. La primera es de retamas amarillas y blancas, de estrelladas flores de penetrante flor y exquisita miel que elaboran las abejas. Vienen luego los montes casi impenetrables, donde abundan las hayas y lentiscos, los brezos y laureles, los mocanes de sabroso fruto, tan estimado de los guanches, los acebiños de troncos colorantes, y otras muchas especies que fuera prolijo enumerar; finalmente, termina la última faja los vistosos bosques de castaños seculares; la variedad y las combinaciones de colores es otro atractivo del paisaje con las amapolas, espuelas de caballero y ranúnculos indígenas; los nopales, cactus de aterciopelado verde desarrollan sus palas erizadas de púas; y todo esto coronado por palmeras de erguidas copas, por dragos de membrudos vástagos, por sauces de movibles airones, por chopos de atrevido vuelo, por naranjos de dorado fruto, por plátanos de inmensas y brillantes hojas…¡Qué montañas, qué aguas y qué cielo!”.
EL TELEGRAMA DE UNA INAUGURACIÓN
A La Palma, como ya hemos apuntado, le cupo el alto honor de ser la primera zona electrificada de forma urbana en Canarias y, después, idéntico honor le iba a corresponder a aquel núcleo de nueve mil habitantes que respondía por La Orotava, que inauguró su alumbrado eléctrico el día 1 de diciembre de 1894. El periódico “Diario de Tenerife”, que dirigía  Patricio Estévanez Murphy, publicaba en sus columnas el telegrama enviado por Tomás Zerolo Herrera, que decía:
“Como le anuncié, se efectuó la inauguración oficial del alumbrado público de esta Villa por medio de la electricidad, con éxito completo. Muchas casas particulares, además, lucían sus instalaciones interiores. La que ocupa con sus oficinas la Sociedad Eléctrica de este Valle, estaba profundamente iluminada. Desde temprano han sido de notar las expansiones de entusiasmo en todas las clases de la población. Una ligera lluvia ha contenido algo, sin embargo, las manifestaciones populares, pero no ha impedido que una banda de música recorriera las calles tocando alegres aires. Celebróse un banquete  en el que, reinando gran satisfacción y alegría, se pronunciaron muchos brindis por el éxito de la empresa, por el progreso realizado en la Villa, por la estrecha unión  de todos los pueblos de esta Isla, y por la prosperidad y el engrandecimiento de esa capital de la isla de Tenerife y de todo el Archipiélago”.
PRIMERO, LA PALMA; AHORA, LA OROTAVA; LUEGO, ARUCAS
En efecto, primero había electrificado sus calles y plazas, La Palma; ahora, como hemos visto, La Orotava y, más tarde, lo haría  la localidad grancanaria de Arucas, como analizaremos en nuestro próximo capítulo.
Los núcleos reseñados atesoraron un denominador común para producir la energía eléctrica: sus generosos caudales de agua. Y es que como apuntaba Ángel  Manuel Lugo Montero en un ponderado estudio sobre estas causas capaces de transformarse “las energías hidráulicas , que han sido las primeras en existir y desde siempre se han dispuesto de ellas, son aquellas fuentes que de forma periódica se ponen a disposición del hombre y que éste es capaz de aprovechar y transformar en energía útil para satisfacer sus necesidades”
Foto nº 1
Ricardo Ruíz Aguilar (1839-1922), el gran pionero de la electricidad en La Orotava
Foto nº 2
Antonio María Casañas, alcalde de La Orotava entre 1894 y 1897
Foto nº 3
El doctor Tomás Zerolo Herrera (1850-1910), personaje relevante en la Sociedad Eléctrica Orotava (SEO)
Foto nº 4
Por aquellas épocas, la Orotava contaba con nueve mil habitantes.
Foto nº 5
De estos bucólicos entornos surgieron aquellas “benditas aguas”.
Foto nº 6
Por estos alrededores se celebraron las manifestaciones populares y sonaron las bandas de música por la irrupción de la luz eléctrica en calles, plazas y hogares villeros.
Foto nº 7
La calle El Calvario de aquel entonces
Foto nº 8
“Palmeras de erguidas copas y dragos de membrudos vástagos”…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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