Yo me visto de mago con alegría / y entono
mis cantares como plegarias, / Porque de San Isidro La Romería / La fiesta más
bonita que hay en Canarias.
Hay calles que no son solo asfalto y
piedra, sino las venas por donde corre la infancia entera. La calle El Calvario, en nuestra
entrañable Villa de La Orotava,
fue ese escenario de tierra y sol donde nacimos en la misma acera, compartiendo
los mismos adoquines y los mismos sueños inocentes. Allí comenzó a escribirse
la historia de una niña que llevaba la primavera en los ojos y el folclore en
el alma: Chicha Pérez y Pérez.
Nacida bajo el cielo orotavense el 29 de septiembre de 1944, Chicha llegó
al hogar de don Pepe Pérez y doña Águeda Pérez para ser la cuarta y última flor
de una hermosa estirpe de hermanos junto a Ana María, Ninina y Pepe. Desde muy
pequeña, Chicha transformaba la cotidianidad en puro teatro. Guardo en el
rincón más sagrado de la memoria aquellas vacaciones de colegio en las que
nuestras casas se convertían en escenarios improvisados de magia infantil y
funciones teatrales; una bendita e inolvidable locura que llenaba de risas las
tardes de verano.
Tras formarse en las aulas del Colegio de la Milagrosa, donde alcanzó
los saberes de la entonces llamada «Cultura General», Chicha entregó su juventud
y su madurez a ese rincón de cercanía que era la venta de sus padres en nuestra
calle de siempre. Tras el mostrador permaneció, con el don del servicio por
bandera, hasta que la jubilación en agosto
de 2010 apagó definitivamente las luces del entrañable comercio. Ese
mismo año, la vida le puso una dura zancadilla en forma de coágulo de salud,
intentando arrebatarle su sonrisa vital. Pero Chicha era de la Villa, dura como
la tea y tierna como el poleo; se recuperó y volvió a su quehacer cotidiano con
esa alegría desbordante, ese carácter emprendedor y ese espíritu servicial y
abierto que la convirtieron en el alma de su pueblo.
Su vida fue un canto a las tradiciones de
su tierra. Todavía me parece verla, con el pulso firme y el corazón encendido,
liderando con su pandereta a la Agrupación
Juvenil Orotava bajo la batuta del amigo Paco Morales Rodríguez en
aquellos inolvidables carnavales de antaño, contagiando una animación
inigualable. Su elegancia y su duende también engalanaron a la Agrupación del Liceo Taoro, alcanzando
la cumbre de su devoción popular en 1970,
cuando fue coronada como Romera Mayor
de la Gran Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza.
Aquel año, La Orotava entera se rindió ante la romera más hermosa, la que
vestía el traje de maga no como un atuendo, sino como una prolongación de su
propia esencia canaria.
El pasado 29 de octubre de 2019, a los 75 años de edad, su luz terrenal se
apagó en la misma Villa que la vio nacer. Su partida nos dejó helados, con el
alma sobrecogida por el dolor de una despedida que nadie esperaba. Pero sé,
amiga del alma, que no debes temer la distancia. Allá arriba, en el terrero del
infinito, te esperan tus padres, tu hermano Pepe y tantos amigos que se
adelantaron en el camino.
Imagino que en ese paraíso eterno sigues
custodiando tu eterno mostrador de oro, haciendo repicar con manos maestras esa
difícil pandereta folclórica que tan bien sabías dominar. No pierdas nunca la
sonrisa, Chicha, porque aquí abajo tu recuerdo sigue vistiendo de fiesta
nuestros corazones. En ese cielo de esperanza y misericordia, descansa en paz.
Chicha, te queremos. Un abrazo eterno, un
beso al viento y un hasta siempre en el altar del Calvario.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL













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