viernes, 17 de marzo de 2017

LA SEMANA SANTA TINERFEÑA DE 1952



Fotografía que remitió entonces (2016) el Museo Sacro “El Tesoro de la Concepción” de la Villa de La Orotava, referente a la Procesión “El Mandato”, del día 29 de Marzo del año 1945.
Tomada  a su paso por la calle La Hoya (actual Hermano Apolinar), el Jueves Santo del año 1945. Le acompaña las hermandades; del Santísimo y Calvario de la Villa.
Curiosamente la calle entonces estaba totalmente empedrada.

El amigo de la Villa de la Orotava; JAVIER LIMA ESTÉVEZ. Graduado en Historia por la Universidad de La Laguna, remitió entonces (2016) este interesante artículo histórico, que tituló; “LA SEMANA SANTA TINERFEÑA DE 1952”.
Publicado en el "Diario de Tenerife" el día 23 de marzo de 2016. “…A lo largo de la geografía canaria encontramos la presencia de diferentes imágenes marcadas por un incalculable valor histórico y sentimental que en estos días alcanza su máxima expresión en diversas procesiones y funciones religiosas en múltiples rincones del archipiélago.
De esa forma, con la finalidad de conocer y valorar la evolución de los actos de la Semana Santa, analizamos un interesante artículo publicado en la revista Selecciones Anaga en abril de 1952, y disponible en la red a través del portal Jable de la ULPGC, donde se recoge un artículo con el título “Semana Santa tinerfeña”. Su autor, nos ofrece una breve descripción sobre el significado y la trascendencia de tal fecha en los inicios de la década de los años cincuenta, calificando tal celebración con los adjetivos de sencillez y emoción, respondiendo a una expresión que se manifiesta «en la falta de boato, de esplendor, de lujo. De ese lujo casi pagano de que otras ciudades hacen alarde, en la celebración espléndida, suntuosa y sorprendente, de sus eclosiones de fe y devoción». Frente a otras celebraciones en el ámbito nacional de similares características, la Semana Santa tinerfeña refleja un significado especial a través de diversas procesiones «que emocionan profundamente al que las sigue o presencia su paso, con una emoción sin asombros, sin agobios, sin admiraciones ni sorpresas».
El artículo describe el Jueves Santo como un momento de total emoción, ante un ambiente que año tras año se envuelve en el dulce e inconfundible aroma de las flores y el característico olor del incienso que impregna el aire. La imagen del Cristo crucificado y la Dolorosa definen la solemnidad del momento, marcando una escena que «ningún esplendor de galas, ningún lujoso ornamento de asombrosa riqueza, podría quizá, fuera de este momento, reproducir en el corazón de los tinerfeños ni de los que vivan en Tenerife estas horas de Fe y devoción».
Durante el Viernes Santo señala las características de la Semana Santa en La Orotava, por presentar una imagen diferente al resto de los rincones de la geografía tinerfeña, destacando la extraordinaria calidad de sus imágenes procesionales. Otra de las escenas representativas durante ese día se produce en la Semana Santa de La Laguna, relatando «el emocionante desfile silencioso del Cristo de La Laguna», interrumpiéndose el silencio por el sentir de alguna «invocación o un sollozo».
En definitiva, a través de una breve pero interesante crónica de la Semana Santa tinerfeña,  nos aproximamos al conocimiento de toda una serie de actos de la sociedad tinerfeña a mediados del siglo XX…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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