domingo, 2 de abril de 2017

CRISTO DEL PERDÓN (II)



Fotografía del principio de los cincuenta del siglo XX, el Cristo del Perdón entrando al templo de San Agustín, en el medio día del domingo de Pasión.
Curiosamente, observamos detrás de la imagen dos edificios emblemático del siglo XVIII; el primero donde estuvo el Bar Te Veo y el segundo sede del Telégrafo orotavense.
Según el Amigo de la Villa de La Orotava profesor titular de historia de América de la Universidad de La Laguna: MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ: “…En el convento catalina de San Nicolás la procesión de más relieve era la del Cristo del Perdón. Era una imagen de curiosa iconografía, con un globo terráqueo esculpida a fines del XVII y atribuida a Gabriel de la Mata, que todavía sigue saliendo en la actualidad en la Semana Santa desde el convento agustino en el domingo que la precede. El 8 de mayo de 1744, el presbítero Diego del Carmen, fundador también de la ermita bajo la advocación de su santo patrón que existía en el pago de ese nombre del Rincón, decidió dotar su función, celebrada el miércoles santo por la mañana. Ésta había dado principio el año anterior “a impulso de la ran devoción de las señoras Doña Rudecinda de San Pedro Alcántara y Doña Gregoria de San Cristóbal de Francho, religiosas profesas de dicho convento”. Sin mebargo, considerando que sólo tendría permanencia durante su vida, quería perpetuarla con procesión por las calles de costumbre con asistencia de los beneficiados, las 3 comunidades y las hermandades del Santísimo y la Concepción de la parroquia. Estableció como limosna 44 reales para el beneficiado, 24 para los capellanes, 30 para las 3 comunidades, 50 para hermandades, 50 para la cera el trono y altar, 50 para el predicador y 10 para el capellán del convento que cantase la misa. Instituye también una misa cantada impartida por el capellán todos los miércoles del año con la limosna de 2 reales de plata y otra el 7 de mayo de cada año, de 5 reales, “que es la que celebran las religiosas la corona de espinas de S.M.”. Declara por patronas a las religiosas del apellido Franchi que residiesen en sus celdas, y por su falta la abadesa y demás madres y pide sepultarse delante de su altar. Sin embargo el 25 de abril de 1760 se desdice y revoca este instrumento. Señala que, aunque se ha seguido celebrando esa función, la dotación no ha tenido efecto. Pese a todo Pablo Tomás de Cames, como mayordomo de su cofradía, especifica que se siguió celebrando el culto a pesar de que “la dicha no tiene caudal alguno, ni obensiones ni rentas, pues de esta propuesta se sigue el que ha llegado cuidado del recogimiento de la limosna por los campos”. 
El amigo de la infancia de la Villa de La Orotava; EVARISTO FUENTE MELIÁN “ESPECTADOR”, remitió entonces (2013) estas notas: “…Bruno Juan: Domingo de Pasión del año 1956. Mediodía. Jugábamos un partido de baloncesto, en la Terraza del Atlante, cuando oímos claramente el paso de la procesión del SEÑOR DEL PERDÓN por la calle Verde o de Nicandro González  y Borges.
Domingo de Pasión del año 2013. Han pasado 57 AÑOS (CINCUENTA Y SIETE AÑOS). Es en el anochecer. Desde el actual habitáculo y morada del LICEO DE TAORO ---mansión que fue vivienda residencial de la familia de los Ascanio y Monteverde y de un ex alcalde peninsular, señor don Juan Guardia Doñate e hijos---se ve y se oye salir la procesión del SEÑOR DEL PERDÓN, en una anochecida algo mortecina, silenciosa, y al mismo tiempo templada, que deja oír en el casi silencio cotidiano nocturno de La Villa Monumental (interceptado el sonido procesional durante unos momentos por el campanario inoportuno de Santo Domingo; las campanas, amigos míos, no se deben tocar cuando suena la música, ¡caramba! ). La procesión sale en hora distinta y con trayecto totalmente distinto al antiguo de los años cincuenta, siglo XX. Viene hacia el nuevo restaurante Ayanto….y al rato, casi al final, la oigo bajando desde la calle de La Hoya o Hermano Apolinar.
Lo mejor es sin duda la perfección de ambas bandas, tanto la de cornetas y tambores como la banda de música, con arreglos ditirámbicos y sonido de castañuelas o chácaras acompasadas y parsimoniosas, deliciosas, que dan colorido rítmico musical al desfile procesional.
En conclusión: los que pensaban en los ‘felices años setenta’, a la muerte del Caudillo, que las procesiones iban a desaparecer, se habrán llevado un chasco mayúsculo. La organización y la incorporación de una buena porción de la juventud de La Orotava a lo procesional, ha conseguido que la Semana Santa orotavense vaya superándose a sí misma cada año.
Yo, que no soy nada clerical últimamente, tengo que aceptarlo y felicitar a la feligresía….”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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