jueves, 23 de marzo de 2017

LA SOLEDAD DE SAN FRANCISCO DE LA VILLA DE LA OROTAVA



Fotografía tomada por mi cámara digital, a la entrada de la imagen LA SOLEDAD DE SAN FRANCISCO al templo de San Francisco Asís de la Villa de La Orotava (antiguo convento franciscano de San Lorenzo), domingo de Ramos de la SEMANA SANTA VILLERA del año 2009.
Datos históricos y artísticos del amigo de la Villa de La Orotava, profesor titular de Historia de América de la Universidad de La Laguna; Manuel Hernández González, expuestos en su libro Los Conventos de La Orotava.

Esta imagen, bajo su original advocación de “Nuestra Señora de la Soledad” contaba con Cofradía propia, de carácter restringido en la composición de sus miembros, y que procesionaba cada Viernes de Dolores desde 1633. Existía, además, en la Iglesia de San Lorenzo, un altar dedicado a la Dolorosa y otro, presidido por esta sagrada imagen, a la advocación de la Soledad de María: “… Así, el 4 de julio de 1713, Matías Luis Ferromoto y Catalina de Lugo disponen que se celebraran “dos misas cantadas a Ntra. Sª de los Dolores en su altar y en su día […] otra el Lunes Santo a Nro. Sor. Del Huerto y otra a Ntra. Sª de la Soledad en el último sábado e Cuaresma en su altar”. La Cofradía de la Soledad hubo de alcanzar cierta importancia a lo largo del siglo XVII ya que en 1664 su prioste y patrono, Francisco de Molina, dio poder a su hermano, el religioso agustino fray Baltasar de Molina, para solicitar al Papa “las gracias y preeminencias y demás cosas que tengo encargada a su cofradía y confraternidad”.
El incendio que el 20 de abril asoló el convento franciscano, con su iglesia, archivo, biblioteca y demás dependencias, supuso la pérdida del rico patrimonio que había atesorado aquella magna fábrica, por Viera y Clavijo llamada “El Escorial de Canarias”. Afortunadamente, la pronta intervención de los vecinos logró sacar de los rigores del fuego alguno de las imágenes del templo, caso de la milagrosa imagen de la Virgen de la Caridad, San Buenaventura, San Lorenzo, las tallas del Calvario, la Virgen del Tránsito o la propia Virgen de la Soledad. Pese a ello, la pequeña iglesia reconstruida tras el incendio, de una única nave y ya levantada en 1805, sólo permitió mantener el culto a la Virgen de los Dolores, que con el Señor Muerto y San Juan conformaba un Calvario en uno de los retablos del templo. Es en este momento cuando la imagen de la Soledad pasa a la Parroquia Matriz de la Concepción.
La primera desamortización no afecta al recién reconstruido cenobio. Más bien, atrae a él a frailes de otros puntos de la isla. Sin embargo, la Desamortización que el Ministro Mendizábal dispone en 1835 supone ya la exclaustración del convento, cuyas dependencias quedarán para uso hospitalario. Mientras, en la Parroquia de la Concepción, la imagen de la Soledad, cuya advocación ya ha sido cambiada por la de “los Dolores”, se encuentra en las dependencias parroquiales, sin recibir culto de ningún tipo, pues la existencia de la talla de la Virgen Dolorosa realizada por Luján Pérez pocos años antes hacía incoherente el culto a dos imágenes de la misma advocación en el mismo recinto.
Esta situación se mantendrá en el tiempo hasta la tardía fecha de 1873, fecha en la que el organista de la Concepción, Telesforo García Rodríguez, deseoso de recuperar el culto a la Soledad, pide licencia al gobernador eclesiástico para colocarla en uno de los nichos de la Iglesia de San Francisco, alegando la original pertenencia de la imagen al ya extinto convento de san Lorenzo. Es en este momento cuando, concedida su petición, la imagen regresa a la iglesia de San Francisco, siendo colocada, en un Calvario, en el tercer retablo del muro del Evangelio del referido templo, donde actualmente se encuentra.
En agosto de 1882 la interviene Nicolás Perdigón Oramas, quien también retocó otras imágenes del templo, caso de la Virgen de la Caridad o el Cristo del Huerto, tallas en las que acometió reformas más profundas que las que afectaron a la Soledad. No sabemos hasta qué punto afectó a la imagen la reforma de Perdigón, pero no debió de tener gran alcance, pues la imagen conserva su bella fisionomía original, de profunda impronta sevillana: nariz recta, entrecejo fruncido, pronunciado mentón y manos rígidas, dispuestas en actitud suplicante a la altura del pecho, así como sus ojos originales policromados al óleo.
Tristemente, su composición original ha sido alterada hasta ocupar la posición actual, con su mano izquierda apoyada sobre el pecho y la derecha dirigida hacia el exterior en un gesto poco natural. La reforma de Perdigón pudo haberse centrado en el retoque de la policromía, la intervención en el candelero, que presenta el azul característico de las reformas de Perdigón, y el añadido del cabello a modo de suaves hondas que se recogen en la nuca de la imagen…”
Actualmente en el siglo XXI, el artista y ebanista orotavense Manuel Martín Rodríguez, realizó un bello trono de madera para procesional esta imagen en la tarde del domingo de Ramos en la procesión de la Oración del Huerto. Una gran obra para el orotavense templo de San Francisco lleno de ilusión, por encargo del amigo de la Villa; Víctor Mesa Escobar. Manuel Martín me indicó en su gubia o taller en el Barrio orotavense de Los Cuartos con cariño y sosiego, “…si sale adelante, ya me puedo morir tranquilo…". 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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