martes, 28 de febrero de 2017

ARCO PARA LOS ENTONCES PRÍNCIPES DE ESPAÑA



La amiga de la Villa de La Orotava; MONTSE QUINTERO, remitió entonces esta recordada fotografía, correspondiente al arco de flores y otros productos vegetales, con el que se le dio la bienvenida a la Villa, a los entonces príncipes de España; don Juan Carlos de Borbón y doña Sofía de Grecia (posterior reyes de España), el día uno de  marzo del año 1973.
Los Príncipes se bajaron de su coche en la calle del Calvario y fueron andando hasta el Ayuntamiento. Pero el conductor llevó al coche en dirección prohibida, subiendo por la parte estrecha y curva de la calle de San Agustín, al encuentro con la calle de León, ya cerca y por debajo de la dulcería de Don Egon.
El arco se levantó en el comienzo del famoso Puente antiestético de la villa, inaugurado en el mes de Noviembre del año 1965.
En la fotografía aun no se ha construido la nueva plaza de la derecha del Puente (Prolongación de la de La Constitución), disponía de una reja metálica de protección. Lo más llamativo es el inmenso  cartel grotesco de la desaparecida firma comercial Casiano García Feo, que se ve al comienzo del Puente.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

EL PEQUEÑO REAL MADRID



Años después en la catedral del futbol portuense, en el estadio municipal El Peñón del Puerto de la Cruz (de césped artificial), el pequeño Real Madrid como se le llamaba al CF. Puerto Cruz, le ganó la promoción al Juventud Silense en el Peñón antes 6.000 espectadores, un 28 de Febrero del año 1960 y el campeonato de segunda categoría regional al CF. Estrella de la Laguna.
En esta foto están muchos de aquella plantilla portuense de pies de izquierda a derecha; Vicente “El Rubio”, Berto, Arturo, Elfidio, Soriano - que le mandó un codazo a Manolo medio del UD. Orotava y se tiró al suelo cuando Gilberto Hernández “El Oreja” pilotando una avioneta sobrevoló el Peñón-, Cabrera, Tito “Pisaca” -el cancerbero titular, pero que excelente guardameta, volaba de un palo al otro y se votaba a los pies de los delanteros adversos-, Vicente conocido por “El Mudo”, un fino extremo izquierdo.
Agachado por igual orden; Alberto Hernández Illada años después fue presidente del club y fundador del decano trofeo Teide, Socas, Cuco que le llamaban así pues solo metía los goles y con mucha picardía, y Arturo.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

ERNEST ABRAHAM HART Y EL INFLUJO SEDUCTOR DEL PUERTO DE LA CRUZ



El amigo desde la infancia de la Villa de La Orotava; NICOLÁS GONZÁLEZ LEMUS relata la estancia en Tenerife concretamente en el Puerto de la Cruz del científico y médico anglosajón; Ernest Abraham al final del siglo XIX.
Publicado en el matutino EL DÍA, en su suplemento “LA PRENSA” (Santa Cruz de Tenerife), página 7, del día 28 de Febrero del 2016: “…Ernest Hart, eminente médico de la Royal College of Surgeons de Inglaterra y coeditor de la prestigiosa revista Lancet, comenzó a editar su propia revista médica, British Medical Journal, el órganode la British Medical Association, de la cual fue responsable hasta su muerte en 1898.
Precisamente, Jorge Pérez Ventoso colaboró estrechamente con la revista dirigida y editada por Ernest Hart, a quien conoció aquí cuando el médico británico visitó el Puerto de la Cruz, en1887. Jorge Pérez Ventoso publicó en el tomo 15 del mes de julio Orotava, Tenerife. Its Physical Characters and Climatology, with Notes illustratingits Valueasa Health Resort and in the Treatment of Diseas, con descripciones geográficas muy concretas del Valle de La Orotava con sus tres municipios, pero centrándose en las características del clima del Puerto de la Cruz El objeto de su visita al Puerto de la Cruz era examinar el nuevo healthresort (centro médico-turístico) recién establecido y, particularmente, el Sanatorium u Orotava Grand Hotel.
Llegó a la isla en el invierno de 1887. El profesor José Luis García Pérez es el primero que recoge la visita del doctor Hart, pero sitúa erróneamente su llegada a la isla el 21 de marzo de 1886. Hart se hospedó en el Orotava Grand Hotel y en esa fecha aún no estaba abierto (recordemos que el hotel se abrió el 1 de septiembre).
El destacado médico vino en el invierno de 1887 y él y Thomas Spencer Wells recibieron el 11 de abril de 1887, en medio de una pequeña recepción en el salón del Orotava Grand Hotel, el diploma de Miembros Honorarios por parte de la sociedad Médico Quirúrgica de Tenerife…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

GREGORIO LUIS PERDIGÓN, CESTERO Y FOLCLORISTA EN EL RECUERDO



Nació en el año 1941, en una casita rodeada de muchas huertas en Maestre Juan finca de los herederos de don Fernando Méndez de Ponte en La Florida, en la cual eran medianeros sus padres. Tenía ocho hermanos.
Después de trabajar durante muchos años en el campo con su progenitor, decidió trabajar en la ferretería Las Afortunadas  de la Villa en el Barrio del Quiquirá. Finalmente trabajó en la fábrica de mármoles en el Barrio de la Cancela de la Villa de La Orotava denominada La Milagrosa propiedad de su suegro maestro Pedro González fallecido con 90 años de edad, siendo conductor de camiones. Profesión que continúa su hijo David, el cual desde pequeño pasaba horas y horas en este arriesgado oficio del volante con su padre.
Casó con la dama orotavense María Paula González Yumar, fruto de su matrimonio  tuvieron cuatro hijos José Gregorio, María Teresa, Juan David y Verónica.
Se prejubiló para hacer un precioso chalet – tipo mansión modernista en el Barrio de la Torrita muy cerca de la rotonda del circular y pequeño parque natural denominado El Recodo o el Gurugú, donde se respiraba pura biósfera, a las sombras de sus árboles centenarios, víctimas de la ampliación de la vieja carretera del Pinito hacía Las Cañadas del Teide.
Decía de su nuevo hogar que no era un chalet, espacio de una pulcra y cómoda mansión, terminándola en el año 2002, y en septiembre de ese mismo año nos decía adiós definitivamente a los 61 años de edad. No pudiendo disfrutar de la misma como era su ecuánime deseado, que tanto esfuerzo físico y económico le costó. Actualmente su hijo David conserva uno de sus coches modelo clásico Opel Kadet, el cual es un ancestral que no está restaurado sino que es completamente original, por el acicalado que le tenía.
Entre sus hobbies también estaba el amor por la artesanía, por el campo y por el folklore. Fue cestero y daba clases en horas libres y como actividad extra escolar en los  colegios públicos de la Orotava; Santo Tomás de Aquino, Domínguez Afonso, y Nuestra Señora de La Concepción.
Uno de sus sueños, precisamente montar por su propia cuenta en su recién construida, esplendida y moderna mansión  un taller de artesanía.
Otro hobbies era tocar la guitarra, fue uno de los fundadores y promotores del famoso grupo de Támbara junto con su amigo Dámaso. También hacia senderismo con dicho grupo. Participaba en el portal viviente del Sauzal y en el cortejo fúnebre del entierro de la sardina del carnaval orotavense, que quemaba a don CRISPIN en la plaza del Kiosco de la Música, cuando esta fiesta emergía y era organizada por la fábrica de mármoles “La Milagrosa” de su suegro maestro Pedro González en la que trabajaba.
Colaboraba como alfombrista en la creación de las alfombras del Corpus Chirsti en las fiestas mayores de La Villa de La Orotava, según observamos en la foto que encabezo este relato en su recuerdo.
Era una persona muy gozosa, no faltaba a ninguna romería de San Isidro de La Orotava. Al fallecer, sus amigos del grupo Támbara les escribieron dedicatorias que demuestran su impresionante personalidad, como agradecimientos por sus enseñanzas y consagración, que se puede ser joven toda la vida. Sus familiares, sus amigos y sobre todo su desconsolada esposa María Paula jamás olvidaran sus codicias de vivir y de participar en todo, sobre todo su característica mímica que no perdió en ningún momento.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

AQUELLA TARDE PORTUENSE, DEL DÍA 28 DE FEBRERO DE 1960 (BODAS DE ORO 1960 – 2010)

EL CAMPO DEL PEÑON REGISTRÓ EL MAYOR LLENO DE SU HISTORIA 6.000 PERSONAS…
EL C.D. PUERTO CRUZ GANÓ AL SILENSE, EN “EL PARTIDO DEL AÑO”.
Foto: Alineación que presentó el CD. Puerto Cruz en esa tarde gloriosa para el fútbol portuense. De pie de izquierda a derecha; Vicente “El Rubio”, Berto, Alberto Illada, Galindo, Elfidio, Arturo y Tito Pisaca.
Agachados de izquierda a derecha; Germán, Soriano, Pagés, Tito del Pino y Vicente conocido por “El Mudo”.

Era el último domingo del mes de febrero del año 1960, tenía un servidor 9 años, y como de costumbre mi padre Juan Álvarez Díaz me lleva al fútbol , está vez lo hizo al estadio El Peñón  del Puerto de la Cruz que visité por primera vez en mi vida, no sabía lo que era la placidez de una afición tan grande, y me sorprendió la entrada al estadio por la portada derecha del Peñón ya empezada la contienda de la mano de mi padre, ver muchas sillas en unas trincheras más baja que el terreno de juego. Aquello parecía un volcán en actividad que atravesaba las almas futboleras de aquella tarde portuense.
Estando en la biblioteca municipal de La Orotava ojeando la prensa tinerfeña del mes de febrero de 1960, me encuentro este interesante relato del entonces cronista oficial de EL DÍA Tinerfe que reproduzco a continuación; El campo del Peñón ampliado en sus graderíos, con un terreno de juego mejorado, en perfectas condiciones y completamente abarrotado de público, fue un magnifico escenario del decisivo encuentro CD. Puerto Cruz y Juventud Silense.
Si a todo esto le unimos su privilegiado emplazamiento, que tiene como fondo el exuberante Valle orotavense, el que junto con las montañas que le circundan, proporciona toda la gana del color verde; el mar batiendo su lateral de naciente, en cuyas aguas ajenas por completo a la pasión deportiva que a dos pasos se estaba viendo, se bañaban en pleno mes de febrero los turistas nórdicos; y si tan maravilloso marco esta presidido por la majestuosidad impresionante del Teide, en una tarde clara y de  sol radiante, habrán de convenir ustedes que bien valía la pena de hacer el desplazamiento, aunque el encuentro, como era de esperar cuando dos equipos se juegan tanto, no respondiera a la expectación despertada.
EL PARTIDO NO FUE DIGNO DEL MARCO. Ya lo hemos adelantado: el partido no respondió a la belleza del marco. Ambos equipos se mostraban muy afectados por la decisiva importancia de los puntos que había en litigio. Muchos jugadores se preocuparon de ir más al hombre que al balón, con el consiguiente perjuicio para la calidad del juego desarrollado y  aun para sus propios intereses, pues de haberse empleado con la sola misión de jugar a la pelota otro gallo le habría cantado.
Pasados los primeros minutos, en que parecía que el Puerto Cruz se iba a imponer, reaccionó el Silense, y si su entrenador hubiera aprovechado aquella coyuntura sicológica favorable, lanzando todos los efectivos de su delantera al ataque, probablemente a estas horas el alirón no estaría resonando en el amplio Valle de La Orotava. También el árbitro, con su error, al anularle un legitimo tanto al Silense, contribuyó a que el cuadro local pasara aquellos minutos de crisis y se repusiera de la sorpresa de verse superado por la mayor codicia del adversario. El tanto que el señor Calvo anuló al conjunto visitante por culpa del juez de línea, que levantó la bandera, señalando un imaginario fuera de juego, pudo haber sido decisivo para la posterior marcha del encuentro, pues en esos instantes el Puerto Cruz se hallaba desmoralizado, al comprobar que sus arranques iniciales no habían tenido el fruto deseado. El gol fue completamente limpio, puesto que en la jugada inicial no hubo fuera de juego, y  en el remate posterior el balón venía rechazado de un contrario.
Pasado ese cuarto de hora en el que mandó el Silense, pero sin precisar su juego, volvió a imponerse el Puerto Cruz, que roseaba más la pelota y ligaba mejor  sus avances. No obstante, en otro de los contragolpes que lanzó el  Silense, hubo una formidable “melee”, en la que un defensa local sacó la pelota de junto al mismo poste izquierdo, cuando ya Tito estaba batido. Fue otra clara oportunidad en la que la suerte jugó un papel importante. Esto ocurrió a los 23 minutos de juego. Ocho minutos más tarde vino el primer gol portuense, que hizo vibrar los graderíos en donde se hallaban los hinchas locales. Después de varios rechaces de la defensa del Silense, el balón llego franco a los pies del interior izquierdo Del Pino, el cual de un gran disparo raso lo alojó en la red. Sin más variaciones se llegó al descanso.
UN SEGUNDO TIEMPO BRONCO. Ya con el marcador,  1 – 0 a favor del Puerto Cruz, el partido en este segundo tiempo tuvo un cariz demasiado bronco. Los malos modos empezaron a salir a flote y muchos de los actores iban más a procurar hacer daño a su inmediato adversario que a jugar el balón con sentido. En este aspecto hay que reconocer que destacó más el Silense, aunque hubo algunos hombres del Puerto Cruz que tampoco fueron mancos a la hora de replicar.
Con el partido desenvolviéndose ya en un tono nada recomendable y el buen juego brillando por su ausencia, el Puerto Cruz  marcó su segundo y ultimo gol, que ya dejaba resuelto virtualmente el encuentro. A los 37 minutos, un acertado cambio de juego de Vicente, lo recogió el interior izquierdo Del Pino demarcado sobre la derecha; la defensa del Silense dudó más de lo conveniente y el disparo del  citado jugador raso y cruzado, sorprendió a Manolo en la mitad de su salida.
Cuando faltaban cinco minutos para el final, el arbitro expulsó al central del Silense, Ninín, pero no hizo lo mismo con Del Pino, que también agredió y hacia ya un gran rato que venía provocando a su adversario. La decisión fue tardía, pues ya muchos antes ambos jugadores habían hecho meritos suficientes para irse camino de los vestuarios, como los hizo el meta portuense, que agredió descaradamente y sin balón  aun delantero visitante, tomando el árbitro la absurda decisión de castigarlo con golpe franco indirecto, cuando siendo muy benigno era un penalti indiscutible. En esta falta, como en otra castigada al meta del Silense, por estimar que había cogido el balón fuera del área, cuando estaba perfectamente claro que lo tenía debajo de su cuerpo a más de treinta centímetros dentro de la zona del castigo máximo, el colegiado perjudico notablemente al Silense, aparte de que pasó también por alto una agresión de Soriano, que dio ante sus propias narices con el balón en el rostro a un jugador contrario.
Y ya el partido no tiene más que contar. A nuestro juicio, el Puerto Cruz mereció la victoria, porque hizo algo mejor fútbol que el Silense y también fue un poco más limpio en su juego; pero indiscutiblemente las mentadas decisiones del árbitro, ambas de carácter decisivo, le favorecieron en grado sumo.
El Silense equivocó la táctica cuando tuvo el partido con signo favorable, pues si bien Juanito hizo un excelente marcaje de Pagés, anulándolo por completo, y Andrés vigiló bastante bien a Soriano la corpulencia del habitual centro delantero Silense hizo mucha falta en ese futbol de contraataque que intentó practicar el  cuadro visitante, para lo cual  era preciso un delantero en punta de mas talla física que Manolo, que se pasó los noventa minutos cometiendo faltas innecesarias.
UNOS Y OTROS. Por el cuadro vencedor cabe destacar a su meta Tito, que hizo dos paradas de mucho merito, salvando otros tantos goles cantados. En la defensa, el mejor el central, muy seguro y expeditivo, seguido de Elfidio; bien los volantes, y en la defensa lo mejor el ala izquierda, y de esta Vicente, que hizo un partido muy completo; también Soriano realizó un buen fútbol, pero a ráfagas.
Por el Silense, el defensa  izquierdo, que fue además el jugador más limpio de su equipo; el  buen marcaje de Juanito y Andrés a Pagés y Soriano, y los destellos de clase de Gilberto, junto al empuje de Lorenzo en los medios. De haber pasado desde  la mitad del primer tiempo a  Juanito al ataque, es posible que otro hubiera sido el resultado; pero la decisión de Hernández Coronado llegó con mucho retraso.
EL ÁRBITRO. Ya dejamos dicho en el transcurso de la crónica, que no nos satisfizo el arbitraje del señor Calvo; estuvo visiblemente casero, perjudicando en sus decisiones al equipo visitante, las cuales influyeron en el resultado final.
CITA DE HONOR. Esta cita de honor le corresponde a la directiva del Puerto Cruz, pero de manera especial al hombre que lleva casi todo el peso de la labor rectora. Nos referimos a su secretario Roberto Hernández, quien con el tesón y un espíritu de trabajo realmente encomiástico, ha hecho posible aquello que nos pareció un milagro; llenar hasta más allá de su capacidad el remozado campo del Peñón. Por todo esto y por  ese titulo de campeón, ya virtualmente en las manos, nuestra más cordial enhorabuena…
El amigo del Puerto de la Cruz, ex alcalde de la ciudad; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces estas notas que tituló “EL CÉLEBRE PUERTO CRUZ- SILENSE”: “…Se cumplen 28/02/2015 cincuenta y cinco años de aquel célebre encuentro de fútbol que determinó el primer ascenso del C.D. Puerto Cruz. Tan célebre que tiene hasta un libro, ‘Recuerdos de un partido memorable C.D. Puerto Cruz-Juventud Silense (Temporada 1959-60),’ editado por la Asociación de Vecinos La Peñita-Aqualia y escrito por Pedro Barreto, Gregorio Dorta y José Manuel Martín. Y por si no bastara, hasta se repitió el 1 de agosto de 1982, con los supervivientes de aquella confrontación. Jesús Hernández, desde la corona, alertado de la fecha, ha hurgado en las hemerotecas y ha encontrado una de las principales referencias periodísticas del acontecimiento, la crónica de Tinerfe en el matutino El Día.
Hablamos de un partido cuyo resultado (2-0) fue decisivo para que el equipo local se proclamara campeón del Grupo Norte de Segunda categoría regional y disputara posteriormente, con el Estrella de La Laguna, le eliminatoria definitiva de ascenso. En la primera vuelta, en Los Silos, ganaron los de casa (2-1). En la clasificación final, los dos equipos igualaron a puntos (29), al cabo de dieciséis jornadas, por lo que el campeonato se resolvió con la fórmula del ‘goal average’. Es verdad que los números de Puerto Cruz eran mejores: marcó 79 goles, por 52 del Silense. Encajó 11 frente a los 13 que recibieron los de la isla baja.
Fue el domingo 28 de febrero de 1960. Hay algunas citas de que era pleno Carnaval pero nadie recuerda ver máscaras o disfraces en un campo abarrotado, con unos seis mil espectadores. Remozaron con prisas El Peñón (apenas se distinguen y el risco y el templete en las fotografías, dada la cantidad de personas que buscaron cualquier acomodo) y hasta instalaron graderíos supletorios. Casi todo el mundo de pie, desde luego. Debió lucir un sol abrasador: muchas gorras y pañuelos en la cabeza.
Las localidades costaron veinte pesetas. Aunque algunos precisan que veinticinco.  La recaudación se elevó a ochenta mil pesetas, todo un récord de la época. El ardor de algunos aficionados les llevó a mostrar desde las gradas billetes de cien y mil pesetas para premiar a los jugadores. Nunca fue especificada la prima por ganar. En cambio, sí está probado que Isidoro Luz Cárpenter, alcalde la ciudad, regaló sendos trajes a los autores de los goles, Vicente y Del Pino.
Los jugadores y aficionados del Silense, desplazados en varias guaguas, protestaron la actuación arbitral de Antonio Calvo, auxiliado por Almenara y Valle. Anuló un gol a Jacinto, por presunto fuera de juego, aún con la igualada inicial. Y ya avanzado el segundo tiempo, expulsó al visitante Ninín.
Es curioso pero un simple titular periodístico de vísperas del choque “calentó” el ambiente y no gustó a la afición portuense: “La luz que va delante es la que alumbra”, declaró Vicente Hernández Coronado, entrenador del Juventud Silense, en clara alusión a la condición de líder con que su equipo se presentaba en la “cazuela” portuense.
Puerto Cruz ganó el ‘goal average’ y sumó dos puntos -así se premiaban entonces los triunfos- en su camino hacia el título que hubo de refrendar en la última jornada con un resonante triunfo (7-2) sobre el Icodense. Del partido se siguió hablando durante mucho tiempo, pese a que, según cuentan las crónicas y muchos testigos presenciales, no fue de gran calidad. Y hasta resultó duro y bronco en el segundo tiempo.
El C.D. Puerto Cruz militaba en Segunda categoría, donde había dos grupos, Santa Cruz-Laguna y Norte. El club portuense compitió con Juventud Silense, Icodense, Gara, Buenavista, Vera, Rambla, Imperial y Canteras. Orotava y Realejos ya andaban en Primera. Las bases de la competición establecían que los primeros de cada grupo se enfrentaban en un encuentro de ida y vuelta, de modo que el ganador era el que ascendía. El equipo portuense jugó con el Estrella de La Laguna, al que ganó los dos partidos: (0-1) en La Manzanilla y (2-1) en El Peñón.
Aquel Puerto Cruz-Silense de 1960 alimentó una seria rivalidad futbolística, salpicada años más tarde con algún episodio extradeportivo de infausto recuerdo. Era imposible, cada vez que se enfrentaban, dejar de recordarlo así como los lances del memorable partido en el que intervinieron:
C.D. Puerto Cruz (2): Tito; Alberto, Galindo, Elfidio; Berto, Arturo; Germán, Soriano, Pagés, del Pino y Vicente.
Juventud Silense (0): Manolo; Mederos, Ninín, Mora; Lorenzo, Andrés; Manolito, Enrique, Juanito, Gilberto y Jacinto.
Vicente (31’) y Del Pino (79’) marcaron los goles portuenses. Pedro González de Chaves y Rojas presidía el club cuyo secretario factótum, Roberto Hernández Illada, fue vitoreado cuando se consumó el ascenso.   Ramón Mesa era el entrenador de aquella memorable formación, bautizada e inmortalizada en los versos de Vicente Yanes como “el pequeño Real Madrid”…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL