domingo, 11 de junio de 2017

FRANCISCO GONZÁLEZ CASANOVA, EL AMIGO ISLEÑO DE LA ISLA CARIBEÑA DE CUBA.



Fotografía referente, con la poetisa cubana, premio Cervantes, Dulce María Loynaz, en su casa de La Habana.

A Francisco González Casanova, lo conocí desde mi infancia, su hermano Pepe era el practicante de casa de mis padres en la calle El Calvario, recuerdo que su familia tenían en la calle León un puesto de juguetes, por Reyes iba a depositar la carta de la ilusión en ese emblemático establecimiento. Pero conocer a Paco con sus ideales y su defensa de la causa noble, fue después de la muerte de Franco, en la transición, en los primeros mítines de la vuelta a la democracia, que se celebraban en la terraza del desaparecido teatro cine Atlante.
Un día apareció por el entonces Instituto de formación profesional del Barrio San Antonio donde ejerzo de docente a llevarme su libro recién publicado sobre Cuba, era director por aquellos años un camarada suyo Carmelo Vega Espada. A leer en uno de sus capítulos el articulo de su convecino y catedrático de la Complutense madrileña don Jesús Hernández Perera, que le había concedido un Instituto de enseñanzas medias a La Orotava en el año 1936 por orden gubernamental, siendo alcalde de la Villa su padre don Manuel González Pérez. Como el instituto de San Antonio buscaba una denominación, Carmelo Vega y un servidor le propusimos el nombre de su padre al primer consejo escolar democrático, el cual dio el visto bueno por unanimidad. Por lo que actualmente el añejo instituto de formación profesional de San Antonio, actualmente se denomina IES La Orotava Manuel González Pérez.
A partir de  entonces entablé una gran amistad con este hombre amigo íntimo de Fidel Castro, personalmente me contó peripecias por tierras cubanas, - envío de medicamentos y de niños enfermo desde Canaria, para ser tratado en la isla caribeña de enfermedades que no se solucionaban aquí -. Relaciones cordiales con Centro - América y Sub. - América. Incluso me contaba anécdotas de su juventud, con el dulcero alemán don Eggon Wenden, y con el salesiano don Francisco Larena para que pronunciarse el polémico sermón del Jueves Santos por la noche en la plaza del Ayuntamiento al Cristo de la Columna del sevillano Pedro Roldán.
El consejo de estado de la Republica de Cuba, en uso de las atribuciones que le están conferidas, aprobó a propuesta del instituto cubano de amistad con los pueblos el siguiente acuerdo número 281: Otorgar la medalla de la Amistad a los señores Francisco González Casanova, presidente de la sociedad de amistad Canario – Cubana y a Manuel Revert Nadal, en reconocimiento a su contribución al estrechamiento de los lazos de amistad entre nuestros pueblos y a su solidaridad con la revolución cubana. Este acuerdo lo firmo el estadista Fidel Castro Ruz el 26 de marzo de 1984.
En el deporte destacaba como aficionado a la peleas de gallos y a la colombófila, reunía palomas de raza cubana, que conseguía de sus amigos caribeños, probablemente enviaba palomas desde cuba a su palomar.
Fidel Castro en el prologo de su único libro publicado en la década de los años ochenta expresaba: “No sé si alguna vez te habrás preguntado el por qué los cubanos, siendo como somos isleños, jamás nos hemos dado ese título. Ni siquiera hemos hallado aún el gentilicio adecuado para los habitan­tes de la Isla de la Juventud. La respuesta es que, para nosotros, los únicos “isleño” en el mundo son los canarios. Cuando Cuba era colonia de España, y Canarias estaban considera­da parte de la metrópoli ¿nunca se les ocurrió a los cubanos incluir a los canarios entre sus dominadores. El canario fue por excelencia el más humilde de los inmigrantes. El no marchó a Cuba en plan de opresor o de explotador. Vino a trabajar, y a luchar a nuestro lado, ayudó a forjar el país con su la­boriosidad proverbial sufrió con nosotros, combatió, creó una fa­milia, y se dignificó también al fin junto a todo el pueblo, en la patria libre y revolucionaria de hoy. Es más, hizo un aporte muy valioso al carácter del cubano. Como tú bien recuerdas, un día tuvimos oportunidad de conver­sar sobre lo mucho que debemos los cubanos a la influencia mo­ral isleña. De los canarios heredó nuestro campesinado, princi­palmente, su seriedad, su honradez, su sentido del honor, y tam­bién su rebeldía. Todavía hoy, en nuestras tareas actuales, esos valores nos ayudan a librar y a ganar batallas de importancia…”.
Vladimiro Rodríguez Brito, consejero del medio ambiente del Cabildo Insular de Tenerife, expresa; “Francisco González Casanova es todo un compañero con un alto nivel de compromiso en los momentos difíciles, partici­pando activamente contra el fascismo: fue colaborador de Ra­dio Pirenaica, Radio Praga, Radio Paris y la SSC de Londres durante los años 1940-1950 y responsable en la zona norte de Tenerife de los grupos antifranquistas….”
Mi ilustre y convecino escritor, literato, y ex abogado don Juan del Castillo y León escribe de Paco Casanova; “Siempre me ha intrigado el origen de la pasión cubana de Paco Casanova. Mi remoto recuerdo infantil de Paco era el de un amigo de casa que, de vez en cuando, se pasaba por la consulta de mi padre a recoger las muestras médicas para mandarlas a Cuba. Medicamentos que pacientemente le iban guardando todos los médicos orotavenses de la época... Al­guna vez pensé que esa vocación antillana tenía raíces fami­liares. La heredaría de su padre, D. Manuel González Pérez. Por dos veces Alcalde de La Orotava, con la última república. Hombre honesto y callado. Marcado por un largo exilio en Francia con antesala en Fyffes. O más seguro: el permanente idilio cubano de nuestro amigo viene de su tío Felipe. Un juris­ta polifacético, amante del teatro y de la música. Sentimental­mente, yo le recuerdo como autor de "Cosas del pueblo» que, en mí juventud, representaba, con gente de mi edad, Gustavo Dorta….”
Otro amigo convecino eurodiputado, ingeniero monte, director del parque Garagonay de la Gomera y antiguo jugador del juvenil Plus Ultra de don Chile dice de Paco Casanova; “A don Manuel González le conocí en mi época joven de La Orotava. Sabía que era aficionado a los gallos pero que ade­más había sido Alcalde de La Villa en una etapa difícil de la República. Era un hombre muy serio e imponía respeto. De sus hijos conocí fundamentalmente a Antonio y Santiago, los gemelos, aunque pertenecían a otra generación diferente a la nuestra. También a Rosita, por ser amiga de mi tía Gloria, y a Pepe el Practicante cuando vino a vivir cerca de nosotros, en la calle Calvario. De Paco sólo recuerdo entonces, aparte de su afición gallera, herencia paterna, su matrimonio con una joven del Puerto de la Cruz. Fue uno de los pioneros en las re­laciones entre La Villa y El Puerto….”
El mismo Isidoro Sánchez, le dedica un artículo en el Diario Aviso del 27 de Diciembre del 2006, como póstumo a su fallecimiento, acaecido días antes en su casa de las Asomadas del Puerto de la Cruz; “Paco siempre fue un hombre prudente, serio, introvertido, coherente, servicial. Como muchos de nosotros, nació en La Orotava, se casó en el Puerto de la Cruz, y era un enamorado de Cuba. Vivía en la calle León y yo en la del Calvario, y nos separaba la plaza de la Constitución y el Liceo de Taoro, que eran los lugares de encuentro de muchas familias de la Villa. De hecho, sus ideales políticos en pro de una causa noble le supusieron muchos problemas en la época de la intolerancia. Pese a nuestra diferencia de edad siempre me llamó la atención su admiración por la revolución cubana del año 1959, liderada por el comandante Fidel Castro, y su compromiso con la democracia. Nunca me olvidaré de aquel saludo que nos dio a los jóvenes políticos canarios en la terraza del Teatro Atlante, cuando en 1977 iniciábamos nuestra participación en la reforma política del Estado; en mi caso, como candidato al Congreso de los Diputados por el histórico Partido Popular Canario. Años más tarde tuve la oportunidad de compartir con Paco actuaciones relacionadas con Cuba. Primero fue con motivo de un opúsculo que editó el Cabildo Insular de Tenerife en colaboración con el Centro de la Cultura Popular Canaria acerca de él. Estaba coordinado por el profesor Julio Hernández, otro gran enamorado de Cuba, y por los hermanos Carmelo y Martín Rivero. Pasan los años y Paco me ayuda a conocer personalmente, en diciembre de 1992, a mi admirada poetisa Dulce María Loynaz en su casa de El Vedado, en la capital habanera. La que fuera Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz en 1951 y más tarde Premio Cervantes en 1992 pudo probar entonces, en el 90 aniversario de su natalicio, los turrones navideños y las sopas de avecren que le llevé de parte de su amigo Paco González Casanova, que el día de Navidad se fue a descansar en paz…..”
Para mi amigo el periodista portuense Andrés Chávez; “¿Quien es Paco Casanova?. Bueno, pues yo diría que la mejor definición que pueda hacerse de él es que es un hom­bre bueno. En este mundo de hoy catalogar a alguien de «buena persona» y que la afirmación, o el calificativo, sean unánimes, es casi un título de nobleza vitalicio. Paco se lo me­rece. Además de presidir una embajada de amistad, en este caso canario-cubana, como es la Asociación «José Marti», personaliza el mejor nexo de estas islas con la Cuba actual, que tanto tiene de desconocida……”
Otro amigo villero de la Villa Arriba licenciado en filosofía y letras, en la actualidad flamante investigador, escritor, y librero Nicolás González Lemus; “No fue sorprendente, a decir verdad, esta noticia y, ade­más, satisfizo un sentido deseo irreal izado. Pues, si había al­guien en Canarias que mereciera ser distinguido con tan prestigioso premio, ése era Paco. La lectura de este texto me conectó con el pasado. Le oí hablar por primera vez de Paco a mi padre, Domingo González Pérez, hombre ideológicamente de izquierdas e incansable luchador antifranquista; utilizaba como cobertura su bodega para realizar largas e inacabables tertulias sobre la vida en el pasado, la guerra civil, el terror de Fyffes y, en general, sobre política. Mucha gente, fundamen­talmente de izquierdas, mayor y joven, solía ir a casa para asistir a ellas. Yo, un muchacho de 18 años y con una juven­tud en la que una rebeldía iconoclasta, aún inconsciente, co­menzaba a abrir mi conciencia, permanecía muy atento a lo que en ella se hablaba….”
Amigo de la infancia, compañero en el bachillerato de los Salesianos, jugamos al baloncesto junto, desparecido muy joven Domingo Domínguez Luís; “Era apenas un adolescente cuando supe algo de Paco. A través de un familiar al que él le confiaba sus secretos de Cuba, -que para muchos era una noticia y un comentario a gritos, y  ¡en aquellos tiempos!-, supe de la isla bonita del Ca­ribe y de su Revolución. Nos llegaba entonces algún que otro número del Bohemia y comentario de las pericias de nuestro amigo común para que llegasen a buen término la exportación de papas a Cuba. Eran los primeros años sesenta. Incluso las tarjetas de Fidel, las felicitaciones cubanas, la firma de los re­volucionarios, las conocíamos en años en que hasta una sim­ple firma era algo subversivo. Por entonces muchas familias canarias conocíamos de la democracia, de las de Oriente y de las de Occidente, por el exilio o la emigración, por sus parientes de Venezuela, Fran­cia, México, por los recuerdos familiares, a través del miedo o la palabra contenida. Conocimos entonces de Cuba, de su Revolución, por Paco…..”
El ex catedrático de la Compútense de Madrid don Jesús Hernández Perera, habla de la vuelta del exilio de su padre don Manuel González Pérez y como se lo arreglo su familia en la villa tras la guerra civil española; “Tras casi un cuarto de siglo de trasterrada subsistencia, el encuentro con la esposa y sus hijos, pequeños a su mar­cha, seis hombres y dos mujeres prácticamente desconoci­dos para él. Durante tanto tiempo y en años tan decisivos, fue proverbial en la Villa hablar de las travesuras de los Casano­va, de cuyo ingenio fui tantas veces testigo, lo mismo en la casa familiar donde Da María Rosa apenas podía, interrum­piendo sus labores de punto en las que desplegaba una velo­cidad habilidosa e increíble, hacer oír su voz, menos aún la de Papá Frasco, el abuelo patriarcal, bigote y cabello de plata, por lo que había que acudir al verbo sonoro y temible del tío Felipe, a quien la ausencia del cuñado acarreó durante años de represión y cárcel en las naves de Fyffes, la prisión política santacrucera de tristes recuerdos. De todos los varones, Pepe y Paco, los mayores, y Manolo y Felipe, rivalizaban en desparpajo e ingenio para desgranar, una tras otra, las más inverosímiles diabluras, y tanto las Hermanas de la Caridad, del Colegio de La Milagrosa, como los Hermanos de La Salle del Colegio de San Isidro hasta su marcha de La Orotava en 1939. Se las veían muy amargas para contrarrestar tanto im­previsible despropósito, que a veces implicaba también a los pequeños gemelos Santiago y Antonio, menos quizá a las dos hembras Rosita y Asunción….”
Esta es la semblanza de Francisco  González Casanova, Canarias Cuba, Cuba y Canarias, un orotavense que se fue de polizón a Francia vía Inglaterra para estar con su padre en el exilio francés, un hombre muy amigo del mítico revolucionario Fidel Castro, el cual hizo una labor humanitaria por la perla del Caribe en tiempos difíciles pro revolución, ayudando a tantas vidas humanas.
El amigo y compañero de docencia de la Villa de La Orotava; TOMÁS MÉNDEZ PÉREZ, remitió entonces (2013) estas notas, referentes a una errata en el relato dedicado a su cuñado Francisco González Casanova (Paco Casanova): “…Bruno Álvarez Abreu. Estimado amigo: Gracias por tus fotografías del Acto fin de curso 2012 – 2013 del lES Orotava Manuel González Pérez, te quedaron muy bonitas Como te dije, a continuación te vaya dar datos verídicos de la escapada de mi cuñado Paco de polizón en un barco. Pues tienes un error en el nombre del amigo que le acompañó en esa aventura.
Tú pusiste de compañero de Paco a su primo Paco Calamita y eso no es cierto, pues fue su íntimo amigo Juan Machado Melián, hermano de Don Ventura el médico, más conocido por Juanito Machado.
Ellos se equivocaron de barco, y en vez de subirse a un carguero con destino a Francia, se metieron en un buque que zarpaba con destino a Liverpool. A las pocas millas de Tenerife fueron descubiertos por la tripulación y el capitán en vez de encerrarlos, le planteó que si querían comer tenían que trabajar, así me contó Paco, que toda la travesía la pasaron pintando, cosa que nos les fue agradable, pues con el movimiento del barco y el olor de la pintura estuvieron provocados todo el tiempo. Al aproximarse el barco a la costa, los metieron en un calabozo y al llegar a puerto el capitán los entregó a la policía. Estuvieron unos siete días en la cárcel hasta que el cónsul español los reclamó y pudieron regresar a Tenerife. Viendo fracasado su proyecto de ir a dar con su padre exiliado en Francia.
Te aclaro las notas sobre Paco Calamita, pues como las tiene parece que se formó como nadador en Barcelona.
FRANCISCO CALAMITA GONZÁLEZ después de pasar por varios clubes de natación recaló en el Club Náutico de Tenerife con el que obtuvo en Barcelona, en 1943 su primer título de Subcampeón de España de 100 metros espalda. Domínguez y Paco Calamita fueron nombrados miembros oficiales del equipo olímpico español para participar en los Juegos Olímpicos de Londres. En el ranking mundial Calamita figuró en el puesto 8º en 200 metros espalda, en 9º en 400 metros espalda y el 15º en 100 metros espalda.
Al retirarse de las competiciones ya casado, Paco y Olga su mujer se fueron a vivir a Barcelona, en donde ocupo un puesto importante en el puerto de la ciudad condal. Después de jubilado se vinieron a vivir a Santa Cruz de Tenerife donde continúo nadando hasta los 82 años.
Los dos primos Paco Calamita González y Paco González Casanova lo que posteriormente compartieron fue que el Ayuntamiento de la Orotava, los nombró a los dos Villeros de Honor…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU.
PROFESOR MERCANTIL

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