lunes, 16 de enero de 2017

LA VIRGEN DE LA ESPERANZA DE LA GUANCHA



Los 18 de Enero los guancheros celebran función en su honor. Promesa que le hizo su pueblo a consecuencia del cese de un fuerte temporal acaecido hace mucho tiempo atrás. Desde entonces se celebra de una forma especial en el municipio norteño de la Guancha siendo fiesta local. 
En su camerino hay una inscripción que reza: "…Soy Madre de la Esperanza quien se valiera de mí lo logrará con tranquilidad y bonanza…".
Imagen que en 1843 presentaba deficiencias tanto en su rostro como en sus manos, por faltarle algunos dedos, incluso el Niño también mostraba deterioros, lo que motivó que el párroco Victorino Perdigón y Abreu, natural de La Orotava, que había tomado posesión de su cargo el 6 de junio del mismo año, y, al parecer, hombre preocupado por dejar constancia de todo cuanto se adquiría y se hacía en el recinto eclesiástico, la envió a dicha villa para su restauración llevada a cabo por Fernando Estévez, discípulo de José Luján Pérez.
La población de La Guancha realizó una suscripción con la que se le dio mayor tamaño a la efigie, al mismo tiempo que se le incrustaron ojos de cristal.
Esta composición añade un nuevo eslabón para completar el estudio de la obra escultórica de Estévez si tenemos en cuenta que establece su propio taller en La Orotava, de donde era natural, en 1808, en el que acogía los en cargos que le encomendaban desde los distintos puntos del norte tinerfeño, porque a consecuencia de la erupción del volcán en los primeros años del siglo XVIII (1706), Garachico quedó destruido económicamente perdiéndose de esta manera la rivalidad que ofrecían sus talleres. Ana Mª Díaz Pérez.
El 18 de Enero de 2000 la venerada imagen de La Esperanza fue sacada en procesión en las Andas de metal nuevamente plateadas por la empresa Krijer de La Laguna. Estas andas datan del año 1955. Fueron realizadas en La Laguna por César F. Molina.
Don Segundo Cantero Vivas, párroco que fue desde 1948 a 1957, tuvo el gran acierto de dejarnos en un legajo aparte lo referente a la hechura y adquisición de LAS ANDAS DE METAL PLATEADO.
Encontramos en primer lugar una emotiva carta de 1953 dirigida a los feligreses residentes en Venezuela de la que entresacamos lo siguiente: "Bien conocerá Ud. cómo las andas en las que portamos nuestra Imagen Bendita para pasearla por nuestras calles y bendiga. Nuestros hogares son las más pobres entre todas las que Ud., mismo habrá observado en las restantes parroquias o pueblos convecinos, y cómo inclusive por ser de madera y tan antigua se hallan en un estado deprimente y que en justicia nos pide su renovación o mejor su sustitución. Nuestro deseo en verdad, como lo es el suyo, es el poder adquirir unas andas nuevas que sean nuestro orgullo, es decir, dignas de nuestro sentir piadoso hacia Ella, nuestra Virgen...; por ello personificando como párroco vuestro sentir común le ruego nos ayude no solamente con su aportación económica sino que también se haga Ud. mismo apóstol de esta empresa entre sus mismas amistades... Para este objeto, de común acuerdo con sus mismos familiares hemos comisionado a Don Antonio González Rodríguez para que a su vez nos remita los donativos recibidos el cual por hoy reside en la ciudad de Caracas- San Agustín del Norte, Bar Sucre, y que adjunto nos enviará la lista de todos los donantes tanto de esta feligresía como extraños".

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

ANTONIO GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ, TREINTA AÑOS DE UN PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS CANARIO. (III)



El amigo JAVIER LIMA ESTÉVEZ. Graduado en Historia por la Universidad de la Laguna, remitió entonces este interesante artículo histórico. Sobre la eminente figura científica del Cruzantero – Realejero don Antonio González y González Catedrático de Ciencias de la Universidad de la Laguna, donde ostentó el cargo de rector magnífico y Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias.
Publicado el sábado 16 de enero de 2016 en el periódico "La Opinión de Tenerife": “…Antonio González y González constituye una de las personalidades más representativas del campo de la ciencia española del siglo XX. Nació el 27 de octubre de 1917 en el municipio de Los Realejos “en el seno de una familia de agricultores acomodados, propietarios de las tierras que cultivaban, que dirigen y trabajan directa y personalmente”, según expone Enrique González y González en su obra Antonio González: profesor e investigador canario. Siendo muy pequeño se trasladó junto a su familia a La Laguna. Desde aquel momento, la vida de nuestro biografiado fue adquiriendo una larga estela de calificaciones marcadas por sobresalientes y matriculas de honor que auguraban los éxitos de un futuro brillante. De esa forma, se convirtió en Catedrático de Química Orgánica y Bioquímica, llegando a ser Rector de la Universidad de La Laguna en una época jalonada por diversas dificultades. Además, fue Senador por Designación Real desde 1977 hasta 1979.
Su presencia fue esencial en el ámbito de la enseñanza universitaria de Canarias, pues supuso “un impulso de dimensiones irrepetibles” según manifestara Ángel Gutiérrez Ravelo en la Laudatio con motivo del homenaje desarrollado en torno al profesor González el 10 de julio de 2001 en Lanzarote, resaltando el mismo ponente las innumerables cualidades positivas del ilustre realejero marcadas por “la inteligencia, la perseverancia en el esfuerzo, la ambición universitaria, la lucha constante que no ha cesado en toda su vida y la rectitud personal”.
Tales acciones y cualidades fueron reconocidas a través de diversos reconocimientos y nombramientos honoríficos. De esa larga nómina podríamos destacar el Premio de Investigación Alfonso X el Sabio (1959), Ayuda a la Investigación Química, Física y Matemática, de la Fundación March (1961) o la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1966), junto otros reconocimientos recopilados por David W. Fernández en su obra Diccionario biográfico canario-americano. Sin embargo, el año de 1986 marcó un punto de inflexión en su vida. En aquel momento, en el marco de los Premios Príncipe de Asturias, Antonio González González lograba el galardón en la modalidad de Investigación Científica y Técnica. El acta del jurado presidido por Severo Ochoa no dudó en manifestar la elección del destacado investigador y catedrático  “en atención a su labor desarrollada a lo largo de una vida de intensa dedicación en el campo de la química de los productos naturales. Ha identificado un extenso número de compuestos metabólicos de vegetales y organismos marinos, realizando estudios sobre su biogénesis, síntesis química y papel biológico. El profesor González ha creado una escuela cuya labor tiene repercusión internacional y, en particular, en el ámbito iberoamericano”. Concretamente en el ámbito iberoamericano alcanzaría un notable prestigio participando en diversos congresos desarrollados a lo largo de diversos países, así como a través de la realización de toda una serie de trabajos en relación a la flora venezolana. Su presencia recorrió múltiples rincones del ámbito americano, difundiendo su magisterio a lo largo de Panamá, Costa Rica, San Salvador y México. Su legado, además, se materializa en Canarias a través del Instituto Universitario de Bio-Orgánica “Antonio González”, pues a su persona se debe la creación de un centro “que ha alcanzado renombre internacional a partir de una situación muy difícil” tal y como reflejara el por entonces director de tal institución científica, Víctor S. Martín, en el prólogo de la obra escrita por Álvaro Díaz Torres con el título Antonio González González, uniendo a tal acción una larga nómina de discípulos que trabajan siguiendo su estela.
En el año 2002, la muerte le sorprendió cuando se encontraba trabajando en su despacho, “de una forma en consonancia a como había vivido, con discreción y en la paz de su entrañable hogar lagunero”, según describe Álvaro Díaz Torres en la obra anteriormente expuesta…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

DEL CASTILLO, LA SOBRIEDAD CABALLEROSA



El amigo del Puerto de la Cruz, ex alcalde de la ciudad; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces estas notas que tituló “DEL CASTILLO, LA SOBRIEDAD CABALLEROSA”: “…Este Juan Galarza -y su todopoderoso archivo- nos puso sobre la pista de una entrevista hecha a Pepe Del Castillo en Diario de Avisos, agosto de 1976, cuando recién se incorporaba al C.D. Puerto Cruz, después de un fugaz paso por Cartagena y Xerez concluida su etapa en el Tenerife.  Del Castillo fallecía en las primeras horas de ayer domingo, a los 70 años,  y todos lamentamos su pérdida, apenas trascendió la noticia. Se había asentado en la ciudad, donde echó raíces, abrió un negocio de ropa deportiva y se granjeó el afecto de centenares de portuenses.
Natural de La Laguna, llegó a Puerto Cruz procedente del Tacoronte, mediada la década de los sesenta. Era un Puerto Cruz imponente en el contexto de un potentísimo fútbol regional en el que primaban las rivalidades locales. El equipo fue bautizado como el “6 de copas” al ganar otras tantas competiciones en una misma temporada. Del Castillo completó en El Peñón el ciclo 1963-68, hasta que saltó al primer plantel del C.D. Tenerife con el que debutó -de la mano de otro inolvidable entrenador, Fernando Cova, con el que luego coincidiría en su segunda etapa con el club portuense- un 2 de febrero de 1969, frente al Boetticher. El equipo albiazul se afanaba en aquella infame Tercera división. El ciclo de Pepe Del Castillo en el Tenerife se prolongó desde 1969 a 1973. Vivió la alegría de un ansiado ascenso en la primavera de 1971, con Javier García Verdugo en el banquillo. Su titularidad  era prácticamente inamovible. Y otro técnico posterior, el recordado Héctor Núñez, también le otorgó su confianza. Sobrio bajo los palos, seguro, dotado para la colocación, quizá algo timorato en las salidas y buen desenvolvimiento en el juego con los pies: esas eran sus principales características.
Se marchó a Cartagena -donde una lesión le impidió rendir a plenitud- y siguió a Jerez. Según el mismo relataba en la entrevista aludida, no fue una buena experiencia: entre la lesión y las deudas, “solo me fue regular”. Y retornó al Puerto de la Cruz para otro ciclo de dos años (1976-78). Decía entonces el arquero: “Yo estoy satisfechísimo de haber fichado porque el Puerto es un poco mi patria chica: parte de mi familia es de aquí y salí de aquí para el Tenerife. He vuelto con ganas de seguir siendo útil, de ganarme un puesto”.
Cumplió con creces y se esmeró en que nadie advirtiera declive alguno. Supo retirarse. Se esforzó también en ayudar a los jóvenes. Les inculcaba su experiencia.
Aquella entrevista, con foto de Enrique Serrano, terminaba de la siguiente manera: “Pepe Del Castillo. Fuera del campo, la caballerosidad y la amabilidad en todo momento. Dentro de él, la serenidad de la que siempre hizo gala y las mismas ansias que cuando empezó”. Ya retirado, siempre atento a las necesidades de la población deportiva, ni un mal gesto ni una sola desconsideración. Seguía siendo la misma buena persona de siempre…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

DON INOCENCIO SOSA HERNÁNDEZ (I)



Fotografía tomada en el patio de la academia y domicilio particular de don Inocencio Sosa Hernández en la calle de La Hoya (actual Hermano Apolinar) de la Villa de La Orotava, década de los años cuarenta del siglo XX.
En la panorámica vemos a don Inocencio Sosa Hernández sentado en el centro, rodeado de sus alumnas féminas.

Hombre de pro que honró y dignificó la tierra que le sirvió de cuna, la Villa de la Orotava, ya que fue una personalidad ampliamente conocida y admirada en el ámbito de la docencia y la política en Tenerife, aunque muy especialmente en el valle que tanto amó, participando activamente en lucha  democrática por una sociedad más justa y ecuánime. Y a pesar del tiempo transcurrido la memoria de este venerable y querido personaje sigue anidando permanentemente en el recuerdo del conglomerado humano engrosado por numerosas generaciones acogido a su sabio y pragmático magisterio docente, siendo uno de los profesores mercantiles de su época que mayor huella han dejado en la enseñanza en la enseñanza de cálculo mercantil y contabilidad; y como persona caballero, leal y magnánimo, de firme convicción del deber y la palabra; docto y gran conversador; cultivador de amistades y favorecedor del más débil; y fiel a sus principios ideológicos hasta arriesgar su vida.. Fue don Inocencio Sosa un excelente profesor que ejerció la enseñanza privada en el puerto de la cruz, en la calle Pérez Zamora, hasta 1936; pues a pocos días del alzamiento militar del 18 de julio fue detenido. Como otros tantos cientos de presos republicanos de las más diversas profesiones, entre los que había escritores, abogados, médicos, profesores, contables, artistas, empleados, obreros. Sufrió el episodio dramático de la guerra civil en los salones de Fáifes. También estuvo en los barcos prisiones, fondeados en la bahía santacrucera; en la penitenciaría de Gando y deportado a la agüera y rió de oro. La larga etapa de cautiverio la sobrellevó muy mal. Se abandonó a si mismo moral y físicamente pero no dejó de educar, beneficiando a muchos reclusos. Se afincó en la Orotava, en la calle hermano Apolinar antiguamente de la Hoya y Alfaro. En la casa donde había nacido y vivido, fundando en 1943 un colegio de enseñanza mixta que por su fecunda labor educativa, adquirió carácter y prestigio de Academia. Pues aparte de impartir todas las materias del saber en todos sus grados, enseñaba idiomas, mecanografía y caligrafía en su más depurado estilo. En aquella institución se prepararon y se formaron jóvenes para la posguerra que habría de ocupar y desempeñar cargos para triunfar en todos los campos de la sociedad. No empleó nunca la ley de la letra con sangre entra. Su único castigo de arresto consistía en no dejar salir a los alumnos hasta que no se supieran la lección. Lo cual quiere decir que nunca pegó a sus alumnos. Solía presionar a los menos estudiosos diciéndole: Si lloviera albardas no caería ninguna al suelo. Dios clases gratuitas para aquellos que carecían de recursos económicos. Los sábados era preceptiva la clase política que impartía un falangista, don Inocencio se desaparecía. Cuando aparecía un ratón, también desaparecía porque tenía un pánico cerval. El patio con el jardín a la espalda y el gran pizarrón frente a las alargadas mesas de chicos y chicas de todas las edades.  A la entrada desde la calle tenía a la derecha un pequeño despacho, la galería que llevaba a la escalera para acceder a la parte alta donde tenía su vivienda atendida por su hermana Margarita. A la altura del pasillo había una habitación como proyección del colegio que era atendido por el maestro auxiliar don Nicolás Álvarez. Colaboraron con don Inocencio: Nicolás Álvarez, Pedro Serrano, Cecilio Hernández, Inginia Hernández Sánchez y otros. Al final se quedó su hermano don Félix Sosa Hernández entonces contable de la firma de don Miguel Herreros, que había sido teniente alcalde del frente popular, en la segunda republica, con la Academia, hasta la desaparición de la misma. Falleció en el año 1949. Su vida fue dura, su academia se truncó con su muerte. Una multitudinaria manifestación de duelo recorrió el breve trecho de su casa hasta el cementerio, donde alumnos y amigos se empeñaron por cargar su féretro en un emotivo acto de despedida. La Orotava, en reconocimiento a su intensa labor pedagógica, siendo alcalde don Francisco Sánchez García, puso su nombre a un colegio de la villa en el barrio San Antonio.
Don Inocencio Sosa nació el 5 de enero de 1895, en La Orotava. Empadronado en La Orotava desde1904 a 1924, año en que traslada su residencia al Puerto de La Cruz. Profesión declarada en padrón municipal: contable. También daba clases, actuando como maestro sin título oficial. En el año 1921 Inocencio Sosa Hernández es Secretario del Centro Instructivo Obrero de La Orotava, en el cual Lucio Illada Quintero desempeñaba el cargo de Contador. El 1º de mayo de 1921 es celebrado en el Puerto de La Cruz, asistiendo junto a los afiliados de la Federación Obrera del Valle de la Orotava, los de la Federación Obrera de La Laguna. En el mitin intervinieron Luís Rodríguez Figueroa, T. Hernández, Manuel González Pérez,
Lucio Illada Quintero, Inocencio Sosa Hernández, y una mujer: Isabel González, que sería famosa con su seudónimo literario Azucena Roja. En enero de 1922, se unifican la Agrupación Socialista y la Juventud socialista del Puerto de la Cruz, bajo la presidencia de Aurelio Perdigón Méndez, (casado con Isabel González «Azucena Roja»). La Federación Obrera del Puerto de la Cruz decide presentar una candidatura de siete componentes a las elecciones municipales de 1922.  En virtud de la aplicación del artículo 29 de la Ley Electoral, al ser la única candidatura presentada, resultó proclamada, sin que fuera necesaria votación electoral. El 4 de abril de 1922 se constituye el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, siendo elegido alcalde Martín Pérez Trujillo. En el mitin de 1º de mayo de ese año 1922, celebrado en La Orotava, organizado por el Centro Instructivo Obrero, intervienen Inocencio Sosa Hernández, Luís Rodríguez Figueroa, Benigno Mascareño y Francisco Palacios. En 1931 Inocencio Sosa Hernández contrae matrimonio con Juana Galloway Ruiz, en la parroquia de Peña de Francia., del Puerto de la Cruz. El 14 de abril de 1931 es proclamada la Segunda República Española. En diciembre de 1931, en el Hotel Santa Catalina de la ciudad de Las Palmas, en Gran Canaria, se celebra el Congreso Regional Obrero.
Entre los asistentes procedentes de Tenerife se encuentra Inocencio Sosa Hernández por el Puerto de La Cruz y Lucio Illada Quintero de la Orotava. En 1932 se constituye la Federación Insular Socialista, presidida por Augusto Cuevas Pinto, presidente simultáneo de la Federación Obrera y la Agrupación Socialista de Garachico. Formando parte de la dirección de esta Federación Insular Socialista, también estaban: Inocencio Sosa Hernández, por el Puerto de la Cruz, Lucio Illada Quintero por la Orotava y Pedro García Cabrera por Santa Cruz.
En 1935, el matrimonio Sosa-Galloway tiene una hija, a la que imponen el nombre de Carmen Sosa Galloway. El 17 de julio de 1936, en Melilla, se inicia la sublevación militar contra la República, en el seno del Ejército de África. El 18 de julio de 1936 se suman a la sublevación las guarniciones de Canarias con éxito, y También muchas guarniciones peninsulares.
Al comienzo de la guerra fratricida, Inocencio Sosa Hernández tiene 41 años. Ingresado en la Prisión Militar Flotante de Tenerife. En agosto de 1936 es trasladado al Sahara, destacamento de la Agüera. Inocencio Sosa Hernández es acusado de los delitos de Excitación a la rebelión y Reunión Ilegal debido a la Causa 56/36. Consejo de Guerra Ordinario celebrado el 22 de febrero de 1937, en la plaza de Santa Cruz de Tenerife. Condenado a 11 años, 8 meses y un día, de los cuales 10 años son de prisión mayor por el primer delito, Excitación a la rebelión.
Inocencio Sosa estuvo en el penal de Gando, después de finalizada la guerra fratricida. La hija Carmen, nacida en 1935, recordando algo recibido mediante transmisión oral de una tía hermana de su madre, manifiesta que su padre había sido detenido al principio de la guerra civil. Que estuvo en la Prisión de Fyffes, y en las prisiones flotantes. Que en cierto momento se le dio por fallecido (por lo visto al confundirlo con algún primo suyo). Que posteriormente, cuando ella tenía entre 5 y 6 años, con su tía y su madre estuvo visitando a su padre, en la prisión de Gando, en Gran Canaria. Este es el único recuerdo que conserva de haber visto a su padre Inocencio Sosa Hernández. Asimismo recuerda que cuando se hablaba de su padre, también era mencionada un pariente suyo (primo por lo visto), llamado Florencio Sosa. Debe referirse a Florencio Sosa Acevedo, el socialista devenido posteriormente en comunista, que resultaría elegido diputado en las elecciones de febrero de 1936, dentro de la candidatura ganadora del Frente Popular.  Como consecuencia del infortunio familiar padecido por la guerra civil, la hija quedaría alejada del contacto familiar con los parientes de su padre.
El 22 de junio de 1938, la Comisión Provincial de Incautación de Bienes dictamina que es responsable civil de CIEN MIL PESETAS, que satisfará con sus bienes si los hubiere o cuando se les encontraren.
Cuando retornó a la Orotava, quiso recuperar a su hija única Mª del Carmen Sosa Galloway. Acudió a casa de Don José Dorta, padre del maestro Juan Dorta, con el cual había rehecho la presunta viuda Juana Galloway. Don José Dorta le informó que su hija Carmita estaba en perfecto estado, y muy bien cuidada por su madre Juana y Juan. Era una situación delicadísima, porque en aquellos tiempos tal comportamiento era objeto de censura moral y social. Una de las tantas consecuencias nefastas de la guerra. Mujeres forzosamente abandonadas, sin noticias de sus esposos, desamparadas, con o sin hijos, hubieron de buscar amparo en brazos de otros hombres, o fueron víctimas sexuales propiciatorias de otros hombres que se aprovecharon de la necesidad para satisfacer sus apetitos.
El caso de Juan y Juana, fue un caso de amor sobrevenido, constituyendo una pareja sólida y consolidada, que sería legalizada después del 21 de marzo de 1949, proporcionando un lugar confortable a la niña Carmita. Con el tiempo Carmen Sosa Galloway, conocida en La Palma por sus amigos y conocidos como Carmita Dorta Galloway, se casaría con Miguel Cadenas de Llano y Aguilar-Tablada, viviendo en La Laguna (Tenerife).
Inocencio Sosa Hernández falleció en La Orotava el 21 de marzo de 1949, en la casa del número 24 de la antigua calle de La Hoya, vía conocida hoy como Hermano Apolinar.
El 30 de octubre de 1984 el Ayuntamiento de La Orotava decidió sobre una terna de nombres presentada para denominar a dos Colegios Públicos de la Villa. La terna estaba constituida por Sabino Berthelot, Leoncio Estévez Luís e Inocencio Sosa Hernández.
Leoncio Estévez Luís sería asignado al Centro Público de la zona de La Florida. El nombre de Inocencio Sosa Hernández fue impuesto al Centro Público del barrio de San Antonio.
En la serie de las Actas del Pleno, en la sesión ordinaria celebrada el veinticinco de agosto de 1981 se adoptó, el siguiente acuerdo: "Ante la inminente apertura del nuevo Centro escolar ubicado en el barrio de San Antonio para el próximo curso escolar 1981-82, la presidencia de dicha Comisión expone la necesidad de proceder a la propuesta de denominación de este nuevo Centro, sugiriendo a tal efecto el nombre del ilustre investigador Sabino Berthelot. Por su parte Doña Cristina Quirina Hernández Díaz, propone que el nuevo Centro lleve el nombre de Leoncio Estévez Luís, en atención a la gran labor cultural desarrollada en esta localidad por este afamado orotavense, y Doña Carmen Delgado Expósito, sugiere asimismo el nombre de Don Inocencio Sosa Hernández, en reconocimiento del gran esfuerzo que realizó en pro de la educación. A la vista de estas dos últimas propuestas, la Presidencia retira la sugerencia efectuada por la misma; acordando la Comisión finalmente proponer al Excmo. Ayuntamiento Pleno la adopción de acuerdo para denominar el nuevo Centro de San Antonio, bien con el nombre de "LEONCIO ESTEVEZ LUIS" o "INOCENCIO SOSA HERNANDEZ".
Abierto el turno de intervenciones por Don Vicente Miranda Hernández, se propone que sea elegido el nombre de LEONCIO ESTEVEZ LUIS, por Don Domingo Domínguez se manifiesta que si se pudieran escoger los dos nombres propuestos para el citado Centro quizás sería lo más conveniente, porque ambos fueron importantes hombres de la cultura de La Orotava. Por Don Rafael Hernández Correa, se manifiesta que LEONCIO ESTEVEZ LUIS, hizo más por la Orotava que INOCENCIO SOSA HERNÁNDEZ, pues aunque ambos eran hombres de valía el segundo se marchó pronto a residir al Puerto de la Cruz y no desarrollo tanta labor en beneficio de La Orotava.
Por Don Juan Gómez, se manifiesta que como habrá otros colegios se puede poner un nombre al que se trata y reservar el otro para el otro colegio. Por Don Juan Acosta Rivero, en nombre de su grupo dice que le hubiere agradado más que se hubiera propuesto un solo candidato y que votar a nombre de DON LEONCIO ESTEVEZ LUIS, acordándose en definitiva dar a dicho colegio el nombre de LEONCIO ESTEVEZ LUIS, y tener en cuenta para una próxima ocasión el nombre de INOCENCIO SOSA HERNÁNDEZ.
Posteriormente en sesión del pleno de 30 de octubre de 1984 se aprueba la siguiente propuesta: Visto los escritos que remiten los Sres. Directores de Los Colegio de San Antonio yLa Florida, transcribiendo sendos acuerdos del Consejo de Dirección de los expresados Centros Docentes, favorables a la denominación propuesta por este Ayuntamiento en el sentido de denominar al Colegio de la Florida "LEONCIO ESTEVEZ LUIS" y al de San Antonio "INOCENCIO SOSA HERNÁNDEZ",y oídas las aclaraciones respecto a los orígenes de ambas denominaciones que formula el Sr. Presidente de dicha Comisión Don Vicente Miranda Hernández, se acordó por unanimidad de conformidad con la citada propuesta, aprobar las referida denominaciones para los citados Centros Escolares, y que en adelante, y a propuesta de la Presidencia, sea la Comisión de Cultura y Deportes la que inicie tales expedientes."
Otro villero ilustre fue su hermano. Félix fue uno de los huidos del Sahara,  bordo del vapor “Viera y Clavijo”. Pasado a la zona republicana, luchó en la guerra defendiendo a la República, contra la agresión franquista. Una vez perdida la guerra, encontró refugio en casa de una familia catalana. Enamorado de la hija de esta familia se casó con ella. Vivieron en Francia, participando con la resistencia francesa contra el nazismo. Félix Sosa Hernández regresaría a Tenerife, donde tuvo ocasión de conocer a la hija que Juana Galloway había tenido con su hermano Inocencio, visitándola en La Laguna donde vivía casada. Posteriormente, con ocasión del fallecimiento de su otro hermano soltero, Antonio, acaecido en ¿La Orotava?, volvería a visitar a su sobrina, la cual había sido instituida como partícipe legal en la herencia de Antonio, cesando tantos años de desencuentro familiar. Esta participación en la herencia tenía una restricción impuesta. Juana Galloway y su esposo Juan Dorta quedaron excluidos de la misma. Como se decía en aquellos tiempos, no podían ver ni un céntimo, de la herencia de Antonio Sosa.
Pues bien, la hija de Inocencio y Juana, hubo de dejar todo el asunto de su herencia parafernal en manos de su esposo. Y este hizo un buen uso de la misma.
Con lo recibido de la herencia de la esposa, compró un coche marca Mercedes, y se llevó a Juana y Juan, a la Península, donde los paseó en el cochazo por Andalucía. Como es una parte ignorada, o poco divulgada, de nuestra historia relativamente reciente, conviene recordar que en esa etapa, durante la dictadura franquista, se continuaba manteniendo toda la legislación sojuzgadora de la mujer. Hasta el punto, que la propia herencia parafernal de la esposa, quedaba bajo la potestad y dominio del marido.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL