domingo, 12 de marzo de 2017

SANTIAGO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, HIJO DE LABRADORES DEL CAMPO OROTAVENSE



Nació en el año 1953 en la Villa de La Orotava en el lugar conocido como La Torrita.  Cursó sus primeros estudios en la Escuela de Doña Lucia Mesa, en La Academia y en el Colegio Santo Tomás de Aquino de su Villa natal.
Trabajó en la agricultura, en jardinería, y más tarde, como operario electricista. En octubre de1974 ingresó en el Seminario Conciliar de la Diócesis de Canarias (Las Palmas) donde cursó estudios de Teología. Fue ordenado sacerdote el18 de octubre de 1981 por Monseñor Ramón Echarren Ystúriz entonces obispo de Las Palmas de Gran Canarias.
Después de varios años de trabajo pastoral en1992 se traslado a Madrid para ampliar estudios en la Facultad de Teología Pastoral, dependiente de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Es, en la actualidad, Vicario General de la Diócesis de Canarias. Pregonero de las Fiestas Mayores de La Villa en el año 2005, elogia, como hijo agradecido a su pueblo, al que siente como "Sublime y Laborioso”.
La finca de la Torrita, en la que nació, creció y en la que aprendió a amar, sobre todas las cosas, ha sido una atalaya privilegiada para conocer y vivir nuestras fiestas. Dicha finca, hoy comprendida entre las paralelas de Sor Soledad Cobián y Carrero Blanco y entre Lucía Mesa con Sargentos Provisionales, entonces no tenia las edificaciones que se encuentran hoy en dicho perímetro, pertenecía dicha finca al Marqués del Hoyo y más tarde a sus herederos, de la que fue recorredor Sr. Pedro Hernández "el alto", tan apreciado por la familia, D. Domingo Hernández y otros, constituía una finca frondosa en la que primero mis abuelos y luego mis padres fueran labradores en régimen de medianería. Esa constituyó mí primera escuela.
La calidad de la tierra, regada por el canal de "Aguas del Norte" y el conocimiento del oficio hacía que aquellos humildes labradores sacaran de la tierra, sujeta a los cambios de las estaciones y sus ritmos biológicos, las mejores papas, batatas afamadas, con las de Blas Luis, millo, trigo, tomate, cebollas, tabaco, viña.. También se cultivó antaño la caña de azúcar y hasta cochinilla, pues aún se conserva el horno-secadero (de cochinilla) y media docena de tuneras o pencones, los cuales popularizaron el lugar, conocido por "EL PENCÓN". A su sombra muchos villeros y no pocos foráneos se tomaron un buen vaso de vino de la tierra, acompañado con una buena ración de tollos o cherne en mojo colorado (escabeche), dorado y cocinado por Carmen, mi abnegada madre, aderezado con pimienta de cuerno cabra, de corazón de paloma o de ... la que hubiera. Tollos, Cherne, sardinas saladas traídas de la lonja de "los Molinas", o cuando no, de la "DEL PERRINCHE", o de "casa Tomás", en la cl Los Rosales. Sin faltar las "galletas del país" como a Manuel, mi padre, le gustaba llamar a una buena rodaja de gofio amasado que molido en los molinos artesanos de La Villa es el conducto perfecto y alimento de gran estima en la mesa del pobre.
Estos manjares de la mesa canaria estaban presentes en las comidas con motivo de las tareas propias del campo: una siembra o cogida de papas, la trilla del trigo, la vendimia, en fin, cada vez que se presentara la oportunidad o hubiese necesidad, pero sobre todo, en las fiestas Mayores de la Villa de La Orotava.
En los días próximos a la "fiesta del campo" los labradores entraban en una actividad frenética. Al ritmo del quehacer diario se añadían los preparativos de la fiesta. Se hacían reuniones espontáneas, para opinar, aconsejarse que novilla o res era más adecuada para "las reces" (exposición de ganado), pues en el esquema de la agricultura artesanal, no mecanizada, cada finca tenía un par de yuntas de vacas o bueyes según las necesidades. Se cepillaba y acicalaba el ganado para dejarlo con posibilidades de un posible premio, que no venía nada mal en tiempos de escasez. Se dejaban los pajeros con provisiones para esos días no estar agobiados cogiendo hierba. Quedaban los garrafones lavados y bien escurridos para que el vino estuviera en condiciones, cubierta con unos helechos frescos, como en las buenas bodegas y en los ventorrillos, como el de aquel hombre alto y fornido de nombre Ventura.
Era un regocijo poder llevar algunos frutos, los más vistosos, para el "Arco de San Isidro" símbolo de la fertilidad y muestra de la calidad de los productos del campo, pero sobre todo, para la "Ofrenda a los Santos Patronos".
¡Qué hermoso descubrir como un pueblo transforma lo ordinario en extraordinario! Aquellas yuntas de bueyes de la gañanía de José, Jorge, Gregario, Nicolás, Manuel, etc., que habían barbechado las tierras, iban de "feria de ganado" bien remozadas. Juan Hernández Padrón, conocido por Juan "el zapatero" llevaba unas yuntas de bueyes que solo tenían rival con las de Jorge "el pajarero". Candelaria se empleaba a fondo para sacarle brillo a las campanitas de las colleras que daban un ambiente de fiesta por esa carretera de los Pinos, camino del Quiquirá, que era un primor.
Las Labradoras, por su parte, repartidas entre plancha y cocina. Planchaban el traje de mago y las cintas de las varas. En la cocina, preparaban los salmorejos o los escabeches; ¡las papas bonitas que no falten!. Dejando los patios recogidos y barridos, disponían así la casa, humilde, pero en condiciones de recibir y sentar a la mesa a cuantos familiares y conocidos pudieran aparecer por ella, para compartir la alegría y la algazara de la fiesta que, dentro de un orden, rompe los moldes de lo rutinario y cotidiano.
Las varas de aguijón, que adiestran a las yuntas, limpias sus tachuelas con vinagre y con aceite la corteza, eran y son engalanadas con cintas de colores, una por año, rematada con una macolla o ramillete de claveles y espigas. ¡Todo un arte! para embellecer la vara con aires de fiesta que vista a la Orotava del "habito" de San Isidro, acompañándolo con jijides, isas, folias y el "tango de la Florida". Como en una ocasión me dijera Doña Eusebia González cercana ya las fiestas Mayores de La Orotava: "...Desde el Pago de Higa hasta Pino Alto, desde Aguamansa hasta el Rincón, vibramos todos en armonía, el día del Patrón, con la 'subida del Santo', la Misa solemne y la romería mayor...".

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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