miércoles, 26 de julio de 2017

SOR FELICITA Y SOR MARINA



Aparece en mis archivos una fotografía en color que me llama la atención, porque me reencuentro con dos monjas de la congregación de San Vicente de Paul, que conocí en mi infancia y que según me comentan y me confirman,  eran maestras y licenciadas en Filosofía y letras en la rama de románica.
Dos mujeres trabajadoras en el campo de la docencia de la ilustración y comprometida con su comunidad religiosa. Impartían magistralmente sus actividades académicas  primero en su colegio de La Milagrosa y después al principio de los años setenta del siglo XX en el Colegio de San Isidro, ambos de la Villa de La Orotava.
Eran unas excelentes profesoras, sor Felicita usaba lentes de alta graduación por su aguda miopía, sor Marina Trujillo que era de esta Villa de La Orotava, tenía un carácter campechano de ayudar a los demás a igual que su recordado hermano Alfonso Trujillo Rodríguez.
Las conocí al final de la década de los años cincuenta del siglo XX, cuando estudiaba los párvulos en el colegio La Milagrosa primero con la cubana Sor Catalina y posteriormente con la ramblera Sor Dolores. Sus presencias en los pasillos del colegio me llamaba mucho la atención sor Felicita por su mirada fija a través de esos inmensos cristales, desconozco cual es destino actual. Sor Marina, continua en el colegio de La Orotava, me la tropecé hace por en la consulta de la oculista doña Esperanza Rolo en el centro médico de Tamaragua del Puerto de la Cruz.
Es curioso que las hermanas de la comunidad de San Vicente de Paul, que trabajaron muchísimos años en los hospitales militares y algunos civiles de España y en la enseñanza. Muchas pasan la vejez en el colegio de La Villa de La Orotava (centro de su propiedad).
La foto, realizada en la entrega de premios en el colegio de San Isidro de La Orotava, podemos apreciar a Sor Felicita la segunda de la derecha, le acompañan la orotavense Sor Marina Trujillo Rodríguez hermana del recordado investigador y profesor don Alfonso Trujillo Rodríguez, Domingo Pérez Betancourt profesor de Química y Físicas su señora doña Berta profesora de latín, don Juan Cúllen y Lugo entonces Alcalde de la Villa, don Antonio Granados Herrera entonces director del mencionado colegio, autor de la obra denominada “Monstruo”, el recordado profesor de Inglés Félix Calzadilla Rocío y el salesiano don Guillermo Navarro.
Esta fotografía corresponde al principio de la década de los años setenta del siglo XX, un servidor ya no estudiaba en el colegio de San Isidro, realizaba los estudios del profesorado mercantil en la Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife.
Recordar que en esos años los dos colegios de la Orotava, el femenino y el masculino, se unieron para compartir el entonces los estudios académicos de bachiller superior y revalidas, en sedes y en profesores.
Sor Felicita y sor Marina Trujillo, sigan ese camino, el que ustedes han elegidos, los orotavenses, sobre todo las féminas, entre ellas menciono a mi señora Antonia María González de Chaves y Díaz que fue su alumna, están orgullosas de sus enseñanzas, todo un saber, para crear personas de provecho.
La amiga de la Villa de La Orotava; LIDIA HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, remitió entonces (2014) estas notas: “…Bruno, sí, claro que la recuerdo y muchas de mis compañeras de clase, Siento decir esto, como profesora, pues bien, pero cuando se ponía histérica, mejor agachar la cabeza, porque cuando lanzaba el timbre, porque le daba lo mismo a quien alcanzase, era una histérica. O quizás que la poníamos. De ésta, no son gratos mis recuerdos. Hubo otras que sí, Sor Andrea, por ejemplo, una belleza. Como mujer y como monja.  …”
La amiga de La Villa de La Orotava, residente actualmente en la ciudad de La Laguna; LAURA GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, remitió entonces (2014) estas notas: “…Efectivamente ambas tuve la oportunidad de conocerlas. Muy buenas profesoras y de marcado carácter.  La anécdota que cuenta Lidia Hernández es realmente cierta. Cuando se escolarizada sor Felicita tomaba un color encendido su blanca tez y sus ojos miopes se abrían con especial ira. Le molestaba mucho que se hablara en clase y cantaba con una voz angelical. Ambas, repito dos excelentes profesionales. Serias y rectas. Aunque sor María Dolores (Marina Trujillo para mis padres) tenía arranques de humor. Eso sí, no dejo de recordar que a mí me colocó en primera fila y mesa aparte para que no hablara en clase, yo me sentaba con María Luz mi prima y un grupito ameno...pues de acuerdo con mis padres dijo que lo hacía por mi bien. Que yo prometía y que de esa forma perdía el tiempo.  Una anécdota más. …”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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